El maltrato

María Clara quedó paralizada cuando escuchó a Nicolás, se precipitó hacia la habitación y le preguntó que le repitiera la pregunta simulando que no lo había escuchado bien. Nicolás sin mirarla y mientras se ponía los zapatos le dijo que le había entrado un mensaje de un ‘Juan Manuel Restrepo’. María Clara tomó el celular que había dejado encima de la cama y le respondió a su esposo con toda la calma que era un compañero del colegio que se había encontrado recientemente. Pensó que era el momento para decirle que justamente él le había recomendado a Raquel, pero cuando intentó proseguir su relato, Nicolás cogió su celular, hizo una llamada y con la mano le hizo un gesto que indicaba que se quedara callada y se fue para la sala para hablar con tranquilidad. María Clara se sentó en la cama, leyó el mensaje de Juan Manuel: ‘Hola, Raquel me contó que le fue muy bien en la entrevista y que empieza la próxima semana. Me alegra que te haya gustado. Estoy seguro de que les va a ir muy bien. Ella es una gran profesional. Te mando un abrazo’. María Clara soltó un suspiro, se quedó mirando al vacío y pensó por unos segundos que las cosas estaban cambiando rápidamente y que se tendría que acostumbrar a esa nueva dinámica de comunicación tan limitada con Nicolás.

Al fin terminó de arreglarse, llamó a los niños y todos bajaron a la sala para irse a la comida. Nicolás seguía en la llamada, los miró de reojo, se subieron al carro y continuó hablando en alta voz durante el camino a casa de sus suegros. Solo cuando estuvieron al frente de la puerta terminó su conversación y entraron a la comida de cumpleaños. Estaba la familia, incluida la tía Beta y Antonio – su esposo – y un par de amigas de Gabriela, la hermana de María Clara. Saludaron y se sentaron en la sala a tomarse un aperitivo antes de pasar al comedor.

Con la desenvoltura que lo caracteriza, Nicolás con el vaso de whisky en la mano le preguntó a su suegro sin titubeos:

‘Arturo, me contó mi papá que te llamó y te contó acerca de la venta de la finca y te ofreció la participación en los fondos que está administrando mi hermano. Es una oportunidad de oro, de esas que se dan pocas veces en la vida’.

El papá de María Clara con una sonrisa discreta le respondió:

‘Si, es cierto, me llamó tu papá. La verdad, me sorprendió que me contara que están vendiendo la finca, es una lástima salir de esa casa tan bonita y que, entre otras, ha hecho parte de tu familia por varias generaciones, es una tierra descansada con un suelo franco, debería pensarlo mejor. Siempre se pueden tomar acciones para no perder un patrimonio tan trabajado y que tiene tanta historia; yo de él lo pensaría mejor. Y con respecto a los fondos de tu hermano, no mijo, yo a estas alturas de la vida no creo en esas ‘oportunidades de oro’. No puedo arriesgar años de trabajo duro, hay que pensar en la familia’.

Nicolás cambió la expresión, endureció un poco la mandíbula, pero sosteniendo una sonrisa fingida insistió:

‘Por eso mismo, Arturo. Pensando en la familia es que se vienen varios cambios importantes incluidos los financieros. Tu sabes lo que significa hacer una campaña y esto es algo que va en beneficio no solo mío, sino de María Clara, de los niños y de todos’.

‘Nicolás, cuando uno decide lanzarse a perseguir sus sueños, debe tener los pies sobre la tierra y saber con qué cuenta para hacerlo. Descargar en los demás la responsabilidad de cumplirlos es el peor error. Yo protejo a mi familia y por eso nunca tomo decisiones sin analizar cuáles y cuántos recursos tengo para seguir adelante. Yo ya estoy viejo, mijo, yo ya quiero estar tranquilo, no estoy para andar pegado de movimientos bursátiles en inversiones que francamente ni conozco. Pero eso sí, estoy seguro de que tu familia y tus amigos, de quienes siempre te has rodeado, y el mismo partido estará listo para apoyarte. Me alegra que hayas traído el tema para que quede clara de una vez mi posición frente al ofrecimiento de tu papá’.

Nicolás se mordió los labios, se tomó un sorbo del trago que tenía en la mano y tratando de distraer la atención por la negativa de Arturo, miró a Beta y le dijo:

‘Beta, me imagino que viste las noticias ¿no? Tu amigo Castillo, el congresista de la oposición está metido en un escándalo de corrupción horrible. Pero ¿qué más se podía esperar? Parece que tu faro de moralidad está bien untado de barro’.

‘¡Ay! ¡Querido Nicolás! ¿No me digas que me vas a venir con esos ataques de politiquero recogiendo votos? Me encantaría preguntarte con cuántos diablos has tenido que hacer pactos hasta este momento para alcanzar tus objetivos, pero prefiero evitarte el embarazo, y francamente, parece que no me conocieras. Jamás he sido una fanática, faltaría más adorar a un político cuando son contadísimos los que se salvan, no, yo tengo mucha cabeza para bajarme a ciertos niveles’. – le respondió Beta sonriendo -.

Nicolás miró a Antonio, el esposo de Beta, como buscando algo de apoyo y sonriendo le dijo: ‘Antonio, tú que eres el sensato de esta familia, explícale a Beta que hay momentos en los que hay que bajar la guardia y estar del lado de quienes queremos lo mejor para este país’.

‘Nico -le dijo Antonio con una mirada penetrante -, como dijeron los Hermanos Lebron: la pelea y el bochinche no me hacen falta. Por algo estoy casado con Beta, porque confío plenamente en su criterio’.

Beta mirando a Antonio dijo: ‘¿Pelea? ¡Noooo, mi amor! Para pelear se necesitan dos políticos embolatados y acá yo solo veo uno’. Los dos lanzaron una carcajada y los demás se rieron discretamente.

