Las agendas
María Clara revisó su celular. Era su hermana.
‘Quiubo, más tarde dejan salir a mi papá. ¿Puede pasar por la clínica después del medio día?’.
Inmediatamente la llamó al teléfono. Pudo saludar a su papá, lo encontró mucho mejor y eso le alegró. Le dijo que por la mañana iba a estar ocupada en unas reuniones, pero que después del medio día se iba para la clínica para ocuparse de la salida y acompañar a la mamá en lo que fuera necesario. Colgó el teléfono más tranquila. En tan pocos días habían pasado tantas cosas que difícilmente lograba recopilar toda la información en su cabeza. Se alistó para salir. Le dio algunas indicaciones a Carmenza y se fue para la sede.
Entró, saludó a quienes se iba encontrando. De lejos le hizo un gesto a Nicolás que estaba en su oficina reunido con un par de personas. Siguió derecho para la sala de reuniones y se sentó. Entró Carolina, la saludó muy sonriente como siempre y le ofreció algo de tomar mientras llegaba el equipo. María Clara ya no la soportaba. La miró de reojo y le pidió un capuchino. Carolina salió de la sala. Mientras esperaba no aguantó las ganas y le mandó un mensaje a Juan Manuel.
‘Hola ¿en qué andas?’.
Pasaron pocos segundos y de vuelta recibió una selfie de su amante desde la cama. María Clara se mordió los labios, sonrió pícaramente y se tomó ella también una foto para mandársela.

‘Mmm…sería muy rico estar ahí, yo ya estoy en una reunión’. – le respondió -.

Estaba terminando de mandar el mensaje con la foto cuando entró Nicolás acompañado de un hombre joven muy bien presentado. María Clara bloqueó el celular rápidamente y se incorporó en la silla.
‘Hola, mi amor, te presento a Wilson. Tu nuevo conductor. ¿Sabes con quién trabajó hasta ayer? Con la hija de Alice, la amiga de tu mamá. La del atelier donde estuviste. Le pregunté que si te había visto de casualidad, pero parece que no’. – le dijo Nicolás -.
María Clara se levantó de la silla, le dio la mano a Wilson, se puso un poco nerviosa, no sabía qué decir porque efectivamente nunca había estado en ese atelier y no se le ocurría ninguna disculpa. Wilson le dio la mano y con una voz firme dijo:
‘No, es que yo me la pasaba en el jardincito interior cuando doña Isabela atendía a sus clientas, seguro por eso no la vi cuando fue’.
‘Si, debió ser eso – dijo María Clara dirigiéndose a Nicolás -, pero ¿cómo así? ¿dejaste a Isabela sin conductor?’.
‘No. Ella siempre ha trabajado con otra persona. Wilson lo estaba reemplazando mientras estaba atendiendo unos asuntos personales, y hace unos días en un almuerzo el esposo de Isabela me preguntó que si no necesitaba un conductor y bueno, acá está. Así que viene muy recomendado. Ya le di las indicaciones precisas. Él sabe perfectamente que tiene que estar disponible y muy pendiente de ti, y de tu seguridad. Para los niños todavía estamos pendientes de tomar la decisión’.
‘Un momento, Nicolás, pero yo creo que Wilson nos puede ayudar a mi y a los niños. No creo que sea necesario alguien exclusivo para ellos’ – dijo María Clara -.
Nicolás se quedó pensativo y finalmente dijo:
‘Mira, hagamos una cosa: podemos probar la semana entrante a ver cómo nos va. Digamos que por la mañana puede ir a llevar los niños y volver por ti a la casa y lo mismo en las tardes. Lo veo complicado porque es posible que se crucen eventos o reuniones tuyas con los horarios del colegio, pero hagamos la prueba mientras encontramos el de los niños. ¿Qué dices?’.
María Clara estaba aterrada con esa actitud de Nicolás. Le dijo que le parecía perfecto y en ese momento entró el equipo con el asesor de imagen para empezar la reunión. Nicolás se disculpó y se retiró. Ella apenas lograba escuchar todo lo que le tenían que decir. El asesor de imagen realizó una presentación muy profesional, tocaron otros asuntos importantes y acordaron algunas tareas y actividades para la semana siguiente. De pronto entró Carolina a la sala con la revista Hola en la mano. Pidió disculpas por la interrupción, y se la entregó a María Clara en las manos. Ella empezó a hojear mientras terminaban de finiquitar detalles y en ese momento aprovechó para ver su celular. Tenía un mensaje de Juan Manuel.
‘Estás divina. Me muero de ganas de verte, quisiera pasar una noche entera entre tus piernas y no soltarte jamás. Déjame soñar. Te mando mil besos por todo ese cuerpo tan hermoso. Me matas’.
María Clara no pudo evitar sonreír levemente y apretar sus piernas de la sensación tan fuerte que sintió nada más de leer esas palabras. En ese momento se perdió totalmente en los brazos de Juan Manuel y no veía la hora de estar con él. Cuando aterrizó en la realidad de nuevo, se dio cuenta que el lunes por la mañana la esperaba su primer evento como esposa del candidato. Debía asistir a un desayuno en el Club El Rosal. Revisando la agenda se dio cuenta que quien invitaba a ese evento era la esposa de Sergio Bustamante, el papá del niño de la finca donde pasaría el fin de semana Emilia. No le gustó del todo esa coincidencia. Ella conocía a esa señora, nunca habían sido cercanas, y ahora afloraban invitaciones por todas partes. Pensó que iba a tener que acostumbrarse. La reunión terminó. Ella se quedó en la sala y decidió llamar a Raquel.
