La encerrona
El padre de Nicolás no podía abandonar su expresión de asombro después de escuchar las palabras de María Clara.
‘El médico me dijo que te pidiera el favor de salir para poder entrar a verlo ahora yo por unos pocos minutos. Me dejas sin alientos. Nunca me hubiera imaginado que de tu boca pudieran salir unos deseos tan pérfidos. Te pido el favor de que salgas inmediatamente, quiero estar un rato con mi hijo esperando que se recupere pronto’. – le dijo el papá bastante turbado -.
‘Si, Ernesto, me salgo ya. Hay muchas cosas que tú no sabes de tu hijo, cosas de las cuales tú y toda tu familia se avergonzarían y sí, entiendo que te duelan mis palabras. Imagínate cómo debo estar para que algo semejante haya salido de mi boca. Muy pronto te vas a enterar de la verdad. Hasta luego’.
María Clara salió temblorosa de la habitación y se fue a buscar a Beta. La encontró con la mamá de Nicolás, con sus papás y su hermana, que ya habían regresado. Le preguntaron cómo había encontrado a su esposo. María Clara absolutamente inexpresiva respondió.
‘Está intubado, inconsciente y conectado a todas esas máquinas’.
Antes de retirarse, le dijo a Beta que la acompañara por un café y le contó lo que acababa de pasar con el papá de Nicolás en la unidad de cuidados intensivos.
‘Es obvio que el viejo haya quedado aterrado, pero le respondiste perfecto. Que se vayan preparando, aunque si quieres que sea sincera, eso lo pueden usar en tu contra. ¿Será que estoy viendo muchas series de crímenes que veo indicios, sospechas y peligros en todas partes? Es que con esta gente no se sabe lo que pueda pasar, Mária. Yo sé que hay muchas cosas pendientes, en especial la salud de Emilia, que diría que es lo más importante, pero con estos personajes hay que estar alerta. Ojalá le den de alta lo más pronto posible así te vas para la casa y puedes poner en orden las prioridades de los pasos a seguir. Hay que contemplar todos los escenarios. Qué pasa si Nicolás se muere, hagamos chulo; qué pasa si se salva, y cómo y cuándo tienes que avanzar y en qué dirección para salir invicta de este nido de ratas. ¿Tú cómo ves la situación? ¿Se ve muy destrozado?’. – le dijo Beta con su tono conocido -.
‘Tiene una cicatriz enorme en el tórax y otro remiendo en el hombro y pues ¿qué quieres que te diga? Está intubado, lleno de cables y cosas, con los ojos cerrados. Me dio una ira cuando me paré a verlo. No me produjo la más mínima condescendencia. Pero es que si ni los médicos saben qué va a pasar, mucho menos uno. Es la primera vez en mi vida que veo a alguien en esas condiciones. Toca esperar estas famosas 48 horas para ver qué pasa’.
El jefe de la campaña interrumpió a María Clara en ese momento. Venía con una hoja en la mano. Era el comunicado de prensa que querían enviar a los medios de comunicación. María Clara lo lee y encuentra frases como ‘el candidato sobrevivió de milagro gracias a su fuerza de guerrero insaciable’ o ‘el daño ocasionado fue severo, en este momento se debate entre la vida y la muerte, pero su vida le pertenece al pueblo’.
María Clara miró de reojo al jefe de campaña y con la ceja encaramada le preguntó:
‘¿Quién escribió esto?’.
‘El médico, nosotros solo agregamos algunas cosas para que nos den puntos, María Clara. Es vital lo que se le transmita a la gente en esta coyuntura tan delicada’.
‘Rotundamente no. No voy a permitir que aprovechen un atentado para tratar de manipular a la gente con frases populistas y tan de baja categoría. No autorizo la publicación de esto. Ya había dicho que los comunicados serán los que emita directamente la clínica en donde se explica la condición de salud de Nicolás y el pronóstico, que en este caso es reservado. Un médico jamás se prestaría para usar esas frases politiqueras. Me voy ya para la oficina del director para repetir la instrucción que di y espero que les quede claro a ustedes también’.
‘María Clara, yo entiendo que estás muy alterada por todo lo que está pasando, pero es que tú no sabes cómo hay que moverse en esta arena política. Tenemos que ser estratégicos y escoger muy bien el tono con el que nos comuniquemos. Estamos seguros de que Nicolás se va a recuperar y este incidente va a asegurar la presidencia’.
