Silvia les mostró el mensaje a Jairo y a Juan Carlos. Todos se miraron.

‘Sinceramente yo no tengo ganas de hablar con esa niña. En este momento no tengo cabeza para una cosa más, y menos si me va a dar malas noticias. No creo que me esté mandando ese mensaje para algo bueno’ – les dijo Silvia -.

Juan Carlos se ofreció para contactarla él; anotó el número y se fue para su habitación. Después de un rato bajó y les dijo que acababa de colgar con ella.

‘Me dijo algo muy grave. Alberto estaba involucrado con la desaparición de Camila. Ella está escondida; según le entendí, se fue de Bogotá. Ni le pregunté dónde está. Lo que ella pretende es que nosotros le demos esa información a las autoridades porque ella tiene mucho miedo. Me dijo que no conocía muy bien los detalles, pero estaba segura de que la misma red de trata de personas para la que Alberto trabajaba, fue la que lo mandó a matar, y que eso le parecía muy extraño. Me preguntó si nosotros teníamos noticias de Camila, obviamente no le dije nada de la llamada del Consulado. Le pregunté que cómo era posible que Alberto hubiera sido capaz de hacerle algo así a Camila. Me dijo que nadie se imagina la cantidad de dinero que la gente gana con ese negocio y que Alberto ya había perdido la moral por completo al momento de saber que iba a recibir una cantidad de plata significativa. Me dijo que estaba obsesionado, y que, además, tenía problemas de alcohol y drogas, lo cual empeora la situación. Me dijo también que ella le había pedido varias veces que no involucrara a Camila en eso, pero que él la trató mal y le dijo que no se metiera en sus asuntos. Según ella, Alberto nos dijo que se iba para Polonia para evitar que fuéramos en persona a tratar de buscarla. Nunca estuvo allá, se fue unos días para Medellín y regresó a Bogotá. Saliendo del bar donde yo me lo encontré esa noche le pegaron tres tiros. La persona que fue al Consulado en Varsovia es un tipo que él conoce, vive allá, y le pagó para hacerse pasar por él para que nosotros creyéramos que efectivamente estaba haciendo lo imposible por encontrar a mi hermana, y, sobre todo, que sí había viajado’.

Silvia y Jairo no terminaban de caer del asombro. No entendían cómo un miembro de la familia tan cercano había sido capaz de causar un mal tan grande y cometer un delito de esa dimensión. Después de esa conversación Silvia quedó aún más preocupada por las noticias del Consulado. Si a Alberto lo mataron puede ser porque había pasado algo con Camila y ellos para asegurarse prefirieron liquidarlo para no dejar rastro, o por represalia, por lo que hubiera sido, la noticia del descubrimiento de ese cuerpo y la muerte de Alberto, eran dos acontecimientos que podrían estar enlazados de la peor manera.

Los minutos parecían horas. Silvia caminaba de un lado para otro, entraba a la cocina, salía, subía las escaleras, se sentaba en la cama, iba al baño, entraba a la habitación de Camila, regresaba a la cocina. No encontraba paz, sentía que el corazón se le iba a estallar. Miraba el reloj todo el tiempo para ver si así el tiempo pasaba más rápido. Jairo estaba sentado en el sofá de la sala con la mirada perdida, en silencio, no se movía. Le imploraba a Dios, a la Virgen y a los Santos que no se tratara de su hija, que estuviera viva, y que regresara. Estaba dispuesto a sacrificarlo todo con tal de volver a verla. Juan Carlos regresó a su habitación y se acostó en su cama a mirar hacia el techo. La conversación con la novia de Alberto lo había dejado sin aire, sin fuerzas, sin esperanza. No entendía por qué le había hecho una cosa tan horrible a Camila, que siempre había sido tan especial con él y con toda la familia. Se le pasaban ideas oscuras por la cabeza. Pensaba que, si no lo hubieran matado, él mismo se hubiera ocupado de su primo. En medio de todo, se alegraba de su muerte; celebraba el hecho de que lo hubieran asesinado como un miserable en medio de la calle al frente de un bar de mala muerte, y que hubiera estado solo como una rata callejera. ‘Bien merecido se lo tiene’ – se repetía Juan Calos sin cesar -.

