La prueba

Era un mensaje de Matías.

‘Hola, Emi, solo quería decirte que no sé por qué esos videos están rodando por ahí. Yo creo que alguien hackeó mi teléfono. Como lo hablamos, era algo entre tú y yo y nadie tenía porqué saberlo. Fue una noche muy bonita la que pasamos y para mí tiene un significado muy importante. Verte tan feliz y a gusto fue lo más lindo para mí. Ya activé los mecanismos para que no se difundan más los videos. No te preocupes que nuestro secreto está seguro’.

‘Mami, ¿qué le respondo? ¿por qué me está diciendo todas esas cosas? Nada de eso es cierto’. – dijo Emilia con la voz temblorosa -.

‘Es una estrategia. Ya debe estar asesorado por alguien. O de sus papás, o de abogados, pero eso no puede provenir espontáneamente de un idiota como él. Esta noche vamos a ir a esa casa y yo necesito verle la cara a esa gente. Tu papá no puede saber nada de esto. Necesito que confíes en mí, Emi. Yo no voy a permitir que estas personas pasen por encima de algo tan delicado y grave como lo que te hicieron. Sin embargo, no los puedo prevenir. Así que no le respondas nada. No, por ahora’.

Emilia miró a su mamá demostrando absoluta confianza en sus decisiones. La abrazó y María Clara le reafirmó su solidaridad y comprensión. ‘Nada te va a pasar, acá estoy yo para protegerte’. – le dijo mientras la sostenía con fuerza -.

María Clara le pidió a Raquel que fuera a su casa porque no pensaba ir a la oficina y había varios temas de los que era necesario hablar.

Tan pronto llegó Raquel la hizo pasar al estudio.

‘Raquel, tengo que hablar contigo de un tema delicado y necesito que me ayudes a prepararme. Presiento que las cosas con Nicolás van a estallar de un momento a otro y tengo que estar lista. Necesito que los mensajes que te ha enviado en donde trata de acosarte, así sea sutilmente, los guardemos en un disco duro. De hecho, creo que podemos usar este teléfono que me dio Juan Manuel. Está encriptado y es un dispositivo seguro. Tengo que reunir pruebas de todo lo que está haciendo Nicolás. Juan Manuel me dio el nombre de una aplicación en donde uno puede grabar las llamadas telefónicas, y las últimas conversaciones que he tenido con Nicolás quedaron registradas. En especial, en donde me cuenta lo que pasó con Matías. Estoy casi segura de que él está involucrado en esa golpiza que le dieron. Aunque se merecen eso y cosas peores, es cierto que nadie, mucho menos un candidato a la presidencia, se puede comportar como un jefe de una banda de sicarios. Todo eso tengo que guardarlo muy bien y necesito que me ayudes’.

Raquel no parecía sorprendida. Ella sabía qué clase de tipo era Nicolás y era obvio que sería capaz de lo peor para conseguir lo que quisiera. Las dos se pusieron en la tarea de reunir los archivos y ordenar todo con fechas para facilitar la cronología de los hechos.

‘Raquel, ¿cuántos encuentros virtuales tuviste con Nicolás? ¿cómo funciona eso?’.  – preguntó María Clara -.

‘Creo que fueron cuatro. Yo nunca lo vi, tampoco sabía su nombre real. Esos hombres, como nosotras, usan nicknames para entrar en las plataformas. El nombre que él usaba era Hades_VIP. La primera vez fue un asistente silencioso a la sala general. La segunda vez ya pidió que yo entrara en una sala privada y ahí ya fue exigente. Poses sensuales, mostrar un poco por acá, por allá, en fin, lo de siempre. Nunca me habló de su trabajo, ni de nada en especial. Fue siempre muy hermético. Iba a lo que iba. Hay algunos hombres a los que les gusta hablar, desahogarse, contar a qué se dedican, por qué entran en esas plataformas. Lo que se siente es mucha soledad. De él nunca sentí nada distinto a un deseo puramente carnal. Las veces sucesivas se comportó de modo un poco más animalesco, pidiendo cosas más explícitas. Era rápido. Se le notaba su naturaleza. Mira, en el poco tiempo que duré como modelo webcam me di cuenta de varias cosas y percibí el lado más oscuro y solitario del ser humano. Si, es un mundo sórdido. No pretendo romantizar esta actividad, pero si la analizas con algo de profundidad, eres capaz de adivinar quién hay detrás de esas pantallas. Para mi Nicolás, siempre fue ese ‘cliente’ que te toca atender porque necesitas el dinero; pero sentía su energía pesada; su modo autoritario, antipático e irrespetuoso. Siento mucho decirte estas cosas, pero a este punto, no me queda otra cosa que ser absolutamente honesta contigo María Clara’.

