La violencia
María Clara contestó inmediatamente la llamada.
‘María Clara ¿cómo estás? Qué pena molestarte a esta hora, pero es que Nicolás va en un vuelo para Bogotá y me pidió que le avisara a Wilson que fuera por él y no sé cómo pasó esto, pero no tengo el teléfono de él por ningún lado, juraba que lo tenía grabado en mi celular, pero no lo encuentro. No sé si estás con él, o si me puedes dar el número para avisarle’ – le dijo Carolina con la voz afanada -.
María Clara entró en pánico. Mientras trataba de poner la mente en orden se sentó, respiró y le respondió con un tono pausado.
‘No estoy con él, pero lo llamo yo y le aviso. Por favor mándeme los datos del vuelo de Nicolás y gracias Carolina’.
‘Mil gracias, María Clara. Que pena que insista, pero es que Nicolás está de mal genio y si ese señor no lo está esperando, seguro que se va a poner peor. Las cosas no salieron muy bien en una reunión que tuvo y por eso se devolvió hoy mismo’.
María Clara no le preguntó nada más y colgaron la llamada. Carolina le mandó la información del vuelo y ella inmediatamente llamó a Wilson. Le avisó que debía irse urgente para el aeropuerto a recoger a Nicolás y le dio los datos. Juan Manuel solo miraba a María Clara. Cuando colgó le dijo que se tenía que ir urgente para la casa porque su esposo iba para la casa.
‘Entonces vámonos ya. Te alcanzo a llevar para que no tengas que pedir taxi ni uber, así llegas más rápido’.
María Clara pensó por un momento, pero le dijo que le parecía muy arriesgado. Decidió llamar un uber y así lo hizo. Se preparó en pocos minutos, se despidió de su amante y se fue corriendo para la recepción a esperar el carro. Apenas llegó se montó en ese carro y le pidió al conductor premura para llegar lo más rápido posible. Emprendieron el camino y cuando llevaban cinco minutos de recorrido se encontraron un trancón que no se entendía qué pasaba, pero tampoco había vías de fuga. Pasaban los minutos y no se movían. Empezaron las especulaciones, era muy extraño que a esa hora se presentara ese tráfico. El conductor indagó con algunos compañeros y le confirmaron que había ocurrido un accidente en esa vía y estaba todo paralizado porque se habían reportado dos muertos. María Clara no podía creerlo, pero no tenía otra opción que esperar con paciencia porque de ahí no podía bajarse a caminar. Estaban en medio de una avenida principal y no había salidas alternas y sería mucho riesgo irse caminando.
Trató de relajarse. Le avisó a Juan Manuel y él le sugirió que se tranquilizara y que le avisara cuando llegara a su casa. Pasó mucho tiempo. Finalmente recibió una llamada de Nicolás.
‘Hola, acabo de llegar a Bogotá. Voy con Wilson en el carro. Ya nos vemos en la casa’ – le dijo con un tono cortante -.
María Clara le respondió:
‘Mira, yo estoy metida en un trancón. Hubo un accidente en la autopista y estoy sin poder salir de acá, me imagino que en algún momento tendrán que abrir la vía, así que nos vemos más tarde’.
‘¿Qué? ¿Cuál trancón? ¿Con quién estás?’ – le preguntó Nicolás bastante alterado -.
‘Voy en un uber, estaba en…’
‘¿En un uber? ¡María Clara sinceramente no entiendo tú qué tienes en esa puta cabeza! ¿Te contraté un conductor para que andes pidiendo uber? ¿O es que la inepta de Carolina te dijo que me mandaras a Wilson y que te quedaras a pie? ¿Es que no son capaces de coordinar una cosa tan estúpida y elemental con el cerebro? Honestamente no sé de quién estoy rodeado. En lugar de facilitarme las cosas, me ponen más problemas. A esta hora tú sola metida en un trancón y en un uber. ¿Dónde diablos estabas?’.
María Clara empezó a temblar. No sabía qué decirle y se había quedado paralizada con esa forma de hablarle. Definitivamente las palabras del día anterior se las había llevado el viento. La neurosis, el maltrato y Nicolás estaban de regreso.
‘Me fui a comer con Angela Romero y bueno, ya me estaba devolviendo para la casa’.
‘No, es que no puedo con esto. ¿Y tu amiga es una varada que anda en bus o qué? ¿No hay un puto carro parqueado ahí en la casa? ¿Por qué te fuiste en uber? Mejor dicho, no me hables más, no tolero este comportamiento tan subnormal. Nos vemos ahora’.
