La venganza
Nicolás se alteró. Le dijo que sí. María Clara le contó lo que había pasado con Emilia, y le dijo que con respecto al tema digital ya había hablado con Juan Manuel y le estaba ayudando, pero que ahora venía lo más importante que era la denuncia en la Fiscalía.
‘Espera un momento – le dijo Nicolás con determinación -. Esto hay que pensarlo con mucha atención porque estamos en una coyuntura importantísima en la campaña. Hemos trabajado sin cansancio para llegar hasta aquí y no puedo derrumbarlo todo en un segundo’.
‘Nicolás, no podemos dejar que ese niño se salga con la suya. ¿Eres consciente del daño que le hicieron a tu hija? Y a propósito de eso, supe que tú estás moviendo fichas para proteger a un miembro de esa familia porque está en líos con la justicia. Es Matías, ¿cierto?’.
‘Si, es él. Por eso es que te digo que hay que saber hacer las cosas. Nadie está diciendo que no vamos a hacer nada, solo necesito pensar bien cómo moverme y para esto tengo que pensar. Te pido el favor de no llamar a nadie. Los Bustamante no se pueden enterar de que estamos tomando medidas. Voy a analizar bien la situación y te aviso más tarde’.
‘No has preguntado ni siquiera cómo está Emilia’.
‘Pues es que me imagino que está mal, María Clara, ¡por Dios! Me acabas de contar una cosa gravísima, estoy tratando de digerir esta mierda. Menos mal que tú estás allá. No la mandes al colegio en estos días y si pasa algo más, avísame inmediatamente, pero repito, no hables con nadie por ahora’.
María Clara colgó esa llamada con mal sabor. Se fue para donde Emilia. Se había tomado el té y estaba acostada en su cama con los ojos hinchados.
‘¿Cómo te sientes, mi amor? ¿Quieres algo de comer? O ¿necesitas algo?’.
‘No quiero nada, mami. No quiero volver al colegio. No quiero ver a nadie. María José me escribió, está muy preocupada. Ella también está convencida de que nos drogaron. Solo que ella se tomó solo un sorbo de un coctel que le habían preparado y no quiso más; se empezó a sentir mal y bueno, fue ahí que decidió que se devolvía. Yo debí venirme con ella, pero mi papá con sus ideas. Todo es culpa de él por haberme insistido en hacerme amiga de ese estúpido. Creo que Matías ya había estado metido en un problema parecido con alguien. Eso me dijo Majo. Yo ya no sé qué pensar. Mi vida se acabó, mami. ¿Quién va a creer que yo no me acuerdo de nada? ¿Por qué me hicieron eso? ¿Por qué me odia esa gente si yo no les he hecho nada?’.
‘Si ese niño ya tiene antecedentes, es porque es el típico culicagado de ‘buena familia’ que cree que puede hacer lo que se le dé la gana porque sabe que lo van a sacar de cualquier lío en el que se meta’.
‘Pero yo no quiero que esto se convierta en un escándalo más porque la que va a salir perjudicada soy yo. A mi nadie me va a creer. Mami, por favor no vayan a decirle nada a esa familia, ni a denunciar, ni nada. Yo solo quiero desaparecer’.
‘No digas eso, mi vida. Yo sé que estás muy afectada y de verdad me duele el alma saber que pasaste por algo semejante. A diferencia tuya, yo sí quisiera denunciar y llevar esto hasta las últimas consecuencias porque justamente por no hacerlo es que ese niñito sigue por la vida creyendo que sus actos no tienen consecuencias, pero obviamente no vamos a hacer nada que tú no quieras; por lo menos, no por ahora. Este resto de semana quédate en casa y vamos viendo cómo resolver esta situación. Ya hablé con tu papá y bueno, él está pensando qué hacer, pero tampoco creo que esté pensando en ir a la Fiscalía. Tú no te preocupes, lo más importante es que estás acá conmigo, que estás a salvo, y bueno, si quieres, puedo buscar una psicóloga para que te acompañe en este proceso y puedas desahogarte. Eso es muy importante’.