‘En algo estamos de acuerdo: no sé moverme en la arena política. A mí no se me quema el escrúpulo calculando cuántos votos vale un balazo en el pecho, porque yo sí sé de dignidad. El circo político de ustedes me produce náuseas. Si Nicolás sobrevive, que regrese a hacer su campaña, pero hoy no van a usar mi firma para victimizarlo con frases armadas de medio pelo. Se publica el dictamen real de los cirujanos, o salgo yo misma a los medios a decir que ustedes están usando una tragedia para hacer campaña. Decidan. Y mucho cuidadito con mencionar algo relacionado a mi hija. La única que puede hablar de ese tema soy yo. Donde yo llegue a saber que usted o cualquier miembro de este staff ha hablado con algún periodista o con quien sea y menciona el nombre de mi hija, lo demando inmediatamente’.
El jefe de campaña quedó estupefacto con la respuesta de María Clara. Cuando quiso recuperar la hoja con el borrador del comunicado, ella levantó la mano impidiéndoselo.
‘No, señor. Con esto me quedo yo y ya mismo voy a hablar con el director de la clínica’.
María Clara se fue con Beta para la oficina del director y le pidió el favor de hacer caso omiso a las modificaciones que el staff de la campaña había sugerido y que de ahí en adelante le pasaran solo a ella el comunicado antes de publicarlo.
‘Me parece perfecto, María Clara – dijo el director -; quedé algo preocupado porque se me parquearon acá para esperar el comunicado y ellos me dijeron que te lo llevarían a ti. No sabía de las modificaciones y, la verdad, nosotros nos limitamos a dar un dictamen médico. Me hubieran puesto en una situación muy incómoda porque en ninguna circunstancia hubiera aceptado incluir esas frases’.
María Clara le recalcó la importancia del hermetismo con el tema de la hija, y el doctor estuvo totalmente de acuerdo con ella. Después de haber dejado ese asunto cerrado, regresaron a la sala de espera y María Clara preguntó si podía entrar a ver de nuevo a Emilia. Le dijeron que le estaban realizando un control, pero que tan pronto se desocuparan los médicos le avisarían para que pudiera estar con ella.
Se sentó en la sala y de repente llegó Raquel.
‘María Clara, hola. Estaba tan preocupada que me vine para acá. Te mandé varios mensajes, pero me imagino que has estado con mil cosas. No sabía qué hacer. ¿Cómo estás? ¿Necesitas algo?’.
‘Raquel, menos mal que viniste. Yo estoy bien. Nicolás está en cuidados intensivos. Lo que más me tiene angustiada es Emilia. Llegó con una hemorragia. Se hizo un aborto en una clínica clandestina’.
‘¡Dios mío, no puede ser! ¿Pero cómo está? Pobre chiquita. Debía estar aterrorizada’.
‘Exacto. Anoche Nicolás me pegó y los niños vieron todo. Se volvió loco cuando supo del embarazo de Emilia, bueno, ni para qué te cuento. Lo importante es que ella está bien. Ya la estabilizaron y estoy rogando para que le den de alta hoy mismo. Me quiero largar de esta clínica. Para completar, mi suegro me escuchó mientras le decía a Nicolás que esperaba que se muriera. Mejor dicho, todo mal. Mi celular lo tiene el jefe de seguridad porque están investigando. Yo tengo el celular que me dio Juan Manuel, pero ni lo he sacado porque me da pánico que alguien me vea y me lo pida y también tengo el prepago de Carolina’.
‘Qué cantidad de cosas. Bueno, yo he hablado con Juan Manuel. Apenas salió la noticia me llamó. Me dijo que te ha mandado varios mensajes, pero nos imaginamos que estabas muy ocupada. Otra cosa que pasó es que Josefina de Bustamante llamó a mi celular. Me dijo que te había llamado varias veces, pero que no había podido hablar contigo. Me pidió que te dijera que ellos estaban a disposición para lo que necesitaras, que los llamaras, etc. Yo simplemente le dije que te daría la razón porque tampoco sabía nada. Me dijo que quería venir a la clínica y que, si sabía algo con respecto al ingreso, le dije que no. Después de tanta incertidumbre decidí venir, me imagino que me llamará más tarde’.