‘Entiendo perfectamente y te lo agradezco, Raquel. Mentiría si te dijera que me siento cómoda hablando de esto, pero es necesario. Ahora hay varias cosas de las que hay que ocuparse. Para eso Juan Manuel creo que puede ser de mucha ayuda. Necesito saber si él puede tener acceso de alguna manera a esas plataformas para rastrear la IP de donde venían los mensajes de Nicolás con su peculiar nickname. Por otro lado, necesito verificar la cuenta bancaria y ver los extractos. Ahí deben aparecer los débitos para pagar las cuentas de la plataforma. ¿Te puedes encargar de hablar con Juan Manuel y pedirle esos datos? Por otro lado, ¿cómo empezó el acoso?’.

‘Fue en el evento de la fundación Crisálida Roja. No sé si te acuerdas, pero en un momento él me abordó durante el coffee break. Ahí me dijo una cosa como: ‘Entonces toda una ‘Morgana’ convertida en la asistente de mi esposa, pero qué pequeño es el mundo. Yo soy Hades_VIP, querida. Me alegra verte por acá. Seguro que nos vamos a divertir y ahora en persona. ¡Quién se hubiera imaginado esto!’ Yo quedé petrificada. Nunca pensé que algo así podría pasar. Preciso era él. Me asusté mucho porque no sé qué quería hacer con esa información. Después empezó a amenazarme constantemente. Me decía que si no accedía a estar con él te iba a contar todo, que me iba a echar como un perro, que me iba a mandar a la palestra pública, que iba a difundir mi secreto por todos lados, en fin. Me tenía desesperada. Lo único que ayudó fue su agenda tan ocupada. En realidad, ha tenido tantas ocupaciones, que eso creo que fue lo que me salvó. Pero yo ya no podía seguir ocultándote esto. Me estaba volviendo loca. Y si, María Clara, no es algo de lo que me siento orgullosa, pero es que estaba absolutamente agobiada. Mis obligaciones son muchas. Las citas y controles de mi hijo cuestan mucho dinero, sin hablar de lo que cuesta vivir. Pagar arriendo, servicios, comida, en fin, todo. Me enfrenté a unas situaciones indescriptibles en los trabajos cuando me tenía que ausentar porque debía llevar a mi hijo al médico o a lo que fuera. Me echaron de varios sitios por el mismo motivo, y aunque con mucho esfuerzo logré graduarme, no podía alcanzar una estabilidad por mi condición de madre soltera. Además de todo, tú no tienes ni idea de lo que sufrimos las mamás de niños con necesidades especiales. Es un miedo constante, soledad, ansiedad, pero al mismo tiempo, tienes que luchar y seguir adelante porque no tienes derecho a enfermarte, mucho menos a tomarte una pausa. En un país como el nuestro hay todavía mucho desconocimiento, desinformación y, sobre todo, no existen las condiciones para darle una mano a las mamás solteras que tenemos que pasar por este tipo de situaciones. Me vi obligada a hacer eso porque era lo único que me daba flexibilidad, recibía buenos ingresos y podía hacerlo con mis condiciones. Triste, pero fue así. Cuando Juan Manuel me contó de la oportunidad contigo, regresó la esperanza. Pensé que podía ser por fin lo que tanto deseaba para poder seguir con mi carrera. Estaba feliz, me esforcé desde el primer día para hacer mi trabajo con responsabilidad y después pasó lo de Nicolás. Se me cayó todo al piso. En ese momento pensé que no iba a poder tener una vida medianamente tranquila. Se me esfumó la poca fe que me quedaba, pero ¿sabes qué es lo peor? Que ni siquiera en estas circunstancias puedo decir: tiro la toalla. Es que no puedo. Es que no tengo esa opción. A mí me toca seguir. Ya me estaba activando una vez más para mandar hojas de vida y esperar que alguien me diera el chance o me iba a tocar volver a la webcam. He llorado mis ojos, María Clara. Me he sentido horrible contigo. Siento como si te hubiera clavado un puñal, pero yo jamás pensé que la vida me fuera a dar este golpetazo. Tú has sido tan buena conmigo, eres una mujer tan especial, inteligente, justa, que no te mereces nada de lo que estás viviendo y te agradezco por seguir confiando en mí. Te confirmo que lo puedes hacer y que estoy dispuesta a lo que sea para apoyarte en lo que necesites. Conmigo puedes contar’.

