Felipe se quedó mirando fijamente a Camila y exclamó: ‘Qué! Camila! ¡Qué!’. Camila se levantó y empezó a saltar de felicidad. La organización internacional Urgency la había aceptado como voluntaria en uno de los campos de refugiados que se encontraban en Polonia. Ella no podía creer lo que estaba pasando. Su amigo Felipe terminó celebrando con ella. ‘No, qué alegría, ¡Camila! ¡Pero ahora yo qué voy a hacer sin usted acá! Después dar brincos en círculo por una eternidad, volvieron en sí. Felipe leyó el correo, en donde además de darle la bienvenida al programa de voluntariado, le daban todas las instrucciones para realizar el viaje. Encontró dos fechas sugeridas, le daban el nombre de la persona que iría a recogerla al aeropuerto y una lista de características propias del programa durante su estadía en Varsovia. Ciudad donde le darían una inducción y después la trasladarían a otra parte ubicada a las afueras en donde estaban establecidos los campos. Camila no podía de la emoción. Felipe le hizo notar que la fecha del viaje era muy encima y que todavía les quedaba un mes y medio para acabar el semestre. Ella con toda la decisión, le dijo que iría a hablar con el decano de la Facultad y le pediría que la dejara ir con la condición de que a su regreso pudiera presentar los últimos exámenes, al fin y al cabo, por un lado, era una experiencia que tenía todo que ver con la carrera y por otro, ella tenía el promedio más alto. Lo más difícil para ella era enfrentar a su familia y dar la noticia.
Esa tarde después de clases llegó a su casa y a la hora de la comida, les soltó la bomba. Jairo no pudo ocultar la alegría. Le dijo que la felicitaba, que se sentía muy orgulloso de ella y que todo iba a salir bien. Silvia, por su lado, se quedó en silencio por unos segundos. Juan Carlos, su hermano, sonrió y simplemente le dijo: ‘!Hasta que se salió con la suya!’. Juan Carlos era dos años menor que Camila. Tenían una relación particular. El actuaba como el típico hermano, la molestaba, le cogía sus cosas, se burlaba de ella, pero en el fondo, la respetaba mucho. La admiraba porque era muy pila y determinada y siempre fue muy apegado a su hermana mayor. Se alegró con la noticia porque sabía que para ella era importante, pero al mismo tiempo sintió un vacío grande, sin embargo, no manifestó nada abiertamente. Le cogió la mano y le dijo que sabía que le iba a ir bien. Silvia no aguantó mucho y soltó su discurso:
‘Bueno, Camila, hay muchas cosas de qué hablar. Primero, ¿tu si conoces bien esa organización? ¿Es confiable? Por lo que dices de las fechas eso es para viajar ya. ¿Ellos te pagan los tiquetes y la estadía? No te puedes ir sin terminar el semestre, eso sería una locura. Yo no sé, a mi esto me sigue pareciendo muy arriesgado’.
‘Mami, Urgency es una organización reconocida mundialmente. Puedes entrar a la página web y vas a ver lo grandes y serios que son. Eso me da mucha tranquilidad. Los tiquetes no me los pagan, la estadía y la alimentación, sí. Y con respecto al semestre, mañana voy donde el decano para que me autorice hacer los últimos exámenes cuando regrese. Igual, solo estaré por un semestre, de pronto menos. Eso se define allá. Lo que es seguro es que no voy a estar más tiempo’.
‘No te dan los tiquetes? ¡Y de dónde crees que vamos a sacar plata para comprar unos tiquetes a Europa, ¡Camila por favor! Además, no te puedes ir sin un peso para allá. No, mijita, en este momento eso es imposible. Sabes que hemos tenido muchos gastos últimamente, y no tenemos para hacer esa inversión en este momento. No, eso va a tocar aplazarlo.’
‘Pero, mami, ¡esta es una oportunidad que no puedo desaprovechar! ¡Imagínate lo que representa para mi hoja de vida! No, yo no me voy a quedar acá. De alguna manera me consigo ese tiquete.’
Jairo, que hasta ese momento no había intervenido, rompió el silencio:
‘Silvia, no seas tan intransigente. Camila tiene razón. Esta puede ser una experiencia importante para ella y tenemos que apoyarla. Es verdad que en este momento no tenemos el dinero para pagar ese tiquete, pero podemos pensar en alguna solución. Se me ocurre que Alberto de pronto nos puede prestar esa plata’.
‘Alberto, ¿mi sobrino? ¡Dios mío! ¡No faltaba más! ¡Pidiéndole plata a ese muchacho que no hace sino trabajar como una mula!’
‘Pues por eso mismo. Él está bien económicamente. ¿No viste la camioneta que se acabó de comprar? Siempre ha querido mucho a Camila, de pronto puede ayudarnos. Además, es prestada la plata, no le voy a decir que me la regale. Se la podemos ir pagando con calma, tampoco creo que nos vaya a cobrar intereses’.
Camila se quedó pensando y les dijo:
‘Me parece una buenísima idea, papi. Yo ayer estuve hablando con él en el almuerzo, le conté todo y sabe que para mi es muy importante. Si tiene la plata yo creo que nos puede ayudar. Mamita, por favor di que sí, yo no podría irme tranquila si tu no me apoyas en esto. ¡Por favor, te lo ruego!’.
Silvia botó un suspiro y le dijo a su hija: ‘Bueno, quiero que sepan todos que yo no me siento tranquila con esa decisión, pero tampoco me voy a oponer. Hablen con Alberto, aunque a mí me da mucha pena, pero no veo otra solución. Camila no se puede ir sin un peso por allá tan lejos’.
