El desasosiego
Los flashes fulgurantes de las cámaras hicieron que María Clara cerrara los ojos. Esos clicks retumbaban una y otra vez en su cabeza recordando lo que significó haber salido de esa clínica en compañía de Juan Manuel mientras su esposo batallaba segundo a segundo para salvar su vida y retomar la campaña.
Cuando María Clara abrió los ojos se encontró de nuevo en el presente. Regina la estaba mirando fijamente con el esfero en la mano y su libreta de apuntes con una expresión de sorpresa. Como la periodista notó que su entrevistada se había quedado en silencio con un gesto de perplejidad, interrumpió el trance haciéndole una pregunta.
‘¿María Clara, esas fueron las famosas fotos que salieron publicadas en todos los medios de comunicación y que originaron una gran polémica? ¿Cómo se sintió?’.

‘Absolutamente vulnerable. Es increíble lo que puede generar una imagen y cómo los enemigos de Nicolás aprovecharon ese momento para crear una historia que se acomodaba perfecto a un discurso que llevaban instalando desde que empezó la contienda electoral. El problema es que en ese momento no lo atacaban a él, sino a mí directamente. Nadie se toma el trabajo de preguntar, mucho menos de analizar la posición de una mujer que tiene al esposo en la clínica después de sufrir un atentado, que tiene dos hijos, que trabaja, que tiene alma, que sufre, que llora en privado y que tiene que poner la mejor cara todo el tiempo para que todo un país crea que ese candidato tiene la familia perfecta. Esa familia que la gente sueña con tener. Me impresionaba ver algunos comentarios de personas que estaban tan alejadas de la realidad. Decían: ‘Es que se nota que él se muere por su esposa y por sus hijos’, ‘Es el hombre ideal’, ‘Ese es el modelo de familia que necesitamos en este país’; pero cuando salieron esas fotos fue horrible. Me criticaban porque no me quedaba en la clínica acompañando al hombre perfecto. Cuestionaron mi rol de esposa. Claro, eso lo hacía la oposición porque la gente que estaba con Nicolás me defendía. Se generó un ambiente bastante raro y hostil alrededor de ese atentado y del hecho de que yo hubiera salido ese día por la puerta posterior de la clínica porque según la gente, me quería esconder, y quién sabe cuál era la razón que había detrás’.
‘La gente no sabía lo que usted estaba padeciendo, ni que su hija había atravesado por algo tan horrible en los últimos días, ¿cómo hizo para no quebrarse?’. – le preguntó Regina -.
‘No tengo ni idea. Creo que era tanta la adrenalina, eran tantas cosas las que pasaban, que no me daban tregua ni para eso. No tenía el tiempo para asimilar la situación con perspectiva. No tuve un instante para confrontarme, para verme y o para analizar la situación desde lejos. Estaba tan inmersa en esa cadena de sucesos que no tenía otra opción distinta a seguir’.
‘¿Qué pasó en los días sucesivos?’.
María Clara suspiró profundamente, cerró los ojos por un par de segundos y tomó aire de nuevo.
‘Muchas cosas pasaron. El staff de la campaña de Nicolás me acosaba día y noche para ‘remediar’ el tema de las fotos con Juan Manuel. Me pedían unas cosas absurdas; que fuera a la clínica, entrara, pero que me quedara de pie en algún lugar donde los periodistas me pudieran ver y que llorara, que abrazara a la gente, que fuera con mi mamá, que simulara un desmayo, que no me maquillara, o que enfatizara con un poco de sombra oscura debajo de mis ojos para que se notara mi cansancio y mi tristeza. O sea, unas cosas que no se sabía cuál era más estúpida que la anterior. No hice nada de lo que me pidieron y eso tuvo consecuencias para mí, obviamente. Me convertí en la piedra en el zapato. Logré devolverle el celular a Carolina y retomamos la comunicación. Ella me mantenía informada acerca de las movidas en la sede mientras esperaban el milagro. Una de las cosas fundamentales, fue que le pedí que buscara el disco duro donde había encontrado los archivos de las modelos webcam. Afortunadamente lo recuperó y me lo hizo llegar’.
‘Carolina se convirtió en su aliada. Usted tenía un grupo de mujeres que la estaban rodeando de manera permanente. ¿Qué lectura le da hoy en día a ese fenómeno?’.
