La salvadora
María Clara frenó en seco, se giró y detrás de ella estaba su tía Beta.
‘Hola, ¿qué haces por acá? ¿para dónde vas?’ – le preguntó Beta con extrema intriga -.
‘Hola Beta, me asustaste. No, pues vine a una cita que tengo acá con…’
Beta la interrumpió, la tomó del brazo y le dijo: ‘Camina normal que nos están tomando unas fotos. Si ibas a entrar en este edificio, pues entremos las dos, pero me tienes que explicar qué haces acá a esta hora’.
Subieron ambas los escalones y cuando entraron al edificio María Clara miró a su tía y le dijo:
‘Vine a verme con Juan Manuel. Tenemos una cita el jueves para lo del aplicativo que mi papá quiere implementar en la fundación y quería contarle algunos detalles para ahorrar tiempo’.
‘Ok. Esa es una explicación que le puedes dar a tu papá, a tu mamá, ¿pero a mí? ¿De cuándo a acá vienes tú a la oficina de un hombre que vive solo y trabaja desde su casa? ¿Qué está pasando? ¡Fuerza! ¡Cuéntame!’.
‘No está pasando nada, no seas malpensada. Es justamente lo que te estoy diciendo. Tú misma le diste el dato de Juan Manuel a mi papá. No le pongas misterio. Me quedaba fácil venir hoy aprovechando que Nicolás va a estar por fuera toda la semana. Bueno, ¿y tú qué hacías por acá?’.
‘Ay por Dios, no preguntes pendejadas. Tú sabes que yo vivo cerca y por las mañanas salgo a caminar al parque para dármelas de la atlética. ¿No me ves la pinta? ¿Te gusta Juan Manuel? Bueno, a quién no si está de rechupete. El caso es que el timing no da para tanto. Es un momento delicado para que andes en estos trotes, mejor dicho, estás dando papaya’.
‘¡Beta, por favor! En serio no pienses cosas que no son. Bueno, sí, la verdad me gusta hablar con él, me parece un tipo super querido, pero es un amigo del colegio y ya. Vine a trabajar. Hay argumentos que no quiero comentar delante de las otras personas que van a estar en la reunión. El tema de los dineros que entren en los próximos meses deben estar super bien justificados, especialmente porque mi papá no quiere que Nicolás use la fundación para triangular fondos’.
‘Bueno, no quedo totalmente convencida, ten mucho cuidado cuando salgas porque ya viste que hay gente por ahí que no pierde el tiempo para tomar fotos y armar chismes. Me encanta que me tomen fotos en estas fachas, que se me note la celulitis y el culo caído. ¡Qué dicha! ¡Qué hablen de mujeres que envejecemos sin dignidad! Cómo me encantan esos temas. Pero por tu lado las cosas son distintas. Esto que pasó con Emilia en estos días estuvo de locos, y así va a seguir. Y te quiero decir algo para que estés alerta. Ese niñito Matías Bustamante no tiene muy buena fama, ¿sabes? Me toca averiguar completo el chisme, pero creo que estuvo metido en un lío en el colegio con una niña. Mejor dicho, Antonio me contó, pero yo como no le paro bolas a esas historias se me olvidó porque eso fue hace unos meses. Esos culicagados entre más plata tienen, más raritos son’.
‘No me digas eso porque tengo un presentimiento con ese muchacho, con esa familia en general. Nicolás está desesperado por acercarse a los Bustamante como sea y creo que se le está yendo la mano. Averigua qué pasó y me cuentas’.
Beta le picó el ojo, se despidió de ella, le dio una palmada en la cola y le pidió que se cuidara. María Clara siguió su camino, se acercó a la recepción, se anunció y subió a la casa de Juan Manuel. No alcanzó a abrir la puerta cuando se le abalanzó, la abrazó y empezó a besarla por todas partes. María Clara lo apartó con delicadeza y le contó lo que acababa de pasar con su tía. Juan Manuel la escuchó, pero se le acercó y sin decir una sola palabra le quitó la ropa y en cuestión de segundos ya estaban entrelazados dejándose llevar por el deseo que crecía con los días y pensar en detenerse resultaba impracticable.