Camila se paró, le dio un abrazo a su mamá, miró a su papá, sonrieron con una expresión de alivio. Silvia se paró de la mesa resignada, recogió los platos y se fue para la cocina. Jairo le dijo a Camila que le iba a mandar un mensaje a Alberto diciéndole que tenía que hablar con él. Tenían que moverse rápidamente porque el tiempo era oro en ese momento. Camila se fue feliz para su cuarto. Lo primero que hizo fue llamar a su amigo Felipe para contarle las buenas noticias. Los dos celebraban desde sus casas.
Al día siguiente Camila salió muy temprano de su casa porque tenía clase de siete. Se despidió de todos y salió corriendo. Silvia le recordó que tenía que hablar con el Decano porque si no le daba la oportunidad de hacer los exámenes al regreso, no había viaje. No podía perder un semestre entero y dejarlo todo abandonado. Camila le dijo que tranquila, que era lo primero que iba a hacer apenas saliera de clase. Apenas pudo, se fue para la Facultad para hablar con el Decano, quien la hizo esperar un rato, pero finalmente la recibió.
Camila, muy orgullosa, le contó lo que había pasado y le hizo su solicitud. El Decano la miró con sorpresa y la felicitó por su determinación. ‘Camila, escuchar historias como éstas de los estudiantes me recuerda el ímpetu, la energía y la ambición que se conjugan en los jóvenes como tú y se toman en serio la carrera. Eso es muy importante. Sin embargo, faltaría a la responsabilidad que tengo como Decano, hacerte caer en cuenta del riesgo tan grande que se corre en una misión como éstas. Yo sé que te ha contactado una organización seria y reconocida, sin embargo, vas a una zona donde hay un conflicto muy delicado y desconocemos en detalle las condiciones en las que vas a estar allá, sobre todo cuando hablamos de seguridad y protección de tu integridad. Lamento mucho decirte que la Universidad no puede enlazar esta actividad con nuestro programa académico y no podemos asumir un rol de patrocinadores por el mismo. No tenemos convenios con Urgency, por lo cual no podemos contactarlos para tener un canal coordinado entre ellos y nosotros. Si decides irte en este momento, no puedo prometerte que a tu regreso podrás hacer los exámenes finales. Tendrías que aplazar el semestre y hacerlo de nuevo una vez vuelvas a Colombia. Lo siento mucho, espero que entiendas nuestra posición’.
Camila salió con el corazón roto de esa oficina. Felipe la estaba esperando. Ella, con los ojos encharcados le contó todo y su amigo trató de consolarla diciéndole que tal vez era lo mejor. ‘Camila, ya le va a quedar el contacto con ellos. Nadie dijo que esa guerra se va a acabar mañana, de pronto más adelante se puede ir. Al menos haga el intento y escriba preguntando que si puede aplazar un poco su partida, así termina el semestre, su mamá se queda tranquila y se puede ir sin tener que matricularse’.
Mientras Camila escuchaba con atención a Felipe, le entró una llamada. Era su papá. Los dos se miraron. Ella se secó las lágrimas y con voz determinada le contestó. ‘Hola Cami, acabé de hablar con Alberto. Me dijo que nos espera para hablar hoy por la tarde. Eso sí, nos toca ir hasta donde tiene el local. ¿Tú tienes clase o puedes ir? Si no, voy yo solo’ – le dijo Jairo con voz afanosa -. ‘¡Claro que puedo, papi! – le contestó Camila con efusividad. ‘Entonces te aviso cuando esté cerca y te recojo donde siempre’ – le confirmó Jairo. Camila colgó el teléfono y le contó a Felipe que se iba con su papá a hablar con el primo para que les prestara la plata. ‘Camila, pero el Decano le dijo que no le iba a valer el semestre!’ – le recordó su amigo -. ‘Pues ellos no tienen por qué enterarse de eso. Les voy a decir que el Decano me dijo que sí. Yo me voy Felipe. No voy a desaprovechar esta oportunidad por nada del mundo. – le contestó Camila -.
‘Usted está loca. No les diga mentiras a sus papás que después se mete en un lío’.
‘Ay no! No venga a echarme sal ahora. Va a ver que cuando vuelva de esa experiencia van a estar tan orgullosos que se les va a olvidar todo. Ya veré cómo resolver ese tema cuando regrese, por ahora tengo que resolver cómo irme’.
Al rato Camila recibió la llamada de su papá, la recogió y se fueron hasta donde su primo Alberto. Estaban tan concentrados en el discurso que le iban a dar, que Jairo olvidó preguntarle por el tema del Decano. Llegaron al punto de encuentro. Alberto los saludó muy efusivamente y les dijo mirando a Camila: ‘Pero bueno, debe ser algo muy importante para que hayan venido hasta acá, ¿sí o no? Cuéntenme para qué soy bueno’. Jairo fue directo al grano, le contó cuál era la situación en ese momento para ellos, le hizo énfasis en la importancia que esa experiencia tendría para Camila y sin muchos rodeos, le pidió la plata prestada. Alberto abrió los ojos, sonrió, miró a Camila a los ojos y le dijo: ‘Ayayay! Mire en la que pone a sus papitos, niña’. ¿Y de cuánto estamos hablando tío?’ Jairo un poco sonrojado le dijo que alrededor de unos diez millones de pesos porque ella tenía que irse con plata. Alberto les pidió que lo excusaran un momento porque una de sus empleadas lo estaba llamando, tomó algo de distancia y se fue a resolver la situación. Cuando regresó se quedó mirándolos y les dijo: ‘Bueno, vamos a complacer a esta niña, solo tengo una condición’.
