El reencuentro

‘Entraron al apartamento de Juan Manuel y se lo dejaron vuelto una nada. Le revolcaron todo, esculcaron cada cajón y se llevaron el computador’.

‘No puede ser, Raquel. Pero ¿las cámaras del edificio? ¿el celador? ¿cómo pudieron entrar de esa forma?’.

‘Hicieron todo un operativo falso y engañaron al celador. Lo intimidaron diciendo que eran del CTI y llegaron con una orden de allanamiento falsa. Juan Manuel te contará con más detalles. El caso es que se encargaron de bloquear las cámaras y se llevaron el monitor del edificio cuando se fueron. Ahora, no todo es malo. Digamos que están tratando de acorralarnos. Obviamente Juan Manuel no tenía la memoria en la casa, además de asegurarse de hacer todo lo que te dijo en la nube y en esos sitios encriptados donde subió el contenido, justamente se había ido para los estudios a esconder la memoria en un sitio donde nadie nunca la va a encontrar. Pero eso no es todo. En el computador que se llevaron solo van a encontrar información relacionada con el trabajo de él. Sin embargo, él instaló un software de rastreo forense activo de forma silenciosa. En el momento en que prendan ese computador, se va a activar una cámara oculta que podrá tomar fotos de las personas que tienen el dispositivo y la geolocalización. Hasta ahora no lo han encendido, o al menos, eso fue lo que me escribió Juan Manuel en el último mensaje’.

‘Entonces, al fin de cuentas, no es tan mala noticia. Bueno, digamos que me están acorralando por todas partes y eso es delicado, pero si tenemos esos registros, es muy posible que se pueda probar que los Bustamante están detrás de todo esto. ¿Juan Manuel dónde está?’.

‘Está en la casa tratando de ordenar. Le dije que si quería me iba a ayudarlo’.

‘Creo que es mejor que te mantengas un poco aislada, Raquel. Lo deben tener vigilado y si te ven entrar, te van a perseguir a ti también. Hiciste muy bien en venir a contarme esto. Yo no tengo ningún celular, espero que ese coronel me devuelva el mío hoy. Creo que lo mejor es que te vayas a la oficina. Yo voy a estar acá poco tiempo. Pregunto cómo está Nicolás, busco a ese coronel para que me dé mi teléfono y me voy para la casa. Tenemos que hablar los tres de forma segura para actualizarnos y estar coordinados’.

María Clara tan pronto se despidió de Raquel se fue para cuidados intensivos a preguntar por Nicolás. Cuando llegó, salió el médico y habló con ella.

‘Buenos días, María Clara, hasta ahora no hemos tenido muchos cambios. Nicolás continúa estable, pero aún no está fuera de peligro. Debemos esperar todavía para valorar su condición. La buena noticia, es que al menos no se ha complicado, ni ha presentado novedades que pongan en riesgo el proceso, como infecciones, o cuadros peligrosos. Aún es prematuro para bajar la sedación. Queremos esperar a ver cómo evoluciona durante el día para tomar algunas medidas’.

‘Ok, gracias, Doctor. Yo tengo a mis hijos en la casa. Mi hija está convaleciente, y si las cosas están así con Nicolás, no creo que mi presencia sea necesaria acá en la clínica. Le voy a pedir al coronel que me devuelva mi celular y les pido que me avisen cualquier novedad’.

‘Si, claro. Estoy totalmente de acuerdo. Si quieres, puedes entrar a verlo’. – le dijo el médico -.

María Clara tomó impulso para responderle que no tenía la más mínima intención de visitarlo, sin embargo, pensó que era mejor comportarse como una esposa preocupada. Lo miró, aceptó y entró a verlo. Se paró delante de él y volvió a sentir el mismo repudio que experimentó el día anterior. Se preguntaba cómo era posible que se pudiera saltar de una emoción a otra en tan poco tiempo. Se quedó cinco minutos. No le dijo nada y volvió a salir. Apenas cruzó la puerta del área de cuidados intensivos se encontró con su suegra. La saludó, le contó lo que le había dicho el médico y le dijo que se iba para la casa porque tenía a los dos niños en la casa.

Se despidieron y María Clara se fue a buscar al coronel. Cuando se encontraron, con una expresión seria y determinada lo saludó.

‘Buenos días, coronel’.

‘Buenos días, señora María Clara. Estaba pendiente de usted para que habláramos’.

