Los indicios

‘Beta, no seas loca. Cuéntame primero lo de Matías, que es lo que más me importa por ahora’ -le dijo María Clara a su tía -.

‘Bueno, ten presente que esto es un chisme contado por un hombre, entonces no te hagas muchas ilusiones. Lucía, la hermana de Antonio, tiene una amiga cuyos hijos van al mismo colegio de Matías. Hace como seis meses pasó algo con una compañerita de ese niño, pero no se saben bien los detalles. Lo único cierto es que a la niña la sacaron del colegio y la mandaron para Estados Unidos y nunca se supo realmente qué pasó, pero fue algo grave. La cosa fue de abogados de altísimo perfil porque la niña pertenece a una familia, que aunque no es tan poderosa como los Bustamante, tenían medios para pelear. Eso lo manejaron con un hermetismo increíble para que no se filtrara ninguna información en la prensa o en las redes. Algunos dicen que Matías salía con esa niña y que la golpeó, otros dicen que le hizo un bullying espantoso, y hay otra versión que dice que le hizo upskirting’.

‘¿Y eso qué es por Dios?’ – le preguntó María Clara aterrorizada -.

‘Esa práctica que ahora se puso de moda en la que los muchachitos les hacen fotos o videos de las partes íntimas de las niñas por debajo de las faldas de los uniformes y luego las comparten en grupos en las redes sociales’.

¡No, Beta, ¡no me digas eso! Pero ¿qué es eso tan espantoso? ¡Eso es violencia sexual!’.

‘Si, sí, sí. Yo lo sé, todos lo sabemos, sin embargo, no hay ninguna prueba de nada porque no se sabe qué fue lo que hizo ese niño porque los papás se ocuparon de taparle la patanada. Cuando Antonio me contó el chisme, honestamente no me concentré mucho porque la hermana se la pasa metida en cuanto gossip existe, y ya no le paro muchas bolas, sumado a que mi cerebro retiene poquísima información gracias a la edad en la que me encuentro; pero ahora que me refrescó la cosa, me parece gravísimo. Nunca me ha gustado esa familia, bueno, Josefina y Sergio, que los he visto por obvias razones en varias ocasiones. Es más de lo mismo, gente millonaria que cree que con la plata puede comprarlo todo. Como ese muchachito es el hijo menor de ellos, lo tienen super consentido. Bueno, eso es lo que sé’.

‘Me dejas de una sola pieza. Cómo te parece que Nicolás le pidió a Emilia que se acercara a ese niño, prácticamente le dijo que necesitaba que se convirtiera en su mejor amiga y yo la he notado rara desde que estuvo en ese paseo. Me quedo muy preocupada’.

‘¡Ahí está pintado tu esposo! No puede ser que sea tan bruto para poner a su hija como carnada y así pueda conseguir apoyo económico para esa campaña. Ten a Emilia alejada de ese huevoncito y Nicolás que solucione sus temas con su partido y sus nuevos amigos. Ahora tampoco vayas a entrar en paranoia. Emilia está bien, está ahí contigo. Debe estar agobiada porque todos los días sale en las noticias la carota de tu esposo, y eso se lo harán pesar a ella y a Sebastián. Tú sabes cómo son los adolescentes, pero es una fase que va a pasar. Eso sí, tenle el ojo puesto, pero no exageres. ¿Tú estás bien María Clara?’.

‘No ha sido fácil. A veces me agobio mucho porque son muchos temas y Nicolás anda muy estresado, esto es un voltaje al que no estoy acostumbrada, solo espero que estos meses pasen rápido’.

‘Entiendo. La buena noticia es que sabes que cuentas con nosotros de manera incondicional, la mala es que si Nicolás queda de presidente este ajetreo se multiplica, pero bueno, si eso pasa, ya pensaremos mejor en ese momento. Por ahora, cualquier cosa que necesites, avísame’.

‘Gracias, Beta, te quiero mucho. Voy a mantenerte informada. Te mando un abrazo, salúdame a Antonio’.

María Clara terminó esa llamada y empezaba a sentirse ahogada con tantas cosas sucediendo a su alrededor. Bajó las escaleras y los niños ya estaban terminando de comer. Sebastián recibió una llamada de uno de sus amigos y se fue para la sala. Emilia ya se iba a parar y María Clara la detuvo con una pregunta.

‘Emi, ¿tu sabías que Matías estuvo involucrado en un tema grave con una niña del colegio de él?’

‘Si, eso fue hace rato. Todo el mundo supo que esa niña se inventó una historia toda rara porque estaba enamorada de él y no soportó que la ignorara. Fue tal el despecho que la mandaron para Estados Unidos, allá está viviendo’.

‘Pero, también dijeron que Matías le había hecho upskirting’ – le dijo María Clara -.

‘Pues lo que me contaron a mí, es que ella misma se había tomado las fotos y las había compartido para culparlo a él’.

‘Y tu qué crees ahora que compartiste más con él? ¿Crees que sería capaz de comportarse de esa forma con una niña?’.

‘Pues…no creo. Él es un poco antipático a ratos. Ya sabes, es lindo, popular, millonario, no sé, es el típico niño que lo tiene todo, pero conmigo se ha portado bien. Mami, me voy a acostar, estoy cansada, quiero dormir’.

Cuando Emilia se levantó de la mesa, María Clara se dio cuenta de que había comido muy poco. Había algo que no terminaba de gustarle y en su corazón algo le decía que la niña no estaba bien, pero tampoco hallaba un modo para saber qué era. De repente recibió un mensaje, era Juan Manuel.

