‘Buenos días, Señora Silvia, le confirmo que su sobrino estuvo acá. Quedamos en que le estaremos avisando a medida que tengamos novedades. Le suministramos información relacionada con organizaciones que se ocupan de víctimas, aunque nosotros ya hemos estado en contacto con ellos con el fin de reportar la desaparición y en el caso de que su hija llegue a alguno de estos puntos de ayuda, sea notificado de primera mano al Consulado’.
Esa fue la respuesta que recibió Silvia. Se sintió un poco más tranquila. Todavía no le cuadraba el hecho de que le hubiera mentido a su hermana cuando ella misma le había pedido tantas veces que se fuera para allá o que les prestara el dinero para hacer el viaje, pero no quiso detenerse en eso porque era ya muy grande la preocupación para aumentarla buscando más enredos en la cabeza. En este caso debía confiar y si Alberto había hecho ese viaje hasta allá era porque su deseo de ayudarle era legítimo, y eso no podía ponerlo en duda en este momento. De todos modos, también decidió dejar que las novedades las recibiera de primera mano del Consulado, así que los detalles de lo último que había sucedido, prefirió mantenerlo en reserva con el fin de que Alberto avanzara a medida que fuera recibiendo las instrucciones o las noticias de los funcionarios del Consulado. No quiso pensar más en eso y en cambio le mandó un correo a la psicóloga del Ministerio y llamó a Felipe.
‘Hola Silvia ¿cómo estás? – le contestó Felipe -.
‘Hola Felipe, bien, gracias, me da pena molestarte, pero quería preguntarte por un par de cositas. La primera, si has sabido algo, si el profesor ha recibido alguna noticia. Yo no le he escrito aún al colega que está allá, quería saber si tú entraste en contacto con él’.
‘No, Silvia. No he vuelto a saber nada. Y no lo he contactado, pensaba que sería mejor si lo hacías tú directamente y así no estaría recibiendo mensajes de varias personas’.
‘Si, tienes razón. Ya mismo le voy a escribir. Lo otro de lo que te quería hablar era acerca de Juan Carlos. Jairo me dijo que lo había ido a recoger en estos días porque estaba borracho en un sitio que queda cerca a la Universidad. ¿Qué fue lo que pasó?’.
‘Mmm… si, Silvia. Fue mi amiga la que me avisó que Juan Carlos estaba allá. Yo me salí de clase antes y fui a buscarlo. Lo encontré tirado en una silla de una de las mesas de ese sitio. Estaba solo y super borracho. Yo no podía llevarlo a la casa porque tenía clase después, así que decidí llamar a Jairo y me quedé ahí hasta que vino a recogerlo’.
‘Dios mío! Eso me parece tan extraño. El usualmente no se comporta en ese modo, pero bueno, tampoco es que sea el fin del mundo. A veces los muchachos tienen esos días. Lo importante es que Jairo fue a recogerlo’.
‘Pues Silvia, yo no lo he vuelto a ver con sus amigos de siempre y mi amiga me dijo que últimamente falta mucho a clase. Creo que lo de Camila le ha afectado más de lo que él mismo cree. Al que vi en estos días fue a Andrés. Me preguntó cómo iban las cosas, le conté que no había novedades.’
‘Felipe, te voy a pedir el favor de que no le vayas a contar muchos detalles a Andrés. No sé por qué, pero no confío mucho en él y me recomendaron en el Ministerio que no contara los avances del caso porque a veces las víctimas de trata son engañadas por personas de su propio círculo o familia’.
‘¿De verdad? Bueno, Andrés se ha comportado muy extraño, incluso desde antes de que Camila se fuera, pero jamás podría pensar que estuviera involucrado en algo así, sin embargo, cuenta con eso, no le diré nada a nadie, y menos a él. Entonces, no sé si será prudente hacer algo en lo que he estado pensando todos estos días, Silvia. Yo creo que podemos hacer algo de bulla en las redes sociales. Eso también a veces hace presión y quien quita que le metan un poco de velocidad a las investigaciones’.
‘Mira, yo acabo de mandarle un correo a la psicóloga con la que he estado en contacto. Ella dirige un programa orientado a la trata de personas del Ministerio del Interior. Le pedí una cita para hablar con ella en persona; prefiero consultarlo antes de hacer cualquier cosa, pero me parece una muy buena idea. Apenas hable con ella te aviso y gracias, Felipe, contar contigo ha sido muy importante para mí’.
Silvia y Felipe se despidieron y la idea de hacer un despliegue digital le quedó dando vueltas en la cabeza a Silvia. Pensó que podría ser una muy buena alternativa, sobre todo, para hacer presión. Recibió la respuesta de la psicóloga quien la citó dos días después en su oficina. Silvia quedó contenta. Mientras terminaba de escribir la cita en su agenda, recibió un mensaje de Juan Carlos.
