La alianza
Emilia estaba con el rostro inundado de lágrimas y desde atrás apareció Sebastián. Los dos estaban inmóviles mirando la escena más desgarradora que se hubieran podido encontrar. Ver a su mamá absolutamente indefensa, acongojada y a su papá encolerizado con los ojos desorbitados fue demasiado para ese par de niños. Sebastián empujó a su hermana en el afán de venir a abrazar a su mamá. Nicolás trató de cogerlo y él sacudió su hombro para impedirle que lo hiciera. Cuando trató de acercarse a Emilia, ella corrió a su habitación y se encerró con llave.
Sebastián abrazó a su mamá con todas sus fuerzas y ella trató de calmarlo diciéndole que estaba bien, intentando devolverle algo de serenidad. Nicolás regresó a la habitación, entró, cogió un blazer y salió de nuevo diciéndole a Sebastián que tenía que ir a ese compromiso, pero que después le iba a explicar todo. El niño lo miró con furia sin soltar a su mamá.
Cuando por fin se fue, María Clara le dijo a su hijo que fueran a buscar a Emilia. Golpeó en su puerta y la niña abrió la puerta. Estaba llorando de manera inconsolable.
‘Si ves, mami, te lo dije. Mi papá iba a tomar esto de la peor manera y fue capaz de pegarte. Es horrible todo lo que te dijo’. – le dijo Emilia a su mamá en medio de sus sollozos -.
‘Si. Es cierto. Dijo cosas que no debiste escuchar, pero tú nos tienes a mi y a tu hermano. Si permanecemos unidos, nada nos va a pasar’.
‘Mami, me asusta ver a mi papá tan furioso. No me gusta lo que hizo. Yo no quiero que nadie te haga daño’. – le dijo Sebastián tratando de digerir la situación -.
‘Yo sé, mi amor. Ninguno de los dos debió presenciar algo tan horrible, y espero que entiendan que ésta no es la forma en la que se resuelven los conflictos. Las discusiones, los desacuerdos siempre van a existir entre los seres humanos, pero jamás se debe recurrir a la violencia para solucionar o para imponer las ideas. Eso nunca. Nosotros no somos eso y no es lo que ustedes han aprendido. Espero que eso quede muy claro. ¿Qué les parece si hacemos una pijamada y dormimos los tres esta noche?’.
A Emilia y a Sebastián les encantó la idea de la mamá. Acordaron que podían dormir todos en la habitación de Emilia. María Clara les dijo que se pusieran a preparar las camas y a buscar una película, mientras ella bajaba por algo para comer. Se fue para la cocina y se sentó desconsolada en una silla. Carmencita le trajo un té caliente y le pidió que se calmara.
‘Señora María Clara, usted no se merece estas cosas. El señor Nicolás se ha vuelto muy bravo, y lo veo cada vez peor. Las cosas que se dicen de él no son las mejores en el barrio donde yo vivo. Parece que está muy enredado en temas de corrupción. Mejor dicho, tantos años que llevo con ustedes y no me había dado cuenta de los alcances de él. Tome una decisión antes de que sea demasiado tarde. Ese hombre parece el mismísimo demonio. Me da pena decirle estas cosas, pero yo a usted la quiero mucho y sé que se merece cosas muy bonitas. Usted y los niños son la razón por la que yo sigo viniendo, si no, ya me hubiera ido, pero no quiero dejarla sola. Cuéntele a su familia, adviértale a alguien lo que está viviendo, no se quede callada’.
María Clara escuchó con toda la atención a Carmencita.
‘Tiene toda la razón, Carmencita. Esto no va a ser nada fácil, pero lo tengo que hacer. Nicolás ya sobrepasó los límites y no tengo porqué aguantar esta situación. En especial, por los niños. Están asustados de ver a su papá convertido en un monstruo. Me espera una batalla dura, pero la tengo que pelear’.
‘Señora María Clara, cuente conmigo. Si necesita testigos, yo estoy firme. Yo ya estoy muy vieja para tener miedo, acá nos tenemos que cuidar. Esa guerra la va a ganar usted. No se preocupe’.
María Clara le dio un abrazo a Carmencita, le agradeció su apoyo. Entre las dos prepararon unos sanduches y maíz pira y subieron las cosas a la habitación de Emilia. María Clara se puso la pijama y se acostaron los tres a ver películas y a comer. Nunca se dieron cuenta a qué hora llegó Nicolás. Lo único cierto es que al día siguiente, cuando María Clara se levantó para que Sebastián se alistara para ir al colegio, su esposo ya había salido.
Carmencita le dijo que había madrugado y se había ido de la casa.
‘Lo vi muy alterado, más nervioso de lo normal. Ni siquiera se tomó el café de siempre. Salió corriendo’.
María Clara respiró profundo. Prefería mil veces no tener que verle la cara. Ella se había llevado su cartera para la habitación de Emilia, pues sabía que allí no sería capaz de entrar después de lo que había pasado. Sebastián se alistó, desayunó y se fue para el colegio. Emilia se quedó en la cama.
