El deseo
María Clara dirigió su mirada a su cartera y empezó a revolcar adentro para buscar el tiquete que no existía y de pronto levantó su cabeza y le dijo a Nicolás con mucha tranquilidad:
‘Mmmm… ¿sabes que no? Voy a ir yo por mi carro. Voy a recoger algunas prendas que ya había escogido así que hago eso de una vez. De todos modos, gracias por el ofrecimiento. Muy querida, Carolina. Que les vaya bien’.
María Clara se dio la vuelta y a paso firme se fue hacia el carro, se subió, lo prendió y se fue sin darle el espacio a su esposo de decir nada. El corazón le palpitaba fuerte, sin embargo, pensaba que no había estado ni siquiera cerca de sentirse descubierta. Llegó a la clínica. El papá había salido muy bien de la intervención. La mamá le contó que le habían colocado el stent, y que lo iban a dejar esa noche en observación, aunque en realidad, él estaba bien, lúcido y muy tranquilo. Solo había sido un susto.
Le preguntaron cómo habían salido las fotos. Ella les mostró un par que le habían mandado por el celular. Beta echó una ojeada y sonriendo con picardía les dijo:

‘¿Pero esos fotógrafos son tan carentes de creatividad que no se les ocurre hacer unas tomas distintas? Todas, absolutamente todas las fotos que se hacen los políticos con sus familias son la misma exacta cosa. ¡Qué aburrimiento! Uno los ve y dice: – Qué familia tan bonita, tan perfecta, tan bien puesta -, pero vaya y escarbe en el fondo a ver con lo que se encuentra…Nicolás se ve hasta guapo, lástima que detrás de esa sonrisa se esconde un Adolfito en potencia’.

‘Beta! ¡No seas exagerada! Tampoco hables de Nicolás así – dijo la mamá de María Clara -, está pasando por una etapa de mucha tensión. Cuando estuvo en campaña como senador, el estrés también lo tuvo muy agobiado. No me quiero imaginar lo que es ser un candidato a la presidencia, y más en este país. Hay que apoyarlo, finalmente es el esposo de tu sobrina’.
‘Exacto. Es el esposo de mi sobrina. Primero fue lunes que martes. Yo le deseo que le vaya bien porque no soy una bruja, pero lo que quiero es que ella esté feliz, tranquila y realizada’. – dijo Beta cogiéndole el pelo a María Clara -.
‘¿Bueno, pero ustedes por qué hablan de mi como si yo no estuviera acá? Mejor dicho, no me importa. Ya salí de esas fotos, menos mal y ahora tengo mil cosas en qué pensar. Esto apenas comienza y me queda una lista enorme de compromisos, espero no tener que tirar la toalla porque en realidad es mucha presión. Voy a entrar a saludar a mi papá y me voy corriendo porque no he terminado mi agenda’.
‘Me imagino que tiene que ir a recoger su carro ¿no? Si quiere la llevo que quiero conocer ese atelier. Me dijeron que hay una ropa super chévere, yo ya me despedí de mi papá’. – le dijo su hermana -.
María Clara rápidamente le dijo: ‘No, es que quedé de encontrarme por acá cerca con mi nueva asistente para hablar de unos temas y me demoro un poco. Si quiere vamos el fin de semana con tiempo. De todos modos, hoy tampoco tendría mucho tiempo de demorarme’.
Gabriela aceptó y se despidió de todos y se fue. María Clara entró a saludar a su papá, estuvo con él un rato, salió y le dijo a su mamá que tenía que ir a cumplir la cita con su asistente. Beta y Antonio habían ido a tomarse un café. Finalmente pudo salir de la clínica. Llamó a Juan Manuel.
‘Hola! ¡Dios mío! ¡Qué día! ¡Esto ha sido una locura! Casi no puedo encontrar el modo de estar sola. Necesito ir a recoger mi carro. A este punto me voy caminando hasta tu casa porque ya tengo miedo de encontrarme con alguien’.
Juan Manuel no tuvo otra alternativa que aceptar y esperarla. Después de varios minutos llegó María Clara. El le abrió la puerta de la casa, no la dejó casi entrar, la abrazó, la besó como si la hubiera estado esperando por meses y ella no se resistió. Mientras alternaba los besos con miradas, le fue quitando la ropa con determinación, pero con delicadeza y ella le iba explicando entre suspiros todo lo que había pasado. Empezando por la evolución y franca mejoría de su papá, las fotos de familia, el encarte con el carro de su hermana, las disculpas para poder llegar sola a encontrarse con él. Juan Manuel con un gesto muy sexy, apoyó su dedo en los labios de María Clara y en voz baja le dijo: ‘Ya estás acá y en muy poco tiempo yo voy a estar dentro de ti’.
