Los secretos
María Clara quedó de una sola pieza. ¿Cómo era posible que Nicolás mientras hacía una gira tan importante, con una agenda llena de compromisos, estaba siguiéndole los pasos a María Clara? ¿Por qué parecía obsesionado si había muchos más temas relevantes en ese momento como para estar investigando a su esposa?
Antes de responderle cualquier cosa a Nicolás, llamó a Raquel.
‘Raquel, ¿tú sabes si Juan Manuel tiene otras oficinas?’.
Su asistente mostró sorpresa con un gesto indescifrable en su rostro y un poco dubitativa respondió:
‘Pues, que yo sepa, no, María Clara. Hasta donde sé él trabaja desde su casa, pero la verdad desconozco la respuesta. ¿Puedo preguntarte por qué? ¿Hay algún problema?’.
María Clara le contó lo que le había preguntado Nicolás y Raquel se mostró un poco preocupada, sin embargo, le dijo que lo llamaría personalmente para preguntárselo. Se comunicó con Juan Manuel.
‘Perdona que te llame para estas cosas, pero tal parece que mi esposo te está investigando y quiero estar preparada para sus preguntas. ¿Tú tienes otras oficinas?’ – le preguntó María Clara con precisión -.
‘¡Wow! Tu esposo va con todos los fierros. Si. Tengo unas oficinas arrendadas. Están a nombre mío, pero no trabajo desde ahí. Si quieres te puedo dar la dirección exacta. Normalmente trabajo desde mi casa y por eso tengo acondicionado el estudio como oficina. Cuando tengo reuniones, uso la sala que hay en el lobby de mi edificio, voy algún sitio de coworking, alquilo una sala de un hotel o voy a las instalaciones de mis clientes directamente. Esta última es la más común porque mi trabajo se desarrolla in situ, con los equipos de mis clientes, o en muchas ocasiones, me acondicionan un espacio para que mi equipo trabaje desde ahí’.
‘¡Qué estupidez! De verdad perdóname. Yo estoy tan paranoica que no contemplé ni siquiera que esa fuera una posibilidad. Es que no sé qué decirte. Nicolás se está portando de manera muy extraña, es como si me estuvieran persiguiendo. Esta mañana me tomaron esa foto entrando a tu edificio, la secretaria me dijo que estaba en las redes y no la he visto por ningún lado y ahora Nicolás me escribe diciéndome que tú tienes otras oficinas. Mejor dicho, me estoy enloqueciendo’.
‘No te preocupes. Creo que es normal. Debe estar bajo mucha presión y, según lo que me has contado, es un poco particular. De todos modos, no te puedo negar que no me gusta el hecho de que me esté investigando. No estoy acostumbrado a este tipo de cosas. Trata de indagar un poco más para ver qué es lo que busca. Ahora tengo que dejarte porque entro a una reunión. Te mando un beso’.
María Clara quedó pensativa con la respuesta de Juan Manuel. Sintió que se había molestado y lo entendía. No era fácil ser el ‘amante’ de la esposa de un candidato a la presidencia, pero no sabía cómo hacer para saber por qué Nicolás estaba tan interesado en todos sus movimientos. Cuando le iba a responder a través de un mensaje, su teléfono timbró. Era de nuevo Nicolás. Le contestó.
‘¡Mi amor! ¿Viste las noticias?’ – le dijo Nicolás exaltado-.
En ese momento entró Raquel y prendió el televisor de la oficina de María Clara en donde estaban hablando de los resultados de la última encuesta en donde Nicolás iba punteando con el 34.2% y el candidato que le seguía tenía el 28.1% con respecto a la intención de voto de los colombianos.
‘Si, estoy viendo’ – respondió María Clara -.
‘¿Si ves, mi amor? ¿Ves estos números? El país me prefiere porque ven en nuestra familia la ética y los valores que abanderamos en esta campaña. No eres solo mi esposa, María Clara, eres el 52% de mi favorabilidad. Vamos super bien, eso quiere decir que estamos haciendo bien las cosas. Ha valido la pena cada trasnocho, cada minuto dedicado al trabajo y cada momento de tensión. Sigue sonriendo porque esa sonrisa es la que nos va a sentar en el palacio presidencial. ¡Te amo, mi vida!’.
María Clara no sabía qué decir. Lo sentía tan emocionado y diciendo cosas tan absurdas que era claro que tenía gente alrededor, así que aprovechó la ocasión.
‘Bueno, pues me alegra, me estoy empeñando y tú lo sabes. Mira, con respecto a las oficinas de Juan Manuel…’
Nicolás la interrumpió.
