El incidente
María Clara inclinó la cabeza y la sacudió sutilmente como queriendo eliminar el recuerdo de lo que pasó esa tarde en el club. Regina, respetando la pausa, esperó unos segundos y con un tono de voz suave le preguntó:
‘¿Cómo recuerda lo que pasó ese día? ¿Todavía siente algún tipo de emoción fuerte o eso ya había quedado en el olvido?’
María Clara se reincorporó y le dijo mirándola fijamente a los ojos:
‘Es muy extraño. No se puede eliminar de la mente un incidente de semejante magnitud. Creo que ninguna de las personas que estábamos en el club en ese momento olvidaremos jamás lo que pasó. El tema es que ocurrió hace tantos años que no sé si por auto protección o porque la vida siguió, pasamos la página. Ahora entiendo que desde ahí se originaron gran parte de los problemas por los que atravesó Nicolás, y una vez más fui engañada. Nunca supe la verdad hasta cuando me vi en la necesidad de indagar y de recurrir a cuanta fuente, institución, investigador y abogado del país para saber a ciencia cierta con quién me había casado. Solo ahí supe detalles importantes. Esa tarde solo fui testigo de lo que todos presenciamos. Natalia se había colgado en los vestieres del club y una señora de la limpieza la había encontrado. Recuerdo la cara de Nicolás, los gritos de la familia de Natalia, el pánico, el dolor, la incomprensión y la angustia que un acto de esos genera. Para mi fue devastador. Hacía pocos minutos había tenido una conversación con esa niña. Me había tratado de decir algo y no alcancé a conocer su versión. Estaba absolutamente aterrada y muy confundida’.
Regina continuó con las preguntas: ‘¿Qué le dijo Nicolás? ¿Le explicó lo de la hospitalización de Natalia?’.
Esos días fueron horribles. Y sí, claro. Yo solo tenía preguntas y las respuestas me las dio una detrás de la otra. Nicolás me dijo que Natalia sufría de depresión desde que estaba en el colegio y estuvo medicada durante muchos años. Con toda la frialdad y determinación que lo han caracterizado, me dijo que era algo genético porque en la familia de ella, la abuela o una tía, no me acuerdo ya a quién mencionó, había sufrido de lo mismo y ella infortunadamente había heredado la enfermedad. Agregó que estuvo sometida a varios tratamientos, incluso fuera del país, y pese a todos los esfuerzos, y a esporádicos momentos en los que ella lograba estabilizarse, sin aviso, y sin motivos aparentes, sufría recaídas. Me contó que recientemente había estado hospitalizada y que la familia de ella le había pedido el favor de ir a visitarla. Me acuerdo perfectamente la forma en la que me lo explicó. El siempre encontraba la forma adecuada, las palabras precisas y el modo para convencer. Todo lo orientó al hecho de que ellos fueron novios durante mucho tiempo, él se había convertido en una parte de esa familia, lo apreciaban mucho y en varias ocasiones, cuando ella tuvo esos bajones, él siempre estuvo a su lado; teniendo en cuenta que no había pasado mucho tiempo desde que habían terminado, le pareció un acto de gentileza y generosidad ir a preguntarle cómo estaba. Fue muy enfático cuando me dijo que si no me había contado era porque esas situaciones familiares siempre se habían manejado con extrema discreción, y que obviamente no quería que yo me hiciera ideas equivocadas. Claro, yo le encontraba toda la lógica a lo que me decía. Si me hubiera contado que estaba hospitalizada y que había ido a visitarla, debía contarme algo relacionado a la vida privada de Natalia y en realidad, no tenía por qué hacerlo. Le pregunté que si esa última recaída tenía que ver con el fin de la relación de ellos dos y ¡Dios!… ahí se dejó venir con otra historia. Que no, que incluso ella se había sentido incómoda cuando lo había visto en la clínica porque sabía que estaba conmigo y le había dicho que no quería interferir en su relación. Le dije que por qué ella me había dicho que él me había mentido como lo hizo con ella. Me aseguró que lamentablemente cuando Natalia atravesaba por esas crisis, solía tener algunas disociaciones, y atravesaba por unos episodios en los que no tenía mucha coherencia. Me dio no se cuántos ejemplos de situaciones en las que era evidente su desprendimiento de la realidad. Yo le creí todo. Lo último que le pregunté con respecto a ese tema era que si su decisión de quitarse la vida estaba ligada a no estar con él y me juró que no. Me dijo que, si hubiera sido así, él se hubiera enloquecido y no hubiera podido vivir con algo semejante sobre sus hombros. No dudé un solo segundo. Me parecía tan sincero, tan decente, tan real todo lo que me decía que no me atreví a sospechar nada. Yo no conocía a la familia de Natalia, no tenía con quién confirmar esa información, y para ser honesta, me parecía horrible tratar de indagar después de un desenlace tan doloroso y traumático para cualquier familia. Nicolás fue al funeral, yo ni me aparecí por allá, pasaron los días, y de eso no volvimos a hablar. Fue un momento muy difícil, pero nada que el tiempo no ayude a superar. Fue mucho después que supe que la familia de Natalia detestó a Nicolás desde ese momento’.
