Silvia se quedó sin aire. No entendía nada de lo que le decía su hermana. Trató de calmarla y le pidió que le explicara.
‘Silvia, nos llamó la Policía. Encontraron el cuerpo de Alberto tirado al frente de un bar de esos de mala muerte. Nosotros estamos en Medicina Legal’ – le dijo Amparo ahogada en los sollozos -.
‘Pero ¿Cómo así que Alberto? ¿Cuándo llegó? ¡Yo pensaba que estaba de viaje! Dios mío, ¿qué le pasó? ¿Fue un accidente?’.
‘No, Silvia. Lo mataron. Le dispararon. Yo no sé qué fue lo que pasó, ni quién pudo haberle hecho eso. Yo creo que fue un error. Alberto nunca ha tenido problemas con nadie, o no que yo sepa. Y si, él me había dicho que estaba de viaje. Por eso esta noticia nos dejó en shock porque ni siquiera pensé que estuviera en Bogotá’.
‘Eso está muy raro, pero lo siento mucho, hermana. ¡Qué dolor tan grande! Ojalá les den una explicación y cuál fue el motivo. Es que no lo puedo creer. Mija, yo sé que éste no es el momento de hablar de esto, pero Alberto estaba en Polonia. Yo lo llamé un día para pedirle plata prestada para irme a buscar a Camila y él me dijo que se iba él. Fue al Consulado porque uno de los funcionarios me confirmó que estuvo allá, por eso esta noticia me deja desconcertada. No entiendo por qué estaba acá o desde cuándo. Estoy muy confundida’.
‘¿En Polonia? No, mija. Albertico estaba en Medellín. Me dijo que no le contara a nadie. Estaba tratando de abrir otro negocio allá. Estaba trabajando mucho. No me había dicho cuándo regresaba. No sabía que estaba en Bogotá. Pero le puedo asegurar que en Polonia no estaba porque el pasaporte se lo tengo guardado yo. No sé por qué le dijo eso’.
‘Pero, eso no puede ser Amparo. No entiendo por qué me dijo mentiras, y, sobre todo, ¿quién es el que está en Varsovia haciéndose pasar por él? Amparo, yo sé que usted está muriéndose del dolor, pero de pronto una cosa está atada con la otra. No deje en el aire esta conversación porque de pronto sirve para entender quién lo asesinó y por qué. Yo la verdad, no entiendo nada, pero dígame si le sirve algo. ¿Necesita que me vaya para allá?’
‘No, no. Yo le voy avisando. Acá solo podemos estar los papás. Le cuento cuando nos entreguen el cuerpo. Lo único que le digo es que este dolor no se lo deseo a nadie’.
Las hermanas colgaron la llamada con más preguntas que respuestas. Silvia cogió el teléfono, buscó el número del Consulado en Varsovia y llamó inmediatamente. Le pasaron la llamada al funcionario con el que siempre había estado en contacto y con la voz agitada le dijo que tenía algunas sospechas acerca de su sobrino y que necesitaba una descripción exacta de la persona que había estado en las oficinas. El funcionario le dio todas las características, Silvia botó un suspiro y le dijo: ‘Así no es mi sobrino’. El funcionario le hizo varias preguntas a Silvia, sin embargo, no podían hacer mucho teniendo en cuenta que Alberto, o quien se estuviera pasando por él, no había regresado. Silvia le dijo que iba a investigar muy bien lo que había pasado y se comunicaría con ellos lo más pronto posible.
Silvia sentía que se le estaba derrumbando lo poco que restaba de su vida. Todavía tenían que resolver el tema de Juan Carlos. Jairo había madrugado para ir a su oficina y buscar el abogado que los ayudaría y ella no sabía para dónde voltear, a quién buscar, qué hacer. Se sentía perdida y las esperanzas cada vez se diluían en el último rincón donde aún guardaba algo de fuerzas.
Mientras tanto en Varsovia el tiempo pasaba lentamente para Camila. En medio de la espera, organizaron una video llamada con Eda, la directora de la organización que la estaba ayudando. Camila sintió algo de alivio cuando la vio y empezó a llorar de manera inconsolable. Eda trató de calmarla, le hablaba con dulzura y mucha comprensión.
