La primera bomba
Regina era una periodista de mucha trayectoria, respetada especialmente por su credibilidad. Era fría, casi inexpresiva cuando hacía las entrevistas. Evitaba gesticular para no sesgar el ritmo de las conversaciones y su objetivo era mantener la imparcialidad cada vez que abría los micrófonos a las diferentes personalidades con las que se había cruzado en su carrera profesional. Altos mandatarios, celebridades, científicos, empresarios de altísimo perfil, personajes reconocidos a nivel mundial habían pasado por el set de Regina y cuando llegó a este punto del encuentro con María Clara, dejó ver algunos rasgos emotivos muy espontáneos y que duraban milésimas de segundos, pero varias veces escaparon de su armadura algunas señales de una posible empatía.
Era una mujer de un carácter fuerte, poco se sabía de su vida privada, sin embargo, se vio involucrada en un escándalo de corrupción en el que su exmarido fue el protagonista. Ella fue hermética con el tema. Se protegió y lo mismo hizo con sus hijos para evadir las calumnias y tantas historias que se crearon alrededor de ella. Nunca dio entrevistas, no habló del argumento. Cortaba tajantemente a quienes la acosaban con preguntas hasta que un día antes de iniciar uno de sus programas dijo: ‘Me permito comunicarles que me divorcié de Rodrigo Mendizábal y me desvinculo categóricamente de su vida y del proceso judicial que asume en el presente. Ni yo, ni mis hijos, ni mi familia tenemos nada qué ver con las desafortunadas noticias que se publicaron hace varios días. Es todo lo que diré al respecto y espero que respeten mi privacidad’.
Así fue como Regina cerró ese capítulo. Nunca nadie supo qué tan doloroso fue, cómo pasó, qué sintió cuando le dieron la noticia. Le puso un sello a ese episodio de su vida y lo clausuró para siempre. La gente que la rodeaba, sus pocos allegados decían que ella nunca hubiera podido perdonarle algo tan grave a su esposo. Regina era demasiado vertical, había sido criada en una familia tradicional en donde la honestidad, la disciplina y el trabajo fueron el eje que transportó a todos sus miembros desde siempre y los ubicó en posiciones de prestigio y de excelente reputación.
Mirando a María Clara a los ojos le preguntó:
‘¿Ese fue el momento en el que se rompió el velo que tenía ante sus ojos?’.
‘No. Eso fue lo peor. Lo primero que hice fue correr al estudio de Nicolás para buscar el archivo y corroborar lo que ya estaba presintiendo, con tan mala suerte que no lo encontré. No estaba el disco duro y tuve que seguir tragándome por mucho más tiempo mis sospechas’. – respondió María Clara -.
‘Entonces ¿cuándo y cómo se empezó a enterar de todo lo que le escondían todas las personas que la rodeaban?’
‘Pasaron semanas. Todo cogió un ritmo tan frenético que no tenía tiempo ni para mirarme en el espejo, ni para ver a mi familia, mucho menos para ir de compras o hablar con alguna amiga y las bombas fueron explotando una detrás de otra sin darme tregua para recuperarme. Cuando pensaba que ya estaba lidiando con una, ¡bam! ¡Explotaba la siguiente! A pesar del nivel de esquizofrenia, porque los compromisos aumentaban, las agendas se apretaban, en fin, todo se intensificaba, en los pocos momentos en los que podía ver las cosas con algo de perspectiva, yo seguía notando un comportamiento diferente en Raquel, sobre todo cuando Nicolás estaba. Era como si su presencia le robara su presente, y la tensión aumentaba. Por otro lado, el trabajo que estaba haciendo Juan Manuel en la fundación, terminó. Ellos instalaron los aplicativos y quedamos satisfechos con el trabajo; los encuentros con él prácticamente se acabaron porque no tenía un segundo y era muy difícil moverme sin que Nicolás o su secretaria, o alguien de su staff, o la prensa, o quien fuera supiera exactamente mi ubicación. Y mi hija seguía preocupándome; la veía distinta, pero era como si ni ella misma supiera lo que le estaba pasando.
Una tarde estaba en mi oficina y Raquel me dijo que necesitaba hablar urgentemente conmigo. Me pidió que fuera una hora después de haberme avisado y cuando menos pensé, llegó Juan Manuel. Yo no entendía nada. No sabía por qué él estaba ahí. En realidad, pensé que habíamos tenido algún problema con la aplicación o incluso se me pasó por la mente que habían detectado algún movimiento de dinero extraño, no sé, cualquier cosa menos lo que me tenían que decir. Raquel empezó a hablar; estaba visiblemente nerviosa. Y de pronto me suelta esa granada en la cara. Me dijo que había pasado por un período muy complicado por la condición de su hijo, y que en medio de la desesperación había recurrido a la opción de ser modelo webcam. Necesitaba ingresos importantes y no conseguía trabajo a pesar de todos los esfuerzos, de su hoja de vida y de la experiencia que había alcanzado a adquirir con las subidas y bajadas. Con lágrimas en los ojos me dijo que no era algo de lo que se sentía orgullosa, pero que gracias a eso había podido mantener a su hijo con las necesidades cubiertas y no le había faltado nada. El papá del niño nunca la ayudó y desapareció del mapa completamente cuando fue diagnosticado. Le ha tocado sola y esa fue una solución que encontró para remediar su situación sabiendo que no era a lo que se quería dedicar y por eso nunca dejó de repartir su curriculum. Soñaba con encontrar un trabajo honesto que le permitiera hacer una carrera y poder salir adelante dignamente. Hizo una pausa y, aunque yo me imaginaba por dónde seguía la historia, nunca hubiera imaginado todo lo que estaba pasando a mis espaldas. Me dice que aparentemente Nicolás fue uno de sus clientes. El punto es que ellos pueden decidir si se dejan ver o no. Por obvias razones él no lo hizo entonces cuando se conocieron, él la reconoció, pero ella no. Eso duró poco, porque desde ese momento Nicolás se dedicó a acosarla de un modo sistemático. Se obsesionó con ella y empezó a amenazarla. Le dijo que, si no cedía a sus peticiones de carácter sexual, la iba a desenmascarar y me iba a contar todo. Ella aguantó hasta cuando pudo, pero llegó un punto en el que se volvió insostenible la situación. Fuera de eso estaba con los nervios descompuestos. Me contó que sufrió de ataques de pánico. Lo que más la frustraba era pensar que al fin había conseguido un trabajo en el que podía demostrar su valía, su profesionalismo, su nivel, y preciso se había encontrado con Nicolás’.
