Morgana
María Clara inmediatamente se levantó y la hizo pasar. En ese preciso instante llegó su papá y saludó.
‘Hola Raquel, hija ¿estás muy ocupada? Perdón por interrumpir así, pero es que tengo un chequeo en la clínica y después tengo que hacer una vuelta en el banco y no quiero ir solo. Además, quiero comentarte algo importante’.
María Clara no tuvo otra alternativa que decirle a su papá que lo acompañaría. Miró a Raquel, se disculpó y le dijo que ella tenía otras cosas qué hacer en la tarde y que no alcanzaba a regresar, pero que al otro día temprano podrían hablar, a no ser que fuera muy urgente.
‘No, no te preocupes, mañana podemos hablar, pero acuérdate que temprano tienes la entrevista con el podcast de Emma Suarez, de todos modos, no hay problema. No es nada urgente’.
‘¿Estás segura? Te he notado extraña, Raquel’
‘Estoy segura, no pasa nada. O sea, nada que no pueda esperar. Más tarde te mando el perfil de la entrevistadora y las preguntas que ellos nos mandaron para que las revises. Si necesitas algo, me avisas’.
María Clara le agradeció y salió a encontrar a su papá que lo estaba esperando en la entrada. Se subieron al carro, hicieron las vueltas y antes de regresar al carro, el papá le pidió que se tomaran un café cerca al banco porque no quería hablar delante de Wilson. Llegaron al sitio y se sentaron.
‘Papi, me estás asustando. ¿Pasa algo?’.
‘Pues, es algo delicado. Me han llegado unas historias de Nicolás que no me gustan. Parece que está haciendo unos acuerdos con los Bustamante que rayan con la ilegalidad’.
‘¿Cómo así?’.
‘Por un lado, parece que alguien de la familia está metido en un lío judicial y Nicolás está moviendo todas las fichas para dilatar los procesos mientras llega a la presidencia, momento en el cual se encargará de limpiarle la huella al que sea. Y para completar, le están dando unas sumas de dinero astronómicas que no están siendo declaradas, por eso necesito que estés muy pendiente con lo que entra en la fundación. Seguramente ellos están llevando ese dinero a otros lados, pero con tal de limpiarlo, son capaces de cualquier cosa, incluso de hacer donaciones a nombre de organizaciones o empresas ‘respetables’, y tu sabes bien lo grave que puede ser esto. Honestamente te digo que Nicolás me tiene desconcertado. Como si no fuera suficiente, la situación económica de su familia está cada vez más complicada. Ellos siguen manteniendo ese tren porque ahora más que nunca tienen que aparentar una solidez que no tienen y se nota el desespero de tu esposo. Tienes que cuidarte mucho. Hija, todos sabemos que hacer política no es fácil, y menos en este país, pero untarse de lo que está podrido es muy peligroso. Es bien sabido que los Bustamante hacen negocios con narcotraficantes y tienen alianzas con paramilitares. La situación es delicada porque donde estalle algo al respecto, no solo se va al piso su credibilidad, sino que nos arrastra a todos en esa caída. Por favor, cualquier movimiento extraño, cualquier cosa que veas inusual cuéntame para que reaccionemos a tiempo. No dejemos escalar esto’.
María Clara quedó de una sola pieza con las palabras del papá. Era como si cada día trajera una avalancha de noticias que revelaban la verdadera identidad de su esposo, y se resistía a creer que tuviera al lado a un hombre así a su lado. A pesar de la última novedad, no tuvo otra opción que continuar con su agenda. Se sentía atrapada. No podía dejar ese barco, y entre más pasaban los días, era peor.
Al día siguiente atendió la entrevista con la podcaster, después tuvo otro evento al que la invitaron y cuando llegó a la oficina, tenía varios temas pendientes. La conversación con Raquel se fue postergando. Juan Manuel frecuentaba la oficina para hacerle seguimiento al trabajo de los ingenieros, cuando encontraba la ocasión se acercaba a María Clara para recordarle lo hermosa que era y las ganas que tenía de estar con ella.
Nicolás, por su lado, como cosa muy extraña, empezó a hacer apariciones intempestivas en la fundación sin avisar. Esto enrarecía el ambiente inmediatamente. Raquel se tensionaba, Juan Manuel cambiaba su comportamiento y María Clara no le quitaba los ojos de encima. A veces hacía reuniones allí y cuando ella le preguntaba la razón por la cual había decidido venir a su oficina, decía que era por estrategia. El hecho de que lo vieran comprometido con la fundación limpiaba su imagen, lo hacía ver cercano a la actividad de su familia política. Ella no entendía bien la situación, pero revisaba cada movimiento y cada centavo que entraba en sus cuentas como se lo había pedido el papá. Por fortuna, eran esporádicas las visitas de Nicolás.
