‘¡Beto! ¡Qué rico que está acá! Ya le iba a escribir’ – exclamó Camila apenas vio a su primo sentado en la sala con toda la familia.

‘Camilita, estaba en la casa de mi mamá, me contó que mi tía le dijo que ya tenía casi todo listo y aprovechando la cercanía, pasé a saludar. Entonces ¿ya compró los tiquetes? ¿Cuándo es el viaje?’

‘Si, ya compré los tiquetes. Me voy en dos semanas, bueno, en menos. Son casi diez días. Estoy muy feliz y agradecida. Si no hubiera sido por su ayuda se me hubieran complicado mucho las cosas’.

‘Para eso estamos, Camilita. Me alegra mucho que ya tenga todo listo. ¡Pero déjeme ver los tiquetes!’.

Camila trajo su computador y le mostró los tiquetes a Alberto. El leía con atención y le sacó una foto al itinerario. Con una voz firme y protectora le dijo: ‘Es mejor tener esta información; entre más enterados estemos para dónde se va, es mejor. He aprendido a ser cauteloso’. Camila se quedó mirándolo y con una sonrisa le dijo: ‘Más bien debería ir a visitarme, Beto’.

‘jajaja…imagínese! ¡Yo qué me voy a ir por allá tan lejos! No entiendo ni el nombre de esa ciudad a donde va. Tiene que mandar fotos a ver si uno se anima, pero la verdad, yo prefiero otras cosas. La playita, el sol, mejor dicho, para eso me voy para San Andrés o para Panamá. No están tan lejos y se pasa bueno’.

Siguieron conversando de los detalles del viaje. Silvia le dijo a Alberto que quería que supiera que ella no estaba muy de acuerdo ni con el viaje, ni con el hecho de que lo hubieran molestado con la plata, pero que, en todo caso, estaba muy agradecida y le dijo que se quedara a comer con ellos. Alberto aceptó. Durante le cena siguieron hablando del mismo tema y el primo muy interesado indagó a profundidad acerca de la situación en la Universidad. Le preguntó que si ellos estaban enterados, que si la apoyaban y que si conocían bien la organización con la que se iba. Silvia intervino: ‘Bien hecho que le pregunte todas esas cosas, Alberto. Camila está como un torbellino haciendo todo muy rápido y ni siquiera ha contado lo importante’. Camila miró a su mamá con un gesto de rareza y contestó:

‘Ay mami, claro que les he contado todo. Ya hablé con el decano, me felicitó por la oportunidad y cuando regrese me van a dejar presentar los exámenes. Claro que saben de Urgency’.

‘Pero ellos se ponen en contacto con esa organización o cómo funciona?’ – preguntó Alberto con mucho interés -.

‘No. Como esto fue algo que yo conseguí por mi lado, la universidad no interviene, además porque no tienen convenios, ni nada por el estilo, pero obviamente saben que es una organización seria. El decano me dijo que muy pocas personas tenían esta oportunidad así que la aprovechara al máximo y estuvo de acuerdo conmigo con respecto al impacto que eso va a tener en mi hoja de vida’. – contestó Camila con mucha seguridad -.

‘Como quien dice – intervino Silvia -, se lavan las manos. Como tú hiciste el contacto, si pasa algo, la universidad no tiene nada qué ver. ¡Qué tal! Eso me parece el colmo, porque al fin y al cabo tu eres una estudiante y vas a hacer algo que esta relacionado con la carrera’.

‘Pues sí, mami, pero también hay un reglamento y eso se entiende. Es diferente cuando uno hace procesos de movilidad a través de la universidad, como cuando me fui de intercambio. En este caso, todo lo hice por mi lado, ya es mucho que me dejen hacer los exámenes para no perder el semestre’ – dijo Camila con un tono conciliador -.

Alberto le cogió la mano a la tía y le dijo: ‘Tía esté tranquila, que todo le va a salir bien a Camilita. Ella sabe lo que está haciendo y hay que apoyarla. Después cuando sea la directora de una empresa de esas donde ella quiere trabajar vamos a ver los frutos’.

Silvia sonrió y se puso de pie para traer un arroz con leche que había preparado esa tarde. Juan Carlos, el hermano de Camila había estado muy silencioso, pero prestaba atención a cada pormenor de la conversación familiar. De pronto se acordó de algo y le dijo a Camila delante de todos:

‘Ah! Cami, se me había olvidado decirle que antecitos de que llegara, Andrés, su exnovio, me mandó un mensaje preguntando que si usted ya había llegado que porque le quería dar una sorpresa’.

