El fuego
Era su papá. María Clara parpadeó, lo miró y visiblemente alterada le preguntó:
‘Si, papá, dime’.
‘Pues que si tienes el documento que está diciendo Alex que te entregó – le respondió su papá un poco perplejo por la actitud de María Clara -.
¡Ah, no, no, es que se me quedó en la oficina! Raquel, ¿te puedo pedir el favor de traerlo? Qué pena con ustedes, es que tengo tantas cosas en la cabeza, pero ya, ya estoy acá’.
María Clara sonrojada aterrizó de su fantasía. En ese momento se dio cuenta de que su atracción por Juan Manuel era mucho más fuerte de lo que ella misma creía. Estar en plena reunión imaginándose escenas al mejor estilo de cualquier película erótica y perder la noción del espacio y del tiempo sobrepasaba lo que ella había conocido de sí misma, mucho más con su papá presente. Juan Manuel la miró con algo de picardía, sonrió, bajó la mirada y siguieron hablando de los temas para los cuales habían sido convocados una vez que Raquel regresó con el papel en la mano.
Llegaron a algunos acuerdos, se asignaron tareas y quedaron a la espera de una cotización de Juan Manuel. Se levantaron todos de la mesa. El papá de María Clara se despidió de él con gran entusiasmo, le agradeció mucho por haber asistido y se disculpó porque debía salir rápidamente pues tenía un compromiso. Los ingenieros y Raquel regresaron a sus puestos de trabajo y María Clara le preguntó a Juan Manuel si quería pasar por la oficina de ella antes de irse. Él aceptó.
Lo invitó a sentarse en una sala acogedora que se encontraba al lado del escritorio. Juan Manuel se quedó mirándola fijamente a los ojos y le dijo:
‘No sé cómo hice para contenerme durante toda esa reunión. Estaba a punto de lanzarme encima de ti y comerte a besos. Es que eres divina, me muero por estar contigo’.
María Clara sonrió tímidamente y le dijo:
‘Bueno, lo importante es que no se notó, te vi super profesional y serio en tus intervenciones. Estoy segura de que mi papá quedó muy contento’.
‘Yo también quedé contento, pero porque te vi y te tengo acá al frente. No importa que no pueda tocarte, me basta con mirarte para saber que eres mía’.
‘jajaja…no exageremos. No pensé que te provocara todo eso, mucho menos cuando ayer no supe nada de ti’.
¿Me estás haciendo un reclamo? – le preguntó Juan Manuel sonriendo y mordiéndose los labios -.
‘Cero reclamos, me pareció extraño, pero entiendo si te molestaste por lo de Nicolás. Te dije que está muy intenso y honestamente, no sé hasta qué punto eso tiene justificación’.
‘No me molesté. No te puedo negar que me incomodó. Creo que es normal. Sentirse perseguido, investigado, no es algo agradable, pero no estaba bravo contigo. Se necesitaría mucho más, algo muy grande, para alejarme de ti. Ayer tuve un día muy agitado, tuve varias reuniones y estuve estresado, no estaba en mi mejor mood y no quería que me sintieras así, pero, mira, me bastó verte para que se me olvide el mundo. ¿Nos podemos ver más tarde?’.
‘No sé. Ya tengo miedo de hacer cualquier cosa. Mira lo que pasó con Beta y esa foto que me tomaron. Es que me siento perseguida en serio. Me da pánico volver a tu casa’.
‘¿Sabes qué? Se me acaba de ocurrir una idea. Tengo una amiga que tenía un spa en una casa muy bonita cerca de acá. El spa ya no funciona, pero la casa sigue acondicionada. Tuvo que cerrarlo y ahora está en espera de finiquitar unos temas con el esposo para saber si siguen con él o no. Están de viaje en este momento y me dejó las llaves por si se presentaba alguna emergencia. Es perfecto. Le dices a tu conductor que vas a hacerte un tratamiento y yo te espero adentro. ¿Qué dices?’.
María Clara se quedó pensativa. En ese momento golpearon en la puerta. Era Raquel. Entró, Juan Manuel se mostró complacido de volverla a ver, le preguntó cómo se sentía trabajando con su nueva jefa, hablaron del más y del menos, pero María Clara vio en Raquel un signo de timidez que antes no había advertido. Sin embargo, su permanencia allí fue corta, volvió a salir y Juan Manuel insistió en su plan.
‘Vi a Raquel como seria contigo, ¿o es impresión mía?’.
‘Creo que es impresión. Bueno, en realidad, no somos amigos, no la conozco muy bien, tal vez por eso se comporta así. No me cambies el tema. ¿Nos vamos al spa?’.
María Clara sonrió y le dijo que le avisaba más tarde porque tenía que estar pendiente de sus hijos y de otros temas. Juan Manuel se puso de pie para despedirse, ella se levantó, él se le acercó, le dio un beso en la mejilla, pero con su mano en la espalda la atrajo hacia él y en el oído le dijo en voz baja: ‘Quiero estar dentro de ti’.
Ella bajó la cabeza, se alejó como pudo porque lo único que quería era lanzarse en sus brazos y no soltarlo jamás. Lo acompañó a la puerta, se despidió con un tono muy profesional, le dio las gracias y se cruzaron las frases de cortesía típicas de la situación. Juan Manuel se despidió de Raquel, ella respondió y se fue. Cuando María Clara regresó a su ser se dio cuenta de que él se había ido y se había llevado su mirada, su respiro y el fuego que sentía cada vez que lo veía. Apenas reaccionó y se giró para entrar a su oficina, de reojo notó que Raquel la estaba observando, cuando trató de encontrarla con los ojos, su asistente bajó la cabeza y siguió haciendo sus cosas.
