La degradación

María Clara quedó en shock y le pidió explicaciones porque no entendía nada.

‘Pensé que sabías lo que había pasado. Anoche yo me estaba sintiendo mal de estómago, la señora que trabaja en la finca me dio unas agüitas, pero no me pasaba el malestar. Estaba mareada, con nauseas, en fin, yo llamé a mi mamá y me dijo que mejor me regresara. Al fin y al cabo, estaba con el conductor y a esa hora no iba a ser tan problemático devolverse. Yo le dije a Emi que alistara las cosas, pero ella recibió una llamada de Nicolás. Emi le contó que estábamos por regresar y Nicolás le dijo que si ella se quería quedar que se devolviera hoy con Matías y sus amigos. La verdad, yo le insistí en que se viniera conmigo, pero ella decidió quedarse después de que Matías y el resto la convencieron de que no se fuera’.

‘¿Pero había más niñas allá, o Emilia se quedó sola?’ – le preguntó María Clara -.

‘Si, había otras niñas más grandes porque todas eran amigas de Matías, pero no era la única. Las habíamos visto en otras ocasiones, obviamente no son de nuestro grupo. Pero ¿Nicolás no te avisó?’.

‘No, es que tu sabes que como estamos con lo de la campaña, él anda muy ocupado, ayer estaba de viaje y bueno, se le pasó avisarme. ¿María José, tú me puedes mandar el contacto de Matías por favor?’.

María José le dijo que se lo mandaría inmediatamente. Colgaron la llamada y María Clara no podía creer que Nicolás le hubiera dicho a Emilia que se quedara, y que no le hubiera contado nada. Apenas recibió el contacto de Matías, se estaba preparando para llamar cuando recibió una llamada de Emilia.

‘Mi amor, ¿dónde estás? ¡Te he llamado varias veces!’.

‘Hola mami, si, es que estaba sin señal porque veníamos por la carretera, pero ya estoy llegando a la casa. Me está llevando Matías, no te preocupes’.

Le volvió el alma al cuerpo a María Clara, aunque no estaba para nada satisfecha con la decisión que había tomado Nicolás. Era tal el desespero de su esposo por lograr cada objetivo que tenía programado, que parecía que no medía los riesgos y sin dimensionar las cosas estaba usando a su hija para satisfacer sus intereses personales. Encontró ese comportamiento inadmisible. Le hervía la sangre y le provocaba llamarlo para reclamarle y hacerle caer en la cuenta de lo lejos que estaba llegando, pero sabía que se iba a encontrar con una fiera que intentaría comérsela viva y no estaba para eso. Cogió su celular y llamó a Juan Manuel. Le contó todo y en medio de su discurso las lágrimas y los sollozos ocupaban las pausas del relato.

‘Lo siento tanto. Me da una impotencia escucharte así y no poder hacer nada. Me encantaría salir corriendo para abrazarte y decirte que todo va a estar bien. Pero, mira, yo entiendo tu preocupación, sin embargo, no se te olvide que tampoco es que esté con desconocidos. Según lo que me cuentas, ese muchacho es hijo de alguien muy influyente, es una familia que todo querrá, menos meterse en problemas; ya Emilia te llamó, está llegando a la casa y está bien. Trata de calmarte. No te estoy diciendo esto porque minimice tus razones, las entiendo y créeme que las comparto, sin embargo, no solucionas nada alterándote más. María Clara, trata de hablar con él, o cuéntale esto a tu familia. No te quedes sola con esas intimidaciones y con ese comportamiento errático de Nicolás. Yo puedo entender que esté muy estresado, pero está al límite de pasarse de la raya y solo espero que no sea demasiado tarde cuando decidas reaccionar. De todos modos, tu sabes que cuentas conmigo de manera incondicional. Ahora Raquel también puede ser un gran apoyo para ti, y si ves que las cosas están llegando a un punto sin retorno, toma un poco de distancia, no tengas miedo’.

María Clara se secó las lágrimas y se dio cuenta de que había llegado Emilia. Le colgó a Juan Manuel y salió para recibirla. Tenía la intención de ir a hablar con Matías, pero cuando menos pensó, dio reversa y se fue. Ni siquiera la saludó. Emilia venía caminando con su maleta. Se saludaron y entraron a la casa. Como cualquier mamá, María Clara quería hablar con su hija, preguntarle todo, qué pasó, qué hicieron, qué comieron, en fin, cada detalle, sin embargo, Emilia le dijo que estaba muy cansada y que quería ir a dormir. Dejó sus cosas en la sala y se fue para su habitación, cerró la puerta y se acostó.

Sebastián estaba en su cuarto leyendo y María Clara se fue para su estudio. No podía dejar de pensar en lo que le había dicho Juan Manuel, pero lo que más le impresionaba era la actitud de Nicolás. A ratos contemplaba la idea de contarle al menos a su hermana o a su tía lo que estaba pasando con su esposo, pero se moría de la vergüenza, y en el fondo, sentía miedo; no tenía muy claro de qué o por qué, pero se apoderaba de ella el terror. No quería que por su culpa las cosas salieran mal porque eso iba a recaer en sus hijos y no quería cargar con la culpa de lastimar sus sentimientos o hacerlos atravesar por un trauma difícil de superar. Creyó que lo mejor era tener un poco de paciencia.

