El gánster

María Clara subió corriendo con el corazón en la mano. Apenas entró a la habitación Emilia le pasó el celular y había un post en uno de los perfiles de noticias nacionales:

‘Un grupo de presuntos ladrones atacaron a golpes a Matías Bustamante, hijo del empresario Sergio Bustamante, y a sus dos amigos, Pedro Uribe y Santiago Aponte cuando salían del gimnasio en el norte de Bogotá. Los tres fueron trasladados a la clínica Virrey y hasta ahora no se conocen detalles acerca del estado de salud de los tres jóvenes’.

María Clara quedó en shock.

‘Emi, esos otros dos muchachos eran los que estaban en la finca con ustedes? ¿Alguno de ellos es el que sale en el video?’.

‘Si, mami. Fueron ellos tres los que me violaron’. – le contestó Emilia temblorosa y con lágrimas cayendo en su rostro -.

María Clara la abrazó y la sostuvo por un rato mientras se le pasaban muchas cosas por la cabeza. En ese momento le entró una llamada de Nicolás.

‘Hola, ¿viste las noticias?’ – le preguntó Nicolás con un tono irónico -.

María Clara salió de la habitación de Emilia y se alejó.

‘Nicolás, ¿qué significa eso?’.

‘¿Qué significa? Que así les va a los hampones; eso se llama karma’.

‘Pero, tú no tienes nada que ver con eso, ¿no?’.

‘¡Cómo se te ocurre! ¡Qué dices! ¡Claro que no! Pero me alegra’.

‘¿Y qué has pensado con respecto a la denuncia?’.

‘Por ahora nos quedamos quietos. Mañana vamos a esa comida y tanteamos la situación a ver cómo están ellos’.

‘No creo que vayan a hacer esa comida después de lo que pasó’.

‘Claro que la van a hacer. Al hijito de ellos no le pasó nada grave. Los otros dos no sé, espero que alguno haya quedado inválido. Nos vemos más tarde. Voy al aeropuerto. Chao’.

María Clara quedó petrificada después de esa llamada. No sabía qué pensar. Le asustaba el tono de Nicolás. Parecía perfectamente informado acerca de lo que había sucedido, pero no podía creer que estuviera involucrado en algo tan horrible. No era así cómo se debían manejar las cosas. De cuándo a acá su esposo, un abogado, iba a tomarse la justicia por sus propias manos. Eso era impensable. Sin embargo, saber que esos niños habían recibido una paliza, de alguna forma le alegraba, aunque jamás lo reconocería delante de nadie. Nunca podría decirlo en voz alta. Pensó que lo correcto era llamar a Josefina. No hacerlo sería muy extraño sabiendo que tenían una invitación pendiente para el día siguiente. Sin consultarlo con Nicolás la llamó pensando que no le respondería porque debían estar angustiados con el hijo en la clínica.

‘Hola, María Clara ¿cómo estás?’ – le dijo Josefina -.

‘Hola, Josefina, consternada con las noticias. ¿Cómo está Matías? ¿Cómo están ustedes? ‘Qué fue lo que pasó, Dios mío?’.

‘No, es que todavía estamos tratando de digerir la noticia. Estamos en la clínica. Afortunadamente Matías está bien. Apenas sufrió un raspón porque le pegaron un empujón y cayó al piso, pero no podemos decir lo mismo de Pedro y Santiago. Les dieron una golpiza que no te puedes imaginar. Están en este momento con los médicos. Ya llegaron los papás, pero no nos han dicho nada todavía. Esto es una tragedia’.

‘Me imagino. Pero ¿fue un atraco? ¿les robaron todo?’.

‘No, imagínate. Eso es lo raro. Todos tienen sus pertenencias. No hemos podido entender qué fue lo que pasó. Lo único que nos alcanzó a decir Matías es que estaban saliendo del gimnasio y llegaron cuatro tipos y los cogieron a golpes. Esta ciudad está imposible, María Clara’.

‘Qué cosa tan espantosa. Josefina, me imagino que ustedes estarán ocupados con todo este tema. Entendemos perfectamente si la comida se cancela, aunque Nicolás está llegando a Bogotá en este momento’.

‘No, María Clara. La comida sigue en pie. Si pasa cualquier cosa, te aviso, pero por ahora, los planes no han cambiado. Coordinar estas agendas no es fácil y es mejor aprovechar que ya mañana todos están confirmados. Te agradezco mucho tu llamada y nos vemos mañana’.

María Clara se despidió de Josefina. Todo resultó estar tan cual se lo había dicho Nicolás. ¿Cómo podía estar tan enterado? Estaba tratando de entender algo de lo que estaba pasando cuando Raquel la llamó. Le dijo que la cita con la ginecóloga estaba lista para dentro de dos días. Hablaron de lo que había sucedido con esos muchachos. Raquel no pudo evitar decirle que sentía alivio.

‘Quién sabe en qué andan esos niños, María Clara. por algo les dieron esa golpiza. Si hubiera sido un atraco, les quitan las cosas y ya. Pero ¿cogerlos a golpes de esa manera? Muy raro’.

María Clara le dijo que lo que más le preocupaba era Emilia. La veía muy decaída. Estaba muy nerviosa. Le agradeció por la cita con la doctora.

