El operativo
María Clara tenía las piernas temblorosas. De un momento a otro, por la rendija de la puerta, se dio cuenta de que Matías se devolvió y entró a un baño. Como pudo salió de la habitación y bajó corriendo. Guardó la tarjeta de memoria en el bolsillo de su pantalón. Tomó su celular y simuló una conversación. A los pocos segundos, Josefina se asomó, la vio hablando y María Clara con la mano le indicó que ya iba para allá.
Regresó a la sala, se disculpó, les dijo que estaba atendiendo una llamada y sin dar mayores explicaciones siguió como si no hubiera pasado nada. Josefina aprovechó el momento para decirles que pasaran a la mesa.
En la comida se dedicaron a hablar de política y de las promesas, alianzas y proyectos que Nicolás había ya destinado para los empresarios. Sinisterra se mostró muy complacido con las propuestas del candidato y al fin dijo las palabras mágicas. ‘Hombre, Nicolás, cuenta con nuestro apoyo, el país definitivamente necesita un presidente como tú. Es que no se pueden ir encima de los empresarios. Nosotros nos rompemos el lomo para generar empleo y cada vez nos dan más duro con los impuestos. Así no se puede. Estas propuestas tuyas van en línea con lo que necesitamos para hacer crecer este país. Vamos para adelante. Mañana te llamo temprano y vemos de qué manera se ocupa nuestra gente de hacerte el depósito lo más pronto posible’.
Nicolás elevó la copa y los invitó a todos a hacer un brindis celebrando la nueva adhesión y en especial, la grandísima contribución económica que uno de los hombres más ricos del país le iba a hacer. Sergio Bustamante miró de reojo a Nicolás con una sonrisa que entre líneas decía que había sido gracias a él que esa negociación se había concretado. Todos mostraron su mejor cara, brindaron con entusiasmo y la cena siguió su curso en medio de una conversación más amable y ligera.
A un cierto punto Sinisterra le preguntó a Nicolás si su papá todavía estaba vendiendo la finca, él lo miró con un aire de simpatía y le respondió.
‘No. Imagínate que el viejo se llenó de nostalgia y desistió de la idea. Mi mamá tuvo que ver mucho con eso. Al fin se va a quedar con ella. Eso sí nos amenazó y nos dijo que tenemos que ir con más frecuencia. Apenas pase todo este trajín de la campaña nos iremos a pasar unos días allá’.
María Clara quedó de una sola pieza. Hasta donde sabía, el papá seguía en pie con la venta de finca y no entendía de cuándo a acá había cambiado de idea. Como siempre, se limitó a escuchar y fingió una cálida sonrisa para acompañar el relato de su esposo.
Ya habían terminado de comer, cuando Sinisterra miró su celular y les dio a todos una noticia:
‘Estoy viendo acá que el canal de este periodista Monsalve se lo bajaron de las plataformas. ¿Ese no fue el que sacó una noticia tuya hablando de unos contratos mientras estuviste de Senador o algo así, Nicolás?’.
‘Si, claro. Eso es de esperarse y más cuando uno va punteando las encuestas. Lo que vienen son semanas complicadas porque todos los días irán a sacar más noticias falsas, hasta montajes con inteligencia artificial. Ese Monsalve es un miserable. Está comprado por la oposición y se la pasa sacándome cuanta basura se inventa. Nadie nunca ha podido demostrar nada porque todo es falso. Me alegra mucho que le hayan bajado ese canal. Esa gente debería quedarse callada en lugar de disparar tanto veneno’.
‘Acá dice que el pisco está insinuando que seguro estás detrás tú de todo eso’.
‘Jah! ¡Lo que faltaba! Imagínate si me voy a poner en esas tareas yo. Es la misma gente que cree en mí la que se ocupa de denunciar esos canales de noticias sin fundamento. Afortunadamente tengo unos seguidores firmes, que confían en su candidato, que lo respaldan, por eso es que no descanso. Pueden decir lo que quieran que acá estoy listo para demandar si es el caso. Yo a estas alturas no le tengo miedo a nadie, mucho menos a quienes pretenden hacerme daño a mí o a mi familia. Eso no lo voy a tolerar’.
‘Así se habla, querido Nicolás. Acá necesitamos mano dura. Con ese cuentico de la libertad de expresión le botan la honra a una vaca, y tampoco. A la gente se le va la mano’. – replicó Sinisterra -.
Nicolás se puso de pie, les dijo a todos que él y María Clara tenían que irse. Cuando se despidieron de los Bustamante, les recordó que, en caso de requerir cualquier cosa con respecto a Matías, no dudaran en contactarlo. María Clara les agradeció a Josefina y a Sergio salieron de esa casa. Se metió la mano a su bolsillo para confirmar que la memoria estaba allí, y apenas la sintió botó un suspiro y se subieron al carro.
El brillo en los ojos de Nicolás alcanzaba a iluminar la ciudad entera.
‘¿Viste eso? Por fin ese viejo desgraciado se dignó a darme su apoyo. Casi que no. Esto es un gran logro. Te portaste como toda una primera dama. ¡Así es la cosa!’.
‘Pues me alegra, pero yo no estoy tranquila, Nicolás. Esa gente sabe perfectamente lo que hizo Matías y me asquea la forma en la que hacen parecer que no ha pasado nada. Estoy muy preocupada por Emilia’.
