Valeria leyó ese mensaje como cinco veces, mandó un último correo y antes de apagar todo y recoger sus cosas tomó su celular, buscó el chat con su amiga Pilar, hizo click en el micrófono y dijo: “¡Oiga Pilar! Gracias por embarcarme en esos planes. ¡Ahí me escribió su primo Pablo muy entusiasmado dizque porque acepté la invitación! ¡Qué tal usted tan abusiva! Bueno, me debe una. ¡Allá iré a regaña dientes porque me da mucha mamera, sepa que voy para no hacerla quedar mal a usted! ¡Atrevida! ¡Hablamos después!”.

Pilar simplemente le respondió con una cadena infinita de “jajajajaja”. Valeria sonrió, cogió sus cosas y abandonó su cubículo con algo de resignación.

Al día siguiente las cosas marcharon dentro de la normalidad. Valeria se dedicó a hacer su trabajo, el jefe le devolvió el itinerario haciéndole unas modificaciones y unos nuevos requerimientos, ella procedió a completar la solicitud y pasó su jornada entre reuniones, mails, cafés y conversaciones inútiles con uno que otro de sus colegas. Cuando se estaba acercando la hora de salir, fue al baño y se acordó de su compromiso social, se miró en el espejo y pensó que debía esmerarse un poco porque no se sentía muy bonita. Salió puntual de la oficina y se fue corriendo a la peluquería que había a pocos metros del edificio donde trabajaba. Por fortuna la atendieron y se hizo un blower como para darle un poco de movimiento a su pelo, que últimamente llevaba siempre amarrado en una moña a medio peinar.

Valeria tenía una belleza natural muy especial; no era esclava de las rutinas faciales ni de las cremas. Usaba lo esencial, casi no se maquillaba. Pensaba que eso le quitaba tiempo para dormir un poco más y siempre estaba tan concentrada en hacer su trabajo a la perfección, que, aunque se empeñaba en arreglarse, no era algo que le quitaba el sueño. Tenía un estilo clásico descomplicado, prefería los colores neutros y oscuros y pocos accesorios. Cuando su mamá o su hermana le decían que alguna marca tenía unos aretes o anillos lindos, ella se devolvía con mucha frustración recordándoles que no podía gastarse la plata en pendejadas porque gracias a que estaba haciendo un trabajo de ‘practicante’ era imposible darse ciertos lujos.

Cuando la peluquera terminó, la miró y le dijo que tenía un pelo hermoso, que debería dejárselo suelto más seguido. Quedó tan entusiasmada que le ofreció hacerle un maquillaje fresco para su compromiso. Valeria dudosa le dijo que ella no estaba acostumbrada a maquillarse mucho y que le daba miedo quedar como alguien que no conocía. La peluquera insistió y le dijo que confiara en ella, que le iba a hacer algo muy suave, pero que era para que fuera bien divina a su reunión. Valeria cedió y se dejó llevar por la promesa de la peluquera. Se recostó en la silla y mientras sentía los pinceles, brochas, productos y demás, enterraba las uñas en la silla para ver si así podía esquivar la determinación de la mujer que la estaba atendiendo.

Se miró en el espejo y quedó muda. En realidad, le gustó lo que vio. Le dio las gracias a la peluquera, le dijo que era la primera vez que no se sentía disfrazada y que le había gustado mucho. La empleada del salón quedó muy feliz y le dijo: ‘Estoy segura de que va a ser la más linda de la fiesta; presiento que la vida le va a cambiar, se va a acordar de mí’. Se rieron juntas. Valeria pagó y se fue para su casa a cambiarse. Se dio cuenta que no iba a llegar a la hora de la cita, así que le mandó un mensaje a Pablo avisándole. Llegó a su casa, se puso unos jeans, unas botas, una camisa blanca, un abrigo, una bufanda y salió para la tal reunión. En ese momento no tenía ni idea de lo que se iba a encontrar, mucho menos sabía que esa decisión, la de asistir a una inocente comida, probablemente le iba a dar razón a la peluquera.

