La catarsis

Las luces del set se atenuaron un poco y Regina se preparaba para continuar con la entrevista. El productor las interrumpió en ese momento para hacer una pausa. María Clara se puso de pie, se acercaron a una mesa donde habían acondicionado varias cosas de comer y algunas bebidas. Regina se unió y le preguntó a su entrevistada que cómo se sentía.

‘Bien, Regina. Pensé que iba a ser mucho más difícil, pero en medio de todo ha sido una catarsis para mí. Contar esta historia no es sencillo, pero cada vez que pienso en tantas mujeres que tienen que callar por miedo, me animo a seguir’.

Regina sonrió, se giró y llamó a Beta quien había acompañado a María Clara a la entrevista.

‘Ay! Menos mal que me llamaron, pensé que me iban a dejar allá sentada y estoy muerta de ganas de un café. Regina, muchas gracias por este espacio. Considero que has sido muy generosa y has conducido la entrevista de una manera muy profesional. Qué dicha haber venido a estar con María Clara en este momento tan importante para ella’.

‘Mil gracias, Beatriz. De verdad ha sido un placer conocerlas a las dos. Ya estamos llegando al cierre. Nos queda el último impulso y las dejo ir’ – le respondió Regina -.

Pocos minutos después, el productor las invitó a retomar y continuaron con la entrevista.

‘María Clara, ¿cómo hizo para escapar de esa guerra mediática y judicial que explotó en su contra en ese momento? – prosiguió Regina -.

Un suspiro de María Clara fue lo que el camarógrafo encuadró en un primer plano mientras se preparaba para responder.

‘Ese día pude escapar por una puerta trasera de la casa. Me fui con Emilia y dejé a Sebastián con mis papás. Estuve varios días en un apartamento que tenía mi papá en el centro de la ciudad y ahí comenzó el martirio más grande que he tenido que vivir. Fue una batalla legal muy dura. Mientras Nicolás se recuperaba tuve tiempo de reunirme con mis abogados para calcular cada paso que teníamos que dar, pero no fue nada fácil. Sin duda, creo que todo se complicó cuando Nicolás salió de la clínica y dio sus primeras declaraciones a la prensa. Se presentó como un soldado de guerra, como una víctima que había sobrevivido con el propósito de salvar la nación de la maldad y la violencia. Cada palabra que usó, cada cosa que dijo fue absolutamente pensada para hundirme y de esa forma conseguir el respaldo de una multitud de gente. En un primer momento le creyeron y a mí me cancelaron. Pasé de ser la primera dama a ser una bandida y me lo recordaron por meses en las redes sociales, en los medios, eso fue horrible. Pero bueno, después pudimos demostrar con todas las pruebas que habíamos acumulado, los nexos de Nicolás con Los Serranos. Las fotos las filtramos en los medios porque sabíamos que si radicábamos ese material en la Fiscalía se iba a perder’.

‘Esa fue el principio del fin de Nicolás, ¿no?’ – dijo Regina -.

‘Bueno, no diría que fue exactamente así, pero a partir de ahí se le complicaron las cosas. Las pruebas que teníamos eran irrefutables. Después vino la denuncia contra Matías Bustamante y ahí también fue muy duro. Ese muchachito estaba fuera del país y pelear con gente tan poderosa nunca será fácil. Ellos trataron de acercarse para tratar de convencerme de retirar la denuncia, pero yo no contemplé esa vía. Estuve determinada a llevar todo hasta las últimas consecuencias porque no es justo que, como siempre, seamos las mujeres las que tenemos que salir crucificadas después de ser abusadas, maltratadas, menospreciadas. No. Eso para mí era impensable. Después de una lucha muy espinosa, con la denuncia y las pruebas, tuvieron que traer de nuevo a Matías al país y ahora está en la cárcel, a pesar de que la familia hizo hasta lo imposible por darle una detención domiciliaria. Sin embargo, no lo lograron. Para el país quedó claro que Matías Bustamante es un violador y que mi hija fue su víctima. Esperamos que haya aprendido la lección y que cuando salga entienda que ni toda la plata del mundo le va a poder limpiar sus abusos. Esperemos que la oscuridad de esa celda donde hoy está lo haga reflexionar, asuma las consecuencias de sus actos, y se prepare para lo que le espera cuando quede en libertad’.

