Camila se sentó en la cama y le pidió que le contara. Vira con cara de acontecimiento le dijo:

‘Es que anoche con ese tipo las cosas estaban fluyendo muy bien y creo que me dejé llevar y a un cierto punto empecé a hacerle preguntas como: – Si tu supieras que alguien está en peligro lo ayudarías? –  Y él obviamente me respondió que sí, que, si era algo que estaba a su alcance, que claro. Y bueno, ahí le hice otras preguntas de ese tipo hasta que le dije que entonces me ayudara a mi porque yo no estaba acá por voluntad propia. Le dije que me habían capturado, que yo estaba en un campo de refugiados y me habían engañado prometiéndome un trabajo y había caído en esa red de delincuentes, que se apiadara de mí, que no sabía dónde estaba mi hijo, en fin, le dije todo’.

‘¡Dios mío, Vira! ¿Qué te dijo él?’ – le preguntó Camila muy alterada -.

‘Pues ya habíamos tenido sexo y todo lo que me había pedido. En ese momento se levantó de la cama, no dijo nada, se fue para el baño y cuando regresó me dijo que me fuera. Yo me puse el vestido y me vine para acá, pero tengo miedo. Creo que eso puede tener consecuencias’.

‘Claro que va a tener consecuencias, Vira. Bueno, espera. De pronto el tipo no dice nada, pero si llega a abrir la boca, no sé cómo pueda terminar esta situación. Acuérdate que Irina siempre nos ha dicho que no podemos hablar de esos temas con esos tipos. Es que es ponerlos a ellos en una situación delicada. Mejor dicho, no sé. Calmémonos, tratemos de estar tranquilas, esperemos con optimismo y pensemos que ese hombre no va a abrir la boca. Es que ellos no son nuestros amigos, Vira. Ellos saben que están cometiendo un delito porque hay menores acá. Ahora, es posible que el tipo no sepa que nosotras hacemos parte de una red de trata de personas, pero él se compromete. En fin, no. No pensemos mal. Mantengamos la calma y tratemos de estar tranquilas. Yo me voy a bañar, aunque me di una ducha cuando llegué, lo que a mi me tocó hacer anoche me dejó el alma más sucia de lo que ya estaba. Ni quiero hablar de eso’.

Camila se fue para el baño y Vira se quedó en la cama con los ojos desorbitados y el corazón a mil. Cuando Camila regresó, mientras secaba su pelo con la toalla, la miró, se dio cuenta que seguía muy asustada y trató de calmarla. Vira empezó a llorar desconsoladamente. No había palabra, abrazo o caricia que lograra aquietar los pensamientos que se cruzaban por su cabeza. Entre sollozos le dijo a Camila:

‘Mi hijo, ¿cómo estará? ¿quién lo tendrá? No puedo con este dolor, con esta angustia, con esta rabia que siento por esta gente. ¿Cómo pueden estar tan tranquilos de vacaciones en un lugar así sabiendo que están abusando de niñas que son esclavas? ¿Quién puede regresar a su casa tranquilo sabiendo que acaba de hacer parte de un crimen tan despreciable como éste? ¿Cómo alguien puede ser tan insensible, tan indiferente y egoísta? ¿Cómo pueden otras mujeres hacer parte de una cosa tan despiadada? ¿Por qué no piensan que podrían ser sus hijas, sus sobrinas, sus hermanas? El mundo cayéndose delante de sus ojos. ¿Tu te alcanzas a imaginar la desgracia tan infinita que ha traído esta guerra infame en mi país o en el tuyo o en los demás de países del mundo donde tiran bombas como confetis y matan niños, mujeres, ancianos, médicos, voluntarios, periodistas? ¿Y esta gente acá? ¿Acostándose con las víctimas de esas guerras? Y son ellos Camila, son ellos los que están dirigiendo el curso de este mundo. Son ellos los que toman las decisiones y mira todo lo que les importa. ¡Nada! ¡Cero! No tienen el más mínimo asomo de empatía, de compasión, de consideración. Se creen invencibles, intocables, saben que nunca van a pagar por sus delitos porque están llenos del mugre dinero y con eso lo compran todo y mientras tanto nosotras acá, esclavizadas, entregando la poca dignidad que nos queda en cada suspiro, en cada lágrima. ¡Qué injusticia! Es que, si pudiera, los mataría a todos. Si tuviera un arma saldría y los mataría. No tienen perdón, no es justo lo que nos están haciendo a nosotras, a la humanidad’.

Camila no pudo contenerse y se unió a Vira con su llanto. Las dos se abrazaban tratando de encontrar consuelo en la otra y no se sabía cuál estaba más rota.

