¿Que qué? Pero ¿quién dijo eso? – respondió Camila -.
En ese momento se acercó una de las azafatas del avión y le pidió a Camila que por favor apagara el celular o lo pusiera en modo avión porque ya iban a despegar.
‘Pipe, me toca colgar, eso debe ser una información imprecisa. Es obvio que todo el trámite lo hice con Urgency. Por si las dudas, no le vaya a decir nada de esto a mi hermano si se lo encuentra o a mis papás si lo llaman. Le aviso cuando llegue a Paris. Chao, chao’. – le dijo Camila a Felipe muy afanada -.
Una vez en modo avión, revisó los correos. Ella había impreso todas las comunicaciones con la Organización. Sacó los documentos del sobre que llevaba y volvió a leer todo con atención. No podía evitar sentir algo de zozobra, pero cuando vio los correos se tranquilizó; para ella todo estaba en orden. Le habían dado las instrucciones en un inglés profesional y todo parecía correcto. Pensó que esas organizaciones son tan grandes que es normal que en ocasiones se crucen las informaciones oficiales. Camila sabía muy bien de qué seminario le hablaba Felipe. Era un ciclo de conferencias que organizaba la Facultad periódicamente para actualizar a los estudiantes acerca de los proyectos y ofertas abiertas de varias organizaciones internacionales. Ella nunca faltaba a esas charlas porque buscaba permanentemente alguna oportunidad. Sabía que la información que compartían allí era rigurosa y también tenía claro a qué profesora se refería Felipe. Sin embargo, en esta ocasión tal vez se les había escapado algún error. Aunque se le abrió un hilo de dudas, Camila sacudió la cabeza como queriendo deshacerse de cualquier idea que le hiciera ruido en su mente, pues no había marcha atrás. Calculó que en Paris tendría dos horas de tránsito y llamaría de nuevo a Felipe para saber qué había pasado.
Camila estaba concentrada en la comida que le acababan de servir en el avión, tratando de entender qué era cada cosa. Sin muchas ganas, se terminó su plato, y después de que pasaron los auxiliares de servicio recogiendo todo, la persona que estaba al lado de ella, le pidió permiso para salir porque iba para el baño. Camila se puso de pie inmediatamente y mientras esperaba que su vecino saliera, sintió que alguien que estaba un poco más adelante la miraba. Se giró y la persona que la observaba se volteó con rapidez. Era un hombre relativamente joven, parecía que viajaba solo y todo indicaba que estaba viendo una película. Camila se sentó nuevamente y siguió leyendo el libro que había llevado para entretenerse. Cuando regresó su compañera de puesto se levantó y se acomodó en el corredor y se dio cuenta que el mismo hombre la miraba de nuevo. Le pareció raro, sin embargo, pensó que se trataba de algún personaje mirón que a lo mejor le había llamado la atención y se dijo: ‘Ahora que no me vaya a salir un admirador o un hablador porque qué pereza’. Camila tenía sus objetivos muy claros y no quería, ni necesitaba distracciones. Después de dormir, leer y ver alguna película llegó a su primer destino. El aeropuerto de Charles de Gaulle en Paris.
Se bajó del avión y fue a buscar inmediatamente la sala donde debía esperar la conexión hasta Varsovia. Iba caminando y de pronto volteó a mirar hacia atrás y el mismo hombre del avión venía a unos pasos de donde estaba ella. No le gustó mucho la coincidencia, sin embargo, pensó: ‘Bueno, no me voy a empelicular. Seguro también está de tránsito, no es nada raro’. Volvió a sacudir la cabeza como para resetearse y mientras seguía su camino, le mandó un mensaje de voz a su mamá diciéndole que ya estaba en Paris, que todo iba muy bien y que estaba caminando hacia la sala. Silvia le contestó inmediatamente diciéndole que se alegraba mucho que todo estuviera saliendo como estaba planeado y que la llamara cuando estuviera en la sala. Camila le dijo que sí. A quien llamó en el acto fue a su amigo Felipe.
‘Quiubo Cami, ¿ya llegó a Polonia o dónde está?’ – le preguntó su amigo con un tono curioso -.
‘Quiubo Pipe, no. Acabo de llegar a Paris. En una hora y media sale el avión para Varsovia. Pero cuénteme qué fue lo que dijo la profe en el seminario’ – respondió Camila -.
‘Pues eso que le dije. Que Urgency no tenía abierto el programa de voluntariados desde hace como dos meses. Cuando se acabó la charla, fui a hablar con ella y le conté que usted había viajado para Polonia, bueno, le eché todo el rollo. Ella se quedó mirándome y me preguntó que si usted había tenido alguna comunicación directa con algún funcionario o que si había hecho video llamada. Yo le dije que hasta donde sabía si; que habían sido muy precisos con la información que le habían dado. Me pidió su nombre completo y me dijo que iba a averiguar con un contacto que tenía. No sé si me vio cara de angustia o qué, pero se quedó pensando dos segundos y me dijo que a veces pasaba que algunas áreas habilitaban los voluntariados; que seguro era eso. Entonces bien, Cami. La verdad, me asusté, qué tal usted llegar a Polonia y que la pongan a saltar de un lado para otro y sin el programa activo. De todos modos, ella me dijo que iba a indagar y que me contaba. Pero, bueno, ¿cómo le fue en el vuelo? ¿todo bien?’.