Finalmente llegó la hora de la videoconferencia con las autoridades polacas para el reconocimiento del cuerpo. Silvia temblaba, Jairo estaba paralizado y Juan Carlos estaba descompuesto. Procedieron con toda una introducción protocolaria, y después de explicar los pasos a seguir, les preguntaron que si estaban listos para ver las imágenes. Los tres tomaron un respiro profundo y respondieron que sí. Iniciaron con el paneo del rostro del cuerpo. Silvia apretó la mano de Jairo y después de pocos segundos casi que gritando les dijo:

‘¡No! No es Camila, esa no es mi hija, Dios mío, gracias. No es ella. No es ella’.

Los tres botaron un suspiro confirmando las palabras de Silvia. Les preguntaron que, si estaban seguros, y ellos sin vacilar reafirmaron su respuesta. Les agradecieron por atender la diligencia y les dijeron que continuarían con la búsqueda de Camila. El funcionario del Consulado le dijo a Silvia que se comunicaría con ella lo más pronto posible y con un tono sosegado le dijo que se alegraba mucho de que no se tratara de Camila, y antes de terminar la diligencia le dijo que tenía otra información que necesitaba aclarar, le preguntó si ella conocía a un señor Andrés Piedrahita. Silvia le dijo que si, que era el exnovio de su hija y se apresuró a preguntarle por qué. El funcionario le dijo que como habían tomado el expediente completo, aparecía registrado una denuncia de desaparición hecha por él telefónicamente varias semanas atrás, se había identificado como un ciudadano colombiano que estaba en Madrid, pero infortunadamente el funcionario que había tomado los datos, no lo había comunicado de manera oficial y esa información había quedado refundida. Era muy importante corroborar todo lo que estaba registrado para tener una línea de investigación sólida. Silvia le dijo que si, que él le había dicho que había realizado esa denuncia, pero que cuando ella se había comunicado con el Consulado le habían dicho que nadie había llamado, lo cual para ella resultó siendo una desilusión. El funcionario se disculpó por ese error, y le aseguró que harían las anotaciones necesarias para seguir buscando a Camila.

Apenas terminaron esa videollamada se abrazaron y lloraron. Soltaron en ese instante toda la tensión. Por un lado, se alegraban de que no se tratara de Camila, pero sabían que la incertidumbre continuaría y después de haber pasado por esa experiencia, reconocieron que era algo que podía pasar. Silvia les dijo que no sabía si ella iba a ser capaz de seguir adelante. Ya un poco más aterrizada, les contó acerca del mensaje amenazante que había recibido, y lo que había sucedido con el hombre del funeral. Jairo y Juan Carlos abrieron los ojos. Jairo le dijo a Silvia que eso había que comunicarlo inmediatamente a la Fiscalía porque indudablemente estaban lidiando con gente muy peligrosa y que ahora tendrían que estar pendientes de cada paso. El hecho de haber recibido esa llamada de la novia de Alberto tampoco era tan positivo. Habían despejado algunas dudas, sin embargo, de ella tampoco se podían confiar. Si estaba asustada es porque también era una delincuente, le había tapado todos los crímenes a Alberto, en consecuencia, debían buscar ayuda inmediata para saber cómo moverse. Juan Carlos les dijo que era importante saber que Andrés sí había llamado al Consulado, por lo cual no había por qué dudar de él. Silvia botó un suspiro y reconoció que en una situación tan agobiante como esa cualquier cosa que no encaje empieza a ser sospechosa. Jairo los miró y les dijo: ‘Yo nunca desconfié de ese muchacho. El trató de hacer lo que pudo, pero cuando vino lo tratamos muy mal. En fin, tendremos tiempo de hablar con él cuando pase todo esto. No ha sido fácil para nadie’.

