La asistente
‘Si, buenas tardes Doctora, soy Raquel’.
‘Gracias por responder Raquel, y por favor no me diga doctora, María Clara está bien. No sé si la interrumpo y me disculpo de antemano, Juan Manuel Restrepo me dio su hoja de vida y quiero saber cuándo tiene tiempo para que hablemos en persona, me gustaría entrevistarla’. – respondió María Clara con un tono amable -.
Entre las dos acordaron que esa misma tarde Raquel iría a la oficina de la Fundación. Como María Clara vio que tenía tiempo, que no había almorzado y que de todos modos iría a trabajar más tarde, decidió pasar por la casa de sus papás. Cuando llegó la recibió su mamá algo sorprendida de verla a esa hora del día y entre semana. María Clara le dijo que si había algo de comer y su mamá inmediatamente le pidió a la empleada que le sirviera cuanto antes a su hija en el comedor principal. Mientras esperaba llegó el papá, la saludó y empezó el interrogatorio. Le preguntaron cómo iba el tema de la campaña de Nicolás. María Clara les dijo que se le venía un montón de trabajo y que estaba tratando de asimilar tantos cambios.
‘Papi, Beta me contó que el papá de Nicolás te llamó para decirte que están vendiendo la finca y algo acerca de unos fondos’. – le comentó María Clara a su papá.
‘Si, la verdad no me gustó para nada esa llamada. Esta mañana estuve en un desayuno en el Continental y se hablaron varias cosas de esa familia. Bueno, no era necesario que me dijeran, pero en cierto sentido lo confirmé. Ellos andan mal de liquidez, y ahora con la campaña de Nicolás me imagino que están buscando plata por todos lados. Lo que pasa es que esas inversiones en el fondo ese que maneja tu cuñado no tienen muy buena fama, y yo no voy a arriesgar un peso en esas cosas. Me da pena contigo, hija, pero no quiero mezclar temas de dinero con esa familia en este momento’.
‘No, papi, no tienes que disculparte. Te entiendo perfectamente y haces bien. Nunca hubiera pensado que mi suegro se atreviera a llamarte. Ellos no son de ese estilo’.
‘Es que no solo se habló de eso. Yo no sé qué es lo que pasa con Nicolás, pero estuve hablando con Mario en privado y me dijo que se dicen muchas cosas de él en el ambiente político. Es cierto que tiene un padrino importante y acá toda la vida hemos sido de esa línea, sin embargo, la gente no está tan convencida. Tiene como mala fama; no sé si es que Mario no quiso entrar en detalles, pero me dejó medio preocupado. María Clara, hay que estar muy alertas porque nuestra familia nunca ha estado involucrada en escándalos, y no quisiera empezar ahora que estoy disfrutando mi pensión, dedicado a hacer las cosas que me gustan. ¿Tú le has visto movimientos en falso a tu esposo?’.
‘No. Apenas me estoy empapando de las cosas que ‘yo’ tengo que hacer; de la lista interminable de eventos y cambios que tengo que asumir ahora que soy la esposa del candidato a la presidencia. La única cosa rara que he visto fue hace un rato. Lo escuché hablar con Héctor Castillo con una simpatía que me pareció desagradable y adulándolo en un modo realmente embarazoso. Me pareció muy extraño después de haberlo oído mil veces despotricar de ese tipo’.
‘Peligroso. Ese Castillo es un viejo zorro que tiene muy mala reputación. Siempre se ha dicho que es de los que compra jueces y tapa huecos a cambio de favores importantes para proteger a los terratenientes amigos. Es mejor que le digas a Nicolás que vaya con cuidado con ese hombre porque puede terminar en un laberinto sin salida. Esa gente no se queda con nada’.
María Clara se quedó en silencio. No quería decirles a sus papás que Nicolás no estaba en disposición de escucharla y no le daría crédito si intentara darle algún consejo. Simplemente escuchó, asintió con la cabeza y trató de cambiar de tema mientras almorzaba. Su papá se fue para la sala a contestar una llamada y se quedó hablando con su mamá.
