La confesión

‘Mire Regina, cuando yo acepté hacer esta entrevista lo hice para contarlo todo. No pretendo mostrarme como una víctima, aunque sí lo fui, y en algún sentido, sigo padeciendo las consecuencias de todo el mal que me ha hecho tanta gente, yo también cometí errores y estoy acá para contar las cosas tal cual sucedieron. Creo que son muy pocas las mujeres, esposas, novias o compañeras de políticos que se atreven a describir todo lo que tenemos que aguantar; todos los compromisos que debemos adquirir, las sonrisas, las poses, y las lágrimas que derramamos por apoyar la ambición de estos hombres que deciden asumir esta clase de responsabilidades. Uno puede decir: pero es loable. El hecho de querer representar el pueblo, sacar adelante un país, desarrollar proyectos y programas encaminados a lo que queremos todos, que es el crecimiento, la evolución, el reconocimiento de una nación; si, es un acto increíble, lástima que poco se habla de los pactos y de los cuartos oscuros que esconde la política. Es la hora que ni sé cuánta cochinada existe, y no quiero volver a saber nada de eso, pero lo que alcancé a ver da miedo. Ahora, tampoco me atrevo a decir que ‘todos’ los políticos son así. Creo que hay gente honesta, gente que concibe el servicio público con la seriedad y el compromiso que ello comporta. Hay personas que aún tienen convicción, principios y valores, pero ese no fue mi caso. Me vi envuelta en una telaraña de la que casi no logro salir, sufrí y padecí como nunca y me sentí esclava durante mucho tiempo; tuve que guardar las apariencias para proteger a mi exesposo y a mis hijos, nunca pensé en mí. Cada vez que pensé en tirar la toalla y salir corriendo me entraba un complejo de culpa que me paralizaba, la presión me arrinconó y fue muy, pero muy difícil salir de ahí. Era importante hacer esta breve introducción antes de hablar de Juan Manuel porque mi pesadilla comenzó antes solo que no me había dado cuenta, y cuando él llegó a mi vida pensé que era el oasis que necesitaba para seguir adelante. Entonces ahora sí, acá va la respuesta a su pregunta:

El reencuentro

Una mañana, mientras María Clara desayunaba con los niños en la cocina, Nicolás bajó apurado con el teléfono en la oreja, vestido de manera impecable, perfumado, sin un pelo mal acomodado, pasó por detrás de ella, le dijo a la empleada que le sirviera un café, se sentó, continuó hablando, le dijo a la persona que tenía al otro lado que le diera dos segundos, miró a María Clara y le dijo: ‘Hoy tienes una reunión con mi equipo. Ya encontramos oficina, te mando los datos en un rato. Hay unos temitas importantes de los que te quieren hablar’. María Clara no alcanzó a responder nada. Los niños solo miraban. Nicolás se tomó el café mientras continuaba su llamada, se puso de pie, se despidió de todos con la mano y salió de la casa.

Al rato los niños salieron a esperar el bus y María Clara se quedó inmóvil tratando de entender lo que estaba pasando. A los pocos minutos recibió un mensaje de Nicolás con la dirección de la oficina y la hora de la reunión. Pensó que afortunadamente no tenía compromisos esa mañana y decidió esperar para salir de la casa directo a encontrarse con el equipo de su esposo. Así fue. Tan pronto llegó, se encontró con un grupo de gente que se presentó con seriedad y determinación. Nicolás estaba en una oficina privada hablando con otro hombre, la miró desde lejos y con la mano le hizo señales de aprobación por su presencia.  La invitaron a pasar a una sala donde había una mesa grande y varias sillas alrededor. Se sentó. El hombre que aparentemente estaba a cargo del grupo le agradeció por la presencia y sin muchos rodeos empezó a hacer la lista de los temas de los que iban a hablar.

‘María Clara, a partir de este momento es importante que sepas que te vamos a acompañar en esta transición. Tenemos que definir tu rol en la Fundación y de qué forma vamos a involucrar tu trabajo para que vaya encadenado con el programa de Nicolás sin crear conflictos; desde acá vamos a estar pendientes de tu agenda, de los eventos a los que debes asistir, vamos a necesitar una asesora de imagen, y por favor, no me vayas a malinterpretar, tu eres una mujer muy bonita e impecable, sin embargo, es importante que un experto evalúe tu estilo para alinearlo con el mensaje de la campaña’.

‘¿Transición, mi rol en la fundación, asesor de imagen? ¡Wow! ¿Qué es todo esto?’ – preguntó María Clara con perplejidad -.

Todos se miraron, le botaron una sonrisa y el hombre prosiguió:

‘No te preocupes, confía en nosotros, te vamos a ayudar. Eso sí, anota ahí por favor -dijo dirigiéndose a la chica joven del staff -, vamos a necesitar alguien que te haga un media training. Es importante que estés preparada para entrevistas de todo tipo en todos los canales y plataformas. Tu sabes que con esto de las redes y la velocidad a la que viaja hoy en día la información tenemos que estar super preparados. Vamos a tener que activar algunos protocolos de seguridad contigo y con los niños; ya estamos organizando todo para buscar vehículos y escoltas para que los lleven al colegio y para ti también’.

María Clara siguió escuchando cada uno de los temas que desde ese momento iban a ser incorporados en su rutina. Fue tanta la información que guardó silencio y tomó algunos apuntes; por momentos se le nublaba la mente, se perdía, solo veía labios que se movían y recibía las frases en cámara lenta. Pensó que Nicolás le explicaría con algo más de dedicación los cambios que venían. Dejó correr el tiempo, sonreía para dar una cierta aprobación y por el momento no hizo muchas preguntas. Le dijeron que le iban a notificar con tiempo las próximas reuniones. Cuando se estaba poniendo de pie, el hombre le dijo:

‘Una cosa importante, creo que es bueno que busques una asistente personal’.

