Camila y Jairo se miraron esperando la contrapropuesta de Alberto.

‘Que te lleves una pinta de la ropa que vendo acá y me mandes una foto desde Europa con ella puesta. ¿Qué tal, ah? Jajaja… nada difícil ¿no?’. Camila sonrió un poco incrédula con la petición de Alberto y apenas alcanzó a responder que si era en serio. Jairo intervino para aterrizar la conversación. ‘Alberto, le agradezco mucho, mijo. Hagamos un acuerdo de pago. Dígame las condiciones’. Alberto sonriendo le puso una mano en el hombro y le dijo: ‘Tío, no se preocupe. Págueme cuando pueda y como quiera; yo no le voy a poner condiciones de nada. La familia está para eso y yo sé que esto es importante para Camilita. Pero es en serio que me gustaría que se llevara una pinta de acá. Yo sé que ella es toda gomelita, pero acá también tengo ropita bonita. Escoja lo que quiera. Vea, tengo de esas chaquetas pesadas que se necesitan por allá para el frío’ – Le indicó con la mano dónde quedaban los vestidores para que se probara la ropa. Camila tuvo el impulso de abrazarlo y con los ojos aguados le agradeció por el gesto. Le dijo que claro, que se llevaba la ropa y que le prometía que le mandaría una foto desde allá. Una de las empleadas de Alberto se llevó a Camila para que escogiera y ella feliz no paraba de separar jeans, camisetas y chaquetas. Se probó muchas cosas y al fin, salió del local de su primo con ropa nueva y con la plata en su cuenta. Estando allá, Alberto le hizo la transferencia del dinero. Le agradecieron infinitamente y se fueron para la casa con la buena noticia para el resto de la familia.

Silvia los estaba esperando y cuando supo que Alberto había sido tan generoso, no sabía si sentir pena o alegría. ‘Definitivamente la familia lo es todo. Ese muchacho es tan bueno, por eso es que le va tan bien. Bueno, pues parece que las cosas se están dando para que hagas ese viaje Camila. ¿Al fin qué te dijo el Decano?’. – le pregunto su mamá. Camila descargó las bolsas en el sofá de la sala y mirando hacia el piso, les dijo que el Decano había aceptado, que la había felicitado por esa experiencia, y que cuando regresara, podría hacer los exámenes. Jairo miró a Silvia con una expresión de gran satisfacción y ella, aunque en el fondo se alegraba por el apoyo de la Universidad, no podía ocultar su preocupación. Camila le dio un abrazo y le dijo: ‘Mamita, ya por favor no te preocupes más. Esto hay que celebrarlo. ¿Tú te imaginas cuántas personas quisieran tener una oportunidad como éstas y nunca lo logran? Soy muy afortunada. Hay que estar felices. Me voy para mi cuarto a mandar el correo confirmando mi viaje para asegurar mi cupo’.

Dando brincos de felicidad Camila se fue para su habitación. Le mandó un mensaje a Felipe contándole las noticias; su amigo se alegró, aunque seguía en desacuerdo por haberle mentido a los papás con respecto a la Universidad. ‘Ay! Felipe! No sea tan mamón. Ahora hablamos que voy mandar el correo a Urgency y después voy a comprar los tiquetes! Mañana llevo la carta al Decano aplazando el semestre y después veremos’. Camila empezó a redactar la respuesta. Toda la comunicación era en inglés y no quería omitir ningún detalle y mucho menos cometer errores. Estaba concentrada cuando recibió un mensaje por WhatsApp. Se trataba de Andrés, su exnovio. Quedó muy extrañada porque hace mucho rato no tenía contacto con él. Le contestó y se dio una rara conversación.

‘Hola Andrés, ¿cómo vas? ¡Qué milagro!’

‘Hola Cami, bien y tú. Si, yo sé; estábamos perdidos, ¿no? Nada quería saludarte, saber cómo está tu vida, cómo vas en la U’

‘Todo bien. Muy dedicada a estudiar, la verdad, no ha pasado nada raro’.

Camila decidió no contarle a Andrés en ese momento su proyecto de irse al voluntariado porque no terminaba de entender por qué la estaba contactando.

‘Qué bueno. ¿Y estás saliendo con alguien?’

‘Andrés, ¿en serio? ¿Qué conversación es ésta? ¿Me estás hablando porque quieres saber si estoy saliendo con alguien?’

‘Está bien, Cami. Supe que te vas a hacer un voluntariado’

‘¿Qué? ¿Y cómo supiste?’

‘Eso no importa. Esos chismes vuelan en la Facultad y ya lo supe. Solo quería que me lo confirmaras tú’

‘¡Voy a matar a Felipe! ¡Parece una vieja chismosa! Pues sí, me voy con Urgency para Polonia’

‘Primero, no me lo contó Felipe y segundo, no sé, ¿no te parece que es un poco arriesgado irte en este momento? ¿Cómo vas a hacer con el semestre?’

