El fin de semana

María Clara le dijo que le podía decir lo que quisiera. Por un momento sintió una contracción que le atravesó todo el cuerpo; estaba esperando lo peor, alguna confesión relacionada con Juan Manuel. Raquel prosiguió:

‘María Clara, yo soy una madre soltera y tengo un hijo de 16 años con necesidades especiales; si, lo tuve cuando era una adolescente. Prefiero no entrar en detalles, sin embargo, quiero que sepas que la única razón por la cual eventualmente no puedo venir a trabajar o debo salir de urgencia, es esa. Ahora, gracias a Dios, tengo quien me ayude. Tuve un período en el que estuve sola y era muy difícil. No me duraban los trabajos porque conseguía ayuda por ratos y, en fin, eso fue siempre un problema. Pero desde hace seis meses mi mamá se vino a vivir a Bogotá conmigo y ella se ocupa del niño. Yo necesito trabajar para garantizarle a mi hijo todo lo que requiere, que no es poco, y que, lamentablemente todo no me lo cubre la EPS, por eso tengo que ser muy organizada con mi tiempo, con lo que me gano y con lo que hago porque todo va destinado a él en primer lugar, y obvio, al resto de gastos que tengo, incluido, el sueldo que le pago a mi mamá. Me da pena entrar en estas infidencias, pero prefiero ser clara con este tema que es tan importante para mí. Estoy segura de que no vamos a tener problemas, pero no sobra que estés enterada. Lo que sí tengo es disposición 100%, espero que me entiendas’.

‘Claro que sí, Raquel. Ni más faltaba. Te agradezco mucho que me lo hayas contado. Por favor no dudes en pedirme lo que necesites si ves que estás en algún aprieto’. – le dijo María Clara con un tono sincero -.

Se despidieron y quedaron de estar en contacto por si algo se presentaba. María Clara quedó un poco afectada por la historia de Raquel. Sintió admiración por esa mujer. Se veía comprometida y alcanzó a recorrer lo que tal vez fue su vida con un hijo siendo adolescente, sumado al hecho de presentar alguna condición médica particular. Sintió empatía inmediatamente y esperaba que en algún momento Raquel tuviera la confianza suficiente para contarle en detalle lo que pasaba con el niño, así tal vez ella podría hacer más por ella y su familia. Soltó un suspiro y volvió a su realidad.

Fue a controlar las maletas de sus hijos, le pidió a Carmenza que preparara algo de comer. Nicolás la llamó y le dijo que se demoraba porque tenía una comida importante. Para ella estaba perfecto así tendría tiempo para ella y podría mandarle un mensaje a Juan Manuel. A pesar de todas sus ocupaciones, estaba de forma permanente en su cabeza. Ya estaba maquinando algún plan para escaparse un rato y verse con él. La noche transcurrió en calma. Se cruzaron algunos mensajes coquetos y amorosos y quedaron de hablar con tranquilidad al día siguiente.

María Clara no alcanzó a abrir los ojos cuando Nicolás ya se estaba despidiendo de ella. Le dijo que la llamaba desde Medellín y les mandó saludos a los hijos. Se quedó en su cama un rato revisando el celular, leyendo algunas noticias. Le llegó un artículo de la revista Enfoque hablando de Nicolás. La forma en la que se referían a él era muy positiva. Hacían un recorrido por la vida profesional resaltando sus logros más significativos y de mayor impacto en los diferentes sectores en donde había trabajado; además, subrayaban la excelente labor que había desempeñado como senador y los proyectos que había sacado adelante. Hablaban de la hermosa familia que había construido, mencionaban a María Clara como una mujer impecable, profesional y que siempre había estado al lado de su esposo apoyándolo de manera incondicional. Algo le llamó poderosamente la atención, y era el hecho de que Enfoque era un medio de comunicación independiente. No entendía muy bien por qué, pero ese hecho le dio algo de tranquilidad. Pensó que de pronto Nicolás sí tenía las características y cualidades para ser presidente del país. En ese instante se le volteó el mapa. Se visualizó como primera dama; le subió un escalofrío por el cuerpo. Algo le decía que no podía poner en riesgo nada que tuviera que ver con las aspiraciones de su esposo y sin duda, lo que estaba ocurriendo con Juan Manuel era un juego muy peligroso.

De repente sintió a Emilia caminando por el pasillo. Se levantó para ver qué estaba haciendo. Se alistaba eufórica porque le habían dicho que el conductor de su mejor amiga María José, la recogería en una hora. Como buena mamá le ayudó a su hija a revisar que tuviera todo lo necesario. Mientras tanto Sebastián se levantó mucho más relajado listo para desayunar. Bajaron los tres y se sentaron a la mesa. Carmenza les preparó unos huevos revueltos, unas tostadas francesas, un poco de fruta y chocolate. Era el desayuno preferido de los dos. María Clara se estaba tomando su café cuando le entró una llamada de un teléfono desconocido. Respondió.

‘María Clara, ¿cómo estás? Hablas con Josefina de Bustamante, la mamá de Matías’.

‘Hola Josefina, muy bien ¿y tú? Estaba muy pendiente de hablar contigo. Mil gracias por tu llamada’ – respondió María Clara -.

‘Todo bien. Te llamo porque como sabes se van estos niños de paseo para la finca a celebrar el cumpleaños de Matías y están dichosos. Me alegra que hayas dejado ir a Emilia. Te llamo para decirte que estés tranquila porque allá están los cuidadores de la finca. Sergio está en Medellín y yo tengo el desayuno el lunes temprano y hay varios detalles que debo finiquitar. Me confirmaron tu asistencia, ¡qué dicha tenerte allá!’