‘¿Cómo hace hoy en día para hablar de esos temas tan fuertes de la forma que lo hace? Muchas mujeres prefieren callar porque sienten vergüenza. ¿Qué le dio a usted esa fuerza que hoy tiene?’

‘Justamente todo lo que tuve que padecer. Todo el odio, la injuria, los insultos que tuvimos que aguantar. Nicolás nunca pensó que eso que hizo arrastraba también a sus hijos. El acusarme a mí de la forma tan vil como lo hizo, creó un tsunami que nos levantó del piso y nos mantuvo dando tumbos como muebles viejos golpeando contra muros y montañas sin piedad. De esos trastazos fue que aprendí. Me levanté, me limpié las heridas, los moretones y me di cuenta de que todavía estaba viva; que a pesar de esa zarandeada tan brava que me dio la vida estaba en pie y no hay por qué sentir vergüenza. Es que las cifras de mujeres maltratadas y asesinadas por sus compañeros sentimentales son escalofriantes, y no podemos seguir calladas. Estamos en un periodo de transición, Regina. Todavía tenemos mucho en contra. La sociedad está desaprendiendo eso que por siglos se instaló. El discurso machista está apalancado en esta sociedad y es normal que cuando tratamos de hacernos valer, de defender nuestros derechos, nos tilden de locas, no nos bajen de putas, de victimarias, pero es por eso por lo que hay que perseverar. No se puede abandonar la lucha porque en estas victorias se fundamenta la transformación’.

‘Son muchas las mujeres que son víctimas de violencia, pero son pocas las esposas de políticos que se animan a decir la verdad. ¿usted cree que usted es una excepción o es que las otras se quedan calladas?’.

‘Sin duda, no podría generalizar. Estoy segura de que hay muchas mujeres que están casadas con hombres honestos, verticales, que, aunque están dedicados a la política llevan una vida digna y coherente, sin embargo, son muchas, pero muchísimas mujeres, que, como yo, han sido y son víctimas de hombres con ese grado de poder. Lo que pasa es que hay muchos factores que les impiden decir la verdad. Diría que el principal es el miedo. Nadie entiende lo que es estar sometida a una presión constante de un hombre que está a punto de ser presidente de un país o alcalde de una ciudad, o gobernador de una región. Ellos nos necesitan para dar esa imagen de hombre de familia. Uno se convierte en un trofeo de mostrar, y en esa carrera pasan muchas cosas que impiden que uno sea capaz de ver el panorama con perspectiva. Voy a ser honesta, si no hubiera pasado lo de Emilia, no sé si hubiera sido capaz de reaccionar. Y eso es lo que les pasa a muchas mujeres. Estamos tan acostumbradas a aguantar, a ser el apoyo, a ser el bastón, a ser el lado positivo, que atreverse a llevar la contraria o a sentar una posición nos convierte en problemáticas, hormonales o locas. Estamos en una carrera constante en donde nos han enseñado a pelear con nuestra condición porque si dejamos ver con algo de énfasis nuestro sentir, nuestras verdaderas emociones, nos subrayan nuestra biología como si allí naciera la capacidad de reflexionar, de analizar, de poner límites, de decir ‘no’. Por eso entiendo que muchas mujeres que se encuentran en una situación parecida a la mía no se animan a renunciar. Ahora, hay muchos casos en los que esos conflictos se ocultan. Hay matrimonios que están más que acabados cuando esos hombres llegan al poder, sin embargo, las mujeres les ayudan a continuar con el show mientras logran sentarse en el trono’.

‘¿Por qué decidió irse de Colombia? ¿Cómo están sus hijos hoy?’.

‘A pesar de haber demostrado mi inocencia, sentimos que sería bueno irnos por un tiempo, o así lo planeamos al principio. No sería fácil continuar en Colombia después de todo lo que había pasado, en especial para ellos. Fue una decisión muy pensada. Nos sentamos con mis papás, con toda mi familia y obviamente Sebastián y Emilia participaron activamente. Finalmente dijimos que sería por un tiempo. La verdad es que no sabemos si vamos a regresar pronto. Afortunadamente están muy bien. Emilia está convertida en una mujer fuerte, inteligente y muy inquieta. Empezó la universidad con mucho entusiasmo, tiene nuevos amigos y está contenta de ver la comunidad que encontró en este bello país que nos ha acogido con tanto cariño. Sebastián, ni hablar, él siempre ha sido amiguero y gracias a su afición por el fútbol tiene un combo enorme con el que hace muchos planes. Se adaptó muy bien al colegio, y está tranquilo. La verdad me siento feliz de verlos tan acoplados y dispuestos a continuar con sus planes de vida de una manera legítima y auténtica’.

