La espera
María José estaba llorando inconsolable.
‘Emi, Emi, Emi, la acaban de entrar. Viene con una hemorragia’. – contestó María José entre sollozos -.
‘Cómo que hemorragia, pero ¿qué pasó Dios mío? ¿Qué le pasó a mi niña?’ – le dijo María Clara desesperada -.
‘Emilia decidió abortar y nos fuimos para una clínica en Chapinero donde hacían el procedimiento rápido y me rogó que la acompañara. Yo le insistí mil veces que no lo hiciera de esa forma, pero no pude convencerla y preferí ir con ella. Cuando salió de ese consultorio estaba muy pálida, dio dos pasos y se desmayó. El doctor se acercó, la iba a entrar de nuevo, pero yo decidí llamar una ambulancia. Ya había escuchado lo del atentado de Nicolás y sabía que estaba en esta clínica. Pedí que la trajeran acá. María Clara, perdóname, yo no sabía qué más hacer, estaba muy asustada y no quería que Emi se quedara allá en manos de ese médico’.
‘Hiciste bien, María José. Fue la mejor decisión. Espérame acá que voy a preguntarle al médico cómo está’.
María Clara se acercó una vez más a la recepción. Esta vez su nerviosismo estaba al máximo. Temblaba y no podía dejar de llorar. Una enfermera que salía de urgencias la vio y se le acercó.
‘Señora María Clara, no se preocupe. Su hija está en las mejores manos y los médicos están controlando la situación. Dentro de poco sale el doctor que la está atendiendo, pero no se preocupe. Ella va a estar bien’.
María Clara no se resignaba. Junto a ella estaba la tía Beta. En la sala de espera no había nadie. Todos habían ido a comer algo. Tía y sobrina se sentaron a esperar y María José se unió a ellas.
‘Demasiadas cosas en tan poco tiempo. No te preocupes, mi amor, todo va a estar bien. Yo estoy segura de que la niña se va a recuperar’. – le dijo Beta apretándole la mano -.
‘Es que no sé qué es lo que me tiene más dolida. Me duele el alma saber que mi hija se fue solita para una clínica clandestina sabiendo que la doctora le había dicho que, independientemente de la decisión que tomara, ella la iba a guiar. Menos mal que estuviste con ella, Majo’.
‘María Clara, ella lo que me dijo es que había visto a su papá muy furioso; me contó que te había agredido y que todo era por culpa de ese embarazo. Se sentía frustrada y pensó que la mejor manera de solucionarlo todo era acabando con eso lo más pronto posible. Me dijo que no quería que su papá estuviera involucrado en el proceso de abortar, porque no sabía lo que le podía esperar teniendo en cuenta que estaba en plena campaña. le daba pánico pensar que Nicolás se viera afectado con todo esto y que perdiera por su culpa porque se filtrara la información, no sé, por lo que fuera. Una compañera nuestra abortó a escondidas de sus papás en esa clínica hace unos meses y ella fue la que nos dio los datos, obviamente le dijimos que era para una amiga de otro colegio. Yo le rogué que no lo hiciera, pero ella quería resolver todo lo más pronto posible. Yo creo que no sabe lo de Nicolás porque la noticia salió cuando Emi estaba adentro todavía’. – dijo María José con los ojos llenos de lágrimas -.
María Clara lloraba de forma ininterrumpida. Beta trataba de calmarlas a las dos. Les trajo un agua aromática y cuando estaban tratando de tomar, salió el médico de Nicolás.
‘Bueno, les tengo noticias. En medio de la gravedad, las cosas salieron bien en la cirugía. Pudimos completar todo el procedimiento de acuerdo con las condiciones en las que llegó el Dr. Obregón. Ya se encuentra en la sala de cuidados intensivos. Como le expliqué, lo vamos a tener en coma inducido, esperando una evolución positiva en las próximas 48 horas, que son vitales. Ahí vamos a saber definitivamente si se va a recuperar. Aún no podemos cantar victoria y el pronóstico sigue siendo reservado, sin embargo, lo que teníamos que hacer se hizo. Ahora solo queda esperar’.
‘Doctor, gracias, pero ahora tengo un problema más grave todavía. Mi hija de 16 años, entró hace poco. Venía con una hemorragia por un aborto. Yo necesito saber cómo está. Necesito que alguien me diga algo porque me voy a enloquecer’.
El médico abrió los ojos. No podía creer lo que estaba sucediendo. La miró a los ojos.
‘No se preocupe, entro ya mismo y averiguo el estado de su hija y regreso para contarle qué está pasando’.
El médico se devolvió con paso acelerado. En ese momento regresaron los papás de Nicolás. María Clara les contó lo que había dicho el doctor y la mamá se sentó en una silla tratando de asimilar las noticias.
‘Pero ¿te dieron esperanzas? ¿le preguntaste al médico cuánta probabilidad hay de que se recupere?’ – le preguntó el papá de Nicolás a María Clara.