‘Ahora mientras me bañaba me puse a pensar que creo que no tengo un recuerdo de infancia fantaseando acerca de cómo sería el mundo cuando creciera. No sé, no llega a mi mente alguna vez que haya dicho: – Yo creo que el mundo será así o asá, o pasará esto o lo otro -. Nunca. Mi inventiva no viajaba por esos caminos. Pero de algo estoy segura. Nunca me hubiera imaginado tener que vivir en un mundo en donde pasan estas cosas. No me lo preguntaba, pero no quería esta destrucción. No pasaba por mi mente, pero no pedí ser testigo de guerras, mucho menos ser víctima de la degradación de la humanidad. Yo solo quería crecer, estudiar, y una vez pude entrar a la universidad a estudiar la carrera de mis sueños, mi objetivo era hacer parte de una organización que velara por los derechos humanos, porque intuitivamente consideré que gran parte de los problemas nacen de la desigualdad. Y me vi muchas veces como una super mujer que daba discursos en las Naciones Unidas y hasta en el Parlamento Europeo alzando la voz por quienes no la tienen. No me pregunté nunca cómo quería que fuera el mundo, pero éste no estaba en mi invisible lista de alternativas. No era esta falta de empatía, esta incoherencia y la sed de poder. El éxito traducido en dinero. No se trata de ser moralista, es una cuestión de respeto, de dignidad, de unión, de inclusión. Cuando la gente habla de esclavitud es como si hiciera parte de un pasado que hasta parece que no existió porque cuando estamos en el colegio estudiando esa parte de la historia creemos que es imposible que tuvieran a seres humanos encadenados, privados de su libertad, durmiendo en condiciones nefastas y trabajando hasta sangrar. ¿Y nosotras qué somos? Eso somos. Esclavas. Ni más ni menos. ¿Cómo nos vamos a recuperar de una experiencia tan horrible? ¿Quién, cuándo y en cuánto tiempo van a encontrar los pedazos de nuestra vida que han sepultado estos criminales cada vez que han arrastrado nuestros cuerpos a sus retorcidos deseos? ¿Alguna vez pagarán por ello? ¿Hasta cuándo van a permitir que esto siga pasando si son ellos mismos los que están tomando decisiones dentro de esta sociedad? En tan poco tiempo nos convertimos en unas adictas y en unas siervas sexuales. En unas cosas que sirven para distraer a unos hombres. Nos quitaron todo. Hasta los recuerdos, porque me he dado cuenta de que tratamos de no pensar en nuestras familias, no sé si será tu caso, pero yo prefiero evitar acordarme de ellos porque no sé cómo están afrontando esta situación. No sé cuánto dolor e impotencia puedan estar sintiendo, y porque no sé si podrán lidiar con mi destrucción a mi regreso cuando ni siquiera sé si yo podré hacerlo. Nos arrancaron la vida, el alma, el espíritu y nos redujeron al enjambre de la escoria, somos el desecho’.

Vira no parpadeó mientras escuchó a Camila arrojar todas esas palabras.

‘No puedes pensar así. Tú eres la fuerte y la positiva, tienes que reponerte porque si no, no nos levantamos de acá. Me asusta verte así, Camila’.

Un golpe seco de la puerta interrumpió la conversación y las dos quedaron paralizadas. Entró la mujer que las había recibido y con una expresión agresiva y los ojos encolerizados les dijo que se vistieran porque se iban ya de la isla. Que en cinco minutos las esperaban abajo. La mujer salió, ellas se miraron y entendieron que el hombre había hablado. Se vistieron, recogieron sus cosas y salieron corriendo. Cuando estuvieron listas se fueron para la cocina, no había nadie. Solamente estaban dos hombres y las otras dos niñas que habían viajado con ellas. Las tomaron del brazo, las llevaron con premura para tomar el mismo bote en el que habían llegado a la isla. No entendían qué estaba pasando y nadie se atrevía a preguntar. El viaje de regreso estuvo mucho más veloz de lo que pensaron. Las recibieron allí y las llevaron hasta el hangar del aeropuerto, las subieron al avión, se sentaron cada una en una silla y solo les restaba esperar con paciencia. Muchas cosas pasaban por la cabeza de Camila. Podía tratarse del hombre que había estado con Vira o del correo que ella había enviado. En cualquier circunstancia era muy grave. Estaba segura de que esa no hubiera sido la forma de salir de allí si las cosas hubieran transcurrido pacíficamente o al menos, como ellos esperaban. De repente empezó a tener miedo. Pensó en su familia, en ella, en Vira, en su hijo, en la niña de 14 años, en la rusa. También se le cruzó por la mente que ella en el correo había dicho que estaba en una isla del Caribe, probablemente iban a concentrarse en esa zona y ahora estaban rumbo a Europa de nuevo. Iba a ser tiempo perdido. No sabía lo que Irina les podría hacer. Aunque cerró los ojos no pudo dormir. Las dos se tomaron una pastilla para resistir la angustia, al fin pudieron descansar un poco y cuando menos pensaron ya estaban de regreso en Polonia.

Se bajaron del avión, las recogieron en una camioneta. Iban dos hombres, era tal el aturdimiento de las dos que entraron rápidamente. Se acomodaron atrás. Camila y Vira iban tomadas de la mano. Las dos estaban asustadas. La rusa les preguntó si sabían algo porque no entendía por qué las habían sacado así. Camila y Vira movieron la cabeza en negación sin abrir la boca. La rusa les dijo: ‘Espero que no hayan hecho una estupidez porque nos matan a todas’.

Camila estaba temblando, no entendía si era el frío o el miedo. De repente el copiloto de la camioneta se giró y dijo en voz alta:

‘Hola Camila. ¿Qué tal el viaje?’.