La ira
Nicolás se volteó a mirarla fijamente con una expresión de cansancio.
‘Ahora no me vayas a salir con que no estás de acuerdo con la venta del apartamento que no tengo tiempo para esas bobadas. Ya fue demasiado el hecho de que hayas devuelto a Carolina sin esos papeles firmados’.
‘Emilia está embarazada, producto de esa violación en la finca de los Bustamante’.
Nicolás se desencajó. Sus pupilas se dilataron tanto como el grito que pegó apenas María Clara le dio la noticia.
‘¿¿¿Qué cosa??? ¿Embarazada? ¡No puedo creer esta maldita suerte! ¿Estás segura?’.
‘Si. Ella se hizo una prueba acá y en la tarde fuimos donde la ginecóloga quien confirmó el resultado. Entenderás que Emilia está asustada, confundida, no sabe qué hacer. Ahora está descansando’.
¿Cómo que no sabe qué hacer? ¿Es que están locas o qué? ¡Tiene que abortar ya mismo! ¡Dizque confundida! Tiene 16 años y yo estoy en plena campaña. ¿Te imaginas el impacto que esto puede traer a estas alturas?’.
‘Nicolás, te tienes que calmar y ser consciente de la gravedad de esta situación. A tu hija la violó un grupo de criminales, y gracias a ese delito, ahora ella está embarazada. Lo que importa acá es ella. Nadie dijo que vamos a salir a gritarlo a los cuatro vientos, pero la prioridad es Emilia. Hay que entenderla, acompañarla y no asustarla más de lo que está. Yo denunciaría mañana mismo a ese muchachito en la Fiscalía. El informe de la doctora dice que hay lesiones claras que todavía no han sanado y corresponden con un acceso carnal violento’.
‘Tú eres abogada, María Clara, o bueno, eso dice tu cartón, porque parece que se te olvidó cómo funciona el mundo real. Si hacemos eso, a Emilia la van a crucificar, van a decir que es una puta, que se regaló, que fue consentido, como se ve en esos videos, y no va a ser fácil demostrar lo contrario. Y, por otro lado, esa familia se me va a venir encima, me quitan el apoyo y adiós presidencia. Eres tú la que debe pensar las cosas con inteligencia y de manera estratégica si de verdad te importamos tu hija y tu esposo. ¿Vas a hacer pasar a Emilia por una cosa tan traumática como esas cuando tiene todas las de perder?’.
‘¿Y tú le vas a ordenar que tiene que ir a abortar y en tus discursos dices que eres un provida? ¿Qué incoherencia es esa? Y si ella quisiera tener ese bebé, ¿qué?’.
‘Pero ¿cómo va a tener un hijo si apenas está empezando a vivir? ¿Y entonces voy a resultar con una adolescente embarazada frente a un país? Es que definitivamente se te quemaron las neuronas. Yo te dije que me voy a hacer cargo de ese maldito desgraciado, pero en este momento no puedo’.
‘¿Cómo? ¿Mandándolo matar como hacen los criminales? ¿Tan bajo has caído? ¿Ahora resuelves los problemas cual capo de banda de narcos? ¿En qué te convertiste?’.
‘No te atrevas a insinuar semejantes cosas, no seas tan estúpida. Yo tengo mis métodos, y seguramente funcionan mucho mejor que ir a una fiscalía a poner una denuncia. Emilia tiene que abortar ya mismo. Nos quedan muchos encuentros, eventos, fotos, entrevistas. Eso hay que resolverlo como sea. Yo tengo un ginecólogo de toda la confianza que nos puede garantizar extrema confidencialidad porque de esto no se puede enterar nadie y nos quitamos ese problema de encima’.
‘Problema que se originó gracias a ti. Fuiste tú el que le dijiste que se quedara en esa maldita finca esa noche. Tú con tu ambición entregaste a tu hija como una presa a una jauría de leones para que se aprovecharan de ella como si fuera una cosa. Es que se me revuelve el estómago de pensar que te llenas la boca hablando de los derechos de las mujeres, de la igualdad, y de no sé cuántas estupideces y mira cómo reaccionas cuando se trata de tu propia hija’.
Nicolás estaba listo para responderle a María Clara, pero en ese momento le entró una llamada y tuvo que contestarla. Se fue para el walk-in closet y se quedó allí hablando. María Clara mientras tanto se sentó en la cama pensativa con la reacción de Nicolás. Sabía que tenía razón cuando decía que no sería un proceso fácil para Emilia. Era cierto que la iban a acusar; probablemente iban a poner en duda sus valores, sus principios, insinuarían que ella provocó esa situación. Afrontar señalamientos de esa índole sería algo que nadie, mucho menos una adolescente, podría capotear manteniéndose firme para resistir los dardos que le lanzarían durante el proceso. Pero al mismo tiempo, reconocía que era muy importante la lucha por la justicia. Eso le enseñaría a ella que no tiene por qué huir y dejar que otros la revictimicen por miedo.