‘Yo creo que nos va a tocar irnos de esta casa. Bueno, a Juan Carlos y a mí’. – dijo Silvia -. Jairo la miró de reojo, hubo un silencio. De pronto tomó impulso y con voz pausada le dijo: ‘Si, de pronto tienes razón. Puede ser una alternativa buscar un lugar provisional, sin embargo, éste es el referente de Camila. No podemos irnos todos porque si la niña aparece, si llaman, si llega alguna comunicación escrita, en fin, ésta es su casa y acá debe haber alguien. Una opción puede ser que ustedes dos se vayan y yo me quede acá. Creo que la Fiscalía nos podrá orientar mejor. Aprovecho para ser claro contigo Silvia. Yo sé que Alberto tenía sus movidas bien guardadas, sin embargo, me siento incapaz de ver a Amparo o alguien de tu familia. No los estoy culpando, pero nunca me voy a recuperar del daño que fue capaz de causarnos ese desgraciado y menos mal que se murió porque de otra forma, lo hubiera matado yo mismo. No quiero saber de nadie, ni quiero que me digan nada, mucho menos tengo ganas de oír negaciones o frases que disculpen los actos de semejante delincuente por muy muerto que esté. Pasarán meses, años, tal vez, antes de que yo vuelva a pisar alguna casa de un pariente tuyo. Espero que ese mal nacido de Alberto se queme en el infierno; ahí es donde debe estar un ser tan malvado como él’.

Silvia no fue capaz de decir nada. Ella tampoco podía creer que su sobrino hubiera tenido la sangre fría de causarle ese mal a Camila y a toda la familia, pero al mismo tiempo era el hijo de su hermana. Lo había visto nacer, lo había querido como a todos sus sobrinos y en ese momento, era incapaz de separar una cosa de la otra. Entendía a Jairo, sin embargo, no podía alentar una discusión más, no tenía fuerzas para más discrepancias. Sabía que debía respetar el sentir de su esposo, o exesposo. En ese punto, ya no tenía plena conciencia de cómo estaban las cosas. Solo presentía que cada nuevo suceso la alejaba más de él y no podía o no quería acercarse. Lo único que deseaba era que su hija regresara. Jairo decidió que lo mejor era ir en persona a la Fiscalía.

En Taliin, Andrei terminó de estirarse lo que pudo en el carro y Kaia le respondió a Eda que Camila estaba dormida en la silla de atrás. Cuando se acercaron, Camila se incorporó y bajó del carro. Eda le dio un abrazo y ella sollozando se lo correspondió. La tomó de la mano y le dijo que siguiera. Estaban en las instalaciones de las oficinas de la Organización que preside Eda. Entraron, se acomodaron, una de las colaboradoras, les sirvió un té caliente y les dio algunos bizcochos y galletas. Eda le preguntó a Camila que cómo se sentía.

