La transformación
María Clara se retiró delicadamente, lo miró y le dijo un poco temblorosa: ‘No, de verdad me tengo que ir’. Cuando iba a continuar la escena fue interrumpida por una llamada que recibió en su celular. Era Nicolás. Juan Manuel le dijo que contestara tranquila. Ella le hizo un gesto que le sugería hacer silencio.
‘Hola, ¿dónde estás metida? ¡Te han llamado mil veces y no contestas! -le dijo Nicolás con un tono alterado-.
‘Como así que me han llamado, no me ha sonado el celular’ – respondió María Clara con cierto nerviosismo.
‘Pues a tu celular del trabajo ¿no? Te estoy llamando al personal. ¿Es que no lo tienes ahí?’
María Clara revisó su cartera y se dio cuenta de que no lo tenía.
‘Debe ser que lo dejé en el carro, no lo tengo en la cartera, y ¿quién me llama tanto?’
‘Primero ¿dónde diablos estás metida?’ – le dijo Nicolás bastante agresivo -.
María Clara con un tono pausado le dijo: ‘Estoy recogiendo una hoja de vida de una candidata para ser mi asistente. Estoy haciendo lo que me sugirió tu equipo’.
¿Y es que estamos en los 80s que tuviste que ir a recoger una hoja de vida personalmente? ¿Pero es que estás loca o qué? Me parece que no has entendido nada de lo que está pasando acá María Clara. Hay asuntos importantes de los que te tienes que ocupar como para que ahora te metas de Rappi. ¡Dios mío! ¡Lo que me faltaba!’.
‘Nicolás, cálmate, me fui a tomar un café con Beta y dio la casualidad de…’
Nicolás la interrumpió de forma abrupta:
‘Me importa un comino saber dónde estabas con tu tía querida, que BTW, deberías evitar encontrarte con ella en sitios públicos. A esa señora solo la quiere tu familia y ahora no nos conviene estar cerca de la reina de la irreverencia, y no es que estemos jugando a la familia como para que tu estés tomando cafecitos con gente que no nos aporta nada. Cada movimiento que des de ahora en adelante es crucial. Pensé que eras lo suficientemente inteligente para entender lo que está pasando en mi vida, tal parece que voy a tener que decirle a esta gente que la próxima vez te hagan una presentación con plastilina. Mira, estoy muy ocupado para estas estupideces, en una hora te espero en la oficina para una reunión y hablar de varios temas. Carolina va a estar pendiente. Espero que no llegues tarde y que contestes las llamadas. Chao’. -Nicolás terminó la llamada sin dar un segundo para una respuesta -.
María Clara miró al piso desilusionada, guardó el celular en la cartera, botó un suspiro, miró a Juan Manuel y con el tono apesadumbrado le dijo: ‘Me imagino que escuchaste todo. Con esos gritos hasta el celador de este edificio quedó al día’.
Juan Manuel la miró, parpadeó lentamente y le dijo: ‘No sé qué decirte…me imagino que hace parte del nerviosismo y el estrés. Tu esposo debe estar bajo mucha presión, y bueno, no lo conozco, no sé nada de tu matrimonio, solo espero que sea fruto del momento’.
‘El nunca se ha caracterizado por manejar muy bien el estrés, pero como no había trabajado con él desconocía este lado, o al menos conmigo. A ver, tu sabes bien cómo son las cosas en los matrimonios. Nunca nada es plano, a medida que Nicolás ha ido escalando en su carrera, las responsabilidades aumentan y yo no estuve tan activa ni tan participativa en su campaña para sel senado, mucho menos en su trabajo. El iba a su oficina como yo a la mía, y hasta ahí, pero esto definitivamente me está marcando un camino que desconozco. ¿Sabes que muchas veces me llegaron chismes, cuentos, historias?… y cuando lo confrontaba me decía que todo era para desestabilizar su carrera, me negaba todo y yo le creía. No sé si porque era más fácil y cómodo, pero jamás me desgasté en chismes. No soy de ese estilo. Desde hace unos meses he ido viendo unos cambios que me han dejado boquiabierta, pero no hablo de eso porque me da pánico’.
‘¿Pánico? ¿De qué o de quién? ¿Y qué cuentos te llegaban?’ – le preguntó Juan Manuel.