‘¿Y usted? ¿Cómo está? ¿Cómo se siente hoy? ¿A qué se dedica?’

‘Cuando llegué acá me sentía muy cansada. Tuve unos días duros. Pensé que no iba a ser capaz porque empezar de cero es difícil. Sin embargo, el tiempo pasa tan rápido cuando hay tantas cosas que ajustar. Estuve muy ocupada buscando colegios, casa, mejor dicho, construyendo una nueva estructura para poder habituarnos y volver a encontrar un lugar en el mundo. Cuando tenía pausas me derrumbaba. No es fácil recordar y hay que hacer mucha terapia para no cargar esos ladrillos encima y seguir adelante. Hoy me siento mucho mejor, más liviana, más yo. No puedo negar que ver a mis hijos bien, felices, tranquilos, me da toda la energía para continuar. Con la experiencia que tuve por años con la fundación en Colombia, me puse en la tarea de ver cómo podía crear una acá y lo logré. Me encanta la idea de haber establecido un lugar en donde se transforma el dolor en justicia; un centro dedicado a la protección y empoderamiento de mujeres víctimas de violencia, donde les ayudamos a romper las cadenas del miedo que una vez nos mantuvieron presas. Estoy dedicada a este proyecto y bueno, hay muchas cosas por hacer y varios planes por desarrollar. Vamos un día a la vez, pero con paso firme’.

‘¿Cómo quedaron las mujeres que le ayudaron? Carolina y Raquel’.

‘Bien. Afortunadamente ellas también fueron muy fuertes. Carolina, al igual que otros empleados de Nicolás, testimoniaron para contar los abusos y el maltrato al que fueron sometidos mientras trabajaron con él, y eso será algo que siempre voy a reconocer, en especial con Carolina. Tengo mucho que agradecerle a ella porque se convirtió en una aliada. Ambas pudimos ver más allá. Logramos identificar lo que era realmente importante en lugar de hacernos zancadilla. Lo menciono porque en otras circunstancias, dos mujeres que se encuentran en ese plano se atacan, se agreden y se culpabilizan mutuamente porque los egos y la competencia nos lleva a la ceguera. En este caso, debo subrayar la valentía y la humildad de las dos para unirnos con el fin de orientar la atención y la justicia donde debía estar: en el victimario. Y, ¿qué decir de Raquel? Una mujer extremadamente valerosa, una guerrera leal. Las dos saben que en mí tienen una amiga. Pronto van a venir a visitarme y eso me tiene dichosa. Las dos están trabajando en la Fundación de mi familia. Raquel es la nueva directora y está haciendo un trabajo increíble, y Carolina está a cargo de los nuevos proyectos y las relaciones interinstitucionales. Las dos son excelentes profesionales. Aprendimos mucho de esta etapa juntas. A las tres la vida nos pegó una sacudida que afortunadamente nos dejó solo lecciones para aprender y una muy bonita amistad. Las admiro, las respeto y las quiero. Se convirtieron en dos personas muy importantes en mi vida. Me alegra verlas bien, victoriosas, trabajando y sacando adelante sus proyectos’.

‘María Clara, tengo que preguntarle por Juan Manuel. Yo sé que es indiscreción, pero ¿qué pasó con él? ¿están juntos?’.

‘(risas y un largo suspiro) Juan Manuel está bien. También está acá conmigo. No estamos viviendo juntos. Él quiso venirse un tiempo. Tiene la gran ventaja de poder trabajar desde donde sea, así que también dio el salto. Solo puedo decir que estamos tomando las cosas con mucha calma. Para mí lo más importante son mis hijos y eso es algo que él tiene muy claro, sin embargo, también soy consciente de que no debo cerrar las puertas a las nuevas oportunidades. Voy a mi ritmo, pero estoy contenta y tranquila, que es lo que más me gusta’.

‘Qué bueno, me encanta verla así. ¿Y Nicolás?’.

