El desangre

María Clara y Beta se pusieron de pie inmediatamente y salieron corriendo del café. Le acababan de hacer un atentado a Nicolás y la noticia estaba en todos los medios de comunicación.

El teléfono de María Clara empezó a timbrar de manera incesante. Mensajes y llamadas invadieron los dispositivos de Beta y el de ella. María Clara llamó a Carolina, quien le confirmó que lo estaban trasladando a la Clínica Virrey en una ambulancia. Wilson se dirigió hacia allá y en cuestión de minutos que parecieron horas, ya estaban en la puerta principal. Al poco tiempo escucharon las sirenas y todo el despliegue de camionetas y carros de la policía que entraban por Urgencias. Ellas entraron detrás tratando de entender lo que había ocurrido. Carolina se bajó de una de las camionetas y mientras entraban a Nicolás en una camilla velozmente, su secretaria se acercó a María Clara temblando.

‘¡María Clara, qué cosa tan horrible! Nunca me imaginé lo que se siente cuando uno está al frente de una persona a la que le hacen un atentado. Él estaba en la tarima dando su discurso, aparentemente todo estaba normal. Las personas de seguridad estaban en sus posiciones, había policía, pero es que el parque estaba lleno. Era impresionante la cantidad de gente. De un momento a otro escuchamos un estallido. Yo pensé que era pólvora y me giré hacia un lado, cuando volví a mirar la tarima, ya estaban cogiendo a Nicolás y lo alcancé a ver ensangrentado. Hicieron dos disparos, y después de eso fue una confusión horrible. La gente corría, gritaba, otros se acostaron en el piso, algunos pasaron por encima de la gente que se agachó. Fue en cuestión de segundos que lo llevaron hasta la ambulancia, yo corrí hacia donde estaba el jefe de seguridad, y me dijo que me subiera en la camioneta. No sé ni cómo, ni en qué momento salimos todos a la velocidad de la luz de ese barrio. Es que no puedo creer, no tengo claridad de los hechos. Le pedí al jefe de seguridad que me dejara venir a hablar contigo para explicarte lo que pasó, pero también porque necesito entregarte el celular prepago desde el que te envié las fotos. Ya van a crear un puesto de mando unificado acá en la clínica y nos van a interrogar y nos van a exigir que entreguemos los dispositivos y yo no puedo entregar éste’.

Carolina disimuladamente sacó el celular prepago de su cartera y María Clara lo cogió con presteza y lo metió en la cartera. Las dos se miraron a los ojos y se despidieron momentáneamente.  María Clara se acercó a la recepción que estaba en el área de urgencias para preguntar si podía hablar con algún médico y saber en qué estado se encontraba Nicolás. Le explicaron que ellas no estaban autorizadas para dar ninguna información, pero que seguro el médico saldría tan pronto supiera cuál es la situación. En la clínica se creó una gran revolución y fue en cuestión de minutos que empezaron a llegar políticos, miembros del staff que no estuvieron en el parque, la prensa, familiares. Tuvieron que activar protocolos de seguridad inmediatos con el fin de bloquear las entradas y proteger a la familia más cercana.

Beta y María Clara atendían llamadas de unos y de otros mientras esperaban cualquier razón. Era tanta la consternación, que perdieron la noción del tiempo. Los papás y la hermana de María Clara llegaron a acompañarla, así como los papás de Nicolás. Finalmente salió un médico para contarles qué le había pasado.

‘Buenas tardes, gracias por la paciencia, pero hasta no tener claridad del estado real, no podía salir a dar un parte médico. En especial, porque tuvimos algunas situaciones que requerían atención inmediata. Entonces, el primer disparo le dio en el hemitórax izquierdo, justo un par de centímetros por debajo de la clavícula y hacia el costado. La bala esquivó milagrosamente la arteria aorta y el corazón, pero fracturó la tercera costal y atravesó el lóbulo superior del pulmón izquierdo. El segundo disparo le rozó el hombro derecho, causando una herida abierta en las partes blandas con mucha pérdida de sangre, pero sin comprometer huesos ni articulaciones. En este momento le están practicando una cirugía de tórax abierta, se pudo controlar la hemorragia del pulmón, va a ser necesario ponerle un tubo de tórax con el fin de permitir el drenaje de agua y sangre, esto ayuda a que el pulmón se infle nuevamente y hay que suturar el hombro. Como se pueden dar cuenta, no fue algo menor, sin embargo, hubiera podido ser mortal y hasta ahora está respondiendo satisfactoriamente. Es un hombre joven y tiene muchas posibilidades de salir adelante’.

‘Doctor, ¿y después de la cirugía qué sigue? ¿cuál es el procedimiento?’ – preguntó María Clara nerviosamente -.

‘De ahí pasará a la unidad de cuidados intensivos seguramente. Tendremos que intubarlo y tenerlo en coma inducido para que se recupere del trauma. Las siguientes 48 horas serán decisivas, esperemos que todo fluya de la mejor manera y no se presente ninguna infección. Ahora, me retiro porque debo regresar al quirófano, cuando terminemos les aviso. Por favor les pido que hablen con el director de la clínica para manejar el protocolo interno relacionado con el parte médico de la clínica para los medios porque en este caso es necesario hacerlo de manera oficial con el fin de evitar especulaciones y mal manejo de la información’.