‘Si, yo también. Le pido el favor de agilizar lo que más pueda. Tengo a mis hijos en la casa y no me puedo demorar’.

‘La entiendo. No le quito mucho tiempo. Usted entenderá que nosotros debemos hacer nuestro trabajo, y pues ya que usted tiene afán voy al grano. Ayer don Ernesto me dijo que la había escuchado decirle a su esposo que esperaba que se muriera. Yo sé que en los momentos de estrés la gente entra en confusión, sin embargo, tengo que hacerle algunas preguntas. ¿Había tenido alguna discusión con el señor Nicolás el día del atentado o en los días previos?’.

‘Llevo meses discutiendo con él. Hace rato no tengo un esposo, tengo un producto que se vende con estrategias de marketing político. Discutimos seguido por su genio, su intolerancia, su falta de respeto, su falta de atención para sus hijos, sus negocios oscuros y alianzas raras, claro que tenemos discusiones. No sé si alguna vez ha estado cerca de un candidato a la presidencia’.

‘Si señora. Sé lo complicado que puede ser. Pero, cuando dice negocios oscuros ¿a qué se refiere?’.

‘A las transacciones que hacen los políticos de cualquier partido. Frecuentemente tienen que venderle el alma al diablo, y seguramente Nicolás no es la excepción’.

‘Nos informaron que anoche hubo un saqueo en la casa de una persona que trabajó con él en la campaña, un experto en seguridad informática. Hasta donde me informaron él también hizo algunas cosas para usted. ¿Qué sabe de ese hombre? Nos resulta muy extraño que lo estén persiguiendo. Estamos tratando de indagar si de pronto hay algún vínculo con el atentado’.

‘Ese hombre probablemente es uno de los pocos honestos que ha trabajado en esa campaña. Nicolás lo contrató con intenciones de chuzar los dispositivos de sus colaboradores porque además estaba paranoico. Él aceptó hacer un trabajo de seguridad informática, siempre y cuando sus intervenciones estuvieran en el marco de la ley. Creo que eso habla de su profesionalismo y rectitud. Nicolás pensaba que la oposición o enemigos enviados del demonio lo estaban persiguiendo. Si le robaron los computadores a Juan Manuel, le aconsejo que busque a los adversarios de mi esposo, no a mí. Al fin de cuentas es él quien va punteando en las encuestas, no yo. Mire coronel, yo entiendo cuál es su deber, pero míreme bien. Tengo a mi hija convaleciente en mi casa y a mi esposo en coma. Si usted cree que por haber dicho una frase producto de la frustración y de la soledad que he sentido en los últimos meses gracias a este show mediático, me convierte en una sospechosa de un crimen, le recomiendo que hable con el fiscal y me citen a un interrogatorio formal, de lo contrario, le pido el favor de que me devuelva mi celular porque no puedo estar incomunicada en estos momentos y me deje ir para estar con mis hijos’.

El coronel no tuvo otra opción que devolverle el celular a María Clara y dejarla ir.

‘Le pido un último favor: aunque tenga mil problemas con mi esposo, manténgame informada de las novedades con respecto al progreso de las investigaciones. Es el papá de mis hijos y es el hombre con quien he compartido media vida, obviamente estoy preocupada, y espero que sea claro que quiero saber quién cometió este atentado, esperando que pague con cárcel por un crimen tan deplorable. Que pase un buen día’.

María Clara tomó su celular y se fue con las piernas temblorosas para la cafetería de la clínica. Necesitaba un momento para calmarse. De repente, su fuerza se vulneró y sintió una opresión en el pecho. Eran demasiadas cosas las que estaban sucediendo y en ese instante sintió que se le acababa el ímpetu. Llamó a Beta.

‘Hola Mária, ¿cómo estás? ¿cómo te fue? ¿dónde estás?’.

‘Hola Beta. Estoy acá en la cafetería de la clínica. Acabo de tener un bajón, no sé qué me pasa. Mejor dicho, si sé. Son muchas cosas. Me siento agobiada. Acuérdate que este teléfono debe estar intervenido. No quiero que las personas que están escuchando malinterpreten lo que hablamos así que te pido que estés atenta con lo que dices’.