María Clara revisó su celular y tenía un mensaje de su tía Beta diciéndole que estaba disponible cuando ella quisiera, así que le respondió preguntándole si tenía tiempo ese mismo día en la mañana. Acordaron encontrarse a las 11 a.m. en el café de siempre. Cuando Emilia se despertó le preguntó si quería hacer algo en especial, o si prefería quedarse en la cama. La niña le contestó que su amiga María José no había ido al colegio porque tenían una salida y que quería ir a almorzar con ella. A María Clara le alegró la noticia. Le dijo que le parecía perfecto que se distrajera un rato. Quedaron en que Wilson llevaría a María Clara más temprano a la oficina para ocuparse de algunos temas, luego iba a encontrarse con Beta, Wilson podía venir a recogerla para llevarla donde María José y en la tarde estaría de regreso para que estuvieran juntas en la casa. Emilia le dijo que no era necesario que el chofer la recogiera porque su amiga vendría por ella.
La mañana fue transcurriendo normalmente. María Clara le envió un mensaje a Juan Manuel y le dijo que se vieran en la oficina y le avisó a Raquel que estuviera lista para recibirlo en caso de que ella no llegara a tiempo. Se encontraron allí. Ella les contó lo que había sucedido con Nicolás la noche anterior y los dos no podían creer que hubiera llegado tan lejos. Juan Manuel la miró aterrado y procedió a explicarles lo que había adelantado hasta el momento.
‘Tienes que tomar medidas urgentemente, María Clara. Ese hombre está cegado por el poder. Yo les cuento que hice hasta este momento: Extraje el informe pericial de metadatos; es decir, generé un documento técnico que certifica el número de serie de la cámara de Matías Bustamante, la fecha y la hora exacta de la grabación. Por otro lado, con el material que tiene Raquel, pude crear un dossier digital unificado. En el dispositivo que está encriptado uní el video de la tarjeta con las pruebas del acoso de Nicolás a Raquel. Con esto podemos demostrar que el entorno de Nicolás opera bajo un patrón sistemático de abuso, extorsión y violencia de género y activé el seguro internacional en Suiza e Islandia y configuré el protocolo que en ciberseguridad se llama “Mecanismo de Hombre Muerto”, así que en caso de cualquier intento de Nicolás de sabotear archivos o manipular pruebas o si me llega a pasar algo, los archivos se liberan inmediatamente’.
María Clara lo miraba con admiración y le daba seguridad. Se sentía acompañada, pero sin duda, eran muchos los interrogantes y los miedos de cara a una situación tan compleja y delicada.
‘Juan, ¿y qué pasa si los Bustamante botan esa cámara? ¿Se puede demostrar que es de Matías de alguna forma? – preguntó Raquel -.
‘Si. Cada vez que una cámara digital toma una foto o graba un video, incrusta en el archivo un bloque de información oculta llamado metadatos EXIF (Exchangeable Image File Format). El número de serie único: Al revisar el video que María Clara me entregó, puedo extraer el modelo exacto y, lo más importante, el número de serie de fábrica del sensor de esa cámara. Ese número es único en el mundo, como la huella dactilar del aparato. No lo he hecho todavía, pero esta tarde me encargo. Hay otras cosas que voy a hacer. Puedo revisar el perfil de Matías y ver algunas de sus fotos porque también de esa forma se puede confirmar con qué dispositivo fueron tomadas y otra cosa es buscar imágenes de él con la cámara puesta o cerca, o en una mesa, en fin, hoy en día todos los dispositivos dejan una huella. Tenemos mil formas de confirmar que esa cámara le pertenece a él’.
María Clara estaba impresionada. A pesar de lo difícil que parecía todo, estaba bien rodeada y cada vez se convencía más de la urgencia de hablar con su familia. Terminaron de afinar algunos detalles y de coordinar unos temas urgentes con Raquel. María Clara les contó que tenía una cita con su tía Beta en el café que quedaba cerca a la oficina de Juan Manuel. Le dijo que si quería viniera con ella.
‘Perfecto porque me vine sin carro. Te acompaño hasta el café y después me voy para que puedas hablar con tu tía’. – le dijo Juan Manuel -.
Raquel se puso a disposición para estar pendiente de Emilia en caso de necesitar apoyo en cualquier situación. María Clara le agradeció, y le dijo que le avisaría cuando supieran qué decisión iba a tomar. Por el momento, la tenía tranquila el hecho de haberse ido con su amiga a almorzar. Todos estuvieron de acuerdo en que, en un momento como esos, las amigas son importantes.
María Clara y Juan Manuel subieron a la camioneta y se fueron rumbo al café. Cuando ya estaban llegando, María Clara recibió un mensaje de Beta.
‘Mária, estoy un poco demorada, pero llego. Espérame con una mimosa. Besitos’.
María Clara le contó a Juan Manuel así que él le dijo que se quedaba con ella hasta que llegara la tía. Se bajaron de la camioneta, entraron y se sentaron en una mesa. Estuvieron hablando del más y del menos.
‘Yo sé que estás pasando por un momento muy difícil y que no tienes cabeza para nada, pero no te alcanzas a imaginar todo lo que te pienso. Te extraño tanto. Sé que es imprudente que te diga estas cosas, pero quiero que sepas que me importas y que voy a estar para ti cada vez que me necesites. Espero que tengas claro que conmigo puedes contar para lo que sea. Vas a salir bien de todo esto. Estoy seguro. Eres una mujer espectacular’.
María Clara sonrió, bajó la mirada, le agradeció. Estaba a punto de decirle algo cuando recibió un mensaje de un número desconocido. Lo abrió. Eran varias fotos. Quedó de una sola pieza.

