La metamorfosis

María Clara se incorporó inmediatamente y se fue en el acto para la clínica. Una vez cruzó la puerta de entrada, a paso apresurado se fue para el área donde estaba Nicolás. Una enfermera llamó al médico tan pronto la vio. El médico salió a los pocos minutos.

‘Hola, María Clara. Gracias por venir. Te tengo muy buenas noticias. Desde esta mañana empezamos un proceso importante con Nicolás. Realizamos una prueba de ventilación espontánea y retiramos la sedación. Lo tuvimos bajo observación durante dos horas mientras respiraba por sí solo. Los gases de la sangre salieron perfectos y el ritmo cardíaco se mantuvo estable. Teniendo en cuenta que mostró estos resultados, procedimos a extubarlo y ya está respirando aire del ambiente ayudado únicamente de una cánula nasal de oxígeno de bajo fluido. Esto quiere decir que respondió de manera muy positiva al destete. Claramente está débil, un poco desorientado debido a todo el tiempo que estuvo anestesiado. Va a tener dolor en el pecho y la garganta, pero a nivel neurológico no hay una sola lesión y ya está preguntando por ti. Habla lento y bajo porque el tubo causa algunas molestias en las cuerdas vocales, pero eso es menor comparado con las secuelas que hubiera podido dejar este trágico atentado. Si quieres, puedes pasar, te está esperando’.

María Clara quedó en shock. No sabía cómo tomar esa noticia. Por un lado, se alegraba porque eso quería decir que podría llevar a cabo su plan hasta el final, pero sabía que se le venía una batalla grande y compleja cuando Nicolás conociera sus planes. Antes de entrar le hizo una última pregunta al médico para sus cálculos.

‘Si las cosas están así, ¿cuándo creen que podrían darle de alta?’.

‘Bueno, en este momento no podría dar una fecha exacta. Tenemos que esperar algunos días porque aún tiene la sonda en el tórax para terminar de drenar los líquidos, hay que monitorear el pulmón y hacer la transición de los medicamentos a través de la vena a pastillas. Ahora, te puedo hacer un cálculo teniendo en cuenta que no se presenten fiebres o infecciones. Si todo evoluciona como esperamos, creería que en ocho o nueve días podría regresar a la casa. Me dijo que llamara a su jefe de campaña, sin embargo, considero que por esta noche y mañana debería estar en completo reposo antes de entrar en contacto con la excitación que me imagino, acarrea una campaña presidencial. Entiendo su afán, pero estos días son cruciales para que tenga una excelente recuperación y pueda retomar sus actividades lo más pronto posible. En esa línea, también sugiero esperar a mañana, incluso, pasado mañana para publicar el comunicado de prensa con las buenas noticias. Hay que manejar estos temas con prudencia. Le dije que te iba a llamar a ti primero, y espero que le expliques lo que te acabo de decir para que tome las cosas con calma. Los hombres escuchamos más a las esposas que a los médicos’.

‘¡Jah! Este no es el caso, se lo puedo asegurar, pero bueno, yo le transmitiré el mensaje. No está de más que ustedes le refuercen la idea porque conociéndolo se querrá ir mañana para dar un discurso en un parque. Eso es lo que hace la política, Doctor, les inyecta a los hombres una grandísima dosis de soberbia disfrazada de empeño y trabajo. Se creen con poderes especiales. Le agradezco mucho por todo lo que han hecho por él. Entro a saludarlo’.

Mientras caminaba hacia la habitación, se cruzaban mil pensamientos en la mente de María Clara. Alcanzaba a percibir un leve temblor en sus piernas y cada palpitación de su corazón le retumbaba en los oídos. Esto la obligó a hacer una pequeña reflexión a pocos metros de encontrarse con Nicolás. Esas sensaciones lo único que revelaban era un miedo profundo; y si había llegado a ese punto, se había desvirtuado por completo el propósito inicial cuando se casó. Lo que siempre quiso fue formar una familia y construir un hogar en donde se les proporcionara a sus hijos un ambiente sano, de principios, valores, de amor, entendimiento y empatía con su entorno y con el mundo en general. Era impensable lograrlo cuando tenía a su lado un hombre que había sufrido una transformación tan dramática. Llegó a cuestionarse si tal vez siempre había sido así, solo que disfrazó su verdadera naturaleza durante años y la política le arrebató la máscara que en ese momento le servía para engañar incautos a punta de discursos llenos de promesas irrealizables y de frases construidas para alcanzar el poder. Su tía Beta alguna vez le había dicho que la ambición era como una enfermedad del alma sin fondo; entre más se escala, más vacío siente y cada vez necesita obtener más. El poder no enceguece; al contrario, dilata los sentidos y alimenta el ego. Es un gozo ver resultados inmediatos con un solo chasquido de los dedos. Es seductor tener una caravana de soldados que se mueven al ritmo que el rey impone y que obedecen sin poner resistencia. Le repugnaba ese escenario.

Abrió la puerta y ahí estaba su esposo con los ojos abiertos. Tan pronto la vio se exaltó y en medio de su debilidad esbozó una sonrisa como si se sintiera legítimamente feliz de verla.

