La casualidad

Raquel cerró inmediatamente la puerta. María Clara salió detrás de ella, avergonzada la miró y con su expresión se delató aún más.

‘Raquel ¿Qué pasó? ¿Se te olvidó algo? ¡Dios mío! No sé ni qué decir para no recurrir a la típica frase de película – no es lo que parece –‘.

‘María Clara, entiendo la incomodidad, pero no tienes que justificarte, mucho menos darme ninguna explicación. Aunque te parezca increíble, no se me pasa por la mente juzgarte. Me devolví porque se me quedaron los exámenes de mi hijo y mañana tengo una cita con el doctor muy temprano como te había dicho y tengo que llevarlos. No escuché nada en tu oficina, la verdad me asusté. Juré que Juan Manuel ya se había ido, mejor dicho, no sé por qué entré de ese modo. Debí golpear primero. La que se tiene que excusar soy yo’.

María Clara se agarraba la cabeza, bajó la mirada y siguió.

‘Menos mal que fuiste tú. Yo no sé qué me pasa, cómo he podido llegar a este punto arriesgándome de esta manera. Hubiera podido ser Wilson, o hasta mi papá, mejor dicho, vete y mañana hablamos cuando regrese del desayuno. Gracias por no juzgarme Raquel. Me muero de la pena, pero bueno, ya lo viste’.

Raquel tuvo un impulso, la cogió de la mano, se la apretó, sonrió sutilmente y se despidió.

‘Que te vaya bien en tu desayuno. No te preocupes, de mi boca no sale nada. Hasta mañana’.

María Clara entró a la oficina de nuevo. Juan Manuel estaba sentado en el sofá inquieto esperando las noticias.

‘No, Juan, esto se me está saliendo de control. No me puedo comportar de este modo. Afortunadamente fue Raquel. No sé por qué, pero ella logra transmitirme tranquilidad. Aparte de la vergüenza que siento, no me da miedo. Afortunadamente fue ella, cualquier otra persona hubiera sido gravísimo. Creo que lo mejor es que te vayas. Mañana voy a comprar otro celular para que podamos comunicarnos’.

‘Lo siento mucho. Entiendo que te sientas mal, pero estoy seguro de que Raquel no te va a juzgar y mucho menos va a decir algo. No te preocupes por el celular. Eso lo consigo yo y me encargo de instalarle algunas aplicaciones para que estemos tranquilos. Tan pronto lo tenga listo te lo hago llegar. Por ahora creo que es mejor distanciarnos un poco. Se está alborotando el ambiente. Lo último que quiero es ponerte en riesgo. Aunque me muera de ganas de estar contigo, te quiero cuidar’.

María Clara sonrió, se despidieron con un beso en la mejilla y Juan Manuel salió de la oficina. Ella salió a los cinco minutos y se fue con Wilson para la casa.  

Cuando llegó encontró a Emilia en su habitación y Sebastián estaba en la cocina con Carmenza comiéndose un sándwich. María Clara saludó y subió a buscar a la niña. La encontró en su escritorio estudiando. Le preguntó si ya había comido algo. Emilia sin mirarla le respondió.

‘Si, mami, ya comí. Estoy terminando de hacer una tarea y leyendo’.

‘Emi ¿cómo van las cosas en el colegio? ¿te han vuelto a molestar? ¿has vuelto a hablar con Matías?’.

Emilia botó un suspiro largo, se volteó en su silla y mirando a su mamá con resignación le dijo:

‘En el colegio todo está normal, mami. Me la paso con mis amigas de siempre y nadie se mete conmigo; ni para bien, ni para mal. Me miran, chismean y ya, pero no me molestan. Con Matías de vez en cuando hablo. Le da like a mis cosas y ya. No sé mucho de él. Ni Martín, ni sus amigos me hablan, pero ni me importa’.

‘¿Pero tú estás bien con eso de verdad? ¿O te has sentido triste?’

‘No me importa mamá. Aprovecho para preguntarte si puedo quedarme este fin de semana en la casa de María José. Tenemos que estudiar para un examen y prefiero ir a la casa de ella’.

‘Si, claro. No hay ningún problema. Llamaré a Cristina para preguntarle si está bien para ellos. Creo que a partir de mañana ya van a tener su conductor, así que hay que seguir unos protocolos. Si de pronto quieren salir a comer algo afuera, deben ir con él para todas partes. No se pueden quedar solas. Por eso debo consultar con ella; no sé si estará de acuerdo’.

‘¡Jah! Pues claro que va a estar de acuerdo. Cristina está feliz sabiendo que su hija es la mejor amiga de la hija del próximo presidente, como ella misma dice. ¡No, pues qué honor!’.

‘¿A ti te tiene incómoda ese tema, Emi? ¿No te gusta ser la hija del candidato a la presidencia?’