Nicolás le cortó la llamada a María Clara y ella temblaba de una manera que no se podía controlar. En ese momento los carros empezaron a fluir un poco más y poco a poco se fue normalizando el tráfico, sin embargo, le tomó mucho más de lo que pensaba salir de ahí. Finalmente llegó a su casa y se dio cuenta que el carro estaba ahí parqueado. Nicolás la estaba esperando.
Cuando entró estaba en la sala sentado tomándose un trago. La miró de una forma que sus ojos podían atravesarla entera. Ella apenas lo vio, lo saludó e intentó seguir derecho hacia el segundo piso, él se levantó, la tomó con fuerza de un brazo y la llevó hasta una de las poltronas que adornaban el espacio y de un tirón la sentó ahí. Ella quedó atónita. Sintió pánico.
‘Mira, querida, la verdad, me importa un comino que te hayas ido a comer con Angela, Pepa o Juana, lo que quiero que te entre en esa cabeza es que ahora lamentablemente no puedes moverte como se te dé la gana porque cada mínimo encuentro con quien sea es de vital importancia en este momento. La gente, los medios, los otros candidatos, la oposición, el país entero nos está viendo así que tú no vas cogiendo taxis para encontrarte con tus amiguitas cuando se te ocurra. Me fue como un culo en Medellín gracias a Bustamante que me trató como si yo fuera su empleado. ¡Quién sabe qué se creerá ese imbécil! Sin embargo, no puedo perder ese vínculo porque para la campaña y para mi futuro ese tipo es vital. Necesito su apoyo en todo sentido. Entonces, Josefina te invitó a ese desayuno porque estoy seguro de que hace parte de la estrategia que usan los empresarios de este país, en el fondo también para ellos es importante tu presencia por el trabajo que has hecho con la fundación y porque en este momento yo estoy en el foco de los medios. Así que necesito que vayas muy sonriente y querida a ese maldito desayuno y te portes a la altura. Asegúrate de que te tomen varias fotos con esa vieja y sal al lado de ella como si fueran íntimas. ¿Has entendido hasta ahora o tengo que traer plastilina o el Lego?’.
María Clara asintió con la expresión abatida.
‘Ok. Me alegra. Ahora la segunda cosa: si ese viejo decrépito cree que me va a tratar como su sirviente, me le voy a meter por todos lados, directamente por la sala de su casa si es necesario y en esto Emilia es vital. Como está en estos momentos en la finca de ellos celebrando el cumpleaños del hijo hay que darle instrucciones precisas para que se vuelva la mejor amiga de ese culicagado y hacer una reunión acá en la casa, un asado, cualquier maricada, pero Emilia tiene que acercarse a esa familia como sea’.
‘Nicolás, por Dios, ¿cómo se te ocurre que vas a usar a Emilia para tus planes de campaña? Eso no tiene ni pies ni cabeza. Nuestra hija no tiene por qué instrumentalizarse de esa manera’.
Nicolás se puso de pie y se cogió la cabeza.
‘¡Maldita sea! Pensé que estabas entendiendo. Idiota yo que creo que una mujer como tú es capaz de dimensionar lo que estamos haciendo. Acá está en juego mi futuro, mi carrera política. Hay un partido que le está apostando y hay mucha gente involucrada. Necesito que tú, que eres mi esposa, confíes en mí. Por lo visto está bien complicada esa labor. Mira, no te preocupes que tú no sirves sino para hacerte el blower, yo voy a explicarle las cosas a Emilia. Estoy seguro de que va a entender y me va a ayudar. Y espero que sea la última vez que mandas a Wilson para la casa para después decidir salir a comer con las amiguitas. ¡No vuelvas a hacer esas huevonadas por favor!’.
María Clara se puso de pie, se quedó mirando a Nicolás a los ojos y le dijo:
‘Parece que todo lo que me dijiste ayer se te olvidó ¿no? Hasta te disculpaste. Yo no puedo ser tu saco de boxeo cada vez que te va mal en una reunión. No te desquites conmigo y no me hables de esa manera, ¡respétame, Nicolás!’.