‘Bueno, Nicolás obviamente tuvo que renunciar a su candidatura. Ganó su opositor porque sin duda, ese escándalo debilitó al partido, y eso fue trágico en todo sentido para él. El continúa con su defensa y con los líos jurídicos negando hasta la muerte los nexos con Los Serranos, las acusaciones de maltrato y abuso de sus empleados y las mías, sacando cuanto alegato hay para salir impune de todo esto y le soy honesta, si yo pudiera quitarme de encima ese tema de por vida, lo agradecería mucho. El caso de Nicolás Obregón y su libertad no muestran otra cosa diferente a lo que ya sabemos: lamentablemente la justicia en nuestros países es para quienes no tienen cómo pagar los mejores abogados, o sea, para los pobres. La situación económica de su familia no es la mejor y me imagino que está agotando hasta la última gota de recursos que tiene para no tener que pagar por lo que hizo, amanecerá y veremos. Mis hijos en este momento tienen un contacto muy limitado con él, y esa es una decisión de ellos. Los padres somos los que nos encargamos de construir la relación que queremos con nuestros hijos, y él ha tomado decisiones en donde se ha puesto en primer lugar, así que las consecuencias de eso se verán más adelante’.

‘Para terminar, María Clara, ¿qué le quedó de toda esta experiencia?’.

‘Aparte de lo que aprendí como mujer, como ser humano, hay algo que me quedó clavado en mi pecho y va a ser para siempre. Nunca, pero nunca, se puede ver a un político, sea del partido que sea, como un dios, como un salvador, como un superhéroe. No se debe endiosar a un político jamás en la vida, mucho menos rasgarse las vestiduras y defenderlos como si fueran perfectos. El papel de los ciudadanos es ser veedores. Claro, nosotros tenemos el derecho de votar y lo hacemos con convicción, nos informamos, investigamos, leemos los programas de gobierno y sus propuestas y al final tomamos la decisión basados en lo que más se ajuste a nuestras expectativas, pero no se puede depositar una fe ciega en unos hombres que cometen errores, que tienen defectos, que están lejos de tener vidas perfectas. Y voy más allá, en nuestros países es muy complejo hacer política. Si la gente se enterara de los acuerdos, de las alianzas, de las promesas, de las reuniones, de cada conversación, de cada centavo que se recibe y se invierte, de los pactos con el diablo que hay que hacer, estoy segura de que se espantaría. Estos países en donde las brechas entre ricos y pobres son tan grandes, en donde hay narcotráfico, grupos armados al margen de la ley, economías precarias, altísimos niveles de corrupción, es impensable creer que existen los salvadores. Los gobernantes no son rock stars y los ciudadanos no somos fanáticos. En las manos de los líderes políticos está el progreso de un país, por eso es que la gente tiene que aterrizar y dejar de pensar que los discursos están llenos de verdad y que las promesas son desinteresadas. Los ciudadanos debemos ser más vigilantes, más agudos a la hora de elegir y así gane el que nos guste, tenemos el deber de actuar como cuidadores y si se llega a equivocar, pues que le caiga la justicia con todo el peso, pero es que cuando uno venera a esta gente, parece que se le olvida el objetivo y le perdona los delitos y los crímenes solo porque votó por él. Así no funciona una verdadera democracia, por eso es que ellos se aprovechan, por eso es que se ríen de nosotros, nos usan, nos manipulan, nos mangonean, nos hacen creer que unos son mejores que otros, nos dividen y nos dejamos confundir. Al final yo estoy convencida de una cosa: probablemente es más lo que nos une. Son más los hilos que, aunque invisibles, nos conectan, nos rodean y nos envuelven. Pero estamos distraídos mirando hacia donde no hay luz; donde el eco no es más que una repetición de palabras sin significado, sin peso, sin razón. Sería lindo despertar, mirarnos a los ojos y encontrarnos en lo profundo; ahí donde somos iguales’.

‘Mil gracias, María Clara. Ésta, sin duda, ha sido una de las entrevistas más significativas para mí como periodista. Gracias, no solo por aceptar, gracias por su ejemplo, por su valentía, por su honestidad. Le deseo lo mejor en esta nueva etapa de su vida. Lo merece’.

María Clara se levantó de la silla, le dio un abrazo a Regina, se despidió de todo el equipo. Cogió su cartera, y salió del estudio en compañía de su tía Beta.

‘¿Cómo te sientes, Mária? Mucha berraca, todo salió super bien’. – le dijo Beta abrazándola -.

‘Me siento lista para lo que venga. Me quité una tonelada de mis hombros. Me siento orgullosa de mí. Gracias por estar acá, Beta’.

‘Vamos a tomarnos un tequila y que siga la fiesta’.

FIN