Emilia se fue calmando poco a poco hasta que se quedó dormida. María Clara la dejó sola y se fue para su habitación desesperada sin saber qué hacer. En el fondo, estaba de acuerdo con Emilia cuando culpaba a Nicolás y más rabia le daba. Pensar que la ambición lo había enceguecido hasta el punto de entregar a su hija como carnada de esos maleantes le producía náuseas.
No aguantó mucho tiempo y llamó a Raquel. Le contó todo. Nunca la había sentido tan furiosa como en ese momento.
‘María Clara, ¡esto no se puede quedar así! En la Fiscalía están el Centro de Atención de Investigación Integral contra la Violencia Intrafamiliar o las unidades de Delitos Sexuales. Allí hay que acudir para interponer la denuncia por acceso carnal violento y por la violación de datos personales y constreñimiento. Nadie tiene por qué difundir un material íntimo de otras personas sin autorización. Ese muchacho tiene que aprender por más hijo del que sea. Pobrecita Emilia, tan chiquita pasando por algo así. Es que no hay derecho, esa gente tiene que pagar. Yo entiendo que es una situación delicada para Nicolás, pero es que eso indirectamente le daría hasta puntos. No creo que haya una cosa más desgarradora que ver a un papá luchando por la integridad y el buen nombre de su hija. Sí, claro, sería un escándalo muy grave y esa familia se le iría encima, pero serían muchos más los que estarían de su lado’.
‘No creas, Raquel. Yo estoy de acuerdo contigo, y entiendo cada palabra que dices, sin embargo, así no funciona la vida real. La que saldría debiendo en esta situación sería Emilia. La lapidarían, la acusarían, y los abogados de esa gente se encargarían de enlodarla hasta el cuello. Eso traería el efecto contrario para Nicolás. Es que este mundo es una porquería. Nadie se puede imaginar el impacto que podría tener una denuncia de este tipo. Lo de menos es la candidatura de mi esposo, lo que más preocupa es ella. Sería una cosa terrible de afrontar’.
‘Lo entiendo, pero da mucha rabia sentir que frente a un acto tan grave se encuentra uno con las manos atadas. De todos modos, me parece que la deberías llevar al médico. Aunque haya pasado el tiempo, no está demás que le hagan un chequeo. Por todo es importante. Por su salud, porque uno no sabe qué efectos puede tener un acto de esos en una niña de su edad, y, por otro lado, para que quede un precedente. En el momento en el que ese video empezó a girar, ustedes fueron inmediatamente al médico. Es importante hacerlo. Dime si necesitas algo. Podemos hacer una cita y las puedo acompañar o lo que sea. Yo sé que has recibido unas noticias devastadoras los últimos días, pero quiero que sepas que acá estoy’.
María Clara le agradeció a Raquel y le dijo que la llamaría en caso de necesitar algo. Se quedó pensando en las palabras de su asistente. Tenía razón. Era mejor hacerle algunos exámenes a Emilia, el tema era cómo convencerla. Cuando estaba buscando el teléfono de su ginecóloga, su búsqueda se interrumpió por una llamada entrante. No podía creer lo que estaba viendo en la pantalla de su celular. Josefina de Bustamante. Contestó con un ‘aló’ seco.
‘Hola, María Clara, ¿cómo estás? Espero no molestarte. No te quito mucho tiempo’.
María Clara disimulando con la clase y educación que la caracterizaban le dijo que no se preocupara.
‘Gracias, querida. Es que yo sé que estos son tiempos super ocupados. Lo que nos tiene felices es el apoyo que está recibiendo Nicolás. Nos encanta saber que le está yendo tan bien y ¿viste la última encuesta? Sigue punteando. ¡Qué maravilla! Ya no se le puede decir candidato, sino, presidente. Vamos para adelante. Mira, es que estábamos pensando con Sergio que sería muy interesante organizar una cena acá en nuestra casa. Nicolás desde hace rato quiere reunirse con Pedro Sinisterra y parece que ha estado un poco reticente, tú sabes cómo es esta gente de caprichosa, que a veces quiere y a veces no. Pues yo soy muy cercana a Inés, la esposa, y en ocasiones lo que logramos las mujeres es más significativo y determinante que lo que hacen los hombres. Pues cómo te parece que me dijo que les encantaría que hiciéramos la comida acá con ustedes. Es una excelente oportunidad para Nicolás; estamos felices. Te llamo a ti para que coordines con él y me des una o dos alternativas de fechas. Sería para la próxima semana. Apenas me digas organizo todo y hacemos algo bien interesante, especialmente para Nicolás que ha trabajado tan duro en los últimos días’.