¡Ay, mamá! No importa mucho si me gusta o no. Así es y me toca vivir con eso. Gracias por dejarme ir donde Majo. Tengo que seguir estudiando’.

María Clara le dio un beso a su hija y salió de la habitación. Dejó sus cosas en su cuarto y bajó. Se sentó junto a Sebastián y le pidió a Carmenza algo ligero para ella. Le preguntó qué había comido Emilia, y ella mirándola con un gesto inconforme le dijo que solo se había comido una manzana. No le gustó para nada esa respuesta, pero tampoco tenía ganas de incomodarla después de confirmar que no estaba muy contenta con la idea de asumir las consecuencias de ser la hija de un hombre que eventualmente ocuparía el cargo más importante del país.

No podía dejar de lado el episodio que acababa de protagonizar, y aunque confiaba en Raquel, sentía mucha vergüenza. Se venían unos días muy agitados tanto para Nicolás, como para ella y estaba bien distanciarse un poco de Juan Manuel para ver cómo evolucionaban las cosas.

Nicolás estaría en la gira hasta el domingo y ella tenía varios compromisos agendados. El resto de la semana pasó sin mucha novedad. En una conversación con Nicolás en medio de sus citas le contó que había hablado con Juan Manuel y que había decidido posponer las cosas con él para la semana siguiente porque estaba muy ocupado y no tenía tiempo para más temas, y le exigió que le mandara cualquier otra cosa sospechosa que le llegara porque estaba reuniendo pruebas. María Clara le dijo que lo haría sin argumentar ni hacer más preguntas.

Por el lado de la fundación, ella le mandó la propuesta de Juan Manuel a su papá, él estuvo de acuerdo con los puntos presentados y le dijo que hablaría con él para que empezara el lunes. A María Clara le pareció perfecto que fuera su papá quien lo contactara y dejó que las cosas fluyeran de manera natural.

Con Raquel no tuvo un minuto para hablar de lo sucedido con su amante. En realidad, quería evitar el tema, pero tampoco se había dado la oportunidad para retomar el episodio. María Clara a duras penas pasó por la fundación para firmar cosas importantes porque el resto del tiempo lo dedicó a cumplir con almuerzos, reuniones, entrevistas, sesiones fotográficas y cenas.

El fin de semana Emilia se fue para donde su amiga María José y ella se quedó con Sebastián. Aprovechó para ir donde sus papás, estuvieron almorzando en el club, comprando algunas cosas que necesitaba y tratando de relajarse un poco.

El domingo por la noche regresó Nicolás. No hubo gran intercambio entre los dos. Nicolás en ningún momento mencionó lo de la foto con Carolina y María Clara decidió evitar el tema. No quería arruinar la noche. Se acostó a dormir temprano y él, como siempre, estuvo en su estudio hasta tarde. Ella hizo como si él no existiera. No se le ocurría seguir espiándolo probablemente por miedo. No quería enterarse de más cosas mientras fingía estar casada con el hombre ideal ante la sociedad.

El lunes era el evento en la fundación crisálida roja y María Clara era la encargada de dar el discurso de bienvenida. Estarían la prensa y muchas mujeres de distintos sectores que Nicolás debía conquistar. Este evento era muy importante para él y su campaña.

Por fin llegó el día. En el carro Nicolás estaba concentrado revisando su celular, contestando mensajes, llamadas, finalmente sin mirarla, le dirigió la palabra a María Clara.

‘No tuve tiempo de revisar tu discurso. Me imagino que está bien ¿no?’.

‘Pues, a mi me parece que está más que bien. ¿tu secretaria no le dio el ok? – le respondió con un tono irónico -.

Él la miró de reojo y no le contestó nada. Apenas se bajaron del carro, la prensa estaba esperando la aparición del candidato y de su esposa. María Clara resplandecía y las cámaras inmediatamente los enfocaron, las fotos iban y venían. Nicolás la miró, y apretando su cintura le dijo en el oído: ‘Estás divina, sonríe que este evento tiene que salir perfecto’. María Clara pasó saliva y sonrió para las fotos. Siguieron adelante y en la puerta los estaba esperando Raquel con algunas carpetas.

Cuando se acercaron, María Clara la saludó efusivamente y le dijo:

‘Raquel, te presento a Nicolás’.

Raquel estiró su mano porque por fin conocía en persona al hombre que había visto por tanto tiempo en televisión o en las redes, solo detrás de las pantallas. Con una sonrisa gentil y actitud determinada se presentó con naturalidad y soltura. Nicolás cambió por completo el gesto de su cara. La sonrisa que lo había acompañado hasta ese momento se convirtió en una expresión difícil de descifrar, pero sin duda, no era de agrado. Hasta su rostro se palideció. María Clara alcanzó a advertir algo extraño, notó cómo el cuerpo de su esposo se tensionó.

‘¿Pasa algo Nicolás?’ – le preguntó María Clara -.