‘Con esa gente hay que tener extremo cuidado. Ellos están preocupados por el hijo, no por Nicolás, ni por mí, ni por nadie. Raquel, nadie sabe lo de Emilia. Yo dije que había estado bajo presión, débil y se había desmayado, punto. Eso es lo que hay que decir si alguien pregunta. La historia clínica con la verdad de lo que pasó, me la van a dar a mí. Necesito que estés muy alerta con cualquier llamada, mensaje o lo que sea, pero creo que es mejor que permanezcas en la oficina. Hiciste bien en venir ahora. Es mejor que nos comuniquemos en persona, pero cuando me vaya para la casa podemos seguir hablando por el celular de Juan Manuel y el otro que tienes tú’.
El médico que estaba atendiendo a Emilia salió en ese momento para hablar con María Clara. Antes de irse con él, le pidió a Raquel que la esperara.
‘María Clara, Emilia está respondiendo muy bien. La hemorragia paró. Ya comió algo; está mucho más recuperada, así que creo que la podemos dar de alta con algunos medicamentos para el dolor y un antibiótico’.
‘Qué dicha, doctor. Tengo una pregunta. ¿Ustedes mandan lo que le sacaron a Emilia para patología, cierto?’.
‘Si, claro. Esos resultados tardan unos días, no depende de mí, pero estoy tranquilo porque todo estaba muy limpio, no vi nada preocupante’.
‘Menos mal. Se lo pregunto porque necesito preguntarle cuál es el procedimiento para hacer un requerimiento especial con respecto a esos residuos. Necesito solicitar formalmente que se preserve una muestra de ese tejido en condiciones óptimas, fijado en bloques de parafina o congelado, para fines médico-legales’.
‘Claro que sí. Para eso se debe radicar una carta formal dirigida a la Dirección Médica y al Departamento de Patología de la clínica. Le recomiendo que hable con el director de la clínica o si quiere con el patólogo para que le expliquen las especificaciones que debe contener la carta. Lo que sé es que se debe radicar urgentemente para no procesar el tejido de forma que altere los resultados que usted quiere buscar, que no sé cuáles son, pero lo digo para que permanezca lo más puro posible’.
‘Muchas gracias, Doctor. Ya mismo le voy a pedir a mi asistente que se encargue de ese tema, mientras yo me ocupo de la salida de Emilia y le agradezco de todo corazón, primero, por su profesionalismo y, segundo, por su discreción’.
Se despidieron. María Clara cogió a Raquel del brazo y se la llevó para la oficina del director de la Clínica. Mientras iban caminando hacia allá le explicó lo que tenía que preguntarle para radicar esa carta cuanto antes. Las hicieron entrar, María Clara le presentó a Raquel, le explicó brevemente lo que necesitaba y los dejó excusándose porque tenía que ir por Emilia.
Corrió a recoger a la niña. Le pidió a su hermana que le avisara a Wilson que entrara la camioneta al sótano para poder salir de la clínica sin tener que lidiar con los periodistas, y le pidió a sus papás y a Beta que se fueran de la clínica.
‘Acá no hay nada más qué hacer, y menos ustedes. Les agradezco por acompañarme, pero yo me voy con Emilia para la casa y volveré mañana a ver cómo sigue Nicolás, pero por ahora, es mejor que nos vayamos todos y los papás de él y su staff si quieren quedarse a vivir acá, pues que lo hagan. El próximo comunicado debe salir mañana y nada sale de acá sin mi autorización, así que ni sé para qué se quedan, pero ese no es mi problema’.
Todos estuvieron de acuerdo, se pusieron de pie y se despidieron de la mamá de Nicolás porque el papá no estaba ahí en ese momento. María Clara le dio un abrazo a sus papás y a Beta y entró a recoger a Emilia y a recibir la historia médica y las instrucciones para los medicamentos.
Por fin salieron mamá e hija, en la sala no había nadie. Siguieron sin girarse y caminando con prudencia. Se dirigieron al ascensor para bajar al sótano donde las estaba esperando Wilson y cuando sonó el timbre que indicaba que en pocos segundos se abriría la puerta. Una voz fuerte y determinada se escuchó.
‘Señora María Clara, ¿me permite un momento por favor?’.
María Clara se giró. Era el jefe de seguridad en compañía del fiscal y el papá de Nicolás.