‘Muy cansada. He sufrido mucho en estos días. Es una mezcla de emociones y de sensaciones. Por un lado, aún no puedo creer que me haya podido escapar, no termino de asimilar todo esto. Al mismo tiempo, siento un dolor profundo dentro de mí por todo lo que viví. Perdí la única amiga que hice en mi cautiverio y no puedo dejar de pensar en ella, en su hijito, en la forma tan cruel en la que murió. Me duelen el alma y el cuerpo, y no sé cuál dolor es más potente. He tenido náuseas, vómito, escalofríos, me he sentido muy débil, en fin, no hay nada de positivo en todo esto. El no poder decirle a mi familia que estoy bien me está matando. No puedo imaginar el dolor de mis papás y de mi hermano, sin embargo, no sé si estoy lista para volver. Me da pánico regresar a mi realidad después de todo esto tan horrible que pasé. Me da miedo pensar en mi futuro, en lo que va a pasar conmigo, en cómo me voy a ver al espejo y la forma en la que los demás me van a ver. Si en realidad voy a tener otra oportunidad, si de verdad va a haber una vida para mi o ya voy a quedar marcada para siempre. Me hago mil preguntas. Mi mente no para. Tengo pánico. Siento que esa gente me está vigilando, siento que me van a matar, son demasiadas cosas. No veo un futuro para mí. Me siento muy agradecida contigo Eda, con Kaia y Andrei, que han sido tan buenos conmigo; con el profe también; pero creo que ustedes son la excepción porque lo único que yo veo es gente indiferente y demonios como los que me tenían raptada. Dudo que pueda volver a creer en alguien, no tengo fe, ni confianza en nadie. Después de todo lo que vi y lo que viví en carne propia no creo en nadie. Es tan extremo lo que me pasa por mi cabeza, que a veces sospecho que hubiera sido distinto si me hubieran llevado a un burdel de mala muerte frecuentado por hombres ignorantes, sin educación, sin esperanza, sin ilusiones. Pero es que nadie se puede imaginar el perfil de los clientes que tuvimos. Era evidente el poder, el dinero, ‘los modales’, eso sí, de valores, nada. Y saber que hay tanta gente en manos de esos seres, me destruye. Me quita las ganas de vivir’.

Eda dejó hablar a Camila. No la interrumpió y ella, sin obviar detalle, le contó de principio a fin cómo fue su cautiverio, los sitios a los que la llevaron, el tipo de hombres con los que tuvo relaciones sexuales. Camila se abrió totalmente y contó de principio a fin cada pormenor desde el momento en que fue contactada vía mail. De un momento a otro se aclaró su mente y tenía la necesidad de contarlo todo. Eda, Kaia y Andrei la escucharon con toda la paciencia y la dejaron que se desahogara. En medio del relato muchas veces lloró, se sintió mal, tuvo temblores, regresaron las náuseas, hizo pausas, pero retomaba cada episodio y continuaba. Se dio cuenta que sentía un poco de liberación al dejar salir esa experiencia tan dolorosa. Eda tomaba apuntes y la miraba con mucha atención. De repente Camila botó un suspiro y dijo: ‘Y ya. Creo que eso fue todo lo que viví. Supongo que ahora pueden entender por qué me siento destruida. Recomponerse después de semejante ultraje es imposible’.

Eda tomó la mano de Camila, sonrió dulcemente y guardó silencio por unos segundos más. Sabía que debía ser muy cuidadosa con sus palabras, pero por su experiencia entendía perfectamente cada una de las sensaciones de Camila. Sin afán y con mucha delicadeza le dijo:

‘Querida Camila, primero que todo, quiero que sepas que todos acá estamos para ayudarte, para apoyarte y sentimos muchísimo que hayas pasado por algo así. Sé que es doloroso y todo lo que sientes en este momento es válido, es legítimo y es verdad. Tú acá eres la víctima. Sometiste tu cuerpo y tu mente a un estado de sobrevivencia permanente y extremo y ahora que estás a salvo, hay un proceso de recuperación que no es simple. Llevo más de veinte años trabajando con víctimas de trata de personas, y no hay una que no se haya sentido como tú bien lo acabas de describir. Es normal que te visiten toda esa cadena de pensamientos.’

Hizo una pausa breve, asegurándose de que Camila la mirara.

‘El cansancio, el miedo, la paranoia, incluso los síntomas físicos, que provienen también de la desintoxicación por las drogas que te suministraron, no son signos de debilidad. Tu cuerpo estuvo sometido a un estrés titánico y tu mente interpretó que el mundo no es seguro y es lógico que ahora no sepas cómo apagar esa alarma.

