La espía

‘¡Carolina! ¿Qué está haciendo?’ – preguntó María Clara bastante alterada -.

La secretaria de su esposo soltó la cartera de María Clara asustada y la dejó donde la había encontrado, se giró con el rostro totalmente enrojecido y con las manos temblorosas.

‘María Clara, perdón, perdón, perdón, es que Nicolás me dijo que…’.

Carolina se dejó caer en la silla y se puso a llorar de manera incontrolable. Se cubría el rostro con las manos y no dejaba de sollozar sin poder dejar una sola palabra de su boca. María Clara le pidió que se calmara. Llamó a Raquel a la sala de juntas y le dijo que por favor le trajera agua urgente a su oficina. Carolina poco a poco iba recuperando la compostura, pero solo fue hasta cuando Raquel le acercó el vaso de agua que dejó ver sus ojos hinchados y llenos de lágrimas. María Clara le pidió a Raquel que las dejara solas y que la disculpara con Juan Manuel.

‘Carolina, ¿qué pasa?’.

‘María Clara, ¡qué vergüenza! Nicolás me pidió que viniera a buscar una cosa en tu cartera o en tu oficina. Te suplico que no le vayas a contar que me viste. Estoy segura de que me echa inmediatamente. Por favor. Le puedo decir que no encontré nada, pero por favor no le digas nada’.

‘¿Qué cosa estaba buscando, Carolina?’.

‘Nicolás solo me dijo que era una memoria de una cámara digital. Esta mañana estábamos en la oficina y recibió una llamada de Sergio Bustamante. Después de hablar con él me ordenó venir hasta acá para buscar en tu cartera o en tu abrigo esa memoria. Yo no sé de qué se trata. Solo me dijo que era muy urgente y que tú no podrías sospechar nada. Aprovechó que los documentos de la compraventa estaban listos, y aunque no era una cosa para hacer hoy, me dijo que los trajera como excusa. Me da tanta vergüenza haber caído tan bajo, María Clara, perdóname, por favor’.

‘¿Y si le da tanta vergüenza entonces por qué lo hace Carolina? ¿Qué es lo que pasa con Nicolás que se siente obligada a hacer esta clase de cosas? Yo no sé de qué memoria está hablando él, no tengo ni idea por qué lo pudo llamar Bustamante, tampoco le voy a decir nada a Nicolás, pero necesito que sea sincera conmigo, Carolina. Yo no puedo creer que usted trabaje con este pánico y que esté dispuesta a hacer algo semejante. Me imagino que sabe que, si yo quisiera, podría llamar a la policía y decir que estaba intentando robarme ¿no?’.

‘Ay! No, María Clara, yo jamás haría una cosa así. ¿Robar? ¡Por Dios! Traté de decirle a Nicolás que yo no era capaz de hacer esto y me amenazó. Hasta me dijo que entonces le iba a tocar contratar a un par de tipos para fingir un atraco y coger tus pertenencias’.

‘¿Qué cosa? Pero ¿qué es esto? ¿Qué es lo que le pasa a Nicolás? ¿Cómo es posible que se le pase por la cabeza una cosa tan horrible? Carolina, vamos a tener que hablar con toda sinceridad. A mi me mandaron una foto hace un tiempo en donde usted está en una situación muy comprometedora con Nicolás. ¿Usted tiene algo con él? ¿Está enamorada?’.

Carolina bajó la mirada. Esperó  unos cuantos segundos en silencio y mirando a María Clara le respondió con la voz temblorosa.

‘No, no estoy enamorada de él y sé perfectamente cuál es la foto. Me la tomó Juan Carlos, uno del staff. Él y yo nos volvimos muy amigos y sabe cómo me trata Nicolás. Ese día me tomó esa foto, después me la mostró y me dijo que tenía que cuidarme más porque si él había podido tomarla, cualquiera lo hubiera podido hacer y era peligroso. Le dije que me la mandara y que la borrara’.

‘¿Entonces él fue quien me la envió?’.

‘No, fui yo. Pensé que esa podía ser una forma de quitarme el acoso de Nicolás de encima. Yo sabía que era arriesgado, pero es que estaba tan desesperada, que se me vino a la cabeza que, si te mandaba esa foto, él iba a dejarme en paz y las cosas empeoraron. Le empezó esa obsesión con lo de chuzar los teléfonos de todos y ahora anda detrás de mí preguntándome si he notado algo extraño, quiere saber dónde está todo el mundo, qué hace, a qué hora entran o salen. No duda de mí porque es evidente que alguien tomó la foto, pero está insoportable con ese tema. Obviamente me tocó quedarme quieta. Nicolás es un hombre tenaz. Nos trata horrible en la oficina, nos grita, nos humilla, a mi me pega unos berridos impresionantes, pero cuando se le da la gana me manosea, me coge, me llama a la 1 de la mañana y me obliga a hacer video llamadas, a veces sale de la oficina y llega a mi casa a las 11 de la noche para estar conmigo. María Clara, yo sé que es difícil de entender, pero es que no sé cómo salirme de ahí. Él me ha prometido muchas cosas si llega a ser presidente, y hablo de trabajo y yo vivo de mi sueldo. Mi mamá está enferma y soy la única en mi casa que tiene las condiciones para poder ayudarla. Mis hermanos lamentablemente no viven acá en Colombia y no pueden colaborar por cosas que no vienen al caso. El punto es que, por un lado, me siento atada porque no puedo quedarme sin ingresos, y por otro, él me amenaza, me dice que si me voy, se va a encargar de que no me vuelvan a contratar en ninguna parte. Me tienen convencida de que él es el único que se aguanta a una inútil como yo, que soy una bruta, en fin, estoy corriendo un riesgo muy alto al contarte todo esto, pero me siento más liviana. Es que no puedo más con esta angustia. El me da pánico. Es un hombre tan hostil, tan cruel, que sinceramente ahora que estoy diciendo estas cosas en voz alta me doy cuenta de todo lo que he soportado. Fueron muchos años en los que él se comportó muy decente. Pero ha tenido una transformación que nadie se puede explicar, y da miedo’.