Se iba a llevar el carro, pero al fin decidió pedir un uber. Pensó que al menos así estaría tranquila y aunque no era una gran bebedora, no le molestaba tomarse unos tragos, sobre todo después de la semana que había tenido. Eran las 7 p.m cuando el uber la recogió. Su casa estaba relativamente cerca de la casa de Pablo, sin embargo, con el tráfico del viernes en la noche cualquier cosa podría pasar. Pensó que su amiga Pilar no le había vuelto a escribir y a esa hora estaría dormida, así que no podía chismosear mientras llegaba a su destino.

Pilar se había ido del país hacía cinco años para Milán. Se fue a hacer un master que duraba un año, al término del cual regresaría a su casa, pero nunca imaginó que iba a conocer un italiano que le cambiaría sus planes. Se enamoró y cuando menos se dio cuenta se casó y se estableció en esa ciudad. Para Valeria fue durísimo. Se alegró mucho por su amiga, pero al mismo tiempo, sintió que la vida le estaba arrancando a su amiga entrañable. Era la única persona en la que confiaba, a la que le contaba absolutamente todo. Se conocían desde el colegio y fueron inseparables. Para Pilar no fue fácil tampoco, y a pesar de haber repetido hasta el cansancio que no se iba a casar, nunca entendió en qué momento Luca se cruzó en su camino y trazó uno nuevo en una forma que ni ella, ni Valeria se hubieran imaginado.

A pesar de la distancia Valeria y Pilar seguían siendo las mejores amigas, hablaban todo el tiempo, se mandaban mensajes, hacían video llamadas y estaban perfectamente actualizadas una con respecto a la otra. Tiene un modo de ver la vida distinto, pero las une un amor profundo. Mientras Valeria le chismoseaba el perfil a su amiga Pilar para ver las historias que había publicado, el conductor del Uber llamó su atención para decirle que habían llegado a su destino. Valeria cogió su cartera, le agradeció y se bajó. Se acercó a la portería del edificio, se anunció, tomó el ascensor y cuando se encontraba al frente de la puerta principal, respiró profundo. Desde afuera se escuchaba ya un ambiente de fiesta. Alcanzó a escuchar una canción de Rawayana; era una de sus preferidas: ‘Hora Loca’. Ya iba a timbrar cuando se abrió la puerta. Pablo la recibió con todo el entusiasmo:

‘Vale! ¡Qué rico que viniste! Tanto tiempo sin vernos, sigue, ¡Bienvenida!’ Valeria lo saludó con una sonrisa tímida y en ese momento se acercó Camila, la esposa de Pablo; le dio un abrazo, le preguntó que si quería dejar el abrigo y la cartera en un mueble ubicado en el lado derecho del corredor después de la puerta. Valeria casi que, sin pronunciar palabra, se despojó de sus pertenencias y continuó el camino hacia la sala donde se encontraba lo que para ella fue una multitud. Pensaba: ‘A qué hora acepté esta puta invitación? ¡Qué mamera! ¿Solo parejas? ¡Pero yo qué hago acá por Dios! ¡Voy a matar a Pilar! ¡Por qué me dejo engatusar de esa loca desquiciada! Ah! ¡Pero me las va a pagar!’

Y empezó la ronda de presentación. Camila super querida la iba llevando al frente de cada uno de los invitados y Valeria sonreía, estiraba la mano y apenas se le escuchaba la voz cuando decía: ‘Hola, mucho gusto Valeria’. Repitió esa frase seis veces, pero ella sentía que estaba en una cumbre de países del mundo y que no terminaba jamás. Cuando terminó de presentarse, Pablo la estaba esperando y le señaló la silla que estaba reservada para ella, le dijo que por favor se sentara y le dio un tequila. Valeria se tomó ese trago como si fuera agua. Entre más pasaba el tiempo, más se preguntaba qué hacía allí. Todos la miraban de arriba hacia abajo, la analizaban como ratoncito de laboratorio. ¡Pero claro! ¡Era la nueva, y encima soltera y bonita! Jah! Todos sonreían, pero ella sentía que detrás de esas sonrisas, sobre todo las de las mujeres, se la estaban devorando viva.

