El albor
Juan Manuel respondió a ese mensaje después de pocos segundos.
‘Claro que sí. Voy a estar todo el día trabajando en mi casa. Cuando quieras puedes pasar, o si prefieres, nos vemos en otro lado’.
María Clara le mandó un mensaje diciéndole que pasaría por su casa en una hora y media. Se activó, subió las escaleras y se arregló, respondió algunos correos urgentes de trabajo y le dio algunas instrucciones a su empleada para que la casa estuviera impecable en las horas de la tarde para las fotos. Cuando estaba por salir, su mamá la llamó al celular. María Clara le respondió afanada.
‘Hola mami, ¿cómo vas? Estoy saliendo un poco afanada, tengo un día ocupado hoy’.
‘Hola mi amor, no te quito mucho tiempo, solo quería saber si estabas bien. Te noté muy callada anoche y no fue solo impresión mía. Tu papá también quedó pensativo. ¿Nicolás quedó incómodo con lo que le dijo acerca de la finca y de las inversiones?’.
‘Mami, está todo bien. No me dijo nada, pero me parece perfecto que mi papá le haya dejado claras las cosas a Nicolás de una vez. Entre menos se involucren en esta fase, sobre todo con plata, mucho mejor. Si estuve callada es porque estoy un poco estresada con todos estos cambios, tengo que ir a la oficina, tengo una reunión con el asesor de imagen, esta tarde está programada una sesión de fotos familiares con los niños acá en la casa entonces voy a tener que ir por ellos al colegio antes, en fin, están pasando muchas cosas y tengo la mente ocupada permanentemente. La otra semana ya empieza a trabajar conmigo una asistente personal, así que creo que me voy a liberar de estas cosas logísticas que quitan tanto tiempo, seguro todo va a mejorar. Debe ser mientras me acostumbro, pero estoy bien, mami, dile a mi papá que no se preocupe’ – le dijo María Clara a su mamá -.
‘Bueno, mi amor, estoy segura de que tener una asistente es la mejor idea. No te dejes sobrecoger de esta situación. Una campaña requiere mucho tiempo, esfuerzo, dedicación y compromiso. Trata de entender a Nicolás, sin embargo, recuerda que yo estoy acá para lo que necesites ¿ok?, que te rinda. Me cuentas cómo les fue con las fotos. Dile a la niña que se quite el pelo de la carita para que se vea bien linda’.
María Clara se despidió de su mamá con los ojos aguados. No se atrevía a contarle lo que había pasado con Nicolás la noche anterior porque se moría de vergüenza. Ella nunca vio en su casa comportamientos de ese calibre y todavía no lograba entender por qué se había quedado callada y no había sido capaz de confrontar a Nicolás. Era como si en ese momento su cuerpo se hubiera paralizado. Tal vez, la incredulidad, la vulnerabilidad y el miedo se apoderaron de ella. Todavía recordaba los ojos encolerizados de su esposo y la forma en la que la lastimó con ese dedo en la frente que le daba escalofrío pensar que había permitido que la tratara de esa manera. Decidió no pensar más y salió corriendo hacia la casa de Juan Manuel. Llamó a la Fundación, le avisó a su secretaria que se demoraría en llegar porque tenía una cita en un atelier para medirse unos vestidos para las fotos, pero que después estaría toda la mañana para atender los asuntos pendientes.
Solo cuando estuvo al frente de la puerta de la casa de Juan Manuel realizó que no tenía muy claro por qué le había dicho que se vieran. No tuvo tiempo de pensar nada cuando él ya estaba al frente suyo. Vestido de manera impecable y con esa sonrisa espontánea le transmitió la paz que ella estaba necesitando. Le dio un abrazo, la invitó a pasar, le dijo que si quería tomarse un café y ella accedió. Mientras le preparaba la bebida inició la conversación:
‘No sabes cuánto me alegra verte. Cuéntame cómo estás, cómo van las cosas, qué idea te quedó de Raquel, o háblame de lo que quieras. No sé si estás acá porque hay algo en particular que me quieras preguntar o decir.’ – le dijo Juan Manuel visiblemente emocionado -.
‘Sinceramente, no sé muy bien por qué estoy acá. Creo que si tengo muchas preguntas, pero al mismo tiempo, no tengo ninguna y tal vez solo quiero contarte algo que me pasó’.