María Clara no podía creer lo que estaba escuchando.
‘Josefina, no sé ni por dónde empezar. Es evidente que ustedes saben perfectamente las andanzas de tu hijo menor. Tener la sangre fría de llamarme para comprar nuestro silencio a cambio de una cita con ese señor lo encuentro una vileza total. No sé a qué tipo de cochinadas están acostumbrados ustedes en su familia, pero conmigo te equivocaste. No tienes ni idea de lo que una mamá es capaz de hacer por su hija y esto no lo voy a tolerar. No subestimes mis alcances y no sobredimensiones el poder que ustedes creen tener por su asqueroso dinero. Nos vemos en el tribunal’.
Eso era lo que hubiera querido responderle. Se sacudió la cabeza para volver en sí. Tomó aire y como pudo le respondió a Josefina.
‘Gracias, Josefina, voy a hablar con Nicolás y en estos días te aviso. Me da pena cortarte, pero me están esperando para un compromiso que tengo’.
Colgó esa llamada y se le salieron las lágrimas. María Clara estaba descubriendo el desastrado y maloliente laberinto que conducía a la casa blanca y sentía que no iba a poder con tanto. Era inadmisible que el mundo se moviera de esa forma. Nunca pensó que tendría que verse rodeada de tanta falsedad y de tanta inmundicia. Le daban ganas de salir corriendo para donde sus papás, pero sabía que eso sería caótico. Miraba a su alrededor y se sentía sola. Las únicas dos personas que la estaban apoyando en ese momento eran las mismas que le habían ocultado secretos inimaginables. Parecía que todo se estaba cayendo frente a sus ojos.
Le mandó un mensaje a Nicolás diciéndole lo que le acababa de decir Josefina y ahí mismo la llamó.
‘Hola, me queda claro como a ti, que están tratando de callarnos. Estoy seguro de que ellos ya saben en lo que anda ese huevón del hijo. Dile a Josefina que nos vemos pasado mañana. No tengo tiempo más adelante. Vamos a ir a esa comida’.
María Clara quedó de una sola pieza.
‘Pero ¿cómo se te ocurre que vamos a ir a esa casa? No puedo verle la cara a esa gente’.
‘María Clara, no quiero tener problemas contigo. Ya me ocupé de este tema y vamos a ir a esa comida porque en cambio yo sí les quiero ver la cara después de lo que va a pasar mañana. No me hagas preguntas y confirma esa maldita cena. Me conviene ver a ese viejo del Sinisterra. No ha querido reunirse conmigo y llegó el momento’.
María Clara terminó esa llamada desconsolada. No podía creer lo que le acababa de decir Nicolás, pero una vez más hizo lo que le dijo. Le mandó un mensaje a Josefina y le confirmó la cena.
Al día siguiente, María Clara se levantó temprano, despachó a Sebastián para el colegio y canceló los compromisos que tenía para quedarse con Emilia. Le avisó a Raquel que trabajaría desde la casa y que le ayudara con la cita médica, y que le pidiera a la doctora extrema confidencialidad. Raquel sintió alivio y le dijo que ya mismo se iba a encargar de ese tema.
Pasaron las horas, Emilia estaba decaída. No quería comer. Cuando llegó la hora del almuerzo se sentaron en la mesa y apenas Carmenza les sirvió, Emilia se palideció. Le dijo a María Clara que se sentía muy mal, con algo de náuseas y se levantó de la mesa. María Clara se alertó de inmediato. Para tratar de evadir ideas extravagantes, pensó que la niña estaba muy nerviosa, y la dejó tranquila.
Hacia el final de la tarde, María Clara siguió trabajando desde su estudio, estaba revisando unos documentos, cuando sintió un grito desgarrador desde el segundo piso. Era Emilia.
‘¡Mamá!’