Cogió la maleta de Emilia para llevar la ropa a la zona de lavandería y cuando la cogió, notó que se cayó una cadena que le habían regalado en sus 15 años con un dije con su inicial que llevaba unos brillantes resaltando la letra E. Cuando la recogió se dio cuenta que estaba reventada. Le pareció extraño porque Emilia era en extremo cuidadosa con sus joyas y en general con todas sus pertenencias, la guardó en el bolsillo de su pantalón, llevó la maleta y la dejó ahí para que Carmenza se ocupara de eso al día siguiente.

Subió a la habitación de Emilia y abrió la puerta con delicadeza. Cuando se asomó, Emilia se giró y le sonrió. María Clara entró y se sentó en la cama. Sacó la cadena del bolsillo y se la mostró.

‘Mi amor, mira lo que se cayó de tu maleta cuando la cogí. ¿Qué pasó?’

‘Ah si, mami, se me reventó cuando estaba en la piscina. Estábamos jugando a tirarnos agua y a saltar y se me rompió; menos mal me alcancé a dar cuenta a tiempo y no se me perdió el dije. ¿Tú crees que la podemos mandar a arreglar?’.

‘Si, claro, ¿pero tú estás bien? Es que tienes esos ojitos pequeños. ¿Por qué no te devolviste con María José anoche?’

‘Porque mi papá me dijo que me quedara; me dijo que era muy importante que me hiciera muy amiga de Matías. Yo no estaba tan convencida, pero con esa insistencia, me quedé’.

‘¿Y por qué estás tan cansada? ¿Es que se acostaron muy tarde? ¿Tomaron alcohol?’

‘No, mami. Es que no sé, me he sentido un poco rara. Esta mañana me desperté con un poco de dolor de estómago. Creo que comimos algo que nos cayó mal. Tenía unos síntomas parecidos a los de María José. Sobre todo, tengo mucho sueño, pero ya me está pasando’.

‘¿Y tú dónde dormiste?’

‘En una de las habitaciones yo sola. Esa casa es enorme, mami’.

‘Bueno ¿Y Matías se portó bien? ¿Si estuvo querido contigo?’.

‘Si, mami. Ya no me hagas más preguntas. Me voy a dormir otro ratico’. – le dijo Emilia dándose la vuelta -.

María Clara le dio un beso a Emilia, la cubrió mejor con la cobija y salió de la habitación. En ese momento, sintió que se abrió la puerta principal de la casa. Bajó las escaleras. Era Nicolás. La miró de reojo.

‘Hola ¿llegó Emilia?’

‘Si. Está en el cuarto durmiendo. Está cansada’

A Nicolás le brillaron los ojos.

‘Qué bien! Al menos tengo una aliada en esta casa. Mañana espero que le agradezcas a Josefina por todo, dile que Emilia llegó encantada y que vamos a preparar algo en los próximos días para invitarlos a la casa o a la finca’.

‘Nicolás, se te está yendo la mano. ¿Cómo se te ocurre decirle a Emilia que se quedara allá sola con unos muchachos que son más grandes que ella y que no son sus amigos más cercanos?’

‘A ver, Emilia cumple 16 años en veinte días; no es una niñita. Supera ya las etapas y acepta que tenemos una señorita en la casa. Y segundo, no estaba con gente de la calle. Estaba en la casa de los Bustamante. ¿Tu no has entendido que yo necesito a esa gente de mi lado en este momento? Necesito ese apoyo. ¡Es fundamental porque…ay! ¡No! Qué me voy a desgastar explicándote algo que no vas a entender. No estaba dejando a mi hija en manos de una pandilla de sicarios. Es gente divinamente, que tiene mucho dinero y mucho poder en las regiones. No me vengas con sermones de mamá sobreprotectora de cinco centavos que no tengo tiempo para estas huevonadas. Mañana empieza tu asistente ¿no? Espero que hayas elegido bien para que te ayude en serio porque esto te está quedando grande. No das pie con bola y en este tema toca ser ágil en todo sentido’.

Nicolás se dio media vuelta y se fue para su estudio dejando a María Clara con una expresión vacía y con la palabra en la boca. Como lo esperaba, fue inútil hablar con él. Se subió resignada para su habitación. Llamó a su papá para saludarlo. En medio de la conversación, le dijo algo que la dejó pensativa:

‘Hija, tú sabes que la fundación es muy importante para la familia. Son años los que llevamos trabajando duro para mantener un nombre de una organización que se ha caracterizado por su verticalidad y transparencia. Te pido el favor de que tengas extremo cuidado con los documentos que firmas de ahora en adelante, con fondos, o con donaciones que eventualmente se quieran hacer para la campaña de Nicolás. No permitas ningún tipo de triangulación porque no quiero saber de escándalos y menos, relacionados con dineros. Mira a ver si puedes contratar una empresa para que desarrolle alguna aplicación de seguridad informática o control interno. Eso es algo que de lo que habíamos hablado y creo que llegó el momento de implementarlo con celeridad. Busca una empresa de desarrolladores para que se pongan en esa labor cuanto antes’.

Era cierto que su papá había tenido esa conversación unos meses atrás con ella, y todo parecía indicar que había llegado el momento de contratar una empresa para sacar adelante ese proyecto cuanto antes. Sin duda, en el primero que pensó fue en Juan Manuel.