Silvia se incorporó, miró a Andrés y con mucha determinación le dijo:
‘Te voy a pedir el favor de que no vuelvas a mi casa, ni nos busques. No quiero tener ninguna clase de contacto contigo. En este momento necesitamos rodearnos de personas en las que podamos confiar y lastimosamente tú no haces parte de ese grupo. Nunca llamaste al Consulado, no estuviste pendiente de Camila después de que llegó a Europa, lo cual es bastante extraño porque en cambio cuando te enteraste de su viaje, de la nada empezaste a hostigarla con tu presencia para después perderte’.
‘Silvia, claro que llamé al Consulado, hablé con…’ dijo Andrés con un tono afanado -.
‘Mira, no pierdas el tiempo. No quiero saber nada, no me interesa. ¿Es que no te das cuenta del infierno que estamos viviendo? Tu presencia me indispone y perdí totalmente la confianza y el respeto. Por favor vete y no vuelvas, ni te acerques a mí, ni a ningún miembro de mi familia’.
Andrés salió sin decir una palabra más. Apenas cerró la puerta, Jairo se quedó en silencio por un momento, tomó aire y le dijo con una voz cansada:
‘¿No crees que se te fue la mano con ese muchacho? De pronto solo quiere ayudar’.
‘¿Ayudar a qué? ¿Ayudar a qué? ¿A estorbar? ¿A mentir? En el consulado me dijeron que nadie había llamado a poner ninguna denuncia de desaparición y él tuvo la sangre fría de decirme que lo había hecho. ¿Tú crees que en este momento podemos confiar de una persona así? No quiero distractores, no me interesa aumentar los problemas porque ya tenemos uno muy grande en qué pensar. Solo quiero cerca gente que me de tranquilidad’.
‘Bueno, si eso es lo que quieres, es tu decisión. Yo sinceramente no creo que ese muchacho sea malo’.
‘Claro, a ti nadie te parece malo, crees que todos son buenos, y la vida no es así, Jairo. Mira lo que pasó por andar pensando que la decisión que tomó Camila iba a ser la mejor. Es que no todas las veces se puede decir que sí’.
‘Lo único que sé es que no todo se puede controlar, Silvia. Yo sé que me sigues culpando por haber apoyado a Camila desde el principio con sus planes, y créeme, yo también lo hago todos los días. Me siento un imbécil porque siento que no supe proteger a mi hija que es lo único que los padres debemos hacer con nuestros hijos, sin embargo, no tengo el control. Y tú tampoco lo tienes, nadie lo tiene. Uno cree que estas cosas solo le pasan a los demás, que solo se ven en las noticias, hasta que llega a la casa de uno y es como si el diablo se parara de frente y te pegara un sacudón. ¿Y ahora qué? Ahora hay que lidiar con este dolor tan horrible, con la incertidumbre, con los pensamientos invasivos y recurrentes. No puedo dejar de pensar en ella. ¿Estará bien? ¿Habrá comido? ¿Tendrá frío? ¿Podrá dormir en una cama? ¿Estará viva?’
‘¡Dios mío, Jairo! No menciones eso ni por equivocación. Yo sé que Camila está viva, y sé que la vamos a tener de nuevo entre nosotros. Parece que la Cancillería se está moviendo. Si me mandaron ese mensaje es porque están buscando y hay que tener fe. Yo la siento, yo sé que ella está viva y está bien.’
‘Es algo que hay que contemplar, Silvia. Ahora pasan tantas cosas que cualquier situación es una posibilidad. Me duele todo cada vez que contemplo esa posibilidad, pero es que los días pasan, estamos tan lejos, que yo no sé sinceramente qué más podemos hacer para encontrarla. Esta impotencia es insoportable. Siento que me estoy enloqueciendo, no hago si no pensar en esto y en el trabajo se empiezan a ver las consecuencias. Estoy irritable, contesto mal, la gente me mira no sé si con compasión, con rabia o con lástima; lo único que sé es que todo hace que me hierva la sangre. Me desconozco, es más, siento como que llevo días sin ver a Juan’.
‘Juan Carlos está bien. Menos mal él está grande, es un buen hijo y entiende que nosotros tenemos que concentrarnos en encontrar a Camila. Que siga estudiando y cumpla con sus obligaciones. Yo lo veo tranquilo, pero ahora la prioridad es mi niña, nuestra niña. Hay que hacer lo que sea para traerla sana y salva’.
El teléfono de Silvia interrumpió la conversación. Era un número desconocido. Contestó inmediatamente.
‘Buenos días, señora Silvia, la llamo de la Cancillería para contarle una novedad acerca del caso de su hija’.
‘Buenos días, por favor cuénteme qué pasó’.
‘Haciendo un rastreo con todas las características que ustedes nos suministraron de su hija y verificando la hora de llegada al aeropuerto de Varsovia, se revisaron las cámaras y se pudo identificar a Camila. Se alcanza a ver el momento en el que sale del aeropuerto con un hombre, sin embargo, se pierde rápidamente el rastro porque la cámara externa captó solo hasta cierto punto y no se alcanza a ver el vehículo en el que se subió. De todos modos, aunque la imagen del hombre es un poco borrosa, se está buscando algún récord o cierta información que pueda ser útil para continuar con la búsqueda’.
‘¡Dios mío! Pero ¿Cómo era ese hombre? ¿Tenía algo que lo identificara como funcionario de la organización con la que ella supuestamente se fue?’.
‘No señora. Ninguna. Estaba vestido de civil. No llevaba ningún distintivo de la organización’.
‘Por la experiencia que tienen en el consulado, ¿qué creen que puede ser?’.
‘Señora Silvia, le pedimos a la funcionaria del Consulado que se comunique con usted personalmente para que hagan una videollamada y usted misma pueda constatar que se trata de su hija, y ellos les puedan dar alguna hipótesis de lo que puede haber ocurrido. Siento mucho decirle que, y adelantándome un poco, según lo que nos dijeron y después de hablar con la Policía, puede ser trata de personas’.
Silvia quedó en silencio por algunos segundos. Después de asimilar mejor lo que le acababa de decir la funcionaria de la Cancillería, le agradeció y le dijo que quedaría pendiente de la llamada del Consulado para poder ver a su hija en el video. Una vez más le imploró, le rogó que hicieran su mejor esfuerzo para encontrarla. Colgó la llamada y la poca entereza que le quedaba antes de terminar la conversación con esa mujer se esfumó y una vez más rompió en llanto. Jairo, que había escuchado todo, se cogía la cabeza y caminaba de un lado para otro sin saber qué rumbo tomar. De repente miró a Silvia y le dijo:
‘Esto es muy grave Silvia, tenemos que movernos porque Camila está en peligro’.
Juan Carlos entró a la casa en ese momento y encontró a sus papás en un estado que no lograba entender. Le contaron sin mucho detalle las novedades. El hermano de Camila cambió la expresión. Sus rasgos de endurecieron, se mordía internamente las mejillas con fuerza y su mirada enfurecida decía más que las lágrimas de Silvia o el bamboleo de Jairo. Silvia le preguntó que si tenía hambre que pidiera algo de comer porque ella no había tenido cabeza para cocinar. Guardó silencio, los miró y siguió derecho para su habitación. Solo se escuchó el portazo después de unos segundos.
A kilómetros de distancia estaban Camila y Vira temblorosas. La noticia que les había dado Irina es que se iban de viaje.