‘Hola mami, esta noche me quedo en la casa de Mauricio. Vamos a estudiar’.
Silvia botó un suspiro. No tuvo tiempo ni para dudar en las palabras de su hijo. Al revés, sintió alivio de pensar que tal vez se estaba encarrilando de nuevo y saber que se iba a quedar donde su amigo para estudiar le daba algo de tranquilidad. Le contestó con un ‘ok’ y le mandó un mensaje al profesor que estaba en Polonia. Se presentó y le contó lo que estaba pasando con Camila. Le pidió el favor de que se comunicara con ella en caso de que supiera algo o recibiera cualquier tipo de información.
Las horas parecían meses en Polonia. Irina fue medianamente considerada con Camila y la dejó reposar mientras cogía fuerzas de nuevo. Fueron los únicos momentos en los que se sintió un poco mimada. Le llevaron la comida a su habitación, y aunque tenía que comer encima de ese colchón donde dormía, la reconfortaba el hecho de no tener que salir al comedor y comentar con nadie su dolor. Irina le llevaba bebidas calientes con los medicamentos y las pastillas para que se ‘tranquilizara’. Sin duda, tuvo unos gestos maternales que Camila agradecía en silencio porque el dolor físico no se comparaba con el que sentía en el alma. Estaba asustada, se sentía sola desde que Vira había muerto, y tener que pasar por un aborto cerraba el círculo de un duelo que no sabía si iba a ser capaz de superar. Sin embargo, los cuidados de su patrona ayudaban y de alguna manera, la empezó a ver con otros ojos.
Fueron días difíciles en Colombia y en Polonia. Silvia seguía en contacto con Alberto, pero, aunque aparentemente estaba pendiente de las novedades, no pasaba nada importante. Él trataba de darle fuerzas a Silvia, le decía que había que tener paciencia porque notaba que en realidad estaban muy preocupados por encontrar a Camila. El Profesor que estaba en Polonia le contestó, le dijo que estaba al tanto de la situación, le habló de una mujer con la que él había trabajado para un proyecto que se ocupaba de una organización que acogía víctimas de trata, que la había contactado y le había dado algunas recomendaciones en caso de saber algo de ella. También le habló de una campaña en la que habían participado recientemente dejando mucha información en hospitales, restaurantes, aeropuertos, estaciones de trenes, autobuses y taxis para que la gente pudiera buscar ayuda. Solo podían rogar que Camila en algún momento tuviera acceso a estos volantes y stickers que fueron desplegados en varios países de Europa. La comunicación con su sobrino no era muy fluida pues siempre resaltaba el problema de acceso a la señal, sin embargo, él aparecía con las novedades del Consulado. Silvia estuvo en la cita con la psicóloga. Le dio varios tips para sobrellevar la situación y con respecto al despliegue en las redes, había algo que tenía que considerar y era la cantidad de personas que eventualmente se iban a poner en contacto con información imprecisa o engañosa. Le recomendó que tuviera cuidado con los detalles que iba a compartir en el momento que decidiera hacerlo. Le hizo notar la importancia de entender el dolor de los miembros de su familia nuclear, y de tratar de unirse en estos momentos. Silvia recibió las recomendaciones, estuvo de acuerdo con ella, pero en el fondo, no lograba focalizarse en su estabilidad mental ni la de su esposo o la de su hijo, y mucho menos alcanzó a prever lo que se vendría en los días consecutivos.
Camila poco a poco se fue mejorando, al menos físicamente. Cuando se iba acercando el momento de volver al control en el hospital, Irina le dijo que no era necesario. Que ya la veía muy bien, y que no podían perder más tiempo en ese hospital. Camila no pudo hacer nada distinto a obedecer. Estaba resignada. Últimamente sentía que no iba a poder escapar de ahí, y que lo mejor era llevar a esa gente por las buenas. En esos días había visto un lado de Irina que no había identificado antes. A pesar de la tristeza, de la soledad y la impotencia, Camila se entregó poco a poco a su nueva vida. Reanudó sus rutinas con los clientes. Irina se aseguraba de mandarla para los mejores sitios, con los hombres más ‘prestigiosos’ y de más clase. Normalmente eran ambientes más protegidos.