María Clara entró en su oficina, se sentó y pensó que debía ser muy cuidadosa. Era evidente que ese hombre le encantaba y la naturaleza humana es compleja y traicionera; no sabe ni entiende de lugares, de contextos, de espacios. Cuando sale ese lado salvaje no hay circunstancia que lo pueda atajar, sin embargo, ella era una mujer especial, en condiciones particulares y con un rol muy importante como para dar de qué hablar.
Terminó la jornada laboral y de camino a casa María Clara habló con su papá quien había quedado gratamente impresionado con Juan Manuel.
‘Hija, te veo un poco estresada. Cuídate mucho, saca tiempo para ti, para descansar. Son muchos cambios en muy poco tiempo y no queremos que te enfermes. Nicolás está apareciendo por todas partes, lo veo super impulsado, eso es bueno, pero obviamente significa que hay cada vez más trabajo. Me late que vas a ser la próxima primera dama, así que lo que se viene es grande. Con mayor razón tenemos que agilizar ese trabajo de Juan Manuel, ojalá empiece pronto’.
En la mente de María Clara quedó la frase ‘la próxima primera dama’. La atravesó un escalofrío. No alcanzaba a dimensionar lo que eso podría significar y en el punto en el que se encontraba sentía que cualquier cosa podía pasar. Aunque hubiera querido salir corriendo a refugiarse en los brazos de Juan Manuel, sabía que debía ser extremadamente cautelosa.
Llegó a su casa y sintió a Sebastián que se reía mientras veía alguna serie; se cambió, se puso algo más cómodo y pasó un rato con sus hijos. Les preguntó si querían comer algo especial así que ordenaron pizza y se sentaron los tres a reírse un rato. María Clara no perdía de vista a Emilia y aunque la niña parecía serena, la veía un poco decaída, pero nada le quitaba la satisfacción de disfrutarlos y estar con ellos pasando tiempo de calidad en medio de tanta incertidumbre. Sebastián era mucho más entusiasta con la idea de llegar al palacio de Nariño. Se imaginaba situaciones, hacía chistes, se reía, molestaba a su hermana y al final con tanta ocurrencia lograba desprender carcajadas de las dos.
Ese momento le confirmaba a María Clara la razón por la cual ella estaba haciendo todo ese sacrificio. Lo único que quería era ver a sus hijos felices. Esos instantes la ponían contra la pared porque sabía que estaba arriesgando demasiado con Juan Manuel y por microsegundos pensaba que no podía continuar con esa locura. Pero cómo iba a hacer si bastaba traerlo a su mente para deshacer por dentro cualquier barrera. Su cuerpo se dilataba entero; cada caricia, cada mirada, cada beso, representaban la inauguración de un arrebato que la dominaba. ¿En qué se había metido? ¿Cómo había caído ahí? ¿A qué hora se había cruzado ese hombre en su camino?
Después de pasar una noche fantástica con sus hijos, se fueron para sus habitaciones a alistar lo del día siguiente en el colegio y a dormir y ella se fue para su habitación a descansar. Estaba reposando en su cama mirando hacia ningún lado, cuando recibió un mensaje de Juan Manuel.
‘Estabas divina hoy. Quería meterme en ese escote para dejarte sin aire. No te puedo arrancar de mi cabeza. ¿Qué me hiciste? Te mando mil besos. ¿Puedes hablar por teléfono?’
María Clara se quedó pensando qué responder. Se dio cuenta de que todo le daba miedo. No estaba tranquila, sin embargo, se animó y le dijo que sí. Se levantó, cerró la puerta de su habitación y a los dos segundos la llamó.
‘Hola, qué delicia escucharte, ¿cómo estás? Me dejaste mal todo el día. Te imaginé de todas las maneras en una cama. Toda entera solo para mí’.
‘Yo también te he pensado mucho. Me la paso en una sola batalla tratando de pelear contra eso, pero me gana la idea de estar contigo’.
‘¿Y qué piensas? ¿Qué te gustaría que te hiciera si estuvieras acá en mi cama?’.
‘Quisiera que me acariciaras, amo tus manos y la forma en la que me coges, como conduces mi cuerpo y lo pegas al tuyo sin darme cuenta’.
‘Y a mí me encanta la forma en la que me miras, amo ver esos ojos brillantes, yo sé lo que me dicen; que no pare porque te encanta sentir que eres mía. ¿Cierto que te gusta? ¿Cierto que eres mía? Tócate, mi amor, por favor’.
María Clara estaba en un grado de excitación que de nuevo se elevó y emprendió un viaje hacia un universo al que solo pertenecían ella y él. Los gemidos no se hicieron esperar, el sudor, la emoción. La escena romántica se interrumpió abruptamente por una notificación de un mensaje que recibió María Clara. Juan Manuel le imploró que no mirara, ella le dijo que tenía que hacerlo. Revisó, el mensaje venía de un número desconocido. Lo abrió. No había texto. No había nombres. Solo una foto. Quedó desconcertada y se sentó en la cama incrédula.

