Silvia se estremeció y sintió una punzada en el estómago. Corrió velozmente hasta su carro y se fue para su casa con el corazón a punto de ser expulsado de su pecho comprimido. No quería escuchar malas noticias, no era así como se imaginaba que iba a terminar esa pesadilla. Se culpó una y otra vez por no haber ido personalmente a buscar a su hija. Pensó que no había dado, mucho menos, hecho lo suficiente por salvarla, por rescatarla. Había confiado en la gente equivocada y mientras todo y nada pasaba, su familia estaba deshecha. No podría lidiar con la pérdida de su única hija. Se limpiaba las lágrimas con furia mientras manejaba en medio del tráfico caótico de la ciudad. Todo lo que aparecía frente a sus ojos le parecía horrible, nada tenía sentido, de un momento a otro no había una sola razón por la cual quisiera volver a confiar en nada ni en nadie. Era imposible encontrarle un sentido al curso que había tomado su vida. Esa misma vida que tantas veces criticó y de la que renegó por querer tener más, sin darse cuenta de que lo tenía todo. Solo hasta que perdió a sus seres queridos entendió que no habría nada que pudiera ocupar ese lugar; que tal vez no iba a recuperar jamás eso que tantas veces señaló como carente o insuficiente. Todo por anhelar más.

Por fin llegó a su casa, se abalanzó como pudo a la puerta, sus llaves cayeron al piso, las recogió y en ese momento se abrió la puerta. Jairo estaba de pie esperándola. Silvia lo miró sin decir nada esperando a que le diera alguna noticia.

‘Silvia, hola, pasé a saludar a Juan Carlos. Pensé que estabas en el cementerio’ – le dijo Jairo con un tono pausado -.

Silvia lo empujó y siguió derecho hasta la sala. Cogió el teléfono, buscó en su celular el número del Consulado y con las manos temblorosas empezó a marcar. Juan Carlos y Jairo la miraban y ella no decía nada. Por fin le contestaron.

‘Señora Silvia, gracias por comunicarse con nosotros, siento mucho que sea en estas circunstancias. La policía nos contactó porque fue encontrado un cuerpo sin vida en las afueras de Varsovia y tiene todas las características de su hija. No había documentos ni tenía ninguna pertenencia, por lo cual es importante hacer un reconocimiento’ – le dijo el funcionario del Consulado -.

Silvia dejó caer el teléfono y lanzó un grito que estalló no solo en la casa, si no en la ciudad entera. Jairo, sin entender nada, cogió el teléfono y retomó la llamada. El funcionario del Consulado le repitió lo que le acababa de decir a Silvia.

‘¡Dios mío, no! ¡No puede ser! ¡No me diga esto, no! Pero ¿cómo vamos a hacer un reconocimiento si estamos acá? Nosotros no podemos irnos hasta allá, o, mejor dicho, mientras llegamos allá nos vamos a morir de la angustia’ – le contestó Jairo con la voz temblorosa en medio de sollozos -.

‘Señor, por favor cálmese, entiendo su dolor y su preocupación, sin embargo, no hay una certeza, por eso es tan importante realizar el reconocimiento. Ahora, nosotros sabemos que ustedes están en Colombia, y por esta razón, existe una alternativa. Teniendo en cuenta que todas las instituciones tanto en Polonia como en Colombia están involucradas porque la desaparición de Camila estuvo denunciada por las vías legales, es posible hacer el reconocimiento a través de una videoconferencia y esto se constituye como un acto oficial dentro de una investigación judicial. La única cosa es que, por el cambio de horario, realizar esta actividad el día de hoy va a ser imposible, tendremos que esperar hasta mañana. Yo podría programarla para las 8 a.m., para ustedes sería en la madrugada. Si están de acuerdo, lo podemos hacer de este modo. Lo digo porque sé que la espera es muy agobiante. Claro está que si prefieren lo podemos programar para un horario más cómodo para ustedes’.

‘No, no, por favor prográmelo para lo más pronto posible’ – dijo Jairo con un tono agitado -.

‘De acuerdo, entonces procedo a mandarle una invitación formal vía mail a la señora Silvia. Ahí van a encontrar un link en donde podrán conectarse a la hora de la videoconferencia y podamos iniciar el procedimiento. Le repito, esto no es concluyente y yo más que nadie espero que no se trate de su hija, pero es imprescindible que realicemos el proceso para poder continuar con la búsqueda. Le agradezco mucho su colaboración y créame cuando le digo que siento mucho llamarlos a darles esta noticia. Entiendo perfectamente lo doloroso que puede ser para la familia’.