Esos eran los instantes en los que María Clara se olvidaba de todo y de todos. Quedaba suspendida en el esplendor de la entrega. Sentía que no quería irse de ahí, fantaseaba, deseaba estar con él en un lugar lejos de lo conocido en donde pudiera vivir su romance con serenidad y no tuviera que esconderse de nadie. Solo que cuando iba aterrizando en la realidad, se apoderaba de ella un miedo inexplicable. Eran muchas las razones por las cuales no podía huir de su vida, de ese mundo que ella había escogido. Sin duda, lo que más le causaba desasosiego eran sus hijos. La situación de Emilia la agobiaba. Desde que había ido a ese paseo, era como si algo estuviera haciendo ruido en ella de manera permanente.
El cuento de hadas terminó y como siempre, se paró rápidamente, fue al baño para terminar de organizarse, se vistió, se retocó su maquillaje, miró el celular y tenía dos llamadas perdidas de Carolina. Se dio cuenta de que ya era tarde y tenía que escapar rápidamente. Juan Manuel le recomendó que le dijera a Wilson que entrara la camioneta al sótano para que no tuviera que salir caminando. Le pareció buena idea y así lo hizo. Juan Manuel llamó a la recepción para avisar al celador. María Clara lo abrazó, lo besó tiernamente y lo miró a los ojos.
‘Tú no tienes idea de cuánto me gusta estar contigo; me siento tranquila, cuidada, en paz. Quería contarte algo que pasó anoche en mi casa, pero no alcanzo. De pronto esta noche hablamos por teléfono, aunque ahora ya me está dando miedo comunicarme de esa forma. Es algo medio harto. Me encontré unos archivos de Nicolás en un disco duro, pero bueno, después te cuento’.
Juan Manuel la abrazó.
‘Cuando quieras y puedas, me cuentas. Nos vemos el jueves, pero si quieres hablamos más tarde. Eres la mujer más divina del mundo entero. Creo que tú sabes eso. Gracias por venir. Que te vaya bien’.
Se despidieron y María Clara salió corriendo de esa casa. Estaba esperando el ascensor cuando sonó su celular. Era Carolina otra vez. María Clara le contestó.
‘Hola María Clara, perdona la insistencia, pero es que hay dos temas que necesito hablar contigo. El primero, es que Nicolás me escribió para que te preguntara que por qué estabas en un edificio al lado del parque El Virrey a esta hora de la mañana. Me da pena, pero me ha escrito varias veces para que le dé una razón’.
‘¡Dios mío! ¿Y es que me tienen detective privado o qué? ¿Y por qué no me llama él? ¡Qué desespero! Estaba en una reunión con una persona que nos va a instalar unos aplicativos en la fundación. ¿También tengo que contar cuántas veces entro al baño?’.
‘Mira, estas son cosas de él. Yo solo cumplo las órdenes que me da. La otra cosa es que la próxima semana tienes un evento con la Fundación Crisálida Roja y necesito darte la agenda y otras indicaciones para el discurso de apertura que debes dar. ¿tienes tiempo en este momento?’.
‘No. Voy en el carro para la oficina. Cuando llegue la llamo y hablamos con Raquel de una vez para que ella esté perfectamente enterada de los detalles. Chao, Carolina’.
María Clara le cortó la llamada a Carolina sin dejar que se despidiera. No podía creer que la tuvieran tan controlada y todavía no lograba asimilar cómo sabía Nicolás en dónde estaba. Pensó que le seguía los pasos por el celular, pero cuando lo revisó para saber si él tenía el acceso en tiempo real de su ubicación, no era así. Todo lo que tuviera que ver con esa campaña y con Nicolás la estresaba y tener a Carolina detrás pidiéndole explicaciones la sacaba de quicio. No soportaba esa presión. Cada vez se acentuaba la sensación de estar en una jaula.
