El pecado
María Clara le pidió a Raquel que la dejara sola para poder llamar a Juan Manuel, así lo hizo.
‘Hola, no tengo ni idea por qué te están buscando. Nicolás me había dicho que de pronto te iban a necesitar para algo relacionado con la seguridad informática dentro de la sede, pero que esperaría para ver cómo salían las cosas acá en la fundación. Se me ocurre que con lo de la foto quiere agilizar filtros o qué sé yo’.
‘Si, fue lo primero que se me vino a la mente. Ella me llamó, pero no contesté porque estaba ocupado en una llamada y después vi el mensaje. La verdad, no sé si quiera meterme en ese tema con esa campaña. Voy a devolverle la llamada a esta mujer y te cuento más tarde, ¿ok?’.
María Clara estuvo de acuerdo; llamó a Raquel y le contó lo que estaba pasando. Le mostró la foto y Raquel le dijo que seguro lo estaban buscando para implementar algún sistema de rastreo entre las llamadas y mensajes de los miembros del staff y se quedó mirando la foto por unos segundos.
‘María Clara, no sé si me puedo permitir decirte lo que pienso: Primero, siento mucho que alguien te haya mandado esa foto porque efectivamente lo que buscan es desestabilizar la campaña y tú eres una parte muy importante de lo que tu esposo está haciendo. Me imagino que te sentiste mal cuando viste esa imagen. Sin embargo, y sin conocer a Nicolás, y con lo poco que he hablado con Carolina, he visto en ella una especie de sometimiento. No la estoy justificando, ni más faltaba, pero creo que tampoco la culpo. Es como si ella le tuviera pánico. Cuando hablamos y me pide las cosas, puedo advertir incluso su voz temblorosa. Se ve que trabajar con él no es fácil y quién sabe bajo qué tipo de presión la tiene. A veces nos dejamos llevar por lo que vemos en la superficie, pero en el fondo hay unas raíces llenas de razones’.
‘Si, Raquel. Entiendo perfectamente lo que dices, y sé que me lo dices con buena intención. Yo había intuido algo, pero no me imaginé que lo iba a confirmar de esta manera. Ahora, te digo algo: yo a Carolina la he tenido siempre con una imagen muy distinta: la mujer responsable, profesional, leal, echada para adelante, con proyectos por desarrollar, en fin, si llegué a sospechar algo fue recientemente porque a ella la conozco desde hace años y lo que he visto es una mujer muy trabajadora. Nadie mejor que yo sabe cómo es Nicolás, sé de sus alcances, de su modo, de su ambición, y me imagino que trabajar con él todo el tiempo debe ser agotador, sobre todo en esta campaña, pero me cuesta justificarla; también había podido negarse, rechazarlo, o incluso, renunciar. A ella no se le va a acabar la vida si no trabaja con él, puede conseguir otras oportunidades, pero ha elegido seguir ahí y encima de todo, decidió sobrepasar un límite que, según mi opinión, era intocable. Ella me conoce, conoce a mis hijos, mi familia, en muchas ocasiones le hemos ayudado, hemos sido condescendientes. Quisiera no sentirme traicionada, pero no lo puedo evitar y no la puedo excusar, al menos no por ahora’.
‘Si, María Clara, créeme que yo te entiendo y no pretendo justificar un comportamiento de esos, lo que pasa es que he visto tantas cosas, he tenido que pasar por tantas experiencias, que he aprendido que no a todas nos toca igual. De todos modos, eso que ella está haciendo le puede pasar una factura importante y será ahí cuando la vida se va a encargar de sacudirla y tendrá que hacerse cargo, no de lo que hizo con Nicolás, si no de lo que la llevó a meterse con él. En fin, esperemos a ver cómo se resuelve este tema. Si necesitas algo al respecto, házmelo saber. Y, por otro lado, y a propósito de Carolina, me está pidiendo la última versión del discurso de la próxima semana’.
María Clara hizo un gesto de desagrado y le dijo que iba a hacer unas modificaciones y se lo enviaría en un rato.