‘Raquel, lo siento mucho. De verdad me parte el alma escucharte porque sé que la vida no es la misma para todos y me imagino que te ha tocado muy duro y no soy nadie para juzgarte. Desde el primer momento me diste una excelente impresión y no me equivoqué porque eres impecable en tu trabajo. Te agradezco que me hayas contado estas cosas. Vamos a seguir adelante juntas. Sí te voy a necesitar porque vienen unos días difíciles. Me niego rotundamente a cerrar los ojos frente a un episodio tan grave y doloroso como el que ha tenido que vivir Emilia y no voy a aceptar que la candidatura de Nicolás esté por encima de su bienestar. Estoy dispuesta a todo y voy a necesitar ayuda’.

En ese momento se creó un pacto silencioso, pero muy poderoso. María Clara todavía no sabía el impacto y la importancia que esa conversación iba a tener en los días por venir. Lo único que tenía claro era que necesitaba crear alianzas verdaderas, muchas veces esas son las que hacen la verdadera diferencia.

El día transcurrió en una aparente calma. María Clara y Raquel trabajaron desde la casa. Almorzaron con Emilia. La niña le dijo a su mamá que María José iba a visitarla después del colegio. María Clara sintió alivio. Le dijo que le parecía una estupenda idea y le dijo a Carmencita que les preparara unas onces muy ricas para que compartieran un rato agradable entre amigas. Parecía que efectivamente la difusión del video se había suspendido y poco a poco Emilia recuperaba algo de alegría en sus ojos, aunque comía muy poco y se sentía cansada. 

Hacia las 4 de la tarde María Clara le dijo a Raquel que se fuera porque no sabía a qué hora regresaría Nicolás, pero quería evitar encuentros innecesarios. Raquel se despidió y se puso a disposición en caso de necesitar alguna cosa urgente.

Como a las 6 llegó Nicolás. María Clara se estaba arreglando para la comida. Apenas entró se fue directo a la habitación de Emilia y la encontró con su amiga María José. Las saludó, les hizo algunas preguntas para mostrar simpatía y se fue para la habitación. Se quitó la ropa. Miró de reojo a María Clara y le dijo que se iba a dar un baño y estaría listo en poco tiempo. 

Antes de salir se despidieron de las niñas, de Sebastián y se montaron en el carro. Nicolás se dedicó a hablar por teléfono y María Clara miraba por la ventana en silencio. Algunas de esas calles las había recorrido tantas veces. Pasaron al frente de una panadería que la trasladó a su adolescencia. Recordó los días en los que frecuentaba con sus amigas ese sitio, se reían y disfrutaban de esos momentos sencillos que les traían alegría. Se le rompía el corazón cuando pensaba que su hija estaba atravesando por algo tan doloroso cuando debería estar siendo feliz sin esfuerzo, y en cambio le había tocado vivir algo horrible con tan corta edad.