‘Me da pánico no ser entendida. Creo que no quiero que la gente minimice mis sentimientos o los subestime y me lleguen con frases como: ‘Es un hombre maravilloso, excelente papá, trabajador, responsable, de buena familia, ¿cómo no vas a tener la capacidad de entenderlo en este momento?, etc., etc., etc. Y los cuentos, bueno, me han dicho que es un maltratador con sus empleados, es muy grosero y desde hace rato corre el rumor de que tiene un affaire con su secretaria Carolina. Él es muy frío con ella, me parecería una locura confirmar esa historia. Esa mujer lleva trabajando con él por años, se la lleva para todos lados. No sé ni por qué te estoy contando todas estas cosas, por favor júrame que no vas a hablar con nadie acerca de estas intimidades. ¿Si ves? Al final tiene razón. Yo no he entendido la magnitud de esta situación y me pongo a hablar como una descocida con una persona que no veo hace millones de años. Bueno, ya te conté, ¡ya qué hijuemadres! No me estarás grabando ¿no? Mejor dicho, me voy’.
‘María Clara, no vayas a tomar esto a mal. Yo sé que es la cosa más descontextualizada que vas a escuchar el día de hoy, pero tu a mi siempre me encantaste, solo que no sé, las cosas no se dieron para que yo me acercara a ti, sobre todo mi timidez. Cuando te vi esta mañana en ese café me saltó el corazón. Estás más linda de lo que recuerdo, y eso ya supera cualquier tope. Sin embargo, no pretendo absolutamente nada, y no, no voy a hablar con nadie acerca de lo que me acabas de contar. No creo que a mis interlocutores de las empresas con las que trabajo, éste sea un tema de conversación interesante. Son todos ingenieros de sistemas y se ocupan de cosas aburridas. No. No te estoy grabando y jamás haría algo que te pusiera en riesgo. No sé cómo explicarlo, pero sentí algo fuerte desde que te vi y seguro afloró el adolescente que no calcula nada y va botando las cosas, así como vienen. Puedes confiar en mí, claro, como un amigo. No busco nada y no te quiero meter en problemas. Si tienes ganas de desahogarte, puedes confiar en mí. No soy un gran consejero, pero a ti podría escucharte por horas sin aburrirme. Solo te digo algo: No permitas que nadie te trate mal. Tu eres una mujer inteligente, atractiva en todos los sentidos y tienes todo para ser un ser excepcional, así que no te dejes lanzar a un ciclón de inseguridades creado por mentiras que lo único que buscan es apagar tu alma. Eso no se puede permitir de nadie y tú estás para grandes cosas. Vete a tu reunión y cuando quieras me escribes o me llamas, yo estoy acá’.
Juan Manuel le abrió la puerta a María Clara, se dieron un abrazo y se despidieron. Ella tomó el ascensor y percibió que había quedado impregnada del olor de su amigo del colegio. Cerró los ojos por un instante y cuando menos pensó se abrieron las puertas. Se fue caminando resignada a su carro. Todo lo que acababa de pasar le quedó dando vueltas en su cabeza, la conversación con Beta, las palabras de Juan Manuel y el tono arrogante de Nicolás que empezaba a ser una constante. Cuando se dio cuenta, ya estaba de vuelta a la oficina como le había pedido su esposo.
Entró y siguió derecho a la sala de juntas. En el corredor se encontró con Carolina quien la saludó con cordialidad y le dijo que se acomodara, que Nicolás estaba en una video llamada, pero que ya llegaba el resto del equipo. María clara le agradeció y se sentó en una de las sillas. Sacó su ipad, empezó a revisar algunos documentos y entró de nuevo Carolina.
‘María Clara -le dijo con un tono cortés -, Nicolás me dijo que como estás en busca de una asistente, te mandara la hoja de vida de una excompañera mía de la universidad. Es una mujer absolutamente competente, y, sobre todo, confiable. Ya sabes cómo es Nicolás. Prefiere que estemos rodeados de gente conocida. Se vienen tiempos turbulentos y es mejor protegernos. Te la mando vía mail. ¿Prefieres que te la mande a tu correo personal o al del trabajo?’.
María Clara la miró de reojo y le respondió con un tono seco:
‘Al personal. Gracias, la voy a revisar’.