No pasó mucho tiempo cuando recibió un mensaje de Juan Manuel diciéndole que tenía una reunión virtual con Nicolás en una hora y que efectivamente estaba relacionado con la implementación de algunos protocolos de seguridad informática.
‘Voy a ver qué quiere específicamente y ahí tomaré la decisión de aceptar o no. Te contaré. Estoy trabajando en los últimos detalles de mi propuesta para la fundación. Te la mando más tarde. Mil besos’.
María Clara sonrió. Todo lo que estuviera relacionado con su amante le producía efervescencia y por más riesgoso que fuera, se le encendía una chispa cada vez que entraba en contacto con él. Eso la hizo reflexionar: ¿cómo podía estar juzgando a Carolina tan duramente cuando ella también estaba traicionando a su esposo, a sus hijos, a su familia? Claro, la tendencia es decir: ‘Pero es que mi caso es diferente’. Y no. Al final, los mismos valores y principios estaban siendo transgredidos, las circunstancias en ese momento poco importan porque alguien también le podría decir lo mismo que ella le dijo a Raquel con respecto a Carolina. Podía decidir, podía renunciar, podía tomar distancia y aún sabiendo que esas alternativas estaban allí, se había ido por el camino que a los ojos de los demás era condenado. Nadie nunca justificaría el comportamiento de María Clara; saldría muy mal librada de un escándalo de ese tamaño.
Decidió no darle más vueltas a ese asunto y se dedicó al discurso. El resto de la semana iba a estar llena de compromisos y quería dejar eso listo. Las noticias que tenía de Nicolás las veía por televisión o en las redes porque seguía en su gira de ciudades comiendo tamal, jugando tejo, abrazando madres cabeza de familia y prometiéndoles esta vida y la otra. Visitando mercados locales y aceptando cuanta chuchería le ofrecían. Dándole la mano a gente de la que se había burlado en tantas ocasiones. Aconsejando mujeres para que salieran adelante y no permitieran el maltrato de sus parejas porque durante su gobierno iba a haber mano dura para los feminicidas y estaban ya trabajando en proyectos para acompañar a las mujeres víctimas de violencia precaria, económica o física. Le llamó la atención que una señora le dijo que tenía una esposa muy bonita y él se atrevió a decir con el pecho hinchado: ‘Es el pilar de nuestra familia, es mi inspiración, mi roca. Todos los días le doy gracias a Dios por ponérmela en el camino’.

María Clara no soportaba una frase más. Lo encontraba empalagoso, sobreactuado, ridículo. Siguió haciendo sus cosas. Al final de la tarde, a punto de terminar la jornada laboral sintió a Raquel afuera que saludaba a alguien. A los pocos segundos entró y le avisó que Juan Manuel estaba esperándola porque necesitaba hablar urgente con ella, que si lo podía atender. María Claro le dijo que lo hiciera pasar.
No pudo ocultar su sorpresa.
‘Perdóname por aparecerme así. Estaba en una reunión por acá cerca y decidí arriesgarme para venir a entregarte la propuesta personalmente y para hablar de la reunión con tu esposo y su secretaria’. – le dijo Juan Manuel visiblemente apenado -.
‘Está bien, no tienes que disculparte, cuéntame qué pasó’.