‘Camila, entiendo muy bien lo que estás sintiendo en estos momentos, y sé que quisieras ya estar en tu casa, sin embargo, sabes que la situación es muy compleja. Estamos en medio de una guerra y cualquier movimiento que hagamos en falso en peligroso para todos, especialmente para ti. Yo ya estoy en contacto con algunos funcionarios del Ministerio de Justicia, y estamos coordinando tu viaje hasta Taliin. Acá estarás más segura y podremos enviarte de vuelta a casa. Estamos tratando con gente muy peligrosa y poderosa. A nadie le conviene que tú salgas con vida. Hay gente de muy alto perfil que está involucrada en esa red en la que caíste y para serte sincera, es muy difícil que quienes han sido víctimas de ese grupo, puedan escapar. Tenemos que ser muy cautelosos, no podemos decirle nada a tus familiares por ahora. He estado en contacto con el profesor que te ayudó, él está avisado y sabe que no puede decir nada. Falta poco Camila. Ahí estas bien cuidada y no te va a faltar nada hasta que llegues acá. Trata de descansar y de estar tranquila. ¿Quieres preguntarme algo?’.
Camila guardó silencio por unos segundos. Con los ojos llenos de lágrimas le dijo que lo único que quería decirle era ‘gracias’ y que tendría toda la paciencia con tal de regresar a su casa. Eda sonrió, le dijo que estuviera tranquila porque todo se iba a resolver. Colgaron la llamada. Camila se empezó a sentir mal. Tenía temblor en el cuerpo, muchas náuseas, congestión y dolor abdominal. Sus cuidadores notaron que era síndrome de abstinencia, así que le dieron unas gotas de un ansiolítico para ayudarla a resistir, la arroparon y le dieron un té para mitigar los síntomas. Se quedó dormida un rato y la despertó el sonido del teléfono de Andrei, lo sintió hablar en inglés, se dio cuenta de que era el profesor. Se levantó de la cama y se fue hasta la sala. Andrei se lo pasó.
‘Camila, ¿cómo estás? Eda me dijo que hablaste con ella, espero que te sientas más tranquila’ – le dijo el profesor -.
‘Si, la verdad, me cayó muy bien Eda y le agradezco enormemente lo que está haciendo por ayudarme, entiendo que hay que esperar para poder irme de acá. No me he sentido muy bien físicamente. Esa gente me tenía dopada y he visto el mismísimo infierno en estos días, pero bueno Andrei y Kaia me consienten mucho. Profe, ¿usted tiene novedades de mi familia? ¿De casualidad ha hablado con mi mamá?’
‘ Si, Camila. Precisamente por eso llamé. Tu mamá se comunicó conmigo y me contó algo grave. A tu primo Alberto lo mataron en Bogotá’.
‘¡Dios mío! ¡No puede ser! ¿Cuándo? ¿Quién?’
‘No se sabe todavía. A ver, tu mamá no tiene ni idea que él estaba involucrado con esta red, pero es claro que en el momento que tu te fugaste dieron la orden para matarlo con el fin de ir cortando vínculos. Obviamente yo no pude contarle nada a ella y ahora menos. Es evidente que esta gente no da tregua y nos deja ver lo peligrosos que son. Alguien se estaba haciendo pasar por tu primo acá en Varsovia. Eso tu mamá ya lo sabe. Le dije que fuera muy cauta con la información que compartiera. Ella estaba a punto de publicar tu desaparición en las redes sociales y creemos que no es el momento para hacerlo ahora que estamos tan cerca de que te devuelvas. De todos modos, esto es algo que estamos coordinando muy bien y Eda tiene los contactos para garantizar tu seguridad, pero hay que tener mucha precaución. Yo te estaré avisando cualquier novedad. Por ahora, cuídate, trata de descansar, de comer y de recuperar fuerzas’.
Camila se despidió del profesor, suspiró profundamente y en ese momento entendió que no era ella la única víctima, que en su familia estaban pasando cosas graves y alcanzó a sentir que el frío que le atravesaba el cuerpo era el mismo que seguramente había acompañado a su madre durante todo el tiempo que había estado secuestrada y que ese desasosiego no iba a desaparecer nunca de sus vidas, aunque el reencuentro estuviera cerca.
Silvia mientras tanto no podía con tantos pensamientos en su cabeza. La angustia se acentuaba. Jairo no le daba noticias del abogado y en medio del desespero recibió un mensaje de texto de su esposo: ‘El tipo que Juan Carlos golpeó se agravó. Los médicos van a intervenir y temen por su vida’. Silvia leyó ese mensaje una y otra vez y no podía creer que todo se estuviera derrumbando de esa manera. Estaba sola, era como si todo de un momento para otro estuviera colapsando frente a sus ojos y la impotencia la tenía paralizada. Las lágrimas caían una detrás de otra sin esfuerzo alguno, así como la poca energía que aún la sostenía. De repente sonó su celular. Era un número desconocido. Contestó sin dudar.
‘Señora, lo que está quieto se deja quieto. Deje de buscar lo que no se le ha perdido. Su sobrino ya se fue pa’l otro lado. Me imagino que quiere ver a sus hijos vivos. No busque más’.