A esas alturas, María Clara sabía perfectamente que Carolina estaba describiendo a ese monstruo que ella misma veía desde hace un tiempo. No tenía por qué dudar y sintió pena por ella. La vio en una situación de vulnerabilidad extrema y en una posición de la que muy difícilmente se podría liberar. Entendió que tenía que estar muy desesperada para abrirse de esa manera con ella y supo que tenía que darle una mano.

‘Carolina, siento mucho lo que ha tenido que sufrir por culpa de Nicolás. Sé que lo que me dice es verdad porque yo también he sido víctima y sé de más personas que han caído en esas garras. Yo la puedo ayudar si confía en mí, pero nos toca hacer las cosas con prudencia para que él no entre en cólera’.

‘Gracias, María Clara, estoy dispuesta a hacer lo que me digas con tal de poder salir de ahí. Por ahora, lo más prudente, es que me devuelva a la oficina. Le puedo decir que no encontré nada, pero ¿puedes firmar los documentos? ‘.

‘No. Los documentos no los puedo firmar. Dígale que no tuve tiempo para revisar con atención la promesa, que yo le dije que se fuera, que revisó mi cartera, mi abrigo, mis cajones porque yo estaba en una reunión, y no encontró nada. No le diga que Juan Manuel estaba acá para evitar preguntas innecesarias y dígale que me puse histérica porque trató de presionarme para firmar, así él va a quedar tranquilo pensando que usted hizo su trabajo como estaba pactado y fui yo la que no obedecí sus órdenes. Consiga un teléfono celular prepago para que nos podamos comunicar. Cuando lo tenga me avisa a través de un mensaje’.

Carolina estuvo de acuerdo. Su expresión cambió radicalmente. Sus hombros se dejaron caer y aunque todavía tenía el rostro congestionado, una luz interna parecía que le había cambiado el gesto y recuperaba un poco su propio ser. Se le sentía más tranquila. Se despidieron.

María Clara se fue corriendo para la sala de juntas y les contó todo a Juan Manuel y a Raquel. Era claro que los Bustamante estaban buscando la tarjeta de la cámara de Matías y uniendo puntos, concluyeron que ella podría haberla sacado en ese momento en el que supuestamente había ido al baño.

‘Pero, es apenas una sospecha, María Clara. Ellos no tienen ninguna prueba. Lo que me aterra es que Nicolás esté dispuesto a todo para proteger a ese muchachito’. – dijo Raquel -.

‘A no ser que tengan cámaras en la casa’ – dijo Juan Manuel -.

‘Si lo pensé, pero hasta que no me muestren un video, yo no tengo por qué aceptar absolutamente nada. Es más, creo que si tuvieran la prueba, Nicolás ya estaría acá diciéndome en la cara que devolviera esa cosa. Lo mejor es que te vayas ya, Juan. Acabemos esta reunión. Haz lo que tengas que hacer. Yo me voy para mi casa para estar pendiente de Emilia, y nos seguimos comunicando para ver cómo avanzamos con todo esto. La cita con la ginecóloga es mañana. Hay que estar muy alertas con cualquier cosa que pase. Raquel, por favor avísame si ves algún movimiento extraño’.

Todos se despidieron y quedaron de acuerdo en los pasos a seguir.

María Clara camino a su casa, recibió un mensaje de Beta diciéndole que hace días no hablaban, quería saber cómo estaba y si tenía tiempo para un café. Tuvo el impulso de escribirle y contarle lo que había sido su vida en los últimos días; sentía la necesidad de desahogarse con alguien de su familia, pero prefirió esperar un rato. Pensó que apenas llegara le iba a preguntar a Emilia si le gustaría que invitara a la tía Beta a tomar onces a la casa. Emilia la adoraba y la hacía reír, de pronto podría ser una visita terapéutica, que al final ambas necesitaban.

Abrió la puerta, saludó a Carmencita, le preguntó si había alguna novedad, y como no encontró ninguna noticia relevante, subió las escaleras. Desde abajo empezó a llamar a su hija anunciando su llegada. ‘Emi, ya llegué’. No tuvo respuesta. Se fue directo a la habitación de la niña, abrió la puerta y no estaba en la cama ni en el escritorio. Se acercó a la puerta del baño, que estaba entreabierta, dio tres golpes. ‘¿Emi?’. Nadie respondió. Decidió abrirla y nunca hubiera pensado que se iba a encontrar un cuadro más desolador en toda su vida. María Clara sintió que su corazón iba a dejar de latir en ese preciso instante’.