Camila y Vira quedaron sin aliento después de escuchar a su compañera de cautiverio. Se levantaron de la mesa, se fueron para su habitación y allí antes de empezar la rutina para irse a ‘trabajar’, tuvieron una conversación.
‘Me dejó pensando mucho todo lo que dijo esa rusa. De pronto tiene razón. Aparte de la incertidumbre y la zozobra con las que vivimos diariamente con respecto a nuestro destino, no había contemplado el hecho de regresar. ¿Quién va a tomar en serio a una mujer que ha pasado por tantas manos y más en una sociedad tan machista como ésta y como todas? Y no estoy hablando solo de un hombre para formar una familia o algo así, hablo también de un contexto laboral. No sé, ni siquiera me veo regresando a la universidad. Me da pena que me vean, que cuando la gente me identifique me señalen como la estudiante que le tocó ser una prostituta. ¡No! ¡Qué cosa tan horrible! Creo que en medio de este caos y de tanta droga y trago ni me había puesto a pensar en eso’.
‘Imagínate yo que tengo un hijo que ni siquiera sé cómo ni con quién está. No sé si mi esposo podría volver a estar conmigo después de saber que tantos hombres abusaron de mí. Y si me pongo a pensar en quiénes son esos hombres, me da más asco todavía. Yo tuve que huir de mi país por una guerra que ni siquiera me pertenece, que no pedí, que no entiendo y nunca entenderé. Mi esposo tuvo que ir a defender un país que está gobernado por un soberbio como todos los gobernantes de todos los países del mundo. Antes de pensar en el bienestar del pueblo, piensan en los intereses propios, en ser unos super héroes reconocidos porque viven por y para sus egos. Son incapaces de sentarse a hablar como personas civiles y encontraron en la violencia, en las armas y en las bombas una alternativa para mostrar quién es más poderoso. ¿Y a nosotros los jóvenes quién nos tiene en cuenta? ¿Quién nos mira? ¿Quién nos ve? Nadie. Nos dicen que es importante estudiar la historia, ir a ver los monumentos y los memoriales del holocausto dizque para no olvidar y aprender. ¿Aprender qué? Nada. Nadie ha aprendido nada de nada porque a nadie le importa mientras no le toque su propia piel’.
‘Es cierto Vira. Siento mucho lo que está pasando en tu país. Además, porque las guerras solo dejan desgracia, desolación, pérdidas económicas, familias destruidas. Mira lo que pasa en mi país. Nosotros hemos vivido una guerra interna por años, y me pasa lo mismo que a ti. No la pedí, no la quise, simplemente nací y me tocó vivir en medio de un conflicto que me cuesta entender. Ahora, después de haber estudiado tanto, puedo comprender las motivaciones de unos y otros, sin embargo, en Colombia ya no se puede hablar de ideologías, ni de luchas que se puedan legitimar en los grupos revolucionarios porque al final nuestro problema más grande es la droga y ese negocio, como el de las armas, a mucha gente no le conviene que se acabe. Pero lo que más me desintegra es pensar que esos tipos, los que firman tratados de paz son los mismos que se están acostando con nosotras y están financiando un crimen tan espantoso como éste; son los mismos que se sientan en corbata a decidir el destino de los países. Es cierto lo que decía la rusa, con la Biblia en mano dan discursos, sientan a la esposa perfecta y a los hijos al lado y cuando salen de viaje de negocios, mira donde terminan. Por eso es que Irina nos dijo que ellos saben quiénes somos nosotras y les importa tres pelos de su trasero. Vivir esta realidad tan de cerca te deja sin respeto, sin ilusión, sin confianza, sin nada’.
‘No te había contado algo que me pasó justamente anoche. Uno de los tipos que me tocó me preguntó que de dónde era, le dije que era ucraniana y me dijo que le hablara de la guerra que porque quería sentir el dolor real. Yo terminé contándole muy escuetamente acerca de mi hermano desaparecido, mi mamá buscándolo en los escombros, mi esposo armado defendiendo el país y mi hijo abandonado y se excitó más. Ahí entendí que el mundo está enfermo. Da asco’.
‘No puedo creer que hayamos que tenido que llegar a este basurero para levantar las tapas de las alcantarillas y ver con nuestros propios ojos la miseria personificada.
‘Camila, tú de verdad crees que alguien sabe dónde estamos?’.
‘Si. Lo que pasa es que es mejor hacer como si no supieran porque nadie quiere mirar. Abrir los ojos duele y el dolor de las mujeres no da votos, ni cambia absolutamente nada. Al final así nos ha tocado siempre’.
‘¿Sabes qué? Es que ahora está más claro que el mundo está gobernado por los mismos que nos compran y no solo a nosotras, si no a los millones de mujeres que hay en todos los países sufriendo lo mismo. Todo esto, las guerras, la trata de personas, el narcotráfico, todo hace parte del mismo negocio y uno todavía creyendo en milagros, en tratados, en acuerdos, ¡qué va! Pura mierda es lo que habla esa gente. Todos son iguales’.
‘Me parte el alma pensar en mi familia. En mis papás, en mi hermano. Deben estar desesperados tratando de encontrarme y eso va a ser imposible. Sinceramente no creo que lo logren. De acá nos escapamos o nos morimos’.
‘Yo creo que prefiero morirme. No me siento capaz de volver a la realidad después de haber sido ultrajada de esta forma. No sé cómo todavía te quedan ganas de pensar en una salida’.
‘Vira, para mí también es difícil, pero no podemos rendirnos. Algo se me va a ocurrir. Yo tengo un dato de un profesor que vive en Varsovia. Tenemos que pensar en la forma de poder comunicarnos con él’.
‘¿Para decirle qué, Camila? Si ni siquiera sabemos dónde estamos’.
‘¡No sé! ¡No sé! Pero de algo debe servir. Al menos que sepa que nos raptaron. Hay que tratar de coger uno de los celulares de Irina para ver la ubicación. Eso es lo que he pensado. Tiene que ser cuando estemos acá’.
¡Uff! Super arriesgado y muy difícil. Esa vieja loca anda con esos aparatos pegados al cuerpo. No quiero desanimarte, y valoro el hecho de que me incluyas en tus planes para escapar, es solo que tengo la moral en el piso. Creo que lo único que podemos hacer es hablar, aunque nadie nos escuche’.
‘El mundo no se destruye con las bombas, Vira. Se destruye cuando dejan de importarnos los cuerpos y al menos los nuestros los tenemos por ahora. Estamos jóvenes, somos inteligentes, estamos vivas y vamos a salir de acá’.
Vira miró a Camila con los ojos aguados y le quedaron resonando las palabras de Camila. ‘De pronto no se equivoca. No podemos perder la ilusión de salir de acá’ – pensaba -. De repente se abrió la puerta de la habitación. Era Irina.
‘¿Y ustedes no piensan arreglarse o qué? ¿Está muy interesante la charla? Bueno, moviéndose porque esta noche tenemos invitados muy, pero muy especiales. ¡Les tengo novedades chicas!’
