Camila corrió al lado de su mamá para ver quién estaba, pero no se veía bien.

‘Mami, no hay nadie. De pronto fue un gato; yo no veo nada’ – le dijo Camila con un tono tranquilo -.

‘Me vas a decir que estoy loca, pero me pareció ver a Andrés, tu exnovio’ – le respondió Silvia tratando de asomarse con insistencia para ver si alcanzaba a tener una mejor visión.

¿Andrés? ¡Mami, por Dios! ¿Qué va a estar haciendo Andrés por acá? Me parece muy loco que lo menciones porque hace un rato me escribió, pero él no tiene esa clase de comportamientos’ – respondió Camila algo pensativa -.

Después de contarle a Silvia acerca de la conversación que había tenido con él, se quedaron especulando un poco, pensando qué habría pasado para que apareciera de la nada. Camila le dijo que hasta donde ella sabía, él había estado saliendo con alguien. Silvia la miró y le dijo que a veces los hombres eran así de raros. ‘Seguro salió con esa niña, le fue regular y le volvió la nostalgia, y ahora que supo que te vas, se alborotó’ – le dijo su mamá -, mientras insistía que hubiera jurado que era él. Finalmente se alejaron de la ventana y se sentaron de nuevo en la cama. Silvia la abrazó, le dijo que por favor le prometiera que se cuidara, que estuviera alerta porque en este mundo había que desconfiar de todo y de todos.

Al día siguiente Camila se fue para la Universidad. Debía radicar la carta en la Facultad para aplazar el semestre y tenía en mente mandar un correo a alguno de sus profesores con el fin de explicar su futura ausencia. Cuando se encontró a Felipe en la cafetería lo confrontó inmediatamente: ‘Con que muy sapito ¿no? ¿Por qué le contó a Andrés que me voy?’ – le dijo a su amigo en un tono desafiante. Felipe sorprendido le dijo que él no había sido; que hacía mucho rato no lo veía y que no se le hubiera ocurrido decirle nada sin hablar con ella antes.

‘Entonces ¿cómo se enteró Andrés si con la única persona que he hablado es con el Decano? El me dijo que dizque en la Facultad corren los chismes, pero me parece muy raro’.

‘Si es muy raro Camila. El ya se graduó, y aunque esté haciendo una maestría, los horarios no me cuadran como para que se encuentre al Decano, y tampoco me imagino que él ande contando a los cuatro vientos sus planes’.

‘Bueno, no sé, le voy a dar el beneficio de la duda porque usted sabe que él siempre fue medio lambón con el Decano y es probable que si se lo encontró le haya mencionado algo. Mejor dicho, no me importa. Se enteró y ahora le dio la depre y las ganas de hablar de los dos y no se qué más pendejadas… como si en este momento yo tuviera mente para eso’.

‘No, mija, pero ese man está muy loco. ¿Ahora le dio por esas? Como raro ¿no? Justo aparece cuando usted se va. En fin, camine el acompaño a radicar esa carta en la Facultad ¿Mandó la respuesta a Urgency?’

‘Siiiiii. Vamos a ver qué me contestan. Necesito que ahora me ayude a buscar los tiquetes. Ya con la plata en mi cuenta, los puedo comprar de una’.

‘Bueno, entonces vamos a la Facultad y después nos venimos para acá otra vez a comprar ese bendito tiquete’.

‘Oiga, pero ¡quién lo ve! Me ha echado cantaleta todos estos días y ahora está todo dócil y complaciente. Así me gusta. Voy a escribirle a los profes también como para no irme como una fugitiva y tenerlos mansitos hasta que regrese. Obviamente la Decanatura les mandará una comunicación oficial, pero quiero hacer las cosas de forma correcta y educada con ellos’.

‘¿Y qué quiere que haga Camila? Pues resignarme. Ya es un hecho que se va. Tocó aceptar. Camine rápido para salir de eso y empacarla en ese avión…jajaja’.

El par de amigos se echaron a reír, Camila radicó la carta y dando brincos salieron de la Facultad. En el camino de regreso encontraron una mesita en una de las cafeterías al aire libre y se sentaron ahí. Camila sacó su computador y empezó la búsqueda de los tiquetes. Estaban analizando los precios, escalas, horarios, fechas y demás, cuando recibió la respuesta de Urgency. Le confirmaban el cupo y la fecha sugerida para el viaje. Le pedían que enviara una copia de sus documentos vía mail y una vez tuviera listo el pasaje, lo reenviara para que ellos estuvieran al tanto del itinerario y pudieran coordinar su traslado del aeropuerto al centro urbano de refugiados en Varsovia. Camila saltaba de la felicidad. Ella no podía creer que estuviera tan cerca de cumplir uno de sus sueños más grandes. Mientras celebraba con Felipe, sintió una voz que la llamó. Se voltearon. Era Andrés. Quedaron de una sola pieza. Camila lo saludó muy sorprendida, Felipe hizo lo mismo y su exnovio muy sonriente le dijo:

‘¿Se puede saber qué estamos celebrando?’

