Muchas ideas rondaron la cabeza de Camila. De pronto el profesor quería hablar de algún tema académico; recordó que le había entregado un ensayo hacía como diez días y no había quedado muy satisfecha con su trabajo. No se detuvo mucho en ello. Pensó que al otro día iría a la universidad por la mañana. Tenía pendiente recoger algunos documentos, así que hablaría con el profesor personalmente.

El amanecer no se hizo esperar y Camila ya empezaba a sentir la ansiedad por el viaje. Estaba durmiendo poco. Se despertó muy temprano, se preparó, organizó algunas cosas en su habitación y cuando menos se dio cuenta ya todos estaban activos en su casa. Bajó a desayunar. Su mamá le estaba preparando unos huevos y ella le dijo que solo se tomaría un café con un pedazo de queso porque no tenía mucha hambre. Silvia la miró de reojo y le pidió que no se descuidara, debía alimentarse bien. Camila sonrió y le dijo que seguro más tarde se le abriría el apetito. De hecho, había quedado de ir a almorzar con algunos amigos de la universidad para despedirse. Compartió con sus papás la agenda del día para tenerlos enterados de sus movimientos, les dio un beso y se fue. Salió con su hermano Juan Carlos que también tenía clase y cuando llegó el momento, cada uno siguió su camino.

Camila fue a la facultad, reclamó los documentos que necesitaba y fue a preguntar por el profesor que la había contactado. Estaba en su oficina.

‘Hola Camila, qué bueno verla, siga, siéntese’ – le dijo el profesor apenas se asomó -.

‘Hola profe, me dejó pensativa con su mensaje’.

‘Si, claro, me imagino. Sobre todo, por la hora. Después me di cuenta de que había estado un poco imprudente de mi parte, pero es que, si no le escribía en ese momento, después se me iba a olvidar. Lo que le quería decir es que un colega mío está en Varsovia trabajando en un proyecto de investigación que está muy ligado a refugiados e inmigrantes. Quería preguntarle si quiere que le de sus datos para que se ponga en contacto con él cuando esté allá. Además, porque no sobra tener alguna persona del mismo país, nunca se sabe lo que se pueda ofrecer’.

Camila sonrió. En el fondo pensó que eso mismo se lo había podido decir en un mensaje, pero como siempre, fue muy educada, y le dijo que claro, que le diera los datos. Tomó una hoja pequeña que tenía el profesor encima de su escritorio y a mano escribió el nombre, el correo y el teléfono del profesor. Camila le agradeció, le dijo que lo llamaría cuando estuviera allá y que se veían el próximo semestre. El profesor le dio la mano y le dijo: ‘Camila, cuídese mucho. No olvide que va para un país muy lejano y ese conflicto no es cualquier cosa. No bote ese papel. Feliz viaje’. Ella lo miró con algo de reserva, dobló el papel y lo guardó en un bolsillo interno de la chaqueta que tenía puesta, una de las que había escogido en el negocio de su primo.

Los días pasaron muy rápido y Camila apenas tuvo el tiempo para terminar de llenar todos los cajones de su check list, y aunque no estaba en sus pendientes, aceptó la invitación de Andrés a comer una noche porque era tal la insistencia, que prefirió eso antes de llamar a su primo Alberto y aceptar el ofrecimiento de acompañarla a hacer las vueltas. Una de las mañanas que salió a hacerse un chequeo médico, su exnovio la estaba esperando afuera de la casa; ese fue el detonante para que Camila le dijera que fueran a comer. Hablaron, él le dijo que si estaba segura de irse, que si ya tenía todo listo, que si creía que de verdad valía la pena haber perdido prácticamente el semestre por esa experiencia. Ella no podía creer que había aceptado esa invitación para escuchar esas cosas, cuando lo que esperaba a esas alturas era apoyo incondicional. La comida duró mucho menos de lo que Andrés hubiera querido y le dijo que por favor la dejara en paz y que aceptara la realidad.

A pesar de esa situación, todo pasaba tan rápido que Camila no tenía tiempo para detenerse en lo negativo. De repente, ya estaba cerrando las maletas y alistándose para pasar la última noche en su casa antes de partir. Silvia la estaba ayudando; estaban muy concentradas en empacar todo con atención. Camila estaba organizando sus documentos en un sobre y cuando miró a su mamá, vio que se le escurría una lágrima, mientras sacaba algo de uno de los bolsillos del saco que tenía puesto.

‘Hija, llévate esta cadenita con la Virgen’ – le dijo con voz apesadumbrada -.