Un día en el que el ambiente estaba tranquilo sin él rondando por los corredores, María Clara vio una escena que no le gustó. Juan Manuel y Raquel estaban hablando en una esquina de la oficina. Ella veía el reflejo a través de un vidrio que estaba frente a ellos. No le gustaba la expresión de ninguno de los dos. Parecía que discutían y no se podía imaginar por qué. Eso le trajo mucha frustración a María Clara. Era como si de repente no pudiera confiar en nadie. Pero ¿de qué hablaba ese par? Juan Manuel había dicho que no eran amigos, que se habían conocido por trabajo. Por otro lado, cada vez que Nicolás estaba en la oficina, Raquel cambiaba la actitud radicalmente. Se mostraba casi enojada.
Como una tarde en la que Raquel y María Clara estaban hablando animadamente porque su asistente le había contado que había adoptado una gatica. En el momento en el que le estaba diciendo que no sabía cómo llamarla entró Nicolás de sorpresa y le dijo con una sonrisa maliciosa:
‘Póngale Morgana. Ese nombre es lindo para una gatica’.
Raquel cambió su expresión y salió sin decir nada. María Clara quedó desconcertada. Nicolás soltó una carcajada y le dijo:
‘Tienes que decirle a esa niña que cambie de carácter. Qué geniecito’.
Nicolás hizo algunas llamadas y se fue. María Clara estaba al borde. No podía más con tanta incertidumbre. Le mandó un mensaje a Juan Manuel y le dijo que si se podían ver en el spa. Él aceptó. Llamó a Raquel a su oficina:
‘Raquel, hice una cita en un spa; me voy porque estoy muy cansada. Nos vemos mañana temprano. Si pasa algo urgente, por favor llámame a mi celular urgente’.
Raquel se limitó a asentir. Probablemente en el fondo sabía que se iba con Juan Manuel, pero no se atrevió a mencionar nada. Sabía que debía estar con las alertas puestas y al momento de presentarse cualquier peligro, le avisaría a su jefa en el acto.
Según lo coordinado, Juan Manuel estaría esperándola allá y así fue. Entró, se saludaron. Él la abrazó y empezó a besarla con desespero. Ella por segundos se dejaba ir, y por otros, trataba de parar, hasta que se distanció y fue directo al grano:
‘Juan Manuel, ¿qué pasa con Raquel?’
¿Qué pasa de qué? No te entiendo’.
‘En estos días los vi hablando medio escondidos en la oficina y no me gustó la expresión de los dos. Entiende que esto no es una cosa de celos, es que ella ha cambiado la actitud, no conmigo, pero cuando ve a Nicolás es como si viera un espanto; se transforma. Y contigo a duras penas se cruza una sílaba y cuando estaban allá parecía que discutieran. ¿qué pasa?’.
‘No sé por qué se comporta de esa manera. Esa vez estábamos hablando porque estamos un poco atrasados con el cronograma y me estaba diciendo que teníamos que agilizar para poder cumplir con los términos del contrato. Ella es muy precisa, y muy seria. Solo fue eso’.
‘Ay! ¡No sé! Tengo tanta desconfianza que ya no sé ni en qué creer. No me siento bien’.
Juan Manuel se acercó y la sostuvo en sus brazos sin decir nada por un rato. Ella lo miró y se besaron. Terminaron haciendo el amor después de tantos días y dejando que los minutos pasaran entre sus cuerpos, mientras las caricias y las miradas lo completaban todo. María Clara sentía que amaba estar así y fantaseaba creando mundos imposibles en donde pudiera permanecer por horas al lado de ese hombre que le daba paz. Sin embargo, la realidad la llamaba y tan pronto como pudo se levantó, se vistió, se despidió y se fue. Cualquier movimiento en falso era peligroso.
Se subió al carro y mientras iba camino a casa, fue reconstruyendo cada cosa que había pasado en los últimos días y de pronto se le vino a la mente ese nombre que dijo Nicolás. Morgana. ¿En dónde había visto o escuchado eso? Se le fueron los minutos tratando de reconocer algo que la hiciera devolver al instante en donde había oído esa palabra.
Llegó a su casa, saludó a sus hijos, se sentó con ellos, hablaron un rato del más y del menos, comió algo. Se fue para su habitación, se recostó en la cama. Y de un momento a otro, como si hubiera sentido una punzada en la espalda, quedó sentada con los ojos desorbitados. Había recordado dónde había visto ese nombre.
¡En el disco duro!