Finalmente llegó a la oficina. Raquel la estaba esperando y ya estaba enterada del evento porque Carolina la tenía al tanto. También notó que María Clara estaba contrariada, le preguntó si necesitaba algo. Le pidió que llamara a Carolina y la pusiera en altavoz para hablar del evento de la semana consecutiva.
Raquel así lo hizo. Antes de que contestara Carolina, María Clara le dijo que venía de la oficina de Juan Manuel. Raquel asintió y le hizo el gesto de ok porque en ese momento contestó la secretaria de Nicolás. Hablaron del evento, de los detalles, y de los puntos importantes a tratar en el discurso. Antes de que colgaran, María Clara le preguntó a Carolina por qué Nicolás sabía que ella estaba en esa dirección.
Carolina le respondió: ‘Porque hay una foto tuya con tu tía al frente de ese edificio en las redes y se la mandaron a Nicolás’.
María Clara miró de reojo a Raquel y ella arrugó la frente, como si no supiera nada al respecto.
‘Le pido el favor de que me avisen acerca de estas cosas a mí también o a Raquel. Así como le envían las fotos a Nicolás con tanta eficiencia, me las pueden mandar a mí. Que esté bien Carolina’.
De nuevo terminó la llamada. La molestia era evidente.
Las dos estaban desconcertadas y por más de que buscaban la tal foto en las redes, no encontraron nada. María Clara decidió dejar ese tema de lado, sin embargo, le quedó dando vueltas en la cabeza la idea de que Nicolás la estaba controlando, incluso, dudó de Wilson. A ese punto no confiaba ni en su sombra.
Estaba tratando de unir puntos cuando le entró una llamada de Nicolás.
‘Hola, ¿en qué reunión estabas esta mañana?’ – le dijo con un tono acelerado -.
‘Estaba en la oficina de Juan Manuel Restrepo. Es un ingeniero que va a desarrollar una aplicación para la fundación. Se lo recomendó Beta a mi papá y me pidió que lo contactara’. – le respondió claro María Clara -.
‘¿Una aplicación de qué?’ – le contestó Nicolás -.
‘Seguridad informática y gestión interna’
¿Y se puede saber por qué le dio por esas a tu papá?’.
‘Si, claro. Llámalo y se lo preguntas’.
María Clara le tiró el teléfono a Nicolás. La situación entre los dos se tensionaba cada día más y ya le era imposible disimular. Sería porque estaba lejos que había cogido fuerzas para responderle de ese modo, pero no dejaba de temerle. La tenía vigilada. Eso era lo que más la angustiaba.
Raquel entró a la oficina de María Clara. Le dijo que cuando Carolina la había llamado para hablarle del próximo evento, le preguntó si sabía dónde se encontraba y que ella le había dicho que tenía una reunión de trabajo, pero que no sabía la ubicación exacta.
‘Lamentablemente no sabía dónde estabas, no supe qué decir’. – le dijo Raquel -.
‘No es culpa tuya. No te dije que iba para donde Juan Manuel porque no estoy acostumbrada a decir cada paso que doy. La próxima vez me aseguro de darte los detalles así estamos coordinadas’.
Raquel con un tono amigable le dijo:
‘María Clara, yo me imagino que debe ser muy agobiante todo lo que estás afrontando por estos días, pero no te dejes abatir. Haz tus cosas, cumple con tus compromisos con tranquilidad porque no estás haciendo nada malo. Ya sabemos con lo que tenemos que lidiar así que basta una simple señal y acá estoy para capotear estos toros. Noto a Carolina estresada más de lo normal con ese evento de la próxima semana. Ya estoy trabajando en el discurso. No sé si de una vez me quieres dar algunos puntos que quisieras que incluya o esperas a que te pase el primer borrador’.
‘Espero a que me pases el borrador. Gracias Raquel’.
El resto del día fue corriendo sin muchas novedades hasta que Nicolás volvió a aparecer. Esta vez le mandó un mensaje a María Clara:
‘¿Cómo así que estabas en una reunión en la oficina de ese tipo si sus oficinas quedan en otro lado?’