‘De eso hablaremos más adelante, pero entonces ¿desde ahí qué pasó entre ustedes? – preguntó Regina -.
‘Pues nada extraordinario. La vida siguió, nuestro noviazgo se fortaleció cada vez más. De lo de Natalia muy poco se habló dizque por respeto con la familia. Nosotros seguimos estudiando, nos graduamos, rápidamente nos comprometimos y nos casamos. Cuando menos pensé ya teníamos dos hijos y yo estaba convencida de que tenía la familia perfecta. Nicolás trabajó por un periodo en el sector privado, pero en cuestión de poco tiempo pasó al sector público, que fue lo que siempre le apasionó; pasó por varias entidades hasta que llegó al Ministerio del Interior donde lo nombraron viceministro; ahí las cosas empezaron a cambiar un poco. Digamos que yo ya veía pequeñas señales, pero me parecía que era normal. Él siempre fue impetuoso, perfeccionista, le gustaba tener todo bajo control, y para lograr sus objetivos se entregaba. Eso significaba que a veces llegaba tarde, tenía compromisos con mucha frecuencia, hablaba con mucha gente, siempre estaba en reuniones, en fin, todo lo que comporta ser un hombre con tantas responsabilidades, fuera de eso se especializó, hizo una maestría, mejor dicho, estaba lleno de ocupaciones. Su genio se potenciaba, pero lo ‘disculpaba’ pensando que era normal con tantas cosas que tenía que hacer y siempre lo apoyé. Los fines de semana se esmeraba por estar con nosotros, salíamos a almorzar, bueno, teníamos una vida que yo pensaba que era normal. Las cosas dieron un giro cuando empezó a ver la política como una opción para participar activamente. Le hicieron propuestas para que se lanzara al senado y ahí por primera vez identifiqué un brillo distinto en sus ojos. Cuando ya decidió unirse formalmente al partido Alianza Nacional, se lanzó y gracias a la maquinaria de su patrocinador ganó la curul. Eso ya generó unas dinámicas totalmente distintas en nuestra casa, incluso empezó a intervenir mucho más en mi trabajo y estaba más pendiente de mi agenda. Desde ahí yo ya advertía cosas que no eran de él, o al menos del hombre que conocí, pero seguí adelante. Estuvo en el senado y llegó el momento que nunca me esperé. De un momento a otro, viendo la situación en la que se encontraba el país, el partido consideró que él sería un buen candidato para la Presidencia. Había sacado adelante algunos proyectos interesantes en su paso por el Senado y tenía un discreto, pero positivo reconocimiento. Cuando eso pasó, se sentó conmigo y con mis hijos a comunicarnos que se iba a lanzar como candidato a la presidencia de la república. Yo quedé pasmada. No sabía qué pensar. Honestamente, no he estado jamás involucrada en la política, soy una persona informada, pero nunca estuve metida en ese ambiente. Claro, éramos muy allegados a personalidades del gobierno, etc., pero para mí era un asunto social; mis hijos se pusieron felices, claro, para ellos era una cuestión de reconocimiento y relevancia increíble para su papá. Para Nicolás fue como si se le hubiera metido el demonio. Ese fue el principio del fin’.
Regina la interpela: ‘Es que ustedes eran la pareja de oro, salían en todas las portadas de las revistas, se veían como la familia ideal, la futura primera dama, todo parecía dispuesto para un futuro brillante y, sobre todo, usted siempre se vio como la mujer que apoyaba a su esposo cien por cien. ¿En qué momento pasó de ser esa figura a ser la mala de la historia? ¿Cuándo y por qué aparece Juan Manuel Restrepo en su vida y por qué terminó involucrada con él?’.