‘Mami, esa es tu cadena favorita. Nunca te la quitas. Prefiero no llevarla, qué tal que se me pierda’ – respondió Camila -.

‘Tú siempre has sido organizada con tus cosas y lo único que quiero es que te vayas protegida de todas las maneras. Esta cadena me ha acompañado siempre y mal o bien, he podido superar cualquier tropiezo. Cuando estés allá y si de pronto te sientes sola o triste, la coges, haces una oración y vas a ver que te vas a sentir mejor. Y si se te presenta alguna situación peligrosa, estoy segura de que te va a abrir los caminos’.

‘Mamita, ya está todo previsto. Estoy a un día de irme para Polonia y puedes estar tranquila porque, aunque tu nunca has estado tan convencida, yo te di mis argumentos para demostrarte que eres importante para mí, pero no para convencerte. Esta decisión es mía y pase lo que pase, soy yo la que tendré que asumir las consecuencias de lo que este viaje va a representar para mí. Es mi responsabilidad. Lo más valioso lo tengo dentro de mi y en gran parte es gracias a lo que ustedes me han enseñado. Pero también estoy hecha de lo que rueda por mi cuerpo y por mi alma; de mi carácter, de mi personalidad, de eso que nadie, ni siquiera yo, puede controlar. Si me preguntas si estoy nerviosa, te diría que sí, y me parece normal. Es una mezcla de fervor con un miedo caprichoso. Pero esas son las emociones. Eso es lo que nos caracteriza, eso es lo que nos humaniza. No puedo, ni pienso escapar de ello. Ahora mientras arreglaba los documentos, me entró una incertidumbre, un asomo de titubeo; pero ¿sabes qué? Es normal porque cada vez que vamos a hacer algo que nos saca de nuestro espacio seguro, aparece esa alerta que se enciende en el estómago, en la espalda, en la cabeza. ¡Quién sabe en dónde explotan esas emociones! Lo cierto es que se encienden las alarmas, así es. De eso estamos hechos. Si tu quieres que me lleve la cadena, me la llevo feliz. Pero no se te olvide que mi protección es lo que ustedes sembraron en mí y eso nadie me lo puede arrebatar. Ya estoy lista. Todo está previsto, no lo olvides. Vamos a dormir que mañana toca madrugar. Te quiero mamita’. Silvia le dio un abrazo a su hija, dejó ir un suspiro y entendió que su hija era más madura de lo que ella se imaginaba y que era hora de dejarla ir.

A la mañana siguiente todos corrían en la casa para ultimar los detalles. Juan Carlos tenía un examen y no podía acompañar a Camila al aeropuerto con sus papás así que se despidieron en la cocina. Su hermano le dio un abrazo, le dijo que le mandara un mensaje apenas llegara a Paris y que avisara cuando llegara a Varsovia. ‘Prométame que se va a cuidar y va a volver rápido, Cami.’ – le dijo su hermano -. Camila soltó una carcajada: ‘Se lo prometo, tarado. Cuide a mis papás. Nos vemos pronto’. Al fin salieron para el aeropuerto. Camila no quería alargar la despedida así que fue el counter directamente, registró su maleta, le entregaron el pasabordo y les dijo a sus papás que iba a entrar ya a la sala. Se abrazaron, una que otra lágrima rodó, pero ella aligeró el paso y dejo atrás a Silvia y a Jairo.

Camila ya se había despedido de sus amigos, de Felipe y de Andrés. Alberto la llamó, le hizo las preguntas de rigor, que si ya estaba lista, que si estaba todo bien, que en qué sala estaba, le preguntó más que sus papás. Ella se sentía tan agradecida con su primo que le contó cada detalle. Se despidieron y cuando menos pensó ya la llamaron a abordar. Les mandó un mensaje a sus papás y apenas se sentó en su silla se tomó una foto y se las mandó con un ‘Les aviso cuando llegue a Paris. Los amo’. Ya estaba a punto de poner el teléfono en modo avión cuando le entró una llamada de su amigo Felipe. Le contestó.

‘Pipe, ya tengo que apagar el celular, el avión ya se está moviendo’ – le dijo Camila en voz baja -.

‘Camila, me salí del seminario en el que estábamos. La profe que está haciendo la presentación dijo que desde hace dos meses Urgency tiene suspendidos los voluntariados. ¿A usted le hablaron de eso? O, mejor dicho, ¿por qué a usted si la aceptaron? Camila ¿me está oyendo?’ – le preguntó Felipe con voz agitada -.