María Clara le agradeció al médico y el jefe de debate le dijo que él se ocupaba del tema de los reportes para los comunicados de prensa. En ese momento, se acercó el jefe de seguridad a María Clara y le dijo que tenía que hablar con ella. Ella aceptó y se apartaron del grupo para hablar en privado y la llevaron por uno de los corredores de la clínica con policías y hombres de la fiscalía.

‘Señora María Clara, me da pena molestarla en estas circunstancias. Yo me imagino que ustedes están muy nerviosos con lo que le acaba de pasar al Doctor Obregón, sin embargo, debe entender que tenemos que movernos rápidamente y es urgente interrogar a la gente más cercana al doctor, y en especial, necesitamos los dispositivos. Usted no está obligada, por supuesto, sin embargo, recomendamos vivamente colaborar porque cualquier comunicación o mensaje en este momento es vital. Por tal motivo, quisiera pedirle su teléfono. Por ahora, no le vamos a quitar más tiempo porque sabemos que querrá estar allá pendiente de lo que digan los médicos, pero sería de mucha ayuda si nos presta su celular’.

María Clara respiró profundo. Tenía tres celulares en su cartera. El que le acababa de entregar Carolina, el encriptado que le había dado Juan Manuel y el suyo, que era el más seguro, pues allí no tenía nada del otro mundo. Aprovechando el nerviosismo que le había ocasionado el atentado de su esposo, abrió su cartera discretamente, cogió su celular y se lo entregó al fiscal.

‘Tome, éste es mi celular y espero que puedan llegar al fondo de esta situación tan horrible. Les agradezco que me lo devuelvan lo más pronto posible. Tengo dos hijos y necesito estar pendiente de ellos también’.

El fiscal le agradeció y le dijo que actuarían con prontitud para restituirle rápidamente el aparato.

María Clara regresó a la sala donde estaba toda su familia. Beta la tomó del brazo y la llevó para un rincón.

‘¿Te dijeron algo? ¿Saben alguna cosa?’.

‘No, me quitaron mi celular. Casi me muero del susto porque tengo el celular de Carolina y el de Juan Manuel en mi cartera, pero se los entregué sin problema. Me dijeron que tienen que investigar, y bueno, lo de siempre’.

‘Pero ¿Nicolás estaba amenazado? ¿Qué sabes tú de eso?’.

‘Nada, Beta. Absolutamente nada. Es que yo veía a Nicolás por casualidad. Las últimas semanas nos cruzamos la palabra muy pocas veces porque como siempre estaba furioso, honestamente no me daban ganas de nada’.

‘¿No te parece muy raro que esto pase después de que le dieron esa golpiza al hijo de los Bustamante y que se perdió la memoria de esa cámara?’.

‘Si. Fue lo primero que pensé. Además, ese mensaje de Carolina fue extraño. Me decía que veía mucho movimiento y él estaba muy nervioso. De todos modos, estamos en un país donde cualquier cosa puede pasar. Nicolás tiene muchos enemigos políticos y estoy segura de que hay gente que le quiere hacer daño’.

‘Me vas a perdonar, pero tampoco me sorprendería que fuera una cosa planeada por él mismo. Si tu esposo se salva de ésta, se gana esa presidencia muerto de la risa’.

‘¡Beta, por Dios! No digas eso ni en broma, ese hombre podrá ser lo que sea, pero me niego a creer que tenga esos alcances’.

‘Ay mijita! Estos políticos hacen lo que sea por el poder. A mi no me aterraría. Esa gente vende hasta la mamá. Es que pierden la perspectiva, la ética, los principios, todo’.

En ese momento, se acercó Carolina que venía del mismo corredor donde habían llevado a María Clara.

‘Hola, perdón las interrumpo. ¿Te quitaron el celular, María Clara?’.

‘El mío, sí. El suyo lo tengo en mi cartera. Carolina, ¿usted sabe algo?’. – le respondió María Clara -.

‘Sé muchas cosas, pero ahora no es seguro hablar. Ya me hicieron un interrogatorio preliminar y la verdad es que hay varios detalles que ahora me hacen pensar. No sé por qué, pero sospecho de los Bustamante’.

‘Me decía esta mañana que vio a Nicolás muy nervioso ¿Será que ya lo tenían amenazado?’.

‘Él estaba desesperado con la memoria de la cámara. Hasta donde sé estuvo esculcando tus cosas. También le pidió a Carmenza que buscara en toda la casa, creo que Sergio Bustamante lo tenía azarado con ese tema, pero es que hay cosas que no me cuadran, como por ejemplo…’

En ese momento fueron interrumpidas por un grito que venía de la zona donde estaba la recepción de urgencias.

‘!!!María Clara!!!’

María Clara corrió hacia allá con el corazón en la mano y quedó pálida al ver quién la estaba llamando:

‘María José, ¿qué haces acá? ¿qué pasa? ¿por qué tienes esa cara?’

¿Qué hace María José en la clínica? ¿Estará con Emilia?