‘Exacto. Fue lo que me imaginé. Esas organizaciones son muy grandes y puede que no estén activos todos los programas en todas las áreas, y peor aún, la comunicación interna algunas veces no es muy efectiva. Yo revisé los correos y todo se ve oficial. No hay por qué preocuparse. Aparte de un man que me gané en el avión todo mirón, todo bien’.
‘Uy! ¿Pero se hizo levante en el avión? ¿Al menos es europeo? No me vaya a salir con que es un chibchombiano, porque no mija, eleve el nivel’.
‘Tan bobo. Me tiene sin cuidado ese tema. Es un tipo ahí como raro, pero bueno, yo estoy a un pelo de llegar a mi destino final’.
‘¿Qué hora es allá? ¿A qué hora llega a Varsovia?’.
‘Llego a las 10 p.m.’
‘Ufff! ¡Re tarde! Pero van a recogerla ¿no?’
‘Si, claro. Bueno Pipe, lo dejo, lo llamo cuando llegue a Poland. Voy a llamar a mi mamá que estaba toda preocupada’.
‘Listo, Cami. Avise cuando llegue, que estamos pendientes todos por acá. Le manda saludos Andrés…jajaja. Oiga, la quiero amiga’.
‘jajajaja…no, pues, ¡qué amores! Yo también lo quiero. ¡Chao!’.
Camila colgó la llamada con su amigo; ya estaba llegando a la sala y se giró hacia atrás y el mismo hombre estaba casi pegada a ella. Lo miró de reojo, se adelantó, buscó una silla y se sentó. Se comunicó con su mamá. Silvia estaba en una reunión.
‘Mi amor, hola, me salí de una reunión para contestarte. ¿Cómo estás? ¿Todo bien? ¿El vuelo? ¿Comiste?’ – le preguntaba Silvia con afán -.
‘Mami, jajaja… si, todo super bien. Ya estoy en la sala y dentro de poco van a llamar a abordar. Entra a tu reunión que yo estoy perfecta. Te aviso cuando llegue a Varsovia y hablamos. Mándale muchos saludos a mi papi y a Juancho. Los quiero mucho. Estoy muy feliz, la verdad’.
‘Bueno, mi amor. Cuídate mucho. Acuérdate de la virgencita. Acá vamos a estar esperándote siempre. Te quiero mucho, hijita’.
Camila colgó y se le hizo un nudo en la garganta, tomó en sus manos la medallita que llevaba en la cadena y sacudió una vez más la cabeza. Le mandó un mensaje de texto a su papá: ‘Te quiero papi. Estoy bien. Te aviso cuando llegue a Varsovia. Un beso enorme’. Pasó el tiempo más rápido de lo que imaginó. Se subió al avión, se sentó en su silla, se acomodó. Empezó a mirar para todos lados como buscando algo o a alguien. Cuando se giró hacia atrás el mismo hombre estaba sentado en una de las sillas de atrás del avión. Camila volteó la cabeza con rapidez y suspiró. Pensó que era una extraña casualidad, no pudo evitar agitarse; por primera vez tuvo un raro presentimiento, pero respiró profundo y como pudo se calmó.
Después de dos horas llegó a Varsovia. Se bajó del avión, recogió su maleta y salió. Entre la gente buscaba a alguien con el chaleco de Urgency que tuviera un cartel con su nombre; no veía a nadie. De pronto alcanzó a ver el cartel y descansó. Sin embargo, cuando vio la persona que lo tenía no llevaba el chaleco de la organización. Era un hombre malencarado, alto, blanco y robusto. Ella se acercó con algo de timidez. El la miró, y le preguntó que si ella era Camila. Ella pasando saliva, le dijo que si y le preguntó que si él era de Urgency; él de manera cortante le dijo respondió con un monosilábico ‘sí’. Cogió la maleta y le dijo que lo siguiera. Se acercó a una camioneta negra grande con los vidrios polarizados y le abrió la puerta de atrás. Camila se estaba alterando, no entendía por qué no era un carro de Urgency, o alguien con identificación de ese organismo. Ella se asomó y se giró de nuevo como titubeando para entrar. El hombre la tomó del brazo y la hizo entrar. En ese momento entendió que algo andaba mal. El hombre metió la maleta en el baúl y se subió por la otra puerta y se sentó junto a ella. En la parte de adelante estaba el chofer. De pronto se abrió la puerta de adelante. Se subió otro hombre. Se giró, la miró y le dijo:
‘Bienvenida Camila’.