‘¿Tú qué haces acá Andrés? ¿Tus clases no son a las 7 a.m.?’

‘Si. Pero hoy me tuve que regresar porque tengo algunas cosas para hacer en la biblioteca. Ya sabes, sacar unos libros, coordinar unos temas, en fin, así que pedí permiso en mi oficina y acabo de salir de la Facultad y mira la casualidad, pero dime ¿por qué tan feliz?’

‘Porque acabo de recibir la respuesta de Urgency en donde me confirman mi cupo para el voluntariado y me dan las instrucciones de los pasos a seguir. Es un hecho que me voy y sí, estoy muy feliz’.

‘Mmmm…pero, no te parece raro recibir un correo de ellos a esta hora? Lo digo porque en Europa son como las 9 p.m. ¿Qué hacen mandándote un mail en este momento?’.

‘Ay! Andrés! ¡Por favor! No me vengas con esas historias a estas alturas de la humanidad. Normal. Hoy en día la gente trabaja desde donde sea a la hora que sea, así que no vengas a poner tonos de sospechas en mi proceso cuando no tienes ni idea de cómo ha sido’.

Felipe en ese momento intervino: ‘No es nada raro recibir comunicaciones de ellos a horas inesperadas. Lo digo porque un amigo que se fue con otra organización el semestre pasado, recibía mails todo el tiempo’. Andrés lo miró de reojo y agregó mirando a Camila:

‘Cami, no quiero crear sospechas ni aguarte la felicidad, simplemente te digo que estés alerta con esos procesos; hay mucha gente rara y mala por el mundo’.

‘No, pues, estás peor que mi mamá. ¿Y a propósito, anoche tu estabas cerca de mi casa de casualidad?’.

‘No, para nada ¿por qué?’.

‘Porque mi mamá me dijo que le había parecido verte en el árbol ese que hay al frente de mi ventana’.

‘No, Cami. Anoche estaba estudiando. Esta maestría me está dando duro y con el trabajo me queda muy pesado, pero salúdame a tu mami y a todos en tu casa. Aprovecho para preguntarte si tienes tiempo en estos días para que nos tomemos un café, o si prefieres vamos a almorzar o a comer; lo que quieras, lo que se acomode a tu horario’.

‘No sé, Andrés. Estoy realmente ocupada con todas estas vueltas. De hecho, ahora estoy comprando los tiquetes. Si quieres, hablamos en estos días, pero no te prometo nada’.

Andrés se despidió de Camila y Felipe y se fue resignado. Los dos amigos se miraron perplejos.

‘Camila, se le enloqueció su exnovio. Menos mal que se va para que se quite ese raro de encima’ – le dijo Felipe -. Camila se quedó pensativa, sin embargo, volvió a concentrarse rápidamente y continuó buscando las alternativas para su viaje. Encontró por fin la opción que mejor se ajustaba a sus necesidades y compró los tiquetes. Ya con todo el itinerario en su correo electrónico lo mandó a Urgency adjuntando la información que le pedían y sus documentos. Sus ojos brillaban más que el sol que ese día iluminaba la tarde en la ciudad. Felipe sonrió y le dijo: ‘Bueno, mija, se armó esto. Ya no hay vuelta atrás’. Camila sonrió y realizó la última cosa que tenía pendiente: redactó el correo a sus profesores y lo mandó. Allí les agradecía de antemano por la comprensión y hacía énfasis en la fuente de inspiración que habían sido durante todo el semestre, y que era justamente eso lo que la había llevado a buscar esa oportunidad. Se despidió con mucha cordialidad y se puso a disposición en caso de necesitar algún tipo de información adicional o incluso, novedades al momento de estar en los campos de refugiados. Cerró su computador, le dio un abrazo a Felipe, le dio las gracias y le dijo: ‘Bueno, amiguis lindis, hoy será mi último día oficial en la U, pero me imagino que vendré uno que otro día en caso de necesitar algo, o no sé. De todos modos, nos vemos en estos días. Cuando tenga tiempo y pueda, me acompaña a hacer las vueltas que me hagan falta, ¿sí?’. Felipe con una sonrisa picaresca le dijo que claro. Le dio un abrazo y cada uno tomó su camino.

Camila se fue para su casa y cuando llegó, alcanzó a ver entre las columnas que Silvia, Jairo y su hermano estaban reunidos en la sala. Pensó que estaban hablando de su viaje y discutiendo lo mismo de siempre; cuando se quitó la chaqueta, dejó las llaves y entró totalmente, se dio cuenta que tenían visita.