‘Buenos días a todos. Aparte de mi resequedad vaginal y de las hemorroides que me molestan un día sí y un día no, espero que sepan que eso es lo más oscuro que hay por estos lares. Pero bueno, mi amor, es normal que te sientas así. Imagínate todo este agite en tan pocos días. ¿Y cómo amaneció tu distinguido marido?’.

‘Sigue igual. No hay novedades. ¿cómo están los niños?’.

‘Divinamente. Hemos estado haciendo un montón de cosas. Tengo a Sebastián embobado porque le estoy contando acerca del Kama Sutra y Emi ha dormido, está descansando. ¿Te vas a quedar allá más tiempo? Te lo pregunto no porque tenga que irme. Yo estoy feliz viendo las caras de tu hijo, pero es por ti. ¿A qué te quedas allá? Vente para acá y descansa tú también y pedimos algo de comer lleno de grasa y con exceso de calorías’.

‘Si, claro que me voy para allá. Es que me tocó sentarme un momento. No quiero ver a nadie. Ya me vi con mi suegra, no tengo ganas de ver a Ernesto, mucho menos a Sergio Bustamante. No quiero verle la cara a esta gente. La entrada de la clínica está llena de periodistas, de candidatos, de politiqueros. ¡Qué fastidio!’.

‘Claro, esa mano de lagartos allá mojando prensa. ¡Vergüenza ajena! Pero así es esta gente, querida’.

‘Si, ya voy para allá y te cuento cómo me fue en la cita de esta mañana. Salió mejor de lo que pensé’.

‘Qué dicha. Todo va a salir bien, Mária. Ánimo, coge fuerzas de nuevo y vente para acá’.

María Clara se estaba levantando de la mesa cuando recibió una llamada de Wilson.

‘Señora María Clara, ya no puedo entrar al sótano de la clínica para recogerla. No sé qué pasó allá adentro, como que se reventó un tubo o algo así, entonces me toca esperarla por la puerta posterior de la clínica. Ya estoy al frente. Le aviso para que sepa dónde estoy cuando vaya a salir’.

‘Menos mal me avisó Wilson. Ya estoy saliendo. Voy a buscar la puerta y nos vemos en cinco minutos’.

María Clara se acercó a un punto de información y preguntó cómo hacía para llegar a esa salida. Le dieron las indicaciones y se fue caminando con un paso apresurado. Mientras iba por uno de los corredores, sintió una voz que la llamó.

‘¡María Clara!’.

Se giró y allí estaba frente a ella Juan Manuel. No pudo evitar sentir felicidad de verlo. Sonrió delicadamente. Se saludaron normalmente para no despertar sospechas.

‘Hola, Raquel me contó lo que pasó ayer. Qué cosa tan horrible. Pero ¿qué haces acá?’.

‘Tenía muchas ganas de verte. Quería saber cómo estás, si necesitas algo. Ha pasado algo rarísimo y es que no han prendido mi computador’.

De pronto se giraron y vieron una puerta que indicaba la salida a unas escaleras de emergencia. Juan Manuel le hizo señas a María Clara y se fueron hacia allá. Abrieron la puerta y en efecto no había nadie. María Clara se abalanzó en los brazos de Juan Manuel y no pudo atajar las lágrimas que salían de sus ojos a caudales.

‘No te preocupes, acá estoy contigo. No te va a pasar nada. Me imagino que todo esto es demasiado, pero vas a salir ganadora, te lo puedo asegurar’.

‘Perdóname por ponerme así, es que me siento agobiada. Estoy asustada. A veces creo que no voy a ser capaz con todo esto’.

‘Tranquila, todo va a estar bien. No te voy a dejar sola’.

Juan Manuel besó la frente de María Clara y ella secándose las lágrimas lo miró fijamente y no pudieron resistir las ganas de besarse en los labios. Ella inmediatamente sintió el mismo corrientazo que la atravesó la primera vez que estuvo cerca de él y confirmó lo que ya sospechaba. Había un sentimiento que crecía. A pesar de estar en medio de la situación más complicada por la que había pasado en su vida, él era el refugio, el lugar seguro. El hombre con el que quería estar.

Ella reaccionó y le dijo que era muy arriesgado estar ahí.

‘Vamos que Wilson me está esperando en la puerta posterior. Vente conmigo’.

Abrieron de nuevo la puerta y rápidamente siguieron el camino que los llevaría hacia la otra salida de la clínica. La encontraron. Apenas pisaron la calle, quedaron en shock al ver lo que se encontraron.