Juan Manuel cambió la expresión y la miró con algo de preocupación porque advirtió el gesto de incertidumbre de ella.
‘Puedes decirme lo que quieras. Quiero que te sientas tranquila. Cuéntame qué te pasó’.
María Clara dejó ir un suspiro y con la voz entrecortada le contó lo que había sucedido en la casa con Nicolás a propósito de la contratación de Raquel, el recelo que le causaba el hecho de trabajar con alguien que él no conocía, sus temores por la campaña, por la oposición, etc.
‘Juan, yo te conozco desde siempre, fuimos amigos en el colegio, estoy segura de que no me recomendarías a Raquel si no creyeras que es una buena profesional, y la verdad, me siento ridícula preguntándote si tienes intereses en dañar la campana de mi marido, pero es que estoy tan confundida, que ya no sé ni qué pensar’.
‘Mira, honestamente, creo que es normal que tu esposo se sienta así. Yo no tengo nada que ver con ninguna oposición, ni con ningún partido político de este país. Mejor dicho, para ser aún más directo: no tengo ningún interés en dañar la campana de Nicolás. Te dije que estoy en el sector de las TIC, tengo un trabajo normal, una vida bastante aburrida. Ahora, con respecto a Raquel, te dije que la conocí en un ambiente de trabajo, me llamó mucho la atención su hoja de vida. De pronto no debería revelar estas cosas porque de pronto no hablaron de estos detalles durante la entrevista, pero ella es una mamá soltera, le ha tocado muy duro, el papá del niño no le ayuda y ella lo único que quiere es sacar adelante su familia. Ha tenido algunos reveces a nivel profesional y en ese contexto, me dio su hoja de vida diciendo lo que uno le dice a la gente cuando está en esas condiciones – Tú que trabajas con tantas empresas, si te llegas a enterar de alguna oportunidad interesante, te dejo mi hoja de vida, uno nunca sabe -. Me parece una cosa super normal y por eso me atreví a recomendártela. Ahora, María Clara, obviamente no podría poner mis manos en el fuego ni rasgarme las vestiduras por ella, ni por nadie. Somos seres humanos y cualquier cosa puede pasar, pero, repito, por la experiencia que yo tuve, por lo que vi y conozco de ella, me parece que es una mujer capaz, guerrera, responsable y comprometida. Espero que te vaya bien. Me imagino que le darás un periodo de prueba y te darás cuenta si te funciona o no. Y si no es así, pues no pasa nada. Me sentiré un poco apesadumbrado, pero no puedo controlarlo todo, y si funciona, me voy a alegrar por las dos’.
‘¿Saliste con ella? ¿Tuviste alguna historia con ella?’ – le preguntó María Clara con toda la determinación -. Pero apenas terminó la última frase se retractó, se puso de pie y empezó a caminar por la sala de la casa para un lado y para el otro.
‘No, qué vergüenza contigo, no sé por qué te hice esa pregunta tan fuera de lugar, nada qué ver. Perdóname, no sé ni qué estoy diciendo’.
Juan Manuel soltó una risa discreta, se le acercó con la taza del café, le tomó su mano acomodándole el pocillo y mirándola fijamente a los ojos le dijo:
‘No. Nunca tuve nada con ella. Mi relación con Raquel ha sido estrictamente profesional y no es una pregunta fuera de lugar. Me puedes preguntar lo que quieras’.
María Clara sonrojada sonrió, tomó un sorbo del café, suspiró de nuevo y en voz baja le dijo:
‘Juan, tengo miedo. Esta situación Nicolás me asusta. No es tanto por la campaña, es por él. Anoche se comportó conmigo en un modo espantoso. Creo que podría decir que me agredió física, verbal y psicológicamente. Todo el mundo me dice que es que es mucho estrés, que está bajo presión, lo que sea, pero es que es como si de repente estuviera viendo a una persona que no reconozco. Anda muy agresivo, histérico, me grita, me insulta, y apenas estamos empezando. No sé. Es horrible porque no puedo salir corriendo, el compromiso mío es grande, es mi familia, son mis hijos, no sé…perdóname. Creo que necesitaba desahogarme’.