Ella cerró los ojos, sonrió y se entregó sin remordimientos, sin preguntas, ni respuestas. De nuevo se olvidó del mundo y dejó que fuera él quien guiara cada movimiento, cada ruta que seguían las manos, las miradas y los besos. Se encontró con él en un instante, los dos se dirigían hacia el mismo lado y cada suspiro y cada gemido daban cuenta de la innegable atracción que se acentuaba entre los dos. Se miraron en silencio mientras él se internaba en su cuerpo y en su alma y ella solo sintió que sus ojos se humedecieron y lágrimas de deseo intenso se escurrieron por sus pómulos encendidos de pasión. El no dejaba de mirarla, con su lengua recogió la humedad en su rostro y le dijo casi sin aire: ‘Me fascinas, me muero por estar así miles de veces contigo, eres una completa delicia, no te me vayas a ir’. Ella sonrió y lo besó en los labios.
Se fundieron en un solo aliento, se abrazaron y se besaron tiernamente por varios minutos. Ella suspiró profundamente y le dijo:
‘Me da mucha pena decirte esto, pero me tengo que ir, no de tu vida, pero sí de tu cama. La verdad, no pensaba que esto iba a pasar otra vez hoy; en mi mente tenía venir a recoger mi carro y ya. Tengo a mis hijos en la casa, Nicolás anda super pendiente de todo lo que hago y no quiero tener más problemas con él. Estoy harta de verle la mala cara y de soportar su pésima actitud’,
‘Te entiendo – le dijo Juan Manuel con un tono de resignación -; lo último que quiero es que sufras o te sientas agobiada. Me encantaría que te quedaras para consentirte, prepararte algo de comer, después volverte a comer, abrazarte y llenarte de besos por todas partes y dormir sin soltarte un solo segundo para mañana despertarte con todo mi ser dentro de ti y empezar el día con una sonrisa y esos ojitos bien brillantes. Sería una delicia ¿no? jajaja… bueno, al menos déjame soñar’.
María Clara sonrió, le acarició la cara, se levantó y se vistió. Él se incorporó, se puso un pantalón cómodo y la acompañó a la puerta. La abrazó, la besó con pasión y le dijo: ‘Júrame que nos vamos a ver pronto otra vez’. Ella le dijo que iba a hacer todo lo posible para que así fuera, pero le recordó que a partir del día siguiente tendría un conductor, así que todo iba a ser un poco más complicado. Se despidieron con un abrazo que les atravesó un corrientazo y ella se fue a recuperar su carro por fin.
Camino a su casa no podía evitar pensar en todo lo que le hacía sentir Juan Manuel y cada recuerdo le sacaba una sonrisa. Se miraba en el espejo de vez en cuando y tenía el rostro iluminado, sus mejillas sonrojadas. En un semáforo se acercó de nuevo y se dio cuenta de que su quijada estaba irritada, la tenía totalmente enrojecida y eso era por la barba de su amante y probablemente los mordiscos que le dio en medio del ardor del encuentro. Sintió preocupación. Pensó que si Nicolás estaba en la casa se iba a dar cuenta, buscaba en su cartera con una mano alguna crema o una base para disimular. No encontró nada y llegó a su casa. No vio el carro de su esposo así que descansó.
Entró, saludó y no recibió respuesta. Subió al cuarto de Sebastián. Estaba con los audífonos puestos jugando en el computador con algunos amigos online. Lo saludó y le preguntó por Emilia. Le dijo que estaba con Martín en el estudio o en la sala. María Clara salió afanada y cuando fue a entrar al cuarto de su hija estaba con llave. Empezó a golpear con fuerza y a llamarla. No abría la puerta. Pasaron algunos segundos que parecieron horas, hasta que por fin Emilia salió. María Clara terminó de empujar la puerta y Martín estaba sentado en la silla del escritorio, pero estaban exaltados los dos. María Clara guardó la compostura, saludó a su ‘yerno’ y les preguntó que por qué estaban encerrados. Emilia le dijo que para que Sebastián no los molestara porque estaban haciendo un trend y grabando un video. María Clara no quedó convencida.
El novio de Emilia se paró, les dijo que se tenía que ir. María Clara le dijo que si se iba solo; él le respondió que sí; al fin y al cabo, vivía a pocas cuadras de la casa de ellos. Se despidieron, Emilia bajó con él y María Clara se fue para la cocina. Se sirvió un vaso de agua y en ese momento entró Carmenza, la empleada. María Clara le dijo lo que había pasado con Emilia y le recordó que tenía prohibido encerrarse y que por favor estuviera más pendiente. Carmenza le dijo que ella estaba planchando y que como los había visto en el estudio, pensó que seguían ahí. Carmenza se quedó mirando a María Clara y le dijo:
‘Señora María Clara, creo que le dio una alergia. Tiene la quijada toda irritada. Si quiere le busco el medicamento que se toma la niña cuando se pone así a estornudar’.