Una de las noches en las que Camila ya estaba a punto de salir, algo sucedió. Por algún motivo que ella desconoció, no pudieron hacerlo. Sospechó que algo pasaba con las autoridades porque vio a Irina y a su grupo un poco nerviosos. Por la razón que hubiera sido, no pudieron abandonar la casa. Como era temprano, Irina se sentó en la sala y se sirvió un trago. Las otras niñas se fueron para sus habitaciones y cuando Camila se disponía a hacer lo mismo, Irina la llamó y le dijo que se sentara con ella un rato y le preparó un gin tonic. Camila se relajó. Ya se había tomado una de sus pastillas, así que estaba en el mood de fiesta. Irina estaba de buen humor. Después de haber bebido lo suficiente como para estar entonadas, Irina giró su mirada hacia un tornamesa que estaba en un ángulo del salón y le dijo a Camila que pusiera la música que quisiera. Encontró un vinilo de David Bowie. De manera espontánea se puso a bailar mientras le subía el volumen a ‘Modern Love’. Irina se unió, se tomaron de las manos, saltaban, se reían, giraban y cada una lanzaba un paso secreto detrás del otro. Fue un momento divertido. Camila por un momento se desconectó de la realidad que estaba viviendo y se gozó la fiesta con la madame.
Se sentaron agitadas y muertas de risa en las sillas después de la coreografía. Irina en medio de su estado de ebriedad le dijo a Camila: ‘Si tú quisieras, podríamos hacer grandes cosas juntas’. Camila se quedó mirándola, sonrió, hubo un silencio y de un momento a otro le dijo: ‘Está bien Irina, hagámoslas. Estoy dispuesta. Hazme participar; yo quiero ganar dinero y comprarme cosas lindas como tú’. Irina abrió los ojos, tratando de incorporarse perdió el equilibrio por el alcohol, botó una carcajada y acariciándole el pelo a Camila le murmuró con la lengua pegada: ‘Yo sabía que tú ibas a entenderlo en algún momento. ¡Bienvenida! ¡Salud!’. Las dos brindaron con sus vasos. Irina se tomó el trago entero. Camila apenas un sorbo. Apoyó el vaso en la mesa y le dijo a su captora:
‘Irina, yo creo que tú sabes que esto ha sido muy duro para mí, pero perdí la ilusión de regresar a mi país. No creo que pueda llevar una vida normal como la que tenía antes porque no sé cómo me van a mirar. No puedo pensar que voy a ver a mis papás a los ojos. ¿Qué le puedo decir a mi hermano? ¿Cómo voy a poder tener un novio? ¿Quién va a querer a una mujer que ha pasado por tantos hombres y que ha visto las atrocidades más grandes? No, es que no puedo con eso. Y para ser honesta, tampoco puedo con la hipocresía de quienes gobiernan este mundo, porque es evidente que esos hombres con los que me he tenido que acostar y que me han tratado como un trapo con el fin de excavar en lo más profundo de sus perversiones, son los mismos que toman decisiones sensibles y fundamentales para el mundo entero. He perdido la fe, no puedo creer que esos mismos hombres se paren delante de tanta gente a posar de ciudadanos modelos y cuando nadie los ve esclavizan mujeres, abusan de menores. Tenemos una guerra acá al lado y a nadie le importa porque esos que dan las órdenes están protegidos y cómodos en sus bunkers y mientras tanto ¿quiénes se mueren? Los que no tienen nada que ver con estos conflictos. Todavía no me repongo de lo que le pasó a Vira. Ella era una refugiada de la guerra, estaba escapando, tratando de sobrevivir y ahora está muerta. No sabremos nunca lo que le pasará a su hijo o a su esposo. Es tan injusto todo. Es tan ridículo, y son tan cínicos esos que se sientan en las mesas a planear los bombardeos y cuando están estresados de las reuniones se van a abusar de menores; de las víctimas de las guerras que ellos mismos crearon. ¿Y quiénes serán peores? Los que abusan o los y las que saben y los encubren? Es lo más hipócrita que he visto. No, es que no me cabe en la cabeza. Perdí la esperanza. Por eso creo que quiero hacer otras cosas acá. Ya perdí la poca dignidad que me quedaba, entonces ¡qué más da! Dentro de poco ya no voy a ser atractiva para estos tipos, pero me puedo ocupar de otras actividades, no sé. ¿Qué opinas?’.
Irina no le contestó. Camila se volteó a mirarla y estaba privada. El alcohol había hecho su tarea y estaba absolutamente despojada de cualquier sentido. Camila la movió para tratar de despertarla y no se movía. Se paró para intentar levantarla y no respondía. Cuando la giró de medio lado y le extendió las piernas encima del sofá, cayó al piso el manojo de llaves que abrían las puertas de la casa, miró hacia a su alrededor y vio los dos celulares de Irina. Camila empezó a temblar. Caminó sin hacer mucho ruido para verificar que no hubiera nadie por ahí. Los hombres que usualmente se quedan en la casa, no daban señales de vida. Se devolvió, de nuevo trató de despertarla y no respondía.
‘¡Puta! Me tengo que ir. Es ahora o nunca’. – susurró Camila mientras tomaba las llaves con cuidado -.