‘Bueno, ¿y usted no se preguntaba qué hacía Juan Manuel ahí?
‘Pues claro. Entre más cosas me contaba, menos entendía la presencia de él. Le pregunté, y ahí fue él quien habló. Me contó que él era el dueño de uno de los estudios para modelos webcam que había en Bogotá. Cuando escuché esas palabras quería salir corriendo. Es que era como si me estuvieran hablando de un par de personas con las que no tenía absolutamente nada qué ver. Los miraba a los dos y no podía creer que ellos fueran los protagonistas de algo tan sórdido y lejano de lo que ha sido mi realidad. Me rehusaba a creer. ¿Juan Manuel? ¿dueño de un estudio para modelos webcam? ¿Eso quiere decir que él también era un cliente de estas mujeres? ¿Cómo había podido yo caer tan bajo? ¿En qué me había metido? Porque le digo una cosa, Regina: de Nicolás a ese punto ya no me sorprendía nada. Saber que estaba acosando a Raquel era una cosa más, pero ¿ellos dos? ¿Las personas en las que había confiado tantas cosas? No, a mí se me cayó el mundo en ese instante’.
‘¿Aparte de la desilusión tan grande, sintió otras cosas? ¿Alcanzaba a entender algo de esa situación? – preguntó Regina con perspicacia -.
‘Voy a ser muy honesta: en alguna medida podía entender a Raquel y no sentía rabia hacia ella. A pesar del shock del desengaño, había algo que me impedía odiarla o despreciarla. Raquel se había convertido en una amiga. La admiraba, la veía tan organizada, responsable, seria. Para mí era la persona donde podía encontrar un descanso. Siempre se portó a la altura conmigo. Leal, confidente, comprensiva. Me daba rabia con la sociedad en general. Me daba ira con Nicolás que daba discursos dizque para proteger a la mujer y luchar por sus derechos, cuando él era el primero en vulnerarlos. Me avergonzaba. Pero con respecto a Juan Manuel sentí un rechazo inmediato’.
‘¿Y qué fue lo que él le contó? ¿Por qué tenía esos estudios?’.
‘Bueno, ahí viene el otro lado de la historia. Él había comprado esas ‘oficinas’ con el fin de explorar un mercado con las monedas digitales. A él le dijeron que era un sitio que tenían para alquiler de locación para comerciales, producciones audiovisuales, etc. Cuando ya iba a empezar la adecuación de lo que tenía planeado, llegó una de las modelos que no sabía que se habían vendido los estudios y le contó. Juan Manuel quedó desconcertado, sin embargo, le explicó a esa mujer que él tenía otros fines y que ellas tendrían que encontrar otro lugar. No contaba con que los socios con los que iba a iniciar su proyecto renunciaron al mismo antes de empezar porque se les presentó otra oportunidad en el extranjero y Juan Manuel tuvo que dejar eso en pausa, así que decidió dejar a una de las mujeres que había ido a rentar el estudio. Después de hablar con ella, saber en qué condiciones vivía, por qué se dedicaba a hacer ese trabajo, no pudo decirle que no, y fue tal la situación que no le cobró. El no tiene nada qué ver con las plataformas en las que trabajan estas niñas. Él simplemente es el dueño de los estudios. Bueno, pasó que obviamente el voz a voz se regó y empezaron a llegar más mujeres y él las dejó estar ahí. Con el tiempo, incluso, les mejoró las condiciones de red, de privacidad de datos, y prácticamente se creó una especie de comunidad. Esas mujeres respetan y le agradecen a Juan Manuel en un modo que yo nunca me hubiera podido imaginar. Es más, Raquel fue la primera que me dijo que todas las veces que él intentó acabar con ese lugar porque no se sentía convencido, ellas mismas le rogaban que no lo hicieran porque él era el único dueño de esos sitios que las respetaba, se sentían seguras, protegidas y cero explotadas. Al fin, como él no quería cobrarles, ellas se unieron y decidieron pagar los servicios y la administración. No solo a Raquel le consiguió una oportunidad de trabajo, sino a varias. Cada vez que ha tenido la ocasión las conecta con alguna empresa para que hagan una carrera y no tengan que recurrir a ese oficio para salir adelante.
‘¿Y usted creyó esa historia?’ – le preguntó Regina con determinación -.
‘Sí. Los instantes en los que sentí rechazo por él se desvanecieron completamente después de escuchar los detalles. No sé si era necesidad mía de aferrarme a lo único que me quedaba, pero les creí. Ahora, no fue así de inmediato, claro. Me tomé mis días para digerir, pero es que no alcancé a pensar mucho porque no sabía que lo que venía era mil veces peor y ellos fueron mi bastón y los que me ayudaron a salir de ese hueco tan horrible en el que estaba cayendo’.
‘¿Lo que siguió fue lo de su hija?’