Juan Manuel, la tomó de nuevo de la mano, y la llevó hasta el sofá para que se sentara; él se acomodó a su lado y le dijo:
‘Mira, te voy a contar una cosa. No sé si te acuerdas de Mauricio García, el amigo de ese grupo de Uribe, Castro y ellos. Bueno, me imagino que supiste que García se lanzó como alcalde de Tierrarroja y salió electo. Yo de vez en cuando me veía con Castro por un tema de trabajo, y una vez hablando de García y su carrera política, estábamos con Ana María Díaz, la que fue novia de él durante la universidad. Bueno, Castro decía que se había visto con García para hablar de unos contratos y había quedado aterrado del cambio tan drástico, que se comportaba como un politiquero después de que él lo había visto en tantos contextos y en tantos ambientes, que era como si fuera otra persona y Ana María dijo una cosa que no se me olvida: – pero si él siempre fue así, lo que pasa es que todos estábamos pensando en otras cosas, pero toda la vida se comportó de la misma forma, no me sorprende para nada -. Ahora, aunque yo no estoy metido en política, sé perfectamente los hilos con que se mueven esos personajes, porque tiene que ser así, y también entiendo que, en cualquier contexto, el dinero, sobre todo el poder, puede hacer perder la perspectiva de las cosas. Es cierto: la presión, el estrés, la incertidumbre, te llevan a extremos, pero nunca nada de esos factores pueden justificar el maltrato o la violencia. Lo que te aconsejo para que esto no escale, es que hables con él. Busca un momento en el que tengas toda su atención, háblale con sinceridad, dile cómo te sientes y exígele que nunca más te vuelva a tratar así porque de otra forma tendrás que salir de su vida. Así parezca extremo, es necesario que delimites hasta dónde puede llegar. Dile que tú eres su esposa, la mamá de sus hijos, la persona en la que más se debe apoyar en este momento, pero que, si sigue perdiendo el control de esa manera, las cosas pueden deteriorarse de manera importante, y de todos modos, reflexiona un poco y piensa si en realidad son comportamientos nuevos, o simplemente el contexto y los años están exacerbando su verdadera personalidad. Tú eres una mujer divina, delicada; cualquier hombre daría lo que fuera por tenerte a su lado, no permitas que esto remonte’.
María Clara se quedó en silencio y volviendo en sí después de las palabras de Juan Manuel, se puso de pie, apoyó la taza de café en el mesón y se giró; él se había parado también siguiendo sus pasos.
‘No sabes cuánto te agradezco. Necesitaba esto, quería este café, esta conversación, estas palabras, esta paz. Gracias Juan. Me da pena molestarte con estas cosas, pero me has hecho sentir tan bien, que no me voy a disculpar. De verdad, gracias. Eres una belleza. Me parece increíble que estés solo’.
Juan Manuel se le acercó, le dio un abrazo y de nuevo se activó entre los dos esa energía que se manifestó la primera vez que estuvieron cerca. El dejó caer sus brazos acariciando los de ella y cuando menos se dieron cuenta estaban a pocos centímetros el uno del otro.
‘No estoy tan solo como crees. Has estado muy presente en mi vida, más de lo que los dos podemos imaginar’. – le dijo susurrando en su oído -.
Ella parpadeó lentamente, él la tomó de las manos y con delicadeza, pero con determinación la trajo hasta estar con los cuerpos unidos. Pegó sus labios a la mejilla de María Clara, le dio un beso y se deslizó hasta encontrar sus labios. Ella cerró sus ojos como arrojándose a eso que no sentía desde hacía tanto tiempo. Los brazos firmes de Juan Manuel y la suavidad con la que rodeaba su cuerpo representaban el escenario opuesto de lo que había vivido la noche anterior. Cuando menos pensó, sus dedos ya estaban enredados en el pelo de Juan Manuel y la respiración de ambos empezaba a alterarse espontáneamente.
En ese instante María Clara se olvidó de la campaña, de la sesión de fotos, del dedo de Nicolás apuntando su frente. Se desprendió de sus miedos porque encontró el calor y la calma que pedía a gritos para sentirse segura, deseada, querida, apreciada. Lo único que contaba en ese momento era el fuego que salía de los dos cuerpos, el sofá en el que de un momento a otro los sostenía y la mirada profunda de él mientras la besaba con pasión.
Juan Manuel se separó un instante, la miró y susurrando con la respiración entrecortada le dijo:
‘María Clara…’
Ella lo buscó de nuevo, se lanzó sobre sus labios, cerró sus ojos y con fuerza lo agarró con sus manos como si no quisiera soltarlo en todo el día.