‘Si, Josefina, estoy confirmada. Me tranquiliza mucho que vayan a estar los cuidadores. En el mismo condominio va a estar un tío mío que también me dijo que va a estar pendiente, tú sabes que estos chicos están en una edad en la que es mejor estar atentos. Mira, aprovecho para preguntarte algo: ¿no va a haber licor ¿cierto? Emilia tiene prohibido consumir alcohol y no quisiera que estuviera expuesta a cierto tipo de bebidas’.

‘No ¡Cómo se te ocurre! Matías tiene terminante prohibido y la condición que le pusimos para hacer ese paseo, teniendo en cuenta que nosotros no íbamos a estar, es que no pueden ingerir nada de alcohol’.

‘Ay bueno, menos mal. Pues me siento mucho más tranquila. Emilia ya está casi lista. La va a recoger el conductor de María José, y me alegra también que las lleve y las regrese él’.

‘Si, mijita, no te preocupes que ellos van a estar bien. Yo me encargué de organizar todo de manera que estuvieran al seguro. Bueno, pues no te quito más tiempo. Si tienes alguna inquietud ya te quedó ahí mi teléfono, no dudes en llamarme para lo que necesites y nos vemos el lunes’.

‘Perfecto, Josefina, gracias de nuevo. Que estés bien’.

María Clara terminó la llamada. Le dio a Emilia todas las recomendaciones necesarias antes de irse, llegaron por ella, salió dando brincos de felicidad y se fue. Sebastián le dijo que por qué no iban a almorzar los dos y luego lo llevara a la casa de Cortés. A María Clara le pareció una idea perfecta. Se puso a hacer algunas cosas en su estudio. Juan Manuel le mandó un mensaje diciéndole que la estaba esperando con los brazos abiertos. Ella estaba inquieta con ese tema, pero al mismo tiempo sentía que no quería resistirse. Le dijo que más tarde le diría si podía o no encontrar el momento.

Wilson llevó a María Clara y a Sebastián a almorzar y luego llevaron al niño donde su amigo Cortés. Se despidieron y quedaron de verse al día siguiente en el club. María Clara le dijo a su conductor que la llevara donde sus papás. Allá se encontró con su hermana, con Beta y Antonio. Estaba toda la familia visitando al papá, quien estaba de muy buen humor y bastante recuperado. María Clara le preguntó a Gabriela que si la podía llevar a la casa más tarde, su hermana le dijo que claro, aunque no entendía por qué si estaba el conductor ahí.

‘Es que me da pesar con ese hombre ahí parqueado todo el día. Le voy a decir que se vaya con el carro y que venga por mi mañana cuando vaya para el club a encontrarme con Sebastián. No tengo que hacer más vueltas, ni nada, prefiero dejarlo ir’. – explicó María Clara y procedió a darle las instrucciones a Wilson -.

Estuvieron un rato más en la casa, tomaron onces, María Clara estuvo en contacto con Emilia y Sebastián permanentemente y por fin Gabriela dijo que se iba. Se levantaron las dos hermanas, se despidieron de la familia entera y salieron. María Clara llegó a su casa. Ya eran casi las 7 p.m. Llamó a Juan Manuel y le dijo que estaba lista para escaparse. El le dijo que la había estado esperando todo el día y que no veía la hora de tenerla en sus brazos. María Clara pidió un taxi.

Apenas se subió, se dio cuenta de que el taxista la miraba repetidamente por el espejo retrovisor. Se puso nerviosa. Empezó a mirar los seguros de las puertas y cuando estaba a punto de enviarle un mensaje a Juan Manuel para decirle que se sentía insegura, el taxista le dijo:

‘Disculpe que le pregunte señora, pero ¿usted no es la esposa del candidato a la presidencia? ¿De Obregón? Es que la vi en una revista. Si es usted, ¿cierto?’.

María Clara se puso aun más nerviosa, titubeó por un par de segundos, pero no tuvo más remedio que decir que sí. Apenas le dio la confirmación, el taxista no se volvió a callar. Le dijo que ese era su candidato, que le gustaba mucho, que lo iba a apoyar, y le dio una lista de razones por las cuales podía contar con su voto y con el de toda su familia. María Clara le agradeció, pero no veía la hora de llegar a la casa de Juan Manuel. No se sentía cómoda. En ese momento se dio cuenta de que cualquier persona la podía reconocer y esa sensación no le gustaba. Finalmente llegó, se despidió del taxista y se bajó afanada.

Entró a la casa de Juan Manuel que la estaba esperando con una copa de vino y música de Sade; en el fondo sonaba Kiss of Life. María Clara amaba esa canción. Sabía que en algún momento se lo había dicho a Juan Manuel. Todo lo que hacía le encantaba. Ese grado de detalle para complacerla en todo, para hacerle sentir que era especial, que la escuchaba, todo lo de él la hacía volar. No pasó mucho tiempo cuando ya su ropa estaba en el piso y estaban unidos venciendo preguntas, respuestas, miedos, dudas, juicios. Mientras la besaba sin parar, Juan Manuel le preguntaba al oído: ‘¿Vas a dormir conmigo? ¿Te vas a despertar junto a mí? ¿Qué quieres que te prepare de desayuno? Dime que vas a dormir enredada entre mis piernas toda la noche. ¡Dímelo!’. María Clara sonreía y era tal el grado de excitación que no le salían las palabras. Estaba a punto de decirle que si cuando le entró una llamada a su celular. Inmediatamente se incorporó para ver quién era. En la pantalla de su celular apareció: ‘Carolina Sec Nicolás’.