La malicia

Nicolás le dio la mano a Raquel, se presentó y tomó a María Clara del brazo para agilizar el paso hacia el auditorio. Mientras caminaban y con una sonrisa fingida le respondió:

‘Si, está todo bien. Me pareció conocida, pero he visto tantas caras, sobre todo últimamente, que debe ser un error’.

‘Te pusiste pálido. ¿De dónde crees que la conoces?’ – le dijo María Clara intrigada -.

‘No, de ninguna parte. Ya te dije que seguro me equivoqué. Concentrémonos en esto. Te pido el favor de estar muy sonriente mientras das tu discurso y de introducirme de una manera que se note que estás orgullosa de mí. Usa una frase tipo: ‘Los dejo con nuestro futuro presidente’ o algo así. Yo voy a decir dos frases y ya’.

María Clara lo miró de reojo. Le parecía cínico. La trataba como si ella fuera una incapaz. Le parecía irrespetuoso el modo en el que le daba instrucciones. Al final tomó un respiro y subió al atril. El auditorio estaba lleno. Inició su discurso. A medida que avanzaba, se sentía más hipócrita que el mismo Nicolás. Cómo era posible que ella misma que estaba siendo víctima de maltrato, estaba ahí mostrando su apoyo incondicional a un hombre que abusaba de su poder en todas las manifestaciones, que visitaba sitios web para tener sexo virtual con mujeres, se acostaba con su secretaria, sobrepasaba cualquier límite con tal de obtener lo que quería como acudir a mecanismos ilegales para vigilar a sus propios empleados. Todo esto se le vino a su mente mientras leía en automático un discurso en donde no había una coma de verdad. Cada palabra estaba pensada de manera estratégica para hacer creer que para él las mujeres eran su prioridad y lo iba a dar todo para protegerlas y ofrecerles las oportunidades que merecían.

De un momento a otro hizo una pausa y decidió cambiar el último párrafo, levanta su mirada y se dirige al público con una expresión serena:

‘Quisiera salirme un poco de las frases de este discurso para recordar que un componente importante de la violencia es el silencio que muchas mujeres guardan mientras están siendo acorraladas, violentadas e irrespetadas por sus parejas sentimentales. Por miedo, por apariencia, por vergüenza, por presión, por lo que sea. Recuerden que la verdad no está bajo la luz de estos reflectores, mucho menos de los que se encienden cada vez que estamos rodeados de gente. La verdad está en la intimidad, en lo privado, cuando nadie nos ve y nadie nos contiene. No se puede hablar de proteger a la mujer si primero como sociedad no nos miramos en el espejo para confrontarnos y ser coherentes con la forma en la que nos mostramos ante los demás y con lo que realmente somos. La verdadera ‘crisálida’ es la que viene de una transformación interna genuina, y es de ahí que parte lo que vamos a dar a los demás. Felicito de corazón a esta fundación que de manera incansable acoge y apoya a tantas mujeres que son víctimas de violencia, y espero, que mientras los victimarios asumen las consecuencias de sus actos, sean cada vez más las mujeres que desenmascaren a sus perpetradores. Muchas gracias’.

El auditorio entero aplaudió con mucho entusiasmo a María Clara. Ella solo miraba sonriendo y una vez regresó el silencio, cerró su presentación diciendo:

‘Los dejo con mi esposo, Nicolás Obregón, quien compartirá con ustedes unas breves palabras’.

Se escuchó de nuevo el aplauso. Nicolás subió a la tarima sonriendo, le dio un abrazo a María Clara y cuando se acercó a ella, le dijo al oído: ‘No me retes’.

Ella lo apartó delicadamente simulando un gesto de bienvenida al atril y bajó del escenario. Se sentó en la silla que tenía apartada y cruzó las piernas esperando las dos frases de su esposo.

‘Bueno, como siempre, mi esposa dejó la vara muy alta. Sin duda, es la primera dama que este país merece’.

Hubo otro aplauso y Nicolás le buscó la mirada.

‘Simplemente quiero subrayar el mensaje tan importante que deja María Clara. Ella, que sabe qué significa acompañar y apoyar la carrera de un político que solo busca el progreso y el desarrollo de este país. Por eso no me comprometo solo con la fundación Crisálida Roja, sino con Colombia y con esa verdad de la que ella habla; con la transformación interna como punto de partida, fundamento y en donde nace el objetivo real de conducir este país como se debe: con compromiso y responsabilidad. No descansaré hasta desenmascarar a esos perpetradores que se esconden en la sombra para hacer daño y desestabilizar lo que hemos construido. Gracias a todos, estoy seguro de que unidos vamos a construir país y vamos a llegar a la victoria’.

El largo aplauso acompañó a Nicolás hasta que bajó del escenario, se acercó a María Clara, le dio un beso y se sentó a su lado. El evento siguió con la agenda y en el primer descanso, se pusieron de pie. Nicolás le dijo a María Clara que tenía que irse. Salieron al área donde estaba servido el coffee break. Nicolás pidió un café y solo cuando advertía que lo estaban mirando sonreía y se acercaba a María Clara posando como el esposo ideal.