Jairo le agradeció al funcionario, colgó la llamada y se fue para la cocina donde Juan Carlos se había llevado a Silvia para tratar de calmarla. Apenas entró Jairo los dos lo miraron con los ojos llenos de lágrimas. Silvia se paró y empezó a gritar ‘¡No! ¡No! ¡No! ¡No!’ sin parar. Jairo se arrodilló en el piso, Juan Calos, lo tomó del brazo, lo ayudó a incorporarse y los tres se fundieron en un solo abrazo al lado de la mesa en donde tantas veces desayunaron juntos, hablaron del más y del menos, se contaron los planes, las tristezas y rieron hasta las lágrimas cuando compartieron alguna anécdota. En ese instante todo cambió, nada importó, todo se apagó. No había nada que diera sentido a la vida de ninguno de los tres, y aunque estaban abrazados, la rabia, la culpa, el desconsuelo y la desesperanza invadían sus almas. Era como si cada uno quisiera acabar con el otro aun sabiendo que nada de eso podría devolverles la paz. De un momento a otro, Juan Carlos se separó, se limpió la cara y les dijo:

‘Un momento, no podemos dar por terminado esto. ¿Qué tal que no sea Camila? Es más, estoy seguro de que no es ella. Tenemos que tratar de calmarnos y pensar que no es ella. No hay documentos, no hay nada definitivo. Es una posibilidad, sí, pero también existe el otro lado. De pronto no es ella y está bien. Yo no me voy a rendir, y espero que ustedes hagan lo mismo’.

Silvia se incorporó y con sus manos trataba de recoger el mar de lágrimas que caían de sus ojos. No recordaba cuándo había sido la última vez que había llorado de esa manera. Ni siquiera sabía si había sucedido, tal vez de sus ojos no había salido un martirio semejante. Era la primera ocasión en la que no sentía su cuerpo conectado con su mente. Mientras observaba a Jairo ahogado en llanto, no entendía nada, ni quería entender. Las palabras de su hijo no alcanzaron a aliviar lo que estaba sintiendo, y aunque sabía que tenía razón, no podía explicarse por qué presentía que se trataba de su hija. No lograba escapar del fatalismo; era como si algo dentro de ella la llevara hasta el lugar más oscuro que se asomaba en ese momento. Recordó el hombre del funeral, pensó que efectivamente le habían hecho daño a Camila. De su boca no salía una sola sílaba, era su mente la que iba rauda recorriendo cada paso que dio desde que su hija había desaparecido y no le daba tregua. Todo era confuso y todos eran sospechosos. Alberto podría estar involucrado con la muerte de su hija y eso le laceraba el corazón. Sentía ganas de salir corriendo para sacar el cadáver de su sobrino de ese cajón y rogarle que le dijera la verdad porque ella ya no podía cargar con tanto sufrimiento.

La tristeza se apoderó de esa casa. Se sentía un vacío inexplicable. Cada uno en un rincón batallaba con su propio calvario, con sus propias conversaciones, con sus remordimientos, culpas y preguntas sin respuestas. El celular de Silvia timbró. Los tres voltearon a mirar, era la psicóloga del Ministerio. Silvia respondió.

‘Señora Silvia, ¿cómo está?’.

Silvia no había dejado de llorar y entre lamentos y con la voz entrecortada, le contó las novedades.

‘Entiendo perfectamente su preocupación, pero tenga en cuenta que esto hace parte del proceso. Es muy lamentable tener que pasar por la situación que ustedes están atravesando. Infortunadamente, en ocasiones, éste es el triste desenlace, y le va a parecer crudo lo que le voy a decir, pero créame que es mejor encontrar el paradero de los seres queridos, así sea en las peores circunstancias. Hay personas que nunca reciben una sola noticia. Deben estar preparados para una eventualidad como ésta, sin embargo, también existe la posibilidad de que no se trate de su hija. Cuando la policía entra en contacto con el Consulado y notifica las características de un cuerpo sin vida y las asocia con un desaparecido, se debe hacer el reconocimiento para que continúen con la búsqueda, de otra forma, puede que abandonen el caso, así que, en cualquiera de los eventos, es importante proceder tal cual lo están haciendo. Yo sé que esto es muy difícil, pero deben estar fuertes y unidos para afrontar este tipo de novedades. Por favor, avíseme cuando tenga noticias. Voy a estar muy pendiente’.  

Silvia le agradeció a la psicóloga, colgó la llamada, pero quedó más desolada de lo que ya estaba. De repente recibió un mensaje de texto de un número desconocido: ‘Señora Silvia, soy la novia de Alberto. Por favor comuníquese conmigo cuando pueda, tengo que decirle algo muy importante’.

En Taliin, Eda estaba preparada para recibir a Camila. Kaia le mandó un mensaje avisándole que en pocos minutos estarían al frente de la dirección que les había dado. Eda se afanó, bajó las escaleras, y salió a recibirlos. De lejos vio el carro de Andrei. Apenas parqueó se llevó las manos a la cabeza, Kaia abrió la puerta, bajó del auto. Eda se quedó mirándola fijamente:

‘¿Dónde está Camila?’