‘Al menos empezamos por ahí. Eso es importante. Raquel, Nicolás está regresando a Bogotá. Mañana tenemos una comida donde los Bustamante. Yo sé. Es algo que no termino de entender después de lo que pasó con Emilia, pero en el fondo, me parece que ellos quieren comprar nuestro silencio y yo quiero ver con mis propios ojos lo que va a pasar ahí. Esta noche voy a hablar con Nicolás. Le voy a decir que ya hablé contigo y le pediré que te deje en paz. Cualquier cosa se puede esperar, sin embargo, está en un momento álgido y creo que no tendrá opción que aceptar y calmarse. No he tenido tiempo para digerir lo que pasó contigo y con Juan Manuel. Esta situación con Emilia me tiene conmocionada, pero no pienso tomar decisiones apresuradas en este momento, así que todo sigue como antes. Ya tendremos tiempo de hablar con calma de todo esto porque tengo muchas preguntas’.

Se despidieron y María Clara regresó donde Emilia. Se había quedado dormida. Se fue para la habitación de Sebastián y se quedó un rato con su hijo para tratar de pensar en otras cosas.

La noticia de la golpiza estaba por todas partes. María Clara cambiaba el canal cada vez que escuchaba algo relacionado con esos jóvenes. Recibió un mensaje de Juan Manuel en el celular que él le había dado. Le decía que se había ocupado del tema de las redes para evitar la difusión del video y le preguntaba si estaba bien o si necesitaba algo.

Se le escaparon las lágrimas. Se sentía sola, y por más que Juan Manuel le hubiera ocultado algo tan grave como lo de Raquel, lo extrañaba. Hubiera querido salir corriendo para refugiarse en sus brazos. Era ahí que se sentía protegida, tranquila, querida. Le iba a responder cuando escuchó la puerta de la casa. Había llegado Nicolás. Escondió el celular rápidamente y lo esperó sentada en la cama.

Él entró, la saludó sin mucha efusividad. Preguntó por los niños. María Clara le dijo que ya estaban dormidos. Se quitó la chaqueta, y empezó a desabotonarse la camisa.

‘Esos imbéciles. Te iba a decir que llamaras a Josefina y se me olvidó’.

‘La llamé. Me dijo lo mismo que tú. Que Matías estaba bien, que los otros dos no tanto y que no había sido un robo’.

Nicolás dejó salir una risa capciosa.

‘Eso es lo que se merecen’.

‘Nicolás, hablé con Raquel y me contó todo acerca del sitio web y también me dijo que la estás acosando. Te pido el favor de que la dejes en paz. Si hay alguien acá que debería sentirse avergonzado eres tú. Yo no tengo cabeza ni tiempo para ponerme a buscar una asistente a estas alturas y mucho menos, para pensar en tus perversiones. Quiero solo ocuparme de la salud física y mental de Emilia. Ella no está bien y estoy preocupada por eso. Es muy grave lo que pasó’.

‘Lo que faltaba! Que me vengas a hablar en ese tonito por culpa de una putica de internet. Yo sí que no tengo tiempo para estas estupideces, y menos para chismes de viejas. Qué voy a estar yo intimidando a esa nadie. No me interesa. Pero mira tu habilidad para contratar gente. No se te ocurrió investigar un poco más y resultaste trabajando con una modelito de cinco pesos. Que te quepa en esa cabecita que tienes que yo hago lo que sea por mi familia y no permito que nadie se meta con lo que es mío. Creo que quedó clarísimo con lo que les pasó a esos mariconcitos’.

‘Si no te acuerdas, fuiste tú el que le dijo a Emilia que se quedara esa noche en esa maldita finca. Ella se iba a devolver con María José y eso era lo que tenía que pasar, pero tú, por tu ambición y por tus intereses, pusiste a tu propia hija de carnada y mira lo que pasó. Ten mucho cuidado con la forma en la que me hablas porque estoy harta Nicolás y no me voy a aguantar tu maltrato’.

‘¡Mucho cuidado tú, María Clara! Que no se te olvide que acá llevamos todos del bulto donde te pongas muy alebrestada y ya sabes a quién tienes al frente. No me desafíes y menos en este momento. Mañana ponte tu mejor vestido y vamos a ir sonrientes a esa cena. Yo no le tengo miedo a nadie y menos a esa gente. Lo que necesito es salir con el apoyo económico de Sinisterra y listo. Así que compórtate y no me lleves al límite. Emilia va a superar esto y lo que pasó hoy es apenas el comienzo’.

‘Hablas como un capo de la mafia, Nicolás. Honestamente te desconozco’.

María Clara se paró y se encerró en el baño.

Al día siguiente, apenas se despertó, se fue para la habitación de Emilia. Encontró a Nicolás perfectamente vestido sentado en la cama con la niña. Estaban hablando así que decidió bajar a la cocina. Sebastián llegó a los pocos minutos, desayunó y cuando terminó se despidió y se fue para el colegio. Nicolás bajó al rato con Emilia. La niña se lanzó en los brazos de la mamá. Nicolás se despidió de las dos y con una voz cortante le dijo a María Clara. ‘Nos vemos esta noche’.

Tan pronto salió de la casa, María Clara le preguntó a Emilia cómo se sentía. La niña le dijo que estaba un poco mejor. Estaban terminando de desayunar cuando sonó el celular de Emilia. Era una notificación de un mensaje. Apenas lo leyó se lo mostró a la mamá.

‘Mira lo que me llegó, mami’.