‘Mire, Regina, históricamente a las mujeres nos han enseñado a competir, a mirarnos con envidia, con cuidado. Cuando un hombre tiene una amante, la culpable es ella, no el esposo, y le caen a ‘la otra’ con todo el repudio, la cancelan y si pueden la tiran a los leones. La insultan y lapidan, pero al hombre se le perdona porque nos dijeron desde siempre que ‘ellos son así’. En este caso, las mujeres que hicimos parte de esta red de apoyo, tenemos distintos perfiles, pero una cosa en común. Por nuestro background o por nuestra experiencia, fuimos víctimas de abuso, de maltrato, de aislamiento y de misoginia. Y mire cómo es la vida…tal vez eso fue lo que nos unió. Sobre todo, a Raquel, a Carolina, a Emilia y a mí. Porque debo decir que mi hija hoy en día es una de mis grandes aliadas. Pero, en ese momento, en lugar de señalarnos con el dedo, escogimos unirnos, apoyarnos. De repente se creó un hilo invisible que logró fusionarnos y nos impidió mirarnos como enemigas o rivales. Necesitábamos de esa hermandad que debería reinar todo el tiempo, todos los días de la vida, porque todas en algún momento hemos sido víctimas de discriminación, y si queremos crear reales transformaciones necesitamos dejar de atacarnos y vernos como competencia permanente. Hoy en día, cada vez que puedo les agradezco enormemente a Carolina y a Raquel. Son unas mujeres muy especiales en mi vida y nunca olvidaré lo que hicieron por mí cuando más las necesité. Obviamente mi tía Beta, mi mamá, mi abogada, mi empleada de la casa, todas me rodearon, me contuvieron y no me dejaron caer. Son mujeres maravillosas y muy valientes’.
‘Aparte del hostigamiento que recibió en esos días, ¿qué más pasó?’.
‘Bueno, seguí reuniendo pruebas, adelantando los trámites de divorcio con mi abogada. Hablé con mi familia. Senté a mis papás y a mi hermana y les conté lo que estaba pasando. Emilia empezó una terapia psicológica con una profesional, también mujer, que hoy en día la vemos como un ángel que llegó a nuestras vidas. La ayudó de manera increíble. Yo no tenía descanso. Me la pasaba de cita en cita, atendiendo temas del trabajo, organizando las cosas para irme de esa casa, capoteando la prensa, la impertinencia de la gente que me llamaba como si nada a preguntarme ridiculeces y otros a ofrecerme falsas ayudas buscando lugar para sumarse a la campaña y aprovechar la coyuntura para después conseguir contratos o puestos. En fin, una lista infinita de situaciones fuera de lugar. Los Bustamente posando de íntimos amigos de la familia y de Nicolás instrumentalizando la tragedia para tapar lo que estaban haciendo por detrás. Mientras tanto en el partido corrían rumores de un posible sucesor de Nicolás en caso de que falleciera. Pero al mismo tiempo se hablaba de estrategias, de movidas rastreras, de alianzas diabólicas, en fin, el ambiente era muy estresante. La situación de Nicolás a veces se enrarecía. Presentó fiebres, algunas complicaciones e inflamaciones, que por momentos indicaban que las cosas empeoraban, pero al otro día se estabilizaba, y así. Era un loop sin fin. Continuaba con mis reuniones esporádicas con Juan Manuel, Raquel y Carolina para preparar las pruebas. En ese disco duro encontramos unas fotos de Nicolás en unas fiestas con mujeres. Cada que levantábamos una tapa nueva se revelaba otra faceta oscura del hombre más ‘admirado y respetado’ del país. El atentado lo había convertido en un mártir, las cadenas de oración y los rosarios invadieron las redes. La gente estaba en modo ‘completa adoración’, y yo lo único que quería era que algo sucediera para poder resolver mi vida y la de mis hijos. En esos días hablé con ellos, les conté mis planes y me respaldaron. Para los dos fue muy duro ver a su papá agrediendo físicamente a su mamá. Sebastián al principio no asimiló las cosas muy bien, pero bastaron un par de días para que el niño entendiera que era lo mejor para todos. Emilia estuvo firme desde el principio’.
‘Fueron días intensos, ¿en algún momento pensó que Nicolás iba a morir?’.
‘Si. Muchas veces. Pensé que no iba a resistir. Yo seguía yendo a la clínica todos los días. Lo visitaba, lo miraba en silencio. Nunca le hablé, pero me quedaba ahí de pie viendo pasar mi vida a través de todos esos cables que mantenían la de él pegada a este mundo. Recuerdo que una tarde mientras pensaba en lo que se había convertido esa relación, recibí una llamada que de nuevo me sacudió la existencia. Otra vez tuve esa sensación devastadora que produce la injusticia. Me llamó Emilia para decirme que se había enterado de que Matías estaba fuera del país. Claro, sus papás se lo habían llevado para protegerlo. Sentí tanta ira. Vi a Nicolás acostado y en lo único que podía pensar era que, aunque estuviera inmóvil, fuera de este mundo, aún así, su energía y su alma permitían que el delincuente que había violado a su hija estuviera libre y feliz pavoneándose quién sabe en dónde. Me salí de esa habitación corriendo porque no soportaba estar cerca de él’.
‘¿Y cuántos días después recibió la otra noticia que le dio el giro definitivo a su vida?’
‘Como tres o cuatro días después. Los médicos llevaban varios días haciendo varios intentos de terapias con Nicolás para ver si respondía de alguna manera, o había algo de progreso. A veces funcionaba, otras veces tenían que regresar al mismo punto. Estaba en mi casa con mi tía Beta y con mis hijos y recibí una llamada del médico. Recuerdo que me dijo – María Clara, por favor vente urgentemente para la clínica -’.