Nicolás le pegó un empujón a María Clara y la botó al sofá y con la mirada encolerizada le dijo:
‘¡No, respétame tú a mí y aterriza de una vez por todas! Acá no estamos jugando a la comidita, acá se están tratando temas muy serios. ¡Compórtate como una digna esposa de un candidato y como la potencial primera dama de este país, estúpida! Si no has entendido el grado de estrés por el que tengo que pasar cada segundo, ve a terapia como hacen todas las señoras ‘bien’, toma algo para que se nivelen tus neuronas y ayuda en vez de joder’.
Nicolás se fue de la sala para el estudio. María Clara se incorporó con algo de dificultad y se fue llorando en silencio para su habitación. Su esposo estaba llegando muy lejos y ella no sabía cómo iba a poder remediar esa situación. Cada vez la bola de nieve se agrandaba y así mismo aumentaba su impotencia. Lo que María Clara no sabía es que hasta ese momento no había pasado nada, lo que le esperaba era aún más espinoso.
Al día siguiente se despertó y Nicolás no estaba en la cama. Bajó a la cocina, se sirvió un café. Llamó a Emilia y no le contestó. Se preparó unos huevos y cuando se sentó a comer, le entró un mensaje de su hija: ‘Hola mami, nos acabamos de despertar, vamos a desayunar, todo está bien. Te aviso cuando nos vayamos a devolver’. María Clara se sintió tranquila. Llamó a Sebastián y confirmó que ya estaba en el club en el torneo con Cortés. Apenas colgó recibió un mensaje de Juan Manuel.
‘Hola linda, espero que esté todo bien. Me quedé preocupado porque no me escribiste ayer, pero me imagino que estuviste ocupada. Solo quería decirte que me haces falta y que me desperté con tu olor en todo mi cuerpo. Mil besos’.
Estaba por responder cuando entró Nicolás a la cocina, ella bloqueó el celular y lo apoyó encima de la mesa y siguió desayunando. El la miró de reojo y le dijo:
‘Como Sebastián está en el club vamos a almorzar allá y nos venimos de una vez con él. Va a estar una gente con la que me interesa hablar así que alístate’.
María Clara no podía digerir el cinismo de Nicolás. Terminó de desayunar, llamó a su mamá para saber cómo estaba su papá, hizo algunas cosas en el computador y se fue a bañar, se alistó y bajó a la sala. Nicolás estaba esperándola. Salieron de la casa rumbo al club.
Llegaron, se encontraron con algunas personas, saludaron y cuando entraron al restaurante, alguien desde una mesa le hizo señas a Nicolás, él sonrió y se fue caminando directo hasta allá. Tres hombres y una mujer estaban sentados y el mesero les pidió que se acomodaran en las dos sillas que estaban vacías. Nicolás saludó al grupo, presentó a María Clara y se sentaron.
La conversación giró en torno a la política, a los candidatos, programas, entrevistas, reuniones y todos los temas que son transversales al mundo en el que está involucrado cualquier candidato. Uno de los hombres que estaba ahí en algún momento le preguntó a Nicolás cómo le había ido con Bustamante y él con una sonrisa de oreja a oreja respondió:
‘Divinamente! Ese tipo es increíble, hablamos de temas neurálgicos, está muy entusiasmado con mi candidatura porque claro, es que mi programa es el que, sin duda, busca la proyección y el crecimiento de los empresarios de este país, y, sobre todo, tenemos un enfoque claro en la inversión extranjera y alianzas estratégicas. Esta economía hay que hacerla despegar y el mundo tiene que empezar a hablar de Colombia como potencial aliado en muchos sectores. De hecho, mañana, Josefina, la esposa de Bustamante, invitó a María Clara a un desayuno en El Rosal; andan de íntimas; esa mujer es muy activa, pero acá entre nos, no le gana a mi esposa – tomando de la mano a María Clara prosiguió -, ustedes tendrían que ver la forma en la que esta mujer me apoya, me aconseja y me aguanta…jajaja. En serio, ella es mi inspiración, mi fuerza, además de que es una excelente profesional, ustedes saben que lleva anos trabajando en la fundación ¿no?, es el eje de nuestra familia y mi motor en estos momentos de tanto agite. Gracias, mi amor – cerró Nicolás besándola en los labios –.