‘Yo tengo una asistente en mi fundación, puedo seguir trabajando con ella, no me hace falta’ -contestó María Clara -.

El hombre sacudiendo la cabeza le dijo: ‘No, María Clara, primero, no es conveniente, esa persona me imagino que se ocupa de los temas de la fundación, y para este cargo vas a necesitar a alguien que esté a tu lado permanentemente manejando no solo tu agenda de trabajo con la campaña, sino muchos de tus asuntos personales, así que te aconsejo que busques a alguien competente, que sepa trabajar bajo presión, proactiva y de toda tu confianza’.

María Clara asintió y salió de la sala con un mar de confusión en su cabeza. Se dirigió a la oficina de Nicolás y se lo encontró en el corredor. La miró y le dijo: ‘Qué tal todo? ¿Bien? Estos son unos cracks, estoy seguro de que te van a ayudar. Voy de afán, tengo una cita urgente en el centro. Nos vemos más tarde, ¿Ok?’. La idea que tenía de aclarar la lista de los temas expuestos en la reunión con su esposo se quedó ahí en ese corredor y en un momento alcanzó a vislumbrar lo que se venía en su vida. Solo una persona la podía ayudar en ese momento. Llamó a su tía Beatriz y le dijo que si se iban a tomar algo.

Llegó al café, se sentó y mientras esperaba a su tía y trataba de poner sus ideas en orden, sintió una voz masculina.

 ‘¿María Clara?’

Ella se giró y se encontró de frente con Juan Manuel Restrepo. No lo podía creer. hacía muchos años no lo veía, se puso de pie, se dieron un abrazo y se saludaron efusivamente.

‘Oye, pero qué rico verte, ¿cómo estás?’ – le preguntó Juan Manuel con la sonrisa sexy que lo caracterizaba-.

‘Pues bien, todo bien…estoy en shock. No te veía desde que salimos del colegio, yo creo. ¿Trabajas por acá cerca? ¿Qué estas haciendo?’ – preguntó María Clara sonrojada -.

‘Si, mi oficina queda por acá cerca. Bueno, en realidad, trabajo desde mi casa, tengo una empresa de desarrollo de tecnología. ¿Y tú? Supe que te casaste con Nicolás, bueno, por ahí he visto cosas de él, ahora es senador, ¿no?’.

‘Si, bueno, no. ¡Mejor dicho, sí, me casé con él y si, era senador, pero ahora se va a lanzar a la presidencia…mmm… ¡Ay no! No sé si podía decir eso. Todavía no se ha hecho oficial, pero creo que es cuestión de horas. Estoy tratando de asimilar todo esto. No te imaginas de la reunión de la que vengo. Mi vida se va a transformar en 3,2,1…jajaja…y ¿tu? ¿estás casado? ¿tienes hijos?’.

‘¿Candidato a la presidencia? ¡Wow! ¿O sea que estoy acá con la mismísima first lady? Jajaja…yo estuve casado. Me separé y tengo un hijo adolescente que me tiene loco…jaja…’

‘Te entiendo perfecto, yo estoy en las mismas con los míos; las canas que tengo me las han sacado desde que empezaron la adolescencia…jajaja’.

La conversación de los dos amigos fue interrumpida por una voz femenina que se acercó a la mesa.

‘No, pero cuenten el chiste, ¡hace rato no te veía tan entusiasmada mostrando esos chicles Adams Mária! Quiubo, hola, ¿cómo estás? – dirigiéndose a Juan Manuel – Yo soy Beatriz, la tía de María Clara. No, pero qué hombre tan guapo… ¿De dónde saliste tú?’. – exclamó mientras apoyaba su cartera en la silla -.

‘Juan Manuel, te presento a mi tía Beatriz, y me disculpo de una vez. Quedé de encontrarme con ella, por favor ignora lo que dice’. – le dijo María Clara a Juan Manuel -.

El solo se reía y Beatriz se despachó en un solo interrogatorio porque quería saber todo del amigo del colegio de su sobrina, lo invitó a sentarse con ellas y rápidamente se desencadenó una conversación agradable y fluida. Beatriz tenía esa facilidad. Era una mujer irreverente, imprudente, sin filtros, pero cuando alguien le caía en gracia su cuerpo entero emanaba una energía magnética. Hablaron del más y del menos y de repente María Clara se sintió feliz, tranquila; fue como si de un momento a otro las preocupaciones que traía de esa reunión que le estaba cambiando su rutina diametralmente, se hubieran esfumado. Sin entender muy bien, se descubrió mirando las manos de Juan Manuel, detallando sus labios carnosos y esos dientes grandes; no podía escapar a su mirada, la forma en la que elevaba su ceja izquierda cuando hablaba; detalló esos brazos fuertes y advirtió que debajo de ese saco de cashmere se delineaba un cuerpo marcado y por un instante se vio recostada en ese pecho.

Beatriz le dio un golpe a la mesa mientras contaba alguna anécdota y María Clara volvió en si después de pegar un salto.

Juan Manuel miró el reloj y les dijo que se tenía que ir. Se pusieron de pie, y cuando se fueron a despedir el nerviosismo hizo que casi rozaran sus labios por la confusión al momento de darse un beso o un abrazo. Fue un instante extraño, incómodo, pero al fin Juan Manuel se fue.

Beatriz miró a su sobrina con malicia y le dijo:

‘No sé qué acaba de pasar acá. Te veo nerviosa, pero antes de cualquier cosa, tengo que contarte un chisme bomba’.