Camila miró de reojo y Alberto intrigado hizo un paneo visual en la mesa como esperando a que alguien le explicara. Silvia le dijo que es que desde que se había enterado de que Camila se iba estaba insistiendo para verse con ella y con algo de nostalgia. Camila les contó que esa tarde lo había visto en la universidad y que le daba la impresión de que quería poner en duda lo del viaje, que le hablaba con sospecha del proceso, y que la tenía aburrida. Alberto sonriendo le dijo:

‘Perdone que me meta, pero saque a ese tipo de taquito. Yo me acuerdo de él, y la verdad, nunca me cayó muy bien. ¿No le parece muy sospechoso que ahora aparezca para dañarle sus planes? No se deje enredar porque hay hombres muy posesivos y medio peligrosos que se disfrazan detrás de su carita de yo no fui y de niño bueno, pero lo único que buscan es hacer daño. Si se pone muy intenso, avíseme.’

‘Jah! ¿Qué va a hacer, Beto? ¿Le va a pegar un susto? Pura frase de malo de novela…jajaja’ – preguntó con tono irónico Juan Carlos -.

‘jajaja oigan a éste! No, qué susto, ni que nada, pero si hace falta acompañar a Camilita en estos días, me ofrezco. Afortunadamente yo tengo mi negocio andando bien, y puedo estar pendiente para que no pierda tiempo con ese man’. – contestó Alberto-.

Jairo sonrió y dijo: ‘Bueno, gracias mijo. De verdad, yo no creo que con Andrés haya problemas. El es un buen muchacho, lo que pasa es que así es el amor; va y viene. El ha querido mucho a Camila y seguro se preocupa, pero de todos modos yo si le agradezco mucho su ofrecimiento y pues si se llega a necesitar, le avisamos, pero ya hizo mucho.’

Siguieron conversando de otros temas y en ese momento timbró el teléfono de Silvia. Lo había dejado en la cocina así que se paró a contestar. Era su hermana Amparo, la mamá de Alberto. Le preguntó que si estaba en la casa de ella, Silvia le dijo que si, que lo había invitado a comer. La hermana le pidió que no le dijera que se trataba de ella. Silvia no entendía por qué.

‘Pero ¿por qué tanto misterio? Si el nos dijo que viene de su casa. ¿Qué pasa?’

La hermana le contestó: ‘Es que me llamó la novia de Alberto toda afanada que porque no le contesta el celular, y me preguntó que si todavía estaba acá. Es que esa niña es muy intensa. Es buena, para qué, y lo quiere mucho, pero no lo deja respirar. Le dije que ya se había ido hace rato y que iba para su casa y ¡quién dijo miedo! Con un tonito todo raro me dijo: ¡Ah! Se fue para donde Camila, ¿será que le pidió algún otro favor aparte de la plata que le prestó? ¡Imagínese! Yo le dije que no, que él quería pasar a saludar porque usted vive cerca a mi casa, pero no sé por que Alberto no le contesta y debe estar encrespada’.

‘Pues yo no me he dado cuenta de que le haya sonado el celular, ni lo ha mirado. Hemos estado hablando del viaje de Camila acá todos en familia. ¡Pero a esa niña qué le importa! Tan metida ¿no? Bueno, eso será problema de él. Yo creo que ya casi se va porque acabamos de terminar el postre’ – le contó Silvia -.

‘Bueno, – prosiguió la hermana -, no le vaya a decir que yo la llamé y él que mire a ver qué le dice a Connie. Ola, Alberto tan bueno que es, anda pendiente de ella, le da gusto en todo, y es que no lo deja en paz, lo persigue todo el tiempo. Me avisa cualquier cosa y hablamos después’.

El par de hermanas terminaron la llamada, Silvia volvió a la mesa y ya se estaban parando todos. Jairo le preguntó quién la había llamado, ella le dijo que su mamá. Alberto sacó el celular del bolsillo y Silvia se quedó mirándolo para ver si devolvía alguna llamada. El lo revisó, y volvió a guardarlo sin decir nada. Se despidió de cada uno, le dio las gracias a su tía y le dio un abrazo a Camila recordándole que estaba disponible para lo que necesitara. Ella sonrió y le dijo que le avisaría.

Todos se fueron para sus habitaciones. Camila corrió a su cuarto en un estado de euforia porque cada vez se acercaba más la fecha de su viaje y se puso a hacer un check list para no olvidar ningún detalle. En medio de su actividad, recibió un mensaje de uno de los profesores de la Universidad.

‘Camila, necesito que se comunique conmigo lo más pronto posible’.