‘Yo también estoy preocupado y que no se te pase por la mente dar pasos en falso. De eso me estoy ocupando yo y ese culicagado de mierda va a pagar caro lo que hizo, pero por ahora debo mantener una cara porque lo que pasó esta noche es decisivo para mi candidatura. Acá donde me ves, estás hablando con el futuro presidente de este país. Así que por ahora nos ocupamos de llegar al Palacio de Nariño y después, ese imbécil va a pagar carísimo lo que le hizo a Emilia. Tú no te preocupes por eso que yo me encargo’.
‘Es que mientras tanto Emilia sigue viviendo y está mal. Está decaída, no está comiendo bien, está triste. Está siendo víctima de cyber bullying’.
‘De eso sí te debes ocupar. Llévala al médico, al psiquiatra, al psicólogo, lo que sea para que se mejore, pero hasta ahí. Váyanse unos días de vacaciones a alguna parte. No sé, no puedo pensar en todo. No creo que te quede muy difícil resolver ese problema’.
‘Nicolás, hablas como si se tratara de un capricho menor que se cura comprando un dulce. Creo que no has sido consciente de lo que le hicieron a tu hija; eso no se soluciona con un paseo’.
‘¡Cállate ya, María Clara! ¡No hables tanta estupidez! Es que ni siquiera una noche como ésta que fue tan importante la puedes celebrar, tienes que ponerte a dar cantaleta como una vieja histérica. Ve a terapia tú también. ¡Por Dios! Soluciona, usa esa cabeza, resuelve. Dile a tu eficiente asistente, la puta, que te ayude, pero déjame en paz. ¡No sirven para mierda estas viejas, qué fastidio!’.
En ese momento llegaron a la casa. Nicolás se bajó, tiró la puerta del carro y se fue directo para su estudio. María Clara entró a la casa, subió a ver cómo estaban Sebastián y Emilia. Los dos dormían en sus cuartos y ella se fue para la habitación. Se puso la pijama, sacó la memoria del bolsillo del pantalón, la guardó en su cartera y se sentó en la cama despojada de ella misma. No se reconocía. Le parecía increíble que su esposo la tratara de esa manera, que fuera tan indolente, que no le doliera como a ella el momento por el que estaba atravesando su hija adolescente. Que no pudiera dimensionar las secuelas que puede dejar un hecho tan violento. Una que otra lágrima cayó sobre su rostro, pero se limpió con furia y cambió su expresión. Algo empezaba a transformarse dentro de ella y estaba segura de que nadie ni nada la iba a detener.
Al día siguiente, se levantó temprano. Nicolás se estaba bañando. Fue a ver cómo estaba Emilia y seguía durmiendo. Sebastián se estaba alistando para ir al colegio. Bajó, le pidió a Carmencita un café, unos huevos revueltos y una arepa. Carmencita sonrió y le dijo que le gustaba verla con apetito. María Clara la miró y le dijo con una sonrisa: ‘Tengo que alimentarme bien, Carmencita’.
Al rato Nicolás bajó, se tomó un café mientras hablaba por teléfono y salió de la casa sin despedirse. Sebastián desayunó con su mamá. Charlaron del más y del menos. María Clara le dio un abrazo y un beso a su hijo y agradeció mentalmente por el bienestar de su chiquito. Se alegraba de verlo bien, sonriente y feliz. Al menos él estaba bien, porque el resto de los miembros de esta familia pasaban por momentos muy complejos.
El niño se fue para el colegio y María Clara se fue para el estudio y llamó a Juan Manuel. Le contó lo que había hecho la noche anterior.
‘¿Hiciste qué cosa? ¿Te metiste al cuarto de ese muchachito? ¡Dios mío, María Clara! Bueno, mira, lo primero. Ten esa memoria lejos de cualquier dispositivo y por ningún motivo vayas a tratar de mirar su contenido en ningún dispositivo que esté en tu casa. Tenemos que ser muy cuidadosos para no dejar una huella digital, pero en especial, para descargar el material en un lugar seguro con los datos necesarios que indiquen la fecha, la cámara y titular. Esperemos que esa gente no se de cuenta tan rápido. Tenemos que vernos para que me la entregues. Si quieres nos encontramos en tu oficina a la hora que me digas’.
‘Ok. Yo tengo a Emilia en la casa en estos días y no quiero dejarla sola mucho tiempo, pero me arreglo y nos vemos allá en una hora y media para entregártela; aprovecho, hago un par de cosas y me devuelvo. Gracias, Juan. De verdad esto es muy importante para mí’.
María Clara llamó a Raquel para contarle los planes. Le dijo que le preparara los documentos que tenía pendientes para firmar y que se veían en un rato. Se fue para el cuarto de Emilia, la despertó, le dijo que iba para la oficina, pero que no se iba a demorar. La niña le dijo que no había problema, que ella quería dormir un rato más. La dejó tranquila y se fue a arreglarse para salir.
No podía evitar sentir emoción al saber que iba a ver a Juan Manuel. Aunque sabía que iban a ser pocos minutos, la llenaba de ilusión tenerlo cerca, sobre todo cuando era para ayudarla. Se puso bonita y salió de su casa con toda la intención de buscar la caída de los agresores de su hija.
Cuando iba en camino, recibió una llamada de Raquel. Se apresuró a contestar.
‘Hola, María Clara, me imagino que vienes en camino. Te quería avisar que Carolina está acá y dice que quiere hablar contigo’.