Llegaron a la casa de los Bustamante. Los recibió Josefina con su gentileza de siempre. Entraron, saludaron y se sentaron en la sala. Nicolás le dio la mano con mucha efusividad a Sinisterra y apenas se sentó sin titubeos preguntó:

‘Bueno, ¿Y cómo está Matías? ¿Supieron qué fue lo que pasó? Sobra decir que estamos tremendamente acongojados con lo que pasó’.

Sergio Bustamante parpadeó nerviosamente y le respondió a Nicolás.

‘Pues lo más importante es que Matías está bien. Los amigos no tanto. Uno de ellos tuvo fracturas graves, y el otro tiene unos hematomas enormes en la cara y el cuerpo. Están en observación. Obviamente ya las investigaciones están en curso porque es inadmisible que agarren a patadas a unos muchachos porque sí. Lo único que sé es que voy a ir hasta el fondo del asunto. Tú sabes bien que tengo todos los contactos y la gente que puede llegar a la raíz de esta atrocidad y hasta allá voy a llegar. El que le hizo esto a mi hijo tendrá que pagar bien caro’.

‘Estoy contigo, Sergio. Yo también por mis hijos muevo cielo y tierra para hacer justicia. A los culpables hay que hacerlos pagar. Lo que necesites me avisas, me pongo a tu disposición’.

Hubo un momento de tensión. Se sintió en el aire. Nicolás continuó.

‘¿Y dónde está Matías? ¿No nos acompaña? Me encantaría saludarlo’.

Josefina se apresuró a responder:

‘Está en la casa de Joaquín. Nuestro hijo mayor. Estas comidas son aburridas para ellos. Ya sabes cómo son estos chicos’.

María Clara no podía dejar de sentir desprecio por esa familia. Pero era evidente que se estaban mandando mensajes entre líneas. Ni siquiera habían preguntado por Emilia. Todo lo que estaba pasando ahí era turbio. 

María Clara le preguntó a Josefina si podía usar el baño. Ella le dijo que claro, y le indicó el camino. Estaba en la mitad de un largo corredor. María Clara decidió seguir derecho como si estuviera buscando algo que ni ella sabía qué era. 

Caminó con el sigilo de un fantasma y sin darse cuenta subió al siguiente nivel, guiada por un instinto puramente maternal. Al final del corredor, una puerta estaba entreabierta. La empujó apenas unos centímetros. Se dio cuenta de que era la habitación de Matías.

El pulso de María Clara se aceleró. Entró rápido, cuidando de no hacer ruido. Sobre el escritorio, sobresalía el desorden típico de un adolescente, papeles, basura, un ipad y en una mesa contigua había una cámara digital réflex negra.

A María Clara se le congeló la sangre. No tenía certezas, pero su intuición le decía que tal vez en esa cámara había algo que le serviría de prueba más adelante. Con el corazón golpeándole las costillas, tomó la cámara en sus manos. Sabía que llevársela sería un error fatal; notarían la ausencia de inmediato. Buscó como pudo la pequeña compuerta lateral, deslizó la tapa con los dedos temblorosos por la adrenalina y presionó. Se escuchó un “clic” seco que en su cabeza sonó como una explosión. La tarjeta de memoria SD saltó. María Clara la tomó y la apretó con fuerza en la palma de su mano.

Justo cuando cerraba la compuerta de la cámara para ponerla donde la había encontrado, escuchó unos pasos pesados subiendo las escaleras, seguidos por el sonido de una respiración fatigada y un quejido ahogado. La voz de un hombre joven hablaba en susurros por teléfono, cada vez más cerca de la puerta.

‘Nada, acá están mis papás en una comida con Obregón. No me puedo aparecer por allá ni a bala porque ese tipo termina de matarme. Ahora lo llamo a ver si tiene noticias de Pedro’.

Era Matías. Y estaba a tres pasos de entrar a la habitación.