Una de las mujeres de la fundación le pidió a María Clara que la acompañara para presentarle una persona muy importante, Nicolás le dijo que hablaban más tarde porque se tenía que escapar. María Clara estaba con un grupo de mujeres y de repente se dio cuenta que en el fondo Nicolás estaba hablando con Raquel. Le llamó la atención la forma en la que hablaban. No podía descifrar muy bien la situación. Nicolás tenía una sonrisa un poco maliciosa y Raquel estaba transparente con un gesto perdido. Aunque quiso irse para allá para ver qué estaba pasando, no logró deshacerse de las mujeres que la rodeaban. Al poco tiempo Nicolás se despidió de Raquel y se fue. Su asistente se quedó ahí en silencio y sin moverse. Fue una escena muy extraña. Tan pronto se liberó, fue directo donde Raquel para preguntarle qué había pasado.

‘Hola Raquel, ¿por qué tenías esa cara cuando estabas hablando con Nicolás? ¿Qué te estaba diciendo?’.

Raquel se veía un poco nerviosa, sin embargo, como pudo le contestó a María Clara:

‘No, nada especial. Mejor dicho, sí. Me dijo que si ese era el discurso que yo había preparado. Le dije que sí, pero que tú le habías hecho algunas modificaciones’.

María Clara no quedó tan convencida con la respuesta, pero tampoco tenía razones para dudar de Raquel así que lo dejó pasar. El evento duró hasta el mediodía. Después de despedirse y agradecer, María Clara le dijo a Raquel que se fuera con ella y con el conductor para la oficina, sin embargo, su asistente le respondió que debía hacer una pequeña diligencia relacionada con un asunto personal y que quería aprovechar, pero que ella estaría puntual a las 2:00 p.m. María Clara le dijo que no había problema. Había algo nuevo en Raquel. Se notaba que esa conversación con Nicolás la había dejado alterada, pero no sabía por qué.

En el carro María Clara le daba vueltas al asunto, pensó que Nicolás se había burlado de ella o le había llamado la atención por el discurso, y Raquel no había querido mencionar nada al respecto para no crear un ambiente raro, pero era claro que algo había pasado.

María Clara llegó a la oficina y le entregaron un paquete que había llegado para ella. Lo recogió y siguió para su escritorio. Lo abrió y era un celular con una nota:

‘Hola, acá te mando para que podamos hablar. Préndelo. Hay una aplicación de mensajería que es la única que te va a aparecer en el home. Por ahí nos podemos comunicar sin problemas’.

Juan Manuel le había mandado el celular. Ella lo prendió y tan pronto pudo le mandó un mensaje.

‘Hola, ¿cómo va todo?’.

‘Bien, me haces mucha falta. Esta mañana hablé con tu esposo. No va a ser tan fácil deshacerme de ese chicharrón. Acepté hacer algo para los teléfonos de sus colaboradores, pero estuvo de acuerdo con que se hiciera con su autorización. Mañana voy a la sede con un amigo que trabaja conmigo en estos temas y vamos a hacer las instalaciones de la aplicación. ¿Tu cómo estás? ¿Todo bien?’.

‘Si, todo bien, a excepción de algo que me tiene dando vueltas en la cabeza. Esta mañana en el evento que tenía, Raquel y Nicolás se conocieron y no sé, sentí algo raro. Nicolás primero hizo una cara de asombro, me dijo que creía que la había visto antes, y después dijo que era impresión y durante el break los vi hablando de una manera rara. Me impresionó mucho la expresión de Raquel, parecía asustada. Yo después le pregunté y la sentí nerviosa, me salió con una disculpa, pero no sé, no quedé tranquila con eso’.

Juan Manuel se demoró unos segundos en contestar y María Clara leía: ‘Juan Manuel está escribiendo’ y no enviaba nada. Había una pausa y de nuevo escribía, pero no le llegaba ningún mensaje. Finalmente, después de varios intentos le llegó la respuesta.

‘No sé qué decirte. Tu esposo puede ser muy intimidante y ella no supo cómo reaccionar o se sintió incómoda. No te preocupes por eso. ¿Cuándo crees que nos podemos ver? Esta mañana estuve en la fundación con mi equipo, pero hoy en la tarde seguirán trabajando ellos. No creo que sea conveniente que yo pase mucho tiempo allá’.

‘Si, es mejor. Déjame reviso bien lo que tengo esta semana. De pronto nos podemos ver en el spa que me dijiste. Pero te aviso mañana. Esta tarde voy a estar muy ocupada, tengo compromisos fuera de la oficina’.

María Clara guardó ese celular en uno de los cajones de su escritorio. Siguió trabajando. Pidió que le llevaran algo para almorzar ahí en su oficina, pues tenía unos temas represados y antes de irse quería dejar todo al día. Se le pasó el tiempo. Llegaron las 2 de la tarde. Raquel entró a su oficina y con una expresión similar a la que tenía cuando habló con Nicolás y con la voz un poco temblorosa dijo:

‘Hola, María Clara, ¿será que podemos hablar?’.