De un momento a otro, Pablo rompió el hielo y empezó a hablar cualquier tema para distraer la atención y funcionó. Valeria empezó a detallar a las parejas una a una y entre más miraba, pensaba que esa iba a ser la última vez que iba a ver a esa gente. No tenía nada qué hacer ahí, mucho menos en un grupo de gente casada. Cuando cayó en cuenta de ello, se relajó y pensó: ‘Qué hps! No me estreso, me tomo mis tequilas, hablo maricadas, como tacos y me largo. ¡Total! A esta gente no la veré más’. Se giró a su derecha y se encontró con Juan José, el esposo de Carla. Tenía en la mano la botella de tequila y cuando cruzó la mirada con Valeria, le dijo: ‘¿Otro?’ Valeria sin problema tomó su copa y le dijo: ‘Pero claro que sí’. Sonrieron los dos y brindaron. Carla le dijo: ‘Cuidado Valeria! Juanjo es el que siempre nos emborracha a todos y él queda como si nada’. Hubo risas, Valeria sonrió y lo que hubiera querido decir era: ‘Cuidado tú querida que, si me lo propongo, los dejo a todos ustedes viendo un chispero’. Su pensamiento la hizo reír más de la cuenta y todos pensaron que Valeria se empezaba a sentir realmente a gusto con el parche.

Después de casi una hora de haber llegado, ya habían empezado a picar. Camila era una estupenda anfitriona y había preparado un buffet mexicano increíble en el comedor de ventanales inmensos que dejaban parte de la ciudad. Todo impecable, todo delicioso y perfectamente bien servido. Valeria estaba preparándose un taco y de repente Juan José que también se estaba sirviendo unos chilaquiles, le preguntó: ‘Valeria y tu dónde trabajas?’. Ella le respondió y Juan José le hizo notar que era una muy buena empresa y que él había llevado algunas personas a trabajar allá, pues hacía parte de uno de los Head Hunters más prestigiosos del mundo. A Valeria se le abrieron los ojos. No podía creer que el emborrachador del grupo trabajara ahí. Ella no dudó y en cuestión de segundos le contó que estaba muy aburrida, que ella sabía que era una gran empresa, pero que se sentía frustrada y aspiraba a mejores cosas. Juan José la miró y le dijo: ‘No se diga más, me tienes que mandar tu hoja de vida. Te cito a mi oficina en los próximos días y miramos dónde y qué quieres hacer’. Valeria sentía ganas de atarzanarse del cuello de Juan José, pero obviamente se controló y le dijo que le agradecía enormemente, que él no sabía lo importante que era para ella y que contara con que le iba a mandar su hoja de vida. Esa conversación entre chilaquiles, burritos, tacos y tequila le cambió la cara a Valeria y el rumbo a la noche.

Se sentó de nuevo en su silla y mientras fantaseaba en su cabeza ella con ella misma acerca de lo que iba a pasarle a nivel profesional gracias a que Juan José la iba a ayudar, alcanzó a sentir a Pablo que pegó un grito diciendo: ‘Juan, mk, ¡llegó su hermano!’ Valeria estaba tan concentrada en su futuro profesional, que no prestó mucha atención y se paró para ir al baño. Dejó sus tacos en una mesa que había al lado de su silla y cuando regresó, se sentó, agarró su plato, iba a darle un mordisco a su taco empezado cuando ve unas piernas al frente suyo. Levanta la mirada y un hombre que no había visto en la reunión le dice: ‘Hola, mucho gusto, Alvaro’.