Lo primero que pensó Silvia fue que debía a toda costa contactar a Andrés. Si estaba en Europa, tal vez él desde allá podría darle una mano, o por qué no, viajar hasta Francia o Polonia y denunciar la desaparición de Camila directamente en los consulados. Después de varios intentos logró comunicarse con él.
‘Andrés, soy Silvia, la mamá de Camila. Perdona si he sido muy insistente, pero es que estamos desesperados. Camila no aparece y no sabemos qué hacer’.
‘Hola Silvia, no te preocupes. Pero ¿cómo así que Camila no aparece? ¿Desde cuándo? ¿Qué pasó?’.
Silvia le contó con detalles lo que hasta ahora sabían de su hija, la denuncia que habían radicado en la Fiscalía y los pasos que estaban por venir.
‘Es que el tiempo en este momento es oro – continuó Silvia -, y yo siento que no puedo sentarme a esperar que los consulados se muevan. Yo necesito saber que alguien está buscando a mi hija en ese continente porque me estoy enloqueciendo, Andrés. ¿Tú dónde estás? ¿No sabes nada de ella? ¿Has tratado o trataste de entrar en contacto con ella?’.
‘Silvia, yo estoy en Madrid en un viaje de trabajo con mis jefes. Regreso a Bogotá en tres días y no. No supe nada más de Camila. La verdad, me dio muy duro todo lo que pasó antes de que se fuera, y ella fue muy radical conmigo; no quería saber nada más de mí. Creo que me resigné y decidí dejarla tranquila. Ni siquiera traté de escribirle o llamarla. Pero esto es muy raro’.
‘Andrés, yo sé que te va a parecer una locura lo que te voy a preguntar, pero ¿no será que tu puedes ir a Varsovia y denunciar la desaparición de Camila directamente en el Consulado? Es que nosotros desde acá no podemos hacer nada, y siendo honestos, allá tampoco. No tenemos los medios para hacer ese viaje y así los tuviéramos, ninguno habla inglés, no sabríamos cómo movernos, ni a dónde ir. Entiende que por más irracional que suene, se me ocurre que estando allá, para ti podría ser más fácil trasladarte hasta allá’.
‘Silvia, lamentablemente me es imposible viajar hasta allá en este momento. Como te dije, estoy en un viaje de trabajo con mis jefes, pero sí puedo comunicarme directamente con el Consulado. Voy a llamar a la Facultad. Sé que un profesor tiene algunos contactos en Polonia. Eso puede servir. Apenas tenga una razón, te aviso. La verdad siento mucho todo esto, voy a hacer lo que más pueda para ayudar en algo’.
Silvia le agradeció a Andrés. Aunque ella esperaba que él pudiera irse hasta allá, pensó que en ese momento había que recurrir a todo y a todos, y que esos contactos que él tenía podían servir. Los días fueron pasando. Andrés se comunicó de nuevo con ella para decirle que había hablado con un funcionario del Consulado y le había informado lo que había pasado; incluso, le había dado el número de radicado que ella misma le había facilitado en caso fuera necesario. No quedaba más que seguir esperando.
Para Silvia, Jairo y Juan Carlos era como haber entrado en otra órbita. Nada era igual; los gestos, las expresiones, las conversaciones, las palabras, las miradas, las rutinas, todo era distinto. Silvia recibió por fin una llamada de la Fiscalía para confirmarle que Camila sí había llegado a Varsovia, y que ya se habían comunicado con el Consulado para activar los protocolos de búsqueda, y que seguramente entrarían en contacto con ella para conocer algunos detalles del día del viaje y otros particulares que ayudaran con el seguimiento del rastro que pudiera haber dejado Camila.
Apenas tuvo esa razón de la Fiscalía, ella misma se comunicó con el Consulado. Allí habló con una funcionaria quien le explicó que ya el Cónsul estaba enterado, que no se encontraba en ese momento, pero que ellos ya estaban activando todos los mecanismos para iniciar la búsqueda de Camila. Silvia le dijo que una persona allegada a la familia ya había puesto la denuncia en días pasados telefónicamente en ese Consulado. Le explicó que se trataba del exnovio de Camila que había estado en España. La funcionaria verificó la información y le dijo que nadie había llamado a reportar ninguna desaparición y le aseguró que la primera vez que habían tenido acceso a la información había sido a través de la Cancillería en Bogotá, luego de que la Fiscalía pasara el reporte, pero que ellos no habían recibido ninguna otra llamada o comunicación de nadie más. A Silvia le pareció extraño, pero no quiso detenerse en eso. Ella quería que le dieran tiempos, razones, respuestas, y, sobre todo, necesitaba que encontraran a su hija cuando antes. La funcionaria le hizo varias preguntas. Ella le dijo que el itinerario también se lo habían hecho llegar así que harían un rastreo con las cámaras del aeropuerto, pero que de eso se tenía que encargar la Policía directamente.