María Clara estaba sin palabras, ella solo sonreía y trataba de conectar su ser entero para que no se notara la perplejidad que le causaba ver a su esposo comportarse de ese modo cuando la noche anterior la había agredido físicamente. Todos sonreían y los miraban como si fueran la pareja perfecta. En ese momento llegó Sebastián corriendo, los abrazó y los saludó, así que el gesto completó el cuadro familiar. Cuando otro de los hombres que estaba en la mesa preguntó por Emilia, a Nicolás se le llenó la boca diciendo que estaba en la finca de los Bustamante celebrando el cumpleaños de Matías, el hijo de Sergio y Josefina.
‘Inseparables son ese par. Ustedes saben cómo son los adolescentes que no quieren moverse si no andan pegados uno del otro a toda hora. A Emilia la tratan como otra hija. Estamos realmente agradecidos con Josefina y Sergio ¿cierto mi amor? – dijo Nicolás girándose hacia María Clara -.
Ella, como pudo, respondió que sí, sonrió y le dijo a Sebastián que fuera a recoger sus cosas para regresar a la casa. Uno de los comensales hizo un paneo general de la escena familiar y mirando a María Clara dijo:
‘Ustedes tienen todo para llegar al Palacio de Nariño. Es un camino pedregoso, pero va a valer la pena, es cuestión de tener un poco de paciencia mientras se atraviesa por esta selva. Yo sé lo que significa trabajar en una campaña, es muy desafiante, pero después de la victoria vienen los gozosos. ¡Brindemos por esta hermosa primera dama!’.
Todos levantaron sus copas y Nicolás fue el primero en hacerlo. Su mano sobre su hombro no era una caricia para ella, era más bien un grillete. Nunca se había sentido tan impotente y desgraciada al mismo tiempo. Los elogios llegaban de todas partes, hasta la prensa hablaba maravillas de ella, pero no se reconocía en ninguna de esas palabras, mucho menos en su rol, ahora que desconocía por completo el hombre con el que se casó. Apenas terminó el brindis, Nicolás les dijo a sus ‘amigos’ que se tenían que retirar porque debía atender un par de reuniones en la tarde.
‘Ni los domingos se descansa’ – dijo estirando la mano a cada uno de los comensales -.
María Clara se despidió, les agradeció. Mientras salían del restaurante tomados de las manos, las miradas caían sobre la pareja más comentada en los últimos días. Nicolás sonreía como si fuera una reina de belleza y María Clara trataba de esconderse detrás de las gafas de sol para que no descubrieran sus ojos tristes. Sebastián los estaba esperando en la terraza, se fueron todos para el carro, apenas se subieron Nicolás cambió la expresión. Se quitó la chaqueta, revisó los mensajes que tenía en el celular sin decir nada. María Clara le preguntó a Sebastián cómo le había ido donde su amigo.
‘Bien, normal, estuvimos jugando y esta mañana la mamá de Cortés nos preparó unos pancakes deliciosos antes de venirnos para el club’.
María Clara iba a continuar la conversación, pero Nicolás la interrumpió:
‘Bueno, yo tengo unas reuniones, ¿los dejo en la casa o qué?’
María Clara le respondió que sí. En todo el camino no le dirigió la palabra. Le parecía increíble la facilidad con la que se ponía el disfraz de candidato, esposo y padre de familia y cuando estaba en privado se convertía en un ser humano tan cruel. Llegaron a la casa, los dejó y siguió su camino.
Sebastián entró con afán directo a su habitación. María Clara pausadamente se quedó por unos instantes en el primer piso de su casa mirando todo alrededor; recordando lo que fue decorar su casa, reestructurarla, la ilusión con la que escogió cada objeto, cada mueble, cada detalle. Le parecía mentira encontrarse en esa situación, y, sobre todo, no poder hablar de ello con nadie. Se avergonzaba y no entendía muy bien por qué. Si era por ella misma, por él, por su familia, por el ideal que había construido de familia. Por momentos, pensaba que Nicolás tenía razón. Ella no había entendido muy bien lo que significaba hacer parte de una campaña tan importante, y tal vez no estaba dando la talla. De repente, sintió una punzada en el estómago y volvió en sí.
¡Emilia! – dijo en voz alta -.
La llamó y no recibió respuesta. Le mandó un mensaje:
‘Hola, ¿al fin a qué hora regresan?’.
No contestó. Volvió a llamar, esta vez entró a buzón. No entendía qué estaba pasando. Decidió llamar a María José. Le contestó y la saludó.
‘Hola María José, ¿cómo estás? ¿Ya están regresando? Es que Emi no me contesta’.
‘María Clara, yo no estoy con Emi’.