María Clara, se tocó la cara y le dijo que no, que era que se había estrenado una crema y que seguro era eso. Emilia volvió a subir y se fue detrás de ella. Entró en la habitación y le dijo:
‘Emi, mi amor, sabes muy bien que ustedes tienen prohibido encerrarse en el cuarto. No me gusta que hagas eso. Si tu papá llega a saber eso, olvídate de Martín, de celular, de fiestas, etc. Por favor no me pongas en una situación incómoda. Estamos entrando en una nueva etapa con la campaña de tu papá. Ahora vamos a salir en una revista, la gente va a estar muy pendiente de cada cosa que hacemos, así que te pido que tengas mucho cuidado con las cosas que compartes, con lo que publicas, con lo que hablas con tus compañeras, con Martín, en fin, tenemos que hacer varios cambios y espero que entiendas que es por el bien de tu papá y de la familia’.
‘Si, mami, ya sé. No estaba haciendo nada malo con Martín. Qué pereza que no nos tengan confianza y en cambio nosotros si debamos acostumbrarnos a todos estos cambios solo porque mi papá quiere ser presidente. Ni siquiera nos preguntó si queríamos eso, o ¿a ti te lo preguntó? Me imagino que no. Pero bueno, como siempre nos toca hacer lo que él diga y ya. No te preocupes que ya todo el mundo en el colegio sabe que soy la hija del candidato y no es que me muera de la felicidad’.
María Clara abrazó a su hija en silencio como aceptando que en esa casa todos de algún modo estaban aprendiendo a mentir mientras caminaban en puntas de pie por un sendero que desconocían y que no les pertenecía. Se sentía hipócrita diciéndole a su hija que se comportara bien cuando ella acababa de dejar a su nuevo amante semi desnudo en su casa. ‘No tengo autoridad moral para decirle a nadie qué hacer con su vida’ pensó María Clara dirigiéndose a su habitación.
Abrió la llave de la ducha y cuando estaba a punto de entrar recibió un mensaje. Era Juan Manuel:
‘No puedo dejar de pensar en ti. Quedé impregnado de tu olor, me muero de ganas de estar dentro de ti otra vez. Te mando mil besos’.
María Clara sonrió, se mordió los labios, cerró los ojos y alcanzó a pasar sus manos por su cuerpo, por esos rincones que Juan Manuel había explorado. De repente escuchó el motor del carro de Nicolás, volvió en sí, eliminó el mensaje y se metió corriendo en la ducha. Cuando se estaba bañando Nicolás entró al baño con algo de intriga.
‘Hola, y ¿tú qué haces bañándote a esta hora?’
‘Estoy agotada Nicolás. Fue un día muy pesado y estuve muy estresada por mi papá. Pensé que era obvio’. – le respondió María Clara -.
‘Bueno, y ¿cómo siguió? Bien, me imagino. Te dije que eso no era nada. Ya mañana seguro le dan de alta’. -dijo Nicolás saliendo del baño -.
María Clara no podía creer que su esposo se portara de ese modo tan indolente. La falta de empatía era absoluta. No lo reconocía y ahora sentía un repudio permanente. Era mejor cuando no estaba cerca de ella. Salió de la ducha, se puso la bata y lo encontró en la cama con el celular mandando algunos mensajes. La miró de reojo y le dijo:
‘Me bajo para el estudio a trabajar. No quiero que nadie me interrumpa. Tengo varias cosas que hacer’.
Ella ni lo miró. Secó su cuerpo, se aplicó sus cremas, se peinó, se puso la pijama y se metió en la cama y pocos minutos después quedó profunda. De un momento a otro se despertó, Nicolás no estaba a su lado, miró el reloj y eran casi las dos de la mañana. Le pareció muy extraño. Siempre había sentido curiosidad por qué tardaba tanto en ese estudio, pero nunca había indagado, así que esa madrugada decidió bajar. Sin hacer mucho ruido fue a la cocina, se fue caminando en puntas por el mismo corredor por donde había visto la escena de la nalgada con Carolina. Escuchó la voz de Nicolás como si estuviera hablando con alguien. Se acercó más y lo escuchó decir:
‘Si, así, quítate esa camisa, no me interesa que aumente el crédito, tu sigue haciendo lo que te pida’.