‘María, ¿cuándo tienes tiempo para que vayamos al atelier de la hija de Alice? Te he hablado de ella varias veces, la que llegó de Francia; imagínate que ya lo abrieron al público. Creo que ahora que vas a tener que atender tantos eventos y entrevistas, puede ser útil que compres algunas cosas ¿No te parece?’.
‘Si, mami. Lo que pasa es que justamente mañana tengo dizque una cita con un asesor de imagen que me agendó el staff de Nicolás. ¡Imagínate! No puedo ni escoger mi propia ropa. Me van a decir cómo me tengo que vestir, qué tengo que decir, cómo caminar, qué debo comer, mejor dicho, si te contara, me van a poner escoltas y a los niños también. Son muchas cosas, mami. Te confieso que todo esto me tiene nerviosa, incómoda, no sé’.
‘Era de esperarse. Tú sabes cómo está la situación en el país, es cierto que personalmente me daría mucha pereza estar con unos hombres al lado todo el tiempo, pero es mejor prevenir. Bueno, pues cuando tu asesor de imagen te diga qué te puedes poner, me cuentas y de pronto las piezas de la hija de Alice te pueden servir. No te amargues la vida por esas cosas. Yo sé que son cambios drásticos, pero ese es el precio de estar con un político, y es tu esposo, tu decidiste casarte con él’.
‘Mamá, yo me casé con un abogado. No con un candidato a la presidencia’.
‘Bueno, pero tú sabías cuáles eran las inclinaciones de Nicolás. Desde que me acuerdo le gustaba el sector público, y, bueno, el que hoy sea un candidato a la presidencia es justamente el resultado de un camino que ha hecho desde que se graduó. Hay que apoyarlo, hija. Nada qué hacer’.
María Clara terminó de almorzar, se despidió de sus papás y cuando estaba saliendo su mamá le recordó que esa noche celebrarían el cumpleaños de Gabriela, la hermana menor, y que los esperaba a todos para comer. María Clara le dijo que contara con ella y con los niños, no sabía si Nicolás iría. Mientras iba camino a la oficina se le cruzaban miles de pensamientos como flechas que ella misma trataba de atajar y no lo lograba. Estaba angustiada y desconocía esa sensación. Solo se asomaba una sonrisa cuando recordaba a Juan Manuel; sentía un leve impulso de llamarlo. En poco tiempo le había transmitido paz, calma, y eso era lo que necesitaba en ese momento. Dudó dos segundos, pero cuando se dio cuenta ya estaba al frente de su oficina y decidió bajarse.
Entró, saludó y siguió derecho para su puesto de trabajo. La asistente entró detrás de ella, hablaron de algunos temas pendientes, llamadas, citas y demás asuntos importantes. María Clara le agradeció y le dijo que en poco tiempo llegaría una persona con la que tenía una cita. Mientras firmaba algunos documentos y respondía correos pasó el tiempo. Llegó Raquel. La asistente la hizo entrar. María Clara inmediatamente sintió una energía distinta. La hizo sentar y empezaron a hablar.
María Clara muy profesional le hizo la entrevista limitándose a realizar preguntas estrictamente ligadas a la trayectoria laboral y a la identificación de hard y soft skills, competencias, posibles debilidades, valor agregado y rasgos de la personalidad. Fue una conversación muy fluida. María Clara advirtió en Raquel mucha seguridad, seriedad; además de ser puntual, era precisa cuando daba las respuestas, tenía un aire muy profesional. Le explicó cuáles eran las características del cargo y le preguntó que si estaba dispuesta a trabajar bajo presión. Raquel le dijo que estaba acostumbrada y que no le veía ningún problema.
‘Si algo he aprendido durante mi carrera es que las mujeres debemos esforzarnos el doble para ser respetadas, escuchadas, valoradas, apreciadas. Juan Manuel me dijo que usted está buscando una asistente, yo sé lo que significa trabajar con hombres en la arena política; sé cuidar verdades y soy una persona leal. No vine a hacer esta entrevista porque esté buscando ser parte de la campaña de su esposo; yo busco ser la persona en la que usted confíe cuando él o usted no estén. Conmigo puede contar’. – le dijo Raquel con determinación-.