Ella lo miró con furia.
‘¡Yo espero que se muera y que se devuelva al mismísimo infierno de donde seguramente proviene porque gracias a él mi hija se está desangrando!’.
La mamá de Nicolás miraba a María Clara fijamente y Beta intervino.
‘Yo estaba cuando el médico vino a darnos las noticias. En realidad, ustedes saben cómo son estos protocolos. Ellos no pueden decir más de lo que han hecho y de los resultados que se obtienen en el momento. Dijo que el pronóstico sigue siendo reservado y no hay otra alternativa distinta a esperar las siguientes 48 horas. Hay que tener paciencia’.
‘Y rezar para que se recupere. Con la ayuda de Dios se va a levantar de esa cama. Yo estoy segura de eso. También hay que pedirle por María Clara, mírala cómo está de nerviosa. No fue capaz ni de responder. – dijo la mamá de Nicolás -.
En ese momento María Clara se dio cuenta de que esa respuesta la había dicho en su mente, pero reaccionó y con un tono pausado les dijo a sus suegros:
‘Claro que estoy preocupada por Nicolás, pero mientras ustedes estaban afuera, entraron a Emilia. La niña ha estado bajo mucha presión en los últimos días, no ha comido bien y sufrió un desmayo, por eso la trajeron y está allá adentro. Estoy esperando al médico para ver cómo está’.
La mamá de Nicolás se persignó, el papá se cogía la cabeza tratando de entender todo lo que estaba pasando.
‘Claro, es que seguro supo la noticia del papá y no pudo con tanto voltaje. No sé qué vamos a hacer. Qué cosas tan horribles están pasando en esta familia’. – dijo el papá de Nicolás visiblemente alterado -.
‘Lo que vamos a hacer es permanecer calmados, no hablar con absolutamente nadie acerca de la situación de Emilia y esperar con paciencia. Les agradezco si me dejan hablar en privado con el médico que la atienda porque no quiero que esto se vuelva una noticia que dé pie para especulaciones. Está en juego la salud física y mental de mi hija, y la quiero proteger de todo y de todos’.
Los papás de Nicolás entendieron aparentemente la situación y apenas salió el médico que atendió a Emilia, María Clara salió corriendo para hablar con él.
‘¿Qué pasó, doctor? ¿Cómo está mi hija?’.
‘Ya la estabilizamos. No se preocupe. Sufrió una hemorragia debido a un procedimiento incompleto. No sé si usted estaba al tanto de que la niña estaba embarazada. Quedaron algunos residuos en el útero que impedían que éste se contrajera para expulsarlos y eso ocasionó la hemorragia. Llegó mareada, asustada y con la presión baja por la pérdida de sangre, pero afortunadamente no fue necesario realizar transfusión. Lo que hicimos fue aplicarle medicamentos para ayudarle al útero a recuperar su actividad normal, le realizamos una limpieza de succión y no hubo consecuencias ni daños en su aparato reproductor. Ella está despierta, consciente. La tenemos en observación y hasta ahora está respondiendo bien a los líquidos que le estamos pasando. En unas horas haremos un control para verificar que el sangrado paró y la podremos dar de alta con analgésicos y antibióticos para que se recupere en casa. Siento mucho que estén pasando por estas situaciones tan desafiantes, su marido está en coma inducido, pero al menos a su hija la vamos a dar de alta hoy mismo’.
‘Doctor, gracias. Le quiero decir algo importante. Del tema relacionado con mi hija le pido el favor de hablar conmigo. No autorizo para que nadie le pase información de su estado de salud, mucho menos de las causas por las que ingresó a la clínica, a ninguna persona. Ahora, los reportes dirán la verdad, pero necesito que todo me lo entreguen a mi en la mano y que por ningún motivo se filtre este acontecimiento tan desafortunado. Si por alguna razón, esto sale de acá, me veré en la penosa posición de demandar la clínica. Usted sabe que el estado de salud de los pacientes es absolutamente confidencial y nadie tiene por qué hablar de esto, ni siquiera los miembros de mi familia. Yo les dije a ellos que Emilia había sufrido un desmayo porque ha estado muy débil y bajo mucha presión en los últimos días, y así se va a quedar. Espero que me entienda. No le estoy pidiendo que mienta, simplemente que ni usted, ni nadie del personal médico que atendió a mi hija hable del tema’.
‘La entiendo perfectamente. No se preocupe que acá sabemos trabajar bajo estricta reserva y le entregaremos a usted la historia clínica. Lo único que le digo, es que tenga muy en cuenta que ese procedimiento fue muy mal hecho, y que, en esta ocasión, a su hija le fue bien, pero algunos casos terminan en la muerte de las pacientes. Esos establecimientos que no se pueden llamar clínicas deberían ser denunciados. Yo sé que usted es abogada y me entiende. También sé que en este momento es demasiada información y que están pendientes de la salud de su esposo, simplemente lo menciono para que no lo olvide, y ustedes que están tan cerca de llegar al Palacio de Nariño tengan presente el riesgo al que están sometidas miles de mujeres que asisten a estos sitios. Si quiere ver a Emilia, puede pasar’.