‘No, eso no importa. Hicimos una pequeña búsqueda porque es mejor saber quién está cerca de nosotros, pero no hay nada raro y si tu papá te lo recomendó y tú lo conoces, no hay problema. Después me cuentas en detalle lo que van a hacer en la fundación porque si se trata de seguridad informática es algo que a nosotros en la sede nos puede interesar. Por ahora, veamos cómo funcionan las cosas en tu oficina. Hablamos más tarde que entro a una rueda de prensa. Deja el televisor prendido para que veas a tu futuro presidente’.
Definitivamente el comportamiento pendular e incomprensible de Nicolás dejaba a María Clara sin fuerzas. No sabía en qué creer. Lo único cierto era que no confiaba en él. Esa facilidad con la que cambiaba de máscara era alucinante.
Con Raquel comentaron los resultados de la encuesta. Su asistente se mostró positiva. Le preguntó qué le había dicho Nicolás con respecto a las oficinas de Juan Manuel. María Clara le contó y las dos quedaron perplejas con la respuesta. Raquel salió de la oficina. El resto del día transcurrió normalmente. Llegó el momento de terminar la jornada laboral.
Wilson llevó a María Clara a la casa. Cuando llegó encontró a Carmenza haciendo algunas preparaciones para la comida. Los niños estaban en sus habitaciones. Cuando Sebastián sintió a su mamá, bajó, la saludó y le dijo que un profesor lo había felicitado porque su papá iba ganando la contienda electoral. María Clara sonrió y se fue para el cuarto de Emilia. La encontró en la cama viendo el celular.
‘Hola, mi amor, ¿cómo están las cosas en el colegio? ¿te han vuelto a molestar?’ – le preguntó María Clara con dulzura.
‘No, mami. Parece que las amenazas de mi papá tuvieron su efecto y ahora menos. Estaba en plena clase y el profe interrumpió el discurso para dar la noticia de las encuestas. Todo el mundo aplaudió. Qué oso, pero bueno, supongo que son buenas noticias. Entonces, claro, ahora la gente me mira como la hija del presidente’. – contestó Emilia con un aire de hastío -.
‘Pues si son buenas noticias, y vamos a tener que acostumbrarnos a esta realidad. Me gustaría que ustedes estuvieran más tranquilos, pero te noto rara Emilia. ¿Si estás comiendo bien? ¿Qué ha pasado con Martín y con Matías?’
‘Con Martín, nada. No me habla y mejor. Si estoy comiendo, mami. Lo normal. Estoy cansada, hoy llegué muerta del colegio. Y con Matías…pues no sé, creo que está pensando solo en su grado y en el viaje que va a hacer. Le da like a mis cosas y ya. No hablamos mucho. Pero no le digas a mi papá para que no se ponga bravo’.
‘Emi, no tienes que hacer nada que tú no quieras, sobre todo cuando se habla de las relaciones interpersonales. No tienes que ser la mejor amiga de nadie. Los vínculos con las personas que rodean a tu papá y que están ligados a la política los debe manejar y él, y bueno, yo también, pero tú no tienes por qué cargar con un peso semejante. Si no te cae bien Matías, pues deja eso así, tampoco es que debes mendigar una amistad a nadie y menos a ese culicagado’.
Emilia sonrió sin decir nada. Carmenza los llamó para ir a comer, María Clara les dijo a sus hijos que se adelantaran y se fue para su habitación a cambiarse y dejar sus cosas. Cuando ya estaba a punto de bajar recibió una llamada de Beta.
‘¡Hola Mária! ¿Cómo te acabó de ir? ¿Te echaste ese chocorramo a la muela? (risas) En el fondo de mi corazón esperaría que me dijeras que sí, pero estoy segura de que no fue así. Mis dos sobrinas son maravillosas, las amo, pero han insistido toda la vida en portarse divinamente para pasarla bien aburrido. Es que yo debí pasar más tiempo con ustedes, pero, ni modos. Ya se fueron así. Varias cosas, querida: primero, la encuesta. Pues, ¡qué se puede decir! Tu marido va punteando, me imagino que está dichoso. Nosotros no tanto, pero ante eso, soportar. Segundo, ¿viste esa foto que nos tomaron? Hubiera querido salir más despelucada y sudada para que la gente crea que soy una mega deportista, no se me ve la celulitis, lástima. Tú divina, como siempre. Y tercero, la historia de Matías. Ya me contó Antonio y lo que te dije, hay algo raro con ese niñito.