Carolina quedó sorprendida y sonrió forzadamente. María Clara cogió su celular y llamó a su oficina obligando a la secretaria de su esposo a salir de la sala sin decir una sola palabra más.
A los cinco minutos entró el equipo y unos segundos después llegó Nicolás. Apenas se sentó miró a María Clara y le dijo con un tono burletero:
‘¿Al menos te pagaron el domicilio?’
María Clara se quedó inmóvil y no mostró ningún tipo de emoción. Los miembros del equipo se miraron entre sí y Nicolás intervino de nuevo:
‘No, es que mi esposa a estas alturas de la vida le dio por recoger documentos en persona, ¿qué tal? Parece que se le olvidó que estamos en la era digital. Bueno, no perdamos tiempo, vamos a los temas importantes’.
María Clara apenas pudo concentrarse durante toda la reunión, le hervía la sangre. No podía creer que Nicolás se comportara de ese modo delante de la gente con la que tenía que trabajar. La destruyó esa actitud y aunque se discutieron los temas sin mayores sobresaltos, tuvo que tragarse entero el momento tan desagradable que la había hecho pasar. Finalmente dieron por terminada la sesión. María Clara recogió sus cosas, se puso de pie, se despidió de todos y salió. Nicolás la alcanzó, le puso la mano en el hombro y le preguntó si quería almorzar con él en la oficina, ella se giró y lo miró con displicencia, pero aceptó. Pensó que sería una buena oportunidad para decirle algunas cosas.
Antes de entrar a la oficina Nicolás le dijo a Carolina con un tono mandón: ‘Carolina, dígale a Ana que nos traiga el almuerzo a María Clara y mí, gracias. Carolina se puso de pie y se fue a dar aviso.
Apenas se sentaron, María Clara empezó su discurso:
‘No me gustó ni cinco la forma en la que me hablaste cuando me llamaste y menos lo que mi dijiste delante de todos en la reunión. Recuerda quién soy yo’.
‘No, no, no. Recuerda tú quién soy yo y en la situación en la que estamos. Yo estoy haciendo esto por ustedes, por mi familia, por nuestro futuro y por el privilegio que nos trae una distinción como éstas. No me compliques las cosas y verás que todo fluye. Mira, viniste a la reunión, se hablaron los temas en completa paz, llegamos a acuerdos y todo salió bien. Estoy bajo mucha presión, no tengo un minuto de descanso así que te pido que, en lugar de hacerme reclamos y zancadillas, seas mi aliada. La forma de serlo es facilitándome el camino, no complicándolo, ¿ok?’ y ahora silencio que me está llamando Héctor Castillo’.
María Clara quedó muda y no pudo evitar hacer un gesto de sorpresa cuando su esposo le dijo con quién iba a hablar. Escuchó la conversación y no podía creer que Nicolás se despachara en risas y halagos con ese señor. Cuando colgó no dudó en decírselo:
‘Hace tres meses te escuché hablar pestes de ese señor, dijiste que era el sinónimo del mal, no lo bajaste de chabacán, de vendido, de corrupto, ¿y ahora le hablas con esa soltura y lo adulas de esa manera?’.
‘Bueno, no sé a qué hora se me ocurrió decirte que almorzaras conmigo. Parece que lo que te dije te entró por un oído y te salió por el otro. Tú no entiendes nada de política María Clara, no tienes ni idea de estrategia, de marketing, de alianzas, de maquinarias, mejor dicho, no pierdo el tiempo. Tengo que hacer otras llamadas, así que, si quieres quedarte, te pido el favor de que hagas silencio’.
María Clara se puso de pie y le dijo que prefería irse y que hablarían más tarde. Nicolás asintió con la cabeza y le hizo el gesto de cerrar la puerta cuando saliera.
Cuando pasó al frente de Carolina se despidió y salió de las oficinas. Se sentó en el carro y se le aguaron los ojos porque tuvo un leve presentimiento de lo que se le venía. Tomó en sus manos el sobre donde estaba la hoja de vida que le había dado Juan Manuel, la sacó y empezó a leer. Cerró los ojos, cogió su teléfono y empezó a digitar el teléfono de la recomendada. Timbró dos veces.
Una voz suave respondió: ‘Aló’.
Buenas tardes, mi nombre es María Clara de Obregón, ¿hablo con Raquel Salazar?