La mamá de María Clara los invitó a todos a pasar a la mesa. Durante la comida, hablaron de temas más amables, Gabriela compartió los planes para sus próximas vacaciones; hubo risas, recomendaciones, comentarios amables hasta que Nicolás de nuevo trajo el tema de la campaña a la mesa, esta vez para decirles que María Clara estaba participando activamente con el staff que lo estaba asesorando.

‘Y, por cierto, ¿ya definiste quién va a ser tu asistente? ¿entrevistaste a la excolega de Carolina?’. -le preguntó Nicolás a María Clara con un tono altivo-.

‘Si. Empieza la próxima semana, pero…’ -dijo María Clara-.

‘¡Perfecto! Vas a ver que va a ser una gran ayuda. Yo mismo vi la hoja de vida y me pareció que tenía el perfil adecuado’ – dijo Nicolás interrumpiendo a su esposa-.

‘No es la excolega de Carolina, Nicolás. Es otra persona que se llama Raquel Salazar; me la recomendó un excompañero de mi colegio. Es una profesional con una excelente hoja de vida, hablé con ella, me gustó mucho su perfil y teniendo en cuenta que es la persona con la que voy a tener que pasar gran parte de mi tiempo, me transmitió la confianza necesaria para tomar la decisión’. -respondió María Clara con la voz discretamente temblorosa-.

Nicolás cambió de expresión de nuevo, apoyó el tenedor en el plato, se tomó un sorbo de vino, la miró de reojo, pero cuando vio que los ojos de su suegro y de Beta estaban encima de él, volvió a sonreír y cerró diciendo. ‘Bueno, hablaremos de esos detalles en la casa, mi amor. No queremos aburrirlos con temas administrativos’.

La comida terminó relativamente en paz. Nicolás, María Clara y los niños se despidieron de todos y salieron para la casa. En el carro hubo un silencio incómodo. Cuando entraron, Nicolás le pidió a María Clara que fuera a la cocina un momento. Los niños subieron a sus habitaciones y cuando Nicolás se acercó al mesón botó las llaves con fuerza y empezó a gritarle a María Clara:

‘¿Tú qué te estás creyendo María Clara? ¿Crees que te vas a comportar de ese modo deslegitimando mis decisiones porque ahora piensas que sabes más que yo? ¿Es que eres bruta? ¿Se te quemaron las neuronas o qué putas es lo que tienes en ese cerebro? ¡La cabeza no es solo para ponerla en el lava cabezas de la peluquería! ¿Cómo se te ocurre contratar una completa desconocida dizque porque te la recomendó un amigo del colegio? ¿Quién es ese maricón? ¿Es ese que te mandó el mensaje? ¿El tal Juan Manuel? ¿Pero de dónde te salen esas ideas tan estúpidas? ¿Sabes quién es ese tipo? ¡No, es que no puedo con esto! No has entendido absolutamente nada. ¿No se te ocurre pensar que ese tipo puede ser de la oposición y que nos quiere meter a alguien para llevar información? ¿Raquel Salazar? ¿Quién es esa aparecida, por Dios? Si le pedí explícitamente a Carolina que te diera esa hoja de vida es porque sabemos quién es. Ese es un cargo de confianza, María Clara’.

Nicolás puso su dedo índice en la frente de María Clara y dándole golpes repetidos como si quisiera introducir sus ideas de esa manera, la fue arrinconando y con un tono muy agresivo deletreó la palabra y por cada fonema empujaba su frente con fuerza: ‘C o n f i a n z a’. María Clara estaba aterrorizada. Nunca había visto a Nicolás con esa actitud y sintió miedo. Empezó a temblar y se quedó muda.

Nicolás cerró diciéndole: ‘Mañana a primera hora espero que llames a esa vieja y le digas que no va a haber contrato, ni una mierda. Llamas a la excolega de Carolina y hablas con ella. Espero que hayas entendido porque mi paciencia se está agotando contigo y apenas estamos comenzando. Ya te dije que lo que necesito de ti es apoyo, no problemas. Que sea la última vez que pasas por encima de mis órdenes. Espero que no hagas más burradas porque no tengo genio para lidiar con estas maricadas. ¡Puta vida! ¡Rodeado de ineptos estoy!’.

Nicolás dejó a María Clara en la cocina. Se tomó un vaso con agua y con algunas lágrimas cayendo en su rostro se fue para el segundo piso. Se dio cuenta que Nicolás estaba en el estudio. Se fue para la habitación, se puso la pijama y se acostó con una tristeza y una desilusión de sentir que le esperaban días muy difíciles. Al día siguiente se levantó y empezó su rutina de siempre. Nicolás ya se estaba bañando, ella bajó a la cocina. Los niños desayunaron y salieron a esperar el bus. Ella se estaba tomando un café y Nicolás llegó. La empleada le sirvió el desayuno, él se sentó, tomó un sorbo de café y sin mirar a María Clara le dijo:

‘Estuve pensando y creo que es mejor que sigas adelante con esa persona que escogiste. Si te dio tan buena impresión, pues contrátala, pero espero que sea la última vez que pasas por encima de mí. Acuérdate que hoy por la tarde tenemos la sesión de fotos familiares para la revista que va a sacar mi entrevista. Es mejor que recojas a los niños en el colegio más temprano y que se vistan bien y se arreglen y la casa tiene que estar impecable. Los espero a todos listos bien puntuales. Chao’.

María Clara se quedó en silencio con la taza en la mano. De nuevo algunas lágrimas salieron de sus ojos. Tomó su celular, buscó el contacto de Juan Manuel y le respondió el mensaje:

‘Hola, ¿tienes tiempo para que nos veamos hoy?’.