‘Bueno, veo a tu esposo bastante preocupado. Obviamente no me mencionó nada de la foto, pero me dijo que tiene pruebas importantes que confirman que alguien de su staff le quiere sabotear la campaña y que debo entender que, en este momento, eso es algo muy peligroso, y que no puede dejar un solo eslabón por fuera. Me preguntó qué mecanismos hay para controlar la información que sus colaboradores comparten con sus teléfonos y computadores. No te voy a aburrir con temas técnicos, pero le expliqué cuáles son las opciones. Hay una, sobre todo, que incluye pasar una comunicación a todos con el fin de que autoricen estos accesos. Tajantemente me dijo que no porque es claro que eso los pondría en alerta y él quiere ‘coger’ al culpable. Seguimos hablando y yo le expliqué que lo que él quiere entra en el marco de un delito, y mejor que nadie, él que es abogado, lo debe saber. Me dijo que, si yo supiera todo lo que la gente hace para salvarse el pellejo en la política, no volvería a votar por nadie. Le dije que ese tipo de acciones son rastreables y que si por alguna razón la oposición se llegara a enterar de que él está chuzando a sus empleados sería muy grave. Me respondió que él sabe perfectamente cómo capotear ese tipo de situaciones, y que no le daba miedo. – Se niega hasta la muerte, así de sencillo – me dijo. El ya tiene información porque me habló de spyware y stalkware, programas que son usados de manera ilícita. Vine hasta acá, porque si, te quiero ver todo el tiempo, pero, sobre todo, porque no me extrañaría que ya te tenga algo instalado en tu teléfono o lo esté intentando en este momento. Te recomiendo que elimines todo lo que tengas que parezca sospechoso. Si necesitas que te ayude, lo puedo hacer para que no quede rastro. Acá viene la cosa más grave: me habló de un modo intimidante. Me dijo que tu tía Beatriz y tu papá me habían recomendado para hacer el trabajo que voy a hacer para la fundación y que está seguro de que ellos no quedarían muy satisfechos si se enteraran de que yo no estoy dispuesto a colaborarle con sus temas de la campaña, y que en ese sentido, me podría quedar sin el pan y sin el queso, y cerró con la frase de político: – Mira, hombre, a mí me encantaría trabajar contigo, estoy seguro de que puedes hacer un excelente trabajo y cómo te ves en un cargo relevante en un ministerio o donde quieras, ¿ah?¿qué tal? Es que estás hablando con el próximo presidente y un candidato jamás olvida a quien le tendió la mano -. Yo le dije que tenía un compromiso, pero que me comunicaría lo más pronto posible con él para ver cómo le podía ayudar. No sé por qué no le dije que no de una vez. Esto me pone en una posición realmente incómoda porque es un suicidio profesional. Quedé preocupado con los alcances de tu esposo’.
María Clara no podía cerrar la boca. Estaba aterrada. Se quedó en silencio por unos segundos sin saber qué decir.
‘Parece que me estuvieras hablando de un capo de la mafia y no de mi esposo. Qué pena contigo, es que no sé ni qué decir’.
En ese momento Raquel golpeó la puerta y María Clara la hizo seguir. Le puso unos documentos encima del escritorio y le preguntó si necesitaba algo más.
‘No, Raquel, mil gracias. Juan Manuel vino a traerme la propuesta, la vamos a revisar de una vez, así que vete tranquila. Avísale a Wilson que me demoro un poco, que esté pendiente’.
Raquel, como todos los empleados salieron de la oficina. María Clara se cogía la cabeza, caminaba de un lado para otro hasta que Juan Manuel se paró en frente y le pidió que se calmara.
‘Mira, viéndolo bien, tampoco es tan grave. Tu esposo nos hizo un grandísimo favor porque seguro va a instalar esos programas y a ti también te va a chuzar tu teléfono así que ya sabemos que debemos tener extremo cuidado, pero estás con un ingeniero así que tienes que estar tranquila porque yo entiendo las señales de sospecha, puedo identificarlas. Le voy a dar una alternativa legal y como me va a decir que no le interesa, simplemente le digo que no puedo hacer otras cosas. Es mejor que yo tome distancia porque es un altísimo riesgo en todo sentido’.
María Clara se quedó mirándolo a los ojos y no pudo evitar sentir ese corrientazo que le atravesaba el cuerpo entero cada vez que lo tenía cerca. El advirtió lo que decían esos ojos, se acercó un poco más y la besó delicadamente. La abrazó, y susurrando al oído le dijo: ‘Tranquila, todo va a estar bien’. La cogió de la cara, le pasó los dedos por los labios y se besaron apasionadamente. De un momento a otro se abrió la puerta de la oficina y se escuchó:
‘¡Ay! ¡Perdón!’