Mientras hacía esas reflexiones se daba cuenta que su afán de indicarle a su hija el camino de hacer valer sus derechos era algo que ella no estaba haciendo. Había dejado que Nicolás la pisoteara, pasara por encima de ella, le faltara al respeto y por ese mismo miedo que estaba sintiendo Emilia, se había paralizado. Se sentía maniatada y acorralada. Por más de que estuviera reuniendo las pruebas contra Nicolás, no sabía si iba a ser capaz de reivindicarse con ella misma, y abandonar a un hombre que la estaba maltratando y la estaba arrastrando a un submundo al que no pertenecía. Eso la hizo cuestionarse y pensó que no podía presionar a Emilia, aunque ella tuviera todo el deseo de encarcelar a esos criminales. No podía poner a su hija por encima de su ira y su deseo de venganza. Primero tendría que resolver su situación. Por primera vez María Clara pensó muy en serio en la posibilidad de escapar de esa vida y alejarse del todo de Nicolás a sabiendas de que lo que se vendría era un verdadero tsunami.
Nicolás seguía hablando. Tomó su celular y le mandó un mensaje a su tía Beta preguntándole si tenía tiempo al día siguiente porque necesitaba hablar con ella. Ese fue el primer paso. Tenía que contarle a alguien de su familia todo lo que estaba pasando. Se puso de pie y buscó en su cartera el celular que le había dado Juan Manuel. Lo sacó y encontró un mensaje de él.
‘Hola, ya hice todo lo que tenía que hacer. Me disculpo de antemano contigo porque vi los videos, y son muy fuertes, y aunque Emilia ‘parece’ despierta, son más los momentos en los que se ve semi desmayada. De verdad lo siento mucho. Hay que hacer lo que sea para que ese imbécil pague. ¿Cuándo tienes tiempo para que nos veamos o hablemos y me cuentes cómo van las cosas?’.
A María Clara le hirvió la sangre cuando leyó ese mensaje. Ahí estaban las pruebas y no podía permitir que esa gente se saliera con la suya. Le respondió.
‘Vamos hasta el final con esto. Lo último que pasó es que Emilia está embarazada para completar la tragedia. Ahora no puedo hablar, pero cuando tenga la oportunidad te aviso para que me llames. Estoy desesperada’.
Guardó el celular con las manos temblorosas y cuando estaba acomodando su cartera, regresó Nicolás y con el rostro endurecido y los nudillos blancos mientras empuñaba con fuerza el teléfono en sus manos le dijo casi sin abrir la boca.
‘Estaba hablando con Sergio Bustamante. Me tiene mamado preguntándome por una tarjeta de memoria que se perdió de la cámara de Matías. ¿Tienes algo qué decir al respecto?’.
María Clara sintió un vacío que la atravesó entera, pero manteniendo una actitud tranquila, le respondió.
‘¿Y qué quieres que diga? ¿Que lo siento mucho? ¿Qué tengo que ver yo con ese tema?’.
‘María Clara, no me hagas perder la paciencia. Sergio me ha sugerido de todas las formas que tú te demoraste mucho cuando fuiste al baño. No te pongas a jugar a la heroína que sabes perfectamente que vas a salir mal librada de esto, y la más perjudicada sería Emilia. ¡Devuélveme esa maldita cosa o te vas a arrepentir el resto de tus días! ¿La tienes ahí en tu cartera? ¿Me va a tocar esculcarte todo? ¡Es que no tengo paciencia ni tiempo para estas huevonadas, carajo!’.
Nicolás alzaba cada vez más el tono y María Clara, a pesar del miedo que le producía ver a su esposo enfurecido, trataba con todo su ser de mantenerse tranquila. Pensó que si descubría el celular estaba perdida; el miedo se apoderó de ella, pero reaccionó.
‘¿Me estás amenazando? ¿Me vas a mandar los sicarios a mi también? ¿Tú crees que te tengo miedo? ¿Prefieres proteger a un delincuente antes que a tu hija y a tu familia? ¡No seas tan cínico!’
Nicolás no se pudo contener y cuando menos pensó, levantó su mano y le pegó una bofetada a María Clara. En ese momento todo se rompió. Frente a los ojos de ella todo pasaba en cámara lenta. Del golpe, perdió el equilibrio, pero se alcanzó a apoyar en la mesa donde tenía su cartera. El se quedó inmóvil por un par de segundos, pero rápidamente reanudó su caudal de acusaciones.
‘¿Te das cuenta lo que ocasionas con tu comportamiento errático? Es culpa tuya si me pongo de esta manera. Desde que estoy en esta campaña no has hecho otra cosa que obstaculizar todo, me cuestionas, me criticas, me acusas, pareces mi enemiga. Cualquier mujer en el mundo desearía estar en tu lugar, pero para ti nada es suficiente. No has entendido que todo lo que hago es por ustedes. Eres una maldita desagradecida. Una egoísta y desleal’.

María Clara tenía los ojos llenos de lágrimas y mientras seguía allí de pie casi que, custodiando su cartera, se balanceó con su mano en la mejilla tratando de tapar el dolor que le había causado ese hombre que ella había escogido para casarse. Estaba aterrorizada y no podía recobrar los sentidos. Nicolás se movió hacia un lado y los ojos de María Clara se abrieron y su gesto de desolación cambió por uno de vergüenza y conmoción. Nicolás se giró. Los dos quedaron mudos cuando vieron quién estaba frente a ellos.