Es muy importante que entiendas que estos delincuentes buscan destruir la identidad de sus víctimas y trabajan con su mente todo el tiempo. Estoy segura de que en algún momento te dijeron que no había regreso y que si escapabas no ibas a tener una vida normal después de todo lo que te había pasado porque nadie te iba a respetar y nadie se iba a enamorar de ti. Eso hace parte de la dinámica con la que ellos trabajan. Obviamente no es cierto. He visto muchas mujeres que pensaban que jamás volverían a mirarse a un espejo sin asco, que nunca encontrarían el amor, o que su vida no tenía sentido. Algunas hoy son madres, esposas, líderes, otras simplemente rehicieron sus vidas buscando una actividad que las llenara y lograron reconstruirse lejos de esa otra realidad. No es fácil. No estoy acá para decirte mentiras, o llenar tu cabeza de falsa positividad, pero no es imposible. Ellas no olvidaron, aprendieron a integrar lo vivido sin que eso las destruya o acabe con un fin para vivir.

Es normal que tengas miedo de volver, de hablar del tema con tu familia, la culpa que llevas por no haber podido ayudar a Vira… todo eso es común. Pero, no significa que no quieras vivir, quiere decir que tienes un dolor muy grande y todavía está saliendo. Pasará tiempo antes de que logres botarlo todo.

Ahora, sabemos perfectamente qué red te captó, o al menos, tenemos indicios claros. Cuando describes a los clientes como hombres con poder, dinero, elegancia, es claro que estamos hablando de una de las redes más temibles, justamente por eso. Porque son personas casi intocables. Esa es una de las verdades más difíciles de tragar para quienes trabajan en esto: la violencia no siempre viene del margen de la sociedad, más bien, todo lo contrario. Que tu hayas presenciado algo semejante no te quita las ganas de vivir. No son esas personas, es la injusticia. Y eso, sin duda, habla de la capacidad que tienes para analizar una problemática social del mundo moderno y evidencia tu fragilidad.

En este momento no necesitas fe en la humanidad, ni confianza en nadie. Eso seguramente vendrá con el tiempo y durante el proceso que dure tu recuperación. Lo que más importa ahora es que estás a salvo, que no estás sola y no tienes que decidir nada por ahora. Ni volver, ni perdonar, ni ser fuerte. Sobrevivir ya fue suficiente por ahora.  No queremos ejercer ningún tipo de presión. Si quieres descansar, dormir, comer, pensar, reflexionar, dilo con tranquilidad’.

Eda le tomó la mano con firmeza, esta vez no como consuelo, si no como ancla.

‘Claro que hay vida después de esto Camila. No como la que tenías antes, una nueva, que es mucho más motivador. Aunque en este momento no lo puedas ver, esa misma fuerza que te trajo hasta acá, es la que te va a sacar de ese hueco en donde estás ahora. No estás marcada para siempre, estás herida. Con el tiempo, cuidado, terapia y amor esas llagas pueden sanar. Es posible que quede una que otra cicatriz, pero esas no duelen y nos reafirman lo impetuosos que podemos llegar a ser’.

Guardo silencio de nuevo, dejando que esas palabras hicieran su propio camino.

Camila se levantó y se dejó caer en sus brazos en un solo llanto. No sabía que el regreso iba a ser tan duro, pero le agradeció por haberla acogido, por haberla salvado y le repitió una y otra vez: ‘Nunca te voy a olvidar’.

Se sentó de nuevo y secando sus lágrimas, le preguntó a Eda si ya era prudente contactar a su familia. Eda le dijo que el momento ideal sería cuando ella decidiera regresar a Colombia. Le explicó que tenía ya todo arreglado para comprar su tiquete de regreso. Camila vaciló por un segundo. Le dijo que si podía descansar en alguna parte. Eda le dijo que claro, que la llevarían a una de las casas de protección en donde podría pasar la noche con toda tranquilidad. Partieron todos para la casa, acomodaron a Camila, quien le dijo a Eda que prefería esperar hasta el día siguiente para hablar de su regreso a Colombia. Eda estuvo de acuerdo y la dejaron acomodada para que descansara.