‘Oye Andrés, perdona que te diga esto, pero no hablamos hace mucho tiempo y te apareces a darme consejos/opiniones no pedidas? Mi familia me está apoyando y eso es lo que me interesa. Si te acuerdas más o menos de cómo soy, sabrías perfectamente que éste es uno de mis sueños más grandes y no lo voy a desaprovechar’

‘Te conozco y sé que esto es importante para ti, es solo que no sé, se me revolvieron los sentimientos. Desde hace rato estoy pensando mucho en ti, en nosotros, en por qué terminamos, y me persigue la idea de que tal vez no fue lo mejor’

‘Andrés, yo en este momento no tengo cabeza para este tema y menos cuando me voy en dos semanas. Tengo muchas cosas para hacer, mucho que organizar y no puedo dedicarle tiempo a tus nostalgias. Perdóname si sueno dura, de pronto cuando regrese podemos hablar, pero en este momento es imposible’

Esa conversación terminó intempestivamente con esa frase de Camila. Andrés no volvió a responderle nada y ella, aunque estaba algo desconcertada, no perdió tiempo y después de hacer varias correcciones, pruebas y reescritura, mandó su respuesta a Urgency confirmando su fecha de viaje y su disponibilidad para el voluntariado. Apenas hizo click en ‘Enviar’, entró su mamá a la habitación. Camila se giró y con mucha emoción le dijo que acababa de mandar la respuesta y que ya se iba a poner a mirar los tiquetes. El brillo de los ojos de Camila no alcanzaba a opacar el malestar de Silvia. Con toda la tranquilidad se sentó en la cama, la miró y le dijo:

‘Hija, yo sé lo que esto significa para ti. Entiendo perfectamente por qué estás tan emocionada y no quiero que pienses que mi intención es la de opacar tu felicidad. Todo lo contrario, lo único que deseo es verlos realizados a ti y a tu hermano. Tú has sido tan juiciosa, tan responsable, tus notas siempre han sido sobresalientes; tu papá y yo estamos muy orgullosos de ti, tú lo sabes bien. Es solo que esto está pasando tan rápido que no me da buena espina, Camila. No sé, tengo algo atravesado en mi corazón que me dice que no debes hacer ese viaje en este momento. Son muchos los motivos que me dan vueltas en la cabeza; el hecho de irte a un país tan lejano donde se habla un idioma que nadie entiende; hacer un voluntariado en medio de una guerra; confiarte ciegamente de una organización que por más reconocida que sea, uno no sabe con qué se puede encontrar, Camila. Es que hoy en día hay peligros en todas partes. ¡A ti te llega a pasar algo y nosotros qué hacemos desde acá por Dios! Es que hay que pensar en todo. No es que sea pesimista, es que cuando uno está joven no ve peligros en ningún lado, le parece que la vida es un paseo y fuera de eso, cree que se las sabe todas y no es tan sencillo. No sé, Camila, hay muchas otras opciones donde podrías hacer un voluntariado, no entiendo por qué tienes que buscar lo más complicado, lo más distante, lo más riesgoso. Organizaciones Internacionales hay en todos los países del mundo. Puedes buscar en Europa, pero en otro país; no sé, en Francia, Italia, España, en una de las ciudades principales. Al menos uno está más seguro de cómo ubicarte. Tu te vas para Varsovia y después te llevan a una ciudad en las afueras. Es que no sé ni cómo se pronuncian esos lugares. ¡Ay no! De verdad, no estoy tranquila con esto’.

‘Mami, yo te entiendo. Yo sé que tu lo ves como si me estuviera yendo para Kiev, pero voy a estar al seguro. Estas organizaciones trabajan todo el tiempo en zonas de riesgo y tienen toda la experiencia, mecanismos y protección para sus funcionarios y mucho más para los voluntarios. No me va a pasar nada, mamita. Vamos a hablar todos los días, vas a saber dónde estoy las 24 horas. No voy para una selva, voy a estar en capacidad de mantener comunicación permanente y se va a pasar muy rápido el tiempo y vas a ver que en menos de nada voy a estar de regreso. No quiero verte así de angustiada. Quiero que estés feliz y orgullosa. Esto va a ser lo que me va a ayudar a lograr mis objetivos. Voy a conocer gente, tengo que atesorar esos contactos, porque eso es lo que me va a llevar a ocupar el cargo que quiero en las Naciones Unidas. Confía en mí, por favor’.

Silvia una vez más, con resignación se levantó de la cama. Se dio cuenta de que no habría nada que convenciera a Camila para posponer ese viaje o buscar otras alternativas y no tuvo más remedio que aceptar con mucho esfuerzo la voluntad de su hija. En el fondo pensaba lo que alguna vez una de sus hermanas le dijo: ‘Es que uno no puede prevenirlos de todo mal y peligro, Silvia. No somos los dueños de sus vidas y no podemos decidir por ellos’. Acarició la carita de su hija y se volteó a mirar la habitación que siempre estaba en perfecto orden; la contemplaba con nostalgia porque había llegado el momento de reconocer que su hija se había convertido en una mujer y que también estaba en su derecho de tomar sus propias decisiones. Después de hacer el recorrido visual por cada rincón de ese cuarto en donde había compartido tantas cosas con su niña, se acercó a la ventana. Camila la miraba con ternura. De pronto Silvia le dice:

‘¡Camila, hay alguien ahí como escondido detrás del árbol! ¡Dios mío! ¿Quién es?’