Silvia no pudo contenerse más y se desató en llanto. ‘Señorita, usted no puede entender el grado de impotencia, de dolor y de preocupación que tenemos. Nosotros no podemos irnos para allá en este momento y solo los tenemos a ustedes para que nos ayuden porque eso fue lo que nos dijeron en la Fiscalía. No sé si usted tiene hijos, pero no se alcanza a imaginar lo que esta incertidumbre está ocasionando en nuestra familia. Le imploro que tenga piedad de nosotros y que la busquen como si se tratara de un pariente suyo o del Cónsul. Esto no se lo deseo a nadie. No duermo, no tengo vida, no me puedo concentrar, no como. Yo sé que a lo mejor esto no es importante para usted, pero es que quiero que entienda que mi hija puede estar en peligro y está sola. Ella es una niña. Tiene 21 años; apenas está comenzando la vida. Ella es una niña juiciosa, si quiere le puedo mandar las notas, está becada por su excelencia académica; esto no es un caso de una niña loca que se fue a viajar por el mundo sin un rumbo. Ella creyó en una organización confiable para ir a hacer un voluntariado. Eso es lo que ella soñaba. Ser una voluntaria de una de esas ONGs, ayudar a la gente. ¿Entiende usted esta ironía? Ese era su propósito y ahora parece que estamos solos tratando de saber qué fue lo que pasó porque es como si se la hubiera tragado la tierra. ¡Le ruego que me ayude! ¡Tenga compasión de esta mamá, de esta familia que lo único que quiere es volver a ver a su hija sana y salva!’.
La funcionaria se quedó muda por unos segundos. Sintió cada palabra, cada súplica de Silvia y le dijo que iba a hacer todo lo que estuviera a su alcance para ayudarle a encontrar a Camila. Antes de colgar la llamada, Silvia le preguntó que, si ella con esa información y con la experiencia que tenía, podía sospechar alguna cosa porque le habían hablado de trata de personas, pero a veces dudaba de que ese fuera el caso de su hija.
‘Señora Silvia, es muy prematuro darle algún tipo de valoración o dictamen al respecto cuando apenas vamos a hablar con la Policía. Lo que le puedo decir es que nosotros sí hemos recibido varias denuncias de trata de personas, sin embargo, la modalidad ha sido distinta. Es gente que ha sido engañada por agencias de viajes en Colombia que les prometen trabajo, documentos y vivienda a las personas; los hacen pagar ciertas sumas y cuando llegan acá se encuentran con una realidad diversa. Prácticamente pierden el dinero y las condiciones que les prometieron resultan ser un fraude. Ahora, en Polonia sí existen ese tipo de agencias, tienen contactos en otros países y eventualmente les cumplen a las personas; pero estamos hablando de pocos casos y de trabajos que requieren unas condiciones físicas extremas porque es para emplearlos en fábricas y ocupar cargos de operarios o patinadores. Las condiciones climáticas acá son difíciles, por eso mucha gente se devuelve o no aguanta. Pero por lo que hemos hablado de su hija, no parece el caso, aunque podría ser una opción. Estos criminales cada vez están más tecnificados y les llegan a las víctimas vía correo electrónico o a través de las redes sociales. La trata de personas lamentablemente es un fenómeno que ocurre en el mundo entero y todavía hay mucha desinformación. El tema acá es que podría ser una desaparición voluntaria, que según lo que usted me cuenta, no es el caso o fue raptada. Y si es la segunda, siento mucho decirle que lo más seguro es que sea para fines de explotación. Pero no nos adelantemos. Yo me comunico inmediatamente con la policía e iniciaremos cuanto antes con la búsqueda de su hija’.
Silvia terminó esa llamada destrozada. No podía dejar de llorar. No podía concebir que su hija hubiera sido raptada. Por primera vez contempló la posibilidad de que a su hija la estaban explotando sexualmente y se le cayó el mundo encima. Nadie nunca le había dicho que ese dolor existía. Esa imposibilidad de siquiera tener un indicio, una prueba de que estaba bien, que había comido, que estaba durmiendo, que estaba abrigada, que estaba sana, era insoportable. Pensar que Camila podría estar siendo víctima de abusos, de golpes, de malos tratos, la dejaba sin aire. Se sintió sola en el mundo. Nadie podía entender todo lo que le pasaba por su mente y por su cuerpo.
Juan Carlos no estaba. Transcurrieron cuarenta minutos aproximadamente. Jairo entró a la casa apurado porque ya sabía que Silvia había hablado con la funcionaria del Consulado y quería saber los detalles de la conversación. Apenas se asomó a la cocina vio el cuerpo de Silvia tirado en el piso.