‘Hola, ¿supiste algo más?’.

La frialdad de Juan Manuel la dejó perpleja, pero entendía que era normal que él también estuviera incómodo con la persecución de Nicolás.

‘Hola, si. Nicolás me dijo que estuvieron indagando un poco acerca de ti por cuestiones de seguridad, sin embargo, al final me dijo que todo estaba ok y que probablemente también te necesiten para temas de seguridad informática en la sede de la campaña. No hay por qué preocuparse. ¿Está todo bien?’.

‘Si, bueno, me alegra que no haya escalado. He tenido un día muy ocupado y ahora estoy por fuera de la casa en una comida. Te llamo mañana. Un abrazo’.

María Clara quedó sin palabras. Por algún extraño motivo se trasladó a su adolescencia. De repente se vio sentada en el pupitre de su salón contándole a su mejor amiga que el niño que le gustaba estaba ‘raro’ y que ya no le hablaba con palabras bonitas como antes y no entendía por qué ese cambio. Ella misma se hacía una y otra pregunta sin parar, y solo podía enfocar en su mente era que la intensidad de Nicolás le estaba espantando la única persona que le daba la paz y el entusiasmo que necesitaba en esos momentos. Decidió no darle más vueltas al asunto y se acostó a dormir. Al fin y al cabo, el jueves tenían una reunión.

Al día siguiente María Clara se dedicó a revisar varios temas en la fundación. Tuvo un par de reuniones y revisó el discurso con Raquel. Sin detenerse mucho en los detalles, hizo algunas modificaciones y siguió adelante con asuntos pendientes. Se dio cuenta de que había represado varios puntos importantes y aprovechó para evacuarlos todos. Nicolás aparecía en televisión y en las redes sociales repetidamente. Todos hablaban de él y no podía mostrarse más satisfecho con lo que estaba pasando. Los periodistas de los medios más importantes, así como los podcasters más vistos y escuchados, querían hablar con él. Sin duda, se estaba dando el baño de popularidad que necesitaba en ese momento.

María Clara estaba harta de verlo por todas partes. En ese momento se dio cuenta de que sus sentimientos no eran los mismos. Ese hombre por el que al inicio de la relación la subió al cielo mil veces y le prometió amarla como a nadie, no se parecía al que veía en televisión. Casi que animadversión era lo que probaba por su esposo en ese momento. Le chocaba la forma en la que hablaba con las personas. El modo en el que se acercaba a la gente humilde; los abrazaba para tomarse fotos y el desparpajo con el que se sentaba en una cafetería de algún barrio humilde y se tomaba una sopa de un corrientazo solo para dejar ver que era como ‘ellos’. La gente con la que nunca había tenido nada qué ver, los ambientes y contextos que nunca había querido visitar porque estaba ocupado pensando en su carrera individual y en su crecimiento personal. Sentía vergüenza. Esa fue la primera vez que se preguntó si esa era la figura paterna que quería para sus hijos. Parecía que todo estaba pasando muy rápido y cada vez se cerraba más el pequeño margen que tenía para renunciar. En ese punto era impensable huir. Nunca se lo hubiera perdonado, no solo Nicolás, sino su familia, y muchas otras personas, incluidos sus hijos.

Se sacudió la cabeza, siguió con su trabajo. Juan Manuel no apareció en todo el día y ella tampoco le dio señales de vida. Estuvo muy ocupada y no quería que él pensara que estaba desesperada y tampoco quería asustarlo, así que decidió guardar silencio.

Llegó el día de la reunión. Se puso divina, se perfumó y buscó algo que fuera con su estilo, pero que la hiciera ver irresistible. Llegó temprano a su oficina e inició su día. Respondió algunos mensajes, llamadas y atendió los asuntos importantes. Su papá llegó, Raquel lo hizo seguir, se sentaron, hablaron del más y del menos, obviamente de la campaña de Nicolás, de los resultados de las encuestas y cuando se fue acercando el momento de la reunión el papá le dijo que se iba para la sala de juntas y que esperaría allá. María Clara estuvo de acuerdo y cerró la puerta de la oficina.

Pocos minutos después Raquel le avisó que Juan Manuel había llegado. María Clara le dijo que lo llevara hasta la sala de juntas y que tan pronto ella colgara una llamada, los alcanzaría. Se hizo esperar. Cuando por fin hizo su entrada triunfal, todos quedaron sin aliento, incluido el papá. Cuando estaban en la oficina, María Clara tenía un blazer y en cambio había llegado sin él y parecía una modelo. Juan Manuel se quedó sin aliento. Ella sabía cómo jugar sus cartas y no quería perder la oportunidad que la vida le había puesto por delante.

Apenas se sentó, se acordó que se le había quedado un documento importante en su oficina. Se disculpó, les dijo a los asistentes que regresaba rápidamente. Juan Manuel se paró y delante de todos le dijo: ‘María Clara, ¿te puedo pedir un favor?’ y se fue caminando detrás de ella. Cuando entraron a la oficina, Juan Manuel, la empujó de manera delicada, pero con afán y le pasó las manos desde los hombros, bajando por sus senos hasta su entrepierna, acercó su cuerpo al de él y le besó el cuello en una forma desmesurada, la tocaba como si tuviera miedo de que desapareciera y ella no tuvo otra opción que rendirse a las caricias del hombre que últimamente le robaba la razón y por el que empezaba a sentir algo más. En medio de ese desfogue de emociones, siente una voz con un tono determinado:

‘¡María Clara!’