María Clara le agradeció al médico, le aseguró que tendría muy en cuenta sus palabras y que ella más que nadie estaba muy interesada en denunciar ese sitio. Salió corriendo a ver a Emilia. Apenas entró y la vio Emilia se dejó caer en llanto.
‘Mamita, por favor perdóname. Estaba muy angustiada. Me dio mucho miedo ver a mi papá tan furioso y no quiero que te vuelva a hacer daño. Pensé que esto lo podía resolver yo sola para que ustedes no tuvieran que pelear más y creo que fue peor. Por favor no le vayas a contar nada a mi papá. Te lo ruego’.
‘Mi amor, no tienes que pedirme perdón. Lo único que puedo hacer es agradecer porque estás bien y a salvo. Entiendo que te hayas sentido acorralada. Creo que entendiste que ese no era el camino, además porque la ginecóloga te hubiera orientado de manera profesional, pero bueno, de eso hablaremos después. Emi, hay una cosa que no sabes. Tu papá sufrió un atentado y está acá también. Ya lo atendieron, lo operaron. Recibió dos impactos de bala. Ahora tenemos que esperar 48 horas para ver cómo reacciona’.
‘¿Qué? Yo no sabía nada. ¡Pero qué cosa tan horrible! ¡Dios mío! ¿Y yo acá también?’
‘María José se enteró de todo mientras a ti te estaban atendiendo en ese lugar y cuando saliste y te desmayaste, ella llamó una ambulancia para que te trajeran a esta misma clínica. Actuó perfectamente bien. Fue lo mejor que pudo haber hecho en lugar de dejar que esa gente tratara de estabilizarte. Acá estás bien atendida, estoy yo acá y hoy mismo te van a dar de alta, así que tranquila. Ya hablé con el médico. Le advertí que nadie tiene que enterarse de las causas por las que entraste acá y solo pueden hablar conmigo. Ni tus abuelos, ni nadie lo sabe, solo la tía Beta, Majo y yo. Tu papá está en coma inducido, así que ahora nos tenemos que ocupar de tu recuperación. Vamos a salir adelante; te vas a reponer y vas a estar bien’.
‘Gracias, mami. Ahora creo que Matías debe pagar por lo que me hizo. Todo esto es muy injusto. Me siento como en una película de terror’.
‘Claro que va a pagar, mi amor, pero ahora no pensemos en eso. Sigue con juicio las indicaciones del médico para que nos podamos ir para la casa más tarde, ¿ok?’.
El médico de Nicolás interrumpió a María Clara para preguntarle si quería verlo. Emilia la miró y le hizo un gesto de comprensión para darle a entender que fuera.
‘Yo voy a estar bien, mami. Ahora vuelves’.
María Clara se fue con el médico. La llevó al área de cuidados intensivos y la dejó entrar. Le parecía mentira ver a su esposo en una cama, inmóvil, vulnerable y entre la vida y la muerte. Lo miraba en silencio y se le cruzaban mil ideas por la cabeza. Fue inevitable recordar uno a uno todos los episodios de las últimas semanas cuando se creía intocable, poderoso, inalcanzable. Cuando su arrogancia le hacía creer que era capaz de pasar por encima de todos para alcanzar sus objetivos. Poco a poco se fue llenando de rabia. Le dolía el alma saber que a pocos pasos se encontraba su hija recuperándose de una situación en la que él por su ambición la había involucrado. No podía olvidar que había sido él quien había insistido para que Emilia pasara la noche en esa finca rodeada de esos salvajes; unos muchachitos acostumbrados a tenerlo todo, que no conocían un ‘no’ como respuesta y sabían perfectamente que sus papás les resolverían todo. Estaban criando hombres inseguros, llenos de sí mismos, soberbios, calculadores y fríos. La mirada de María Clara pasó de compasiva a encolerizada. Miraba las máquinas que lo mantenían con vida y por primera vez sintió un extraño impulso de desconectarlo todo para que ella pudiera seguir con sus hijos trazando su propio camino, en lugar de estar manteniendo un hogar de mentiras.
No lo pensó más, y en voz alta se le acercó a Nicolás, esta vez no eran palabras en su mente.
‘Espero que te mueras, Nicolás. Seres como tú no merecen existir. Ojalá nunca te levantes de esa cama. No sabes cuánto te desprecio. Gracias a ti, nuestra hija se hubiera podido morir’.

Respiró profundo, se giró y pegó un salto.
‘María Clara, ¿qué acabas de decir?’.