María Clara la miró a los ojos y le dijo:
‘Raquel ¿cuándo puede empezar?’.
A Raquel se le iluminaron los ojos. Le dijo que solo tenía que coordinar algunos asuntos de su vida en familia, y que el siguiente lunes podía disponer de sus servicios a la hora que le dijera. María Clara le dijo que estaba perfecto.
‘Voy a hablar con el staff de mi esposo para que empiecen a hacer el trámite del contrato y seguro alguien entrará en contacto con usted para que mande los documentos pertinentes para la firma. Raquel, soy sincera: se imaginará que Juan Manuel me habló muy bien de usted. Me causó buena impresión durante la entrevista, me gusta su perfil, su experiencia y, sobre todo, aprecio el contenido de sus respuestas y la forma en la que se expresa. Sin embargo, este cargo es delicado porque acá se van a tratar temas sensibles. Estoy segura de que le van a hacer firmar un acuerdo de confidencialidad, pero más allá de eso, lo que le quiero decir es que estoy confiando en Juan Manuel y en lo que acabo de hablar con usted. Espero no equivocarme. Gracias por venir y bienvenida’.
Raquel poniéndose de pie y estirando la mano, le dijo a María Clara que no había nada de qué preocuparse, le agradeció la oportunidad y salió de la oficina.
Para María Clara era un salto al abismo. No había entrevistado a nadie más, ni siquiera había llamado a la amiga de Carolina, pero justamente quería vencer esa pequeña batalla con su esposo. Solo esperaba que fuera así y que no le costara otra discusión.
Cuando estaba dedicada a resolver temas de la fundación la llamó Nicolás.
‘Hola ¿cómo vas? ¿en dónde andas?’
‘Estoy en mi oficina, en la fundación’. – le contestó María Clara con un tono seco -.
‘Ah, ok, perfecto. Es que Carolina me acaba de acordar que esta noche es la comida donde tus papás. ¿Nos vemos en la casa y salimos todos, o tú vas por los niños y nos encontramos allá? ¿Qué prefieres?’.
Con un gesto de sorpresa María Clara le dijo que se vieran en la casa porque no quería llevar el carro. Nicolás estuvo de acuerdo y colgaron. Se quedó pensativa. Con todas las ocupaciones de su esposo, no se imaginaba que iba a querer ir a una comida donde sus papás sabiendo que estaría toda la familia, incluyendo su tía Beta. Era sospechoso. Recordó las palabras de su papá, la situación de sus suegros, los intereses de Nicolás y le dio rabia pensar que solo quería ir para aprovechar el momento e insistirle a su papá con los temas de plata.
Al fin María Clara terminó su jornada en su oficina, se fue para la casa, les dijo a los niños que se alistaran porque irían a comer donde los abuelos y ella fue a darse una ducha. Mientras se bañaba se descubrió tocando su cuerpo lentamente y con los ojos cerrados recordando el abrazo que le dio Juan Manuel, o el instante cuando se acercó a su oído para susurrarle en voz baja que se quedara. Se le puso la piel de gallina. Abrió los ojos y sacudió la cabeza como queriendo huir de sus malos pensamientos. Cerró la llave, se secó y se vistió cuanto antes. Su hija entró en la habitación para preguntarle si estaba bien lo que se había puesto y eso la distrajo.
A los pocos minutos llegó Nicolás. Saludó sin mayor efusividad. Se quitó la corbata y se fue para el walk-in closet a escoger la ropa que se iba a poner. Sacó su outfit, regresó a la habitación. La niña ya había salido y cuando María Clara se disponía a contarle que había contratado a Raquel, le entró una llamada a Nicolás y ella se quedó con la palabra en la boca porque él sin dudar contestó y mantuvo la conversación mientras se cambiaba delante de su esposa. María Clara se fue para el baño a maquillarse ahí. No tenía ganas de escuchar las charlas de su esposo. Se dio cuenta que colgó y de pronto Nicolás le dice:
‘¿Quién es Juan Manuel Restrepo?’