La citó para esa tarde en su casa porque quería coordinar algunas cosas teniendo en cuenta que el lunes por la mañana iba a tener que atender ese evento y no iba a estar presente cuando ella llegara. Aprovechó para responder unos correos y cuando estaba a punto de levantarse Carolina entró de nuevo para sacar algunas carpetas. María Clara la miró y mientras recogía sus cosas le dijo:
‘¿Y a qué hora se van para Medellín mañana, Carolina? Porque me imagino que usted también va ¿no?’
‘El vuelo sale a las 7:00 a.m. Nicolás me dijo que quería aprovechar ese viaje al máximo y alcancé a organizar una agenda completa con algunos empresarios de la región aparte de la reunión que va a tener con el alcalde y sí, voy yo también, y el jefe de campaña. Hay varias cosas de las que tengo que estar pendiente allá y pues a él le gusta que todo salga a la perfección’. – respondió Carolina -.
‘Claro, y usted que es tan eficiente ¿y Nicolás al fin confirmó el coctel de mañana por la noche?’ -indagó María Clara -.
Carolina sorprendida del conocimiento de la agenda de Nicolás prosiguió: ‘Si, me dijo que confirmara, aunque también me advirtió que estuviera pendiente por si a última hora decidía regresar mañana mismo. Caso en el cual, asistiríamos solo el jefe de campaña y yo, pero eso lo sabremos en el curso del día. La veo muy enterada María Clara, la considero porque con todo lo que tiene usted en la fundación, ahora con los eventos de la campaña y encima la agenda de Nicolás ¡Dios mío! Es mucha información. Si quiere le mando el itinerario de Nicolás’.
María Clara sintió que le hervía la sangre. Ya estaba totalmente prevenida y le parecía una cínica, pero como siempre, se mantuvo en su lugar y le dijo: ‘No, Carolina, no hace falta. Esas cosas él me las cuenta a mi directamente en nuestra casa. No le quito más tiempo. Gracias y que esté bien’. Salió de la sala, se despidió de Nicolás y de la gente con la que se cruzó. Wilson la estaba esperando en la recepción. Salieron juntos de la sede.
El día transcurrió como lo tenía previsto. Alcanzó a ir a su oficina a ocuparse de algunos temas, después fue a la clínica, realizó todo el trámite administrativo para legalizar el alta de su papá, los acompañó a la casa, estuvo un rato con ellos y luego regresó a su casa para reunirse con Raquel. Quería estar allí para estar pendiente de Emilia y de Sebastián con el fin de que organizaran sus cosas, pues los dos se iban al otro día. Carmenza ya le había empacado la maleta a Nicolás. Mientras llegaba Raquel recibió un mensaje de Juan Manuel:
‘Hola, me tienes super olvidado. ¿Cuándo te voy a ver?’
María Clara sonriendo le respondió:
‘He tenido un día de locos. Este fin de semana voy a estar sola. Mañana de alguna manera coordinamos algo. Recuerda que ahora tengo conductor. Estoy esperando a Raquel para dejar listas algunas cosas para la próxima semana’.
Juan Manuel le respondió con emojis de corazones y agregó:
‘Pero claro que nos vamos a ver. Esta es una oportunidad de oro. Duerme conmigo, te lo ruego. Que te vaya bien con Raquel. Te mando besos’.
El momento fue interrumpido por el desfile que le estaba haciendo Emilia de los outfits que iba a llevar al paseo y por la llegada de Raquel. Carmenza la hizo pasar. Se sentaron en una de las salas de la casa que habían adecuado como oficina/estudio de María Clara. Hablaron de varios temas importantes y coordinaron la agenda del lunes.
María Clara le agradeció mucho por haber ido hasta su casa.
‘Todavía no tengo muy claro dónde vamos a trabajar. Yo prefiero que sea en mi oficina, donde te entrevisté, pero seguro en muchas ocasiones tendremos que ir a la sede de la campaña y otras veces acá. No sé si eso sea un problema para ti, pero es que tengo que lograr combinar todos mis roles y esa es la única manera que encuentro por ahora. Para facilitarte las cosas, te pongo a disposición mi conductor cuando sea necesario porque moverse en esta ciudad no es fácil. Eso lo sé’.
Raquel sonrió.
‘No te preocupes María Clara. Tengo la mejor disposición y estoy segura de que vamos a poder con todo y con más. Yo estoy acá para facilitarte las cosas y eso es lo que voy a hacer. Estoy muy entusiasmada con este reto y muy agradecida contigo por darme esta oportunidad y con Juan Manuel por referenciarme. No pienso defraudarlos. Él es un hombre muy bueno y generoso’.
María Clara no aguantó la curiosidad y siguió la conversación:
‘Si. El es un tipo increíble. Desde el colegio era así de buena gente. ¿ustedes cómo fue que se conocieron?’
Raquel bajó la mirada, apretó un poco los labios y le dijo:
‘Por trabajo. Lo conocí por un contrato que tuve en una de las empresas con las que él desarrolló un proyecto y cuando vi que no me lo iban a renovar, lo llamé para preguntarle si le podía mandar mi hoja de vida y siempre ha estado muy pendiente. Hay algo que quisiera contarte ya que estamos hablando de esto, si está bien para ti’.