‘Hola, ¿cómo te sientes?’ – le preguntó María Clara acercándose discretamente a la cama -.

‘Hola, mi amor, estoy muy aturdido, pero estoy vivo’. – respondió Nicolás con algo de esfuerzo -.

‘Exacto. Estás vivo de milagro. Fue muy horrible lo que pasó, pero ahora debes pensar en tu recuperación para que puedas salir lo más pronto posible’.

‘María Clara, perdóname. Creo que todo el estrés de esta campaña me llevó a tomar decisiones muy equivocadas, y me dejé llevar por la preocupación. Tú has sido una mujer intachable, incondicional, excelente mamá y yo no sé en qué momento me salí de mis casillas hasta desconocerme’.

Justamente ese era el peor escenario para María Clara. Durante los días que Nicolás estuvo desconectado, varias veces pensó: ‘¿Y qué tal que se despierte arrepentido y quiera hacer las cosas de manera distinta? ¿Qué tal que el susto lo haga reflexionar, cuestionarse y me pida perdón?’. Cada vez que esa idea se le pasaba por la mente, la desechaba porque consideraba que era imposible que eso pasara, y porque en el fondo, le daba miedo rechazarlo sin darle la oportunidad de rehacer las cosas. Al fin y al cabo, era el padre de sus hijos, el hombre que ella había elegido.

‘Ya habrá tiempo para hablar de algunos temas, por ahora creo que debes concentrarte en tu recuperación, tienes que cuidarte, descansar, y seguir las indicaciones de los médicos para coger fuerzas otra vez. El doctor me dijo que le habías pedido que llamara a tu jefe de debate’.

‘Si, claro. Quiero saber cómo están las cosas, qué ha pasado, pero el médico me dijo que te iba a llamar a ti, y si, tienes razón. Primero tengo que reponerme. Me siento destruido. Me duele el pecho, la garganta y me siento super débil. ¿Cómo están los niños?’.

‘Bien. Los primeros días fueron muy duros, pero poco a poco fueron asimilando la situación y afortunadamente están mucho mejor’.

‘¿Qué pasó con Emi y el tema que ya sabemos?’.

‘Nicolás, Emilia llevada del desespero y de la última escena que presenció en la casa cuando tú me agrediste, sintió que todo era su culpa y tomó una decisión horrible. Buscó una clínica clandestina para abortar y el mismo día del atentado entró acá por urgencias con una hemorragia producto de un procedimiento mal hecho’.

Hubo un silencio que pareció infinito. Cuando Nicolás volvió a mirar a María Clara, no dijo nada, pero un río de lágrimas empezó a caer por su rostro. No paraba de llorar. Ella no sabía qué hacer. Trató de calmarlo, se le acercó, le tomó la mano y lo miró con gentileza.

‘Afortunadamente ya está muy bien. Empezó una terapia con una psicóloga fantástica que le ha ayudado muchísimo y se nota el progreso, pero sin duda, fue un episodio muy doloroso. Al principio estaba llena de ira, poco a poco se ha ido atenuando, pero sin duda, encuentra muy injusto lo que le pasó. En especial, el hecho de que el culpable esté gozando de la libertad y fuera del país’.

Nicolás solo la escuchaba. No pronunció palabra, pero su mirada dejaba intuir el mar de emociones que habían tomado posesión de su ser en ese momento, o al menos, eso parecía. María Clara se sentía confundida. No sabía si era legítimo dolor, o rabia, o impotencia, o todas al mismo tiempo. No lograba identificar qué estaba sintiendo, pero por un instante se le desbarató su plan. Todas las piezas que había armado con tanto cuidado durante esos días, toda la determinación que la había acompañado hasta ese momento se diluyó en sintonía con las lágrimas que caían de los ojos de Nicolás.

Nicolás con las pocas fuerzas que tenía apretó la mano de María Clara y la acercó hacia él; con la voz ronca, apagada y limpiándose la humedad de su rostro le dijo:

‘María Clara, tenemos que hacer justicia. Un delincuente como ese no puede salir victorioso del crimen que cometió. Vamos a hablar con el fiscal para formalizar una denuncia y que Bustamante haga lo que quiera, pero de mi hija no se burla nadie’.

María Clara quedó impactada. Nunca se hubiera esperado esa reacción; en el fondo sintió alivio. Aunque se resistía a creer que su esposo se había convertido, no podía descartar que una experiencia tan cercana a la muerte de verdad hubiera provocado algo inexplicable en él. Ella sonrió sutilmente y le dijo que estaba de acuerdo. El médico los interrumpió porque debían hacerle unos controles a Nicolás y ella le dijo que regresaría al otro día temprano para que siguieran hablando. La mirada de él la persiguió hasta que cerró la puerta y ella con una mezcla de desconcierto y satisfacción se fue para la casa.

Decidió no contar nada. Se limitó a compartir el estado de salud y lo que los médicos le habían explicado. Al día siguiente se levantó muy temprano. Había dormido regular. Las palabras y las lágrimas de Nicolás no la dejaron alcanzar el sueño profundo. Se arregló y se fue para la clínica. Sentía algo de entusiasmo, no entendía por qué. No sabía si estaría dispuesta a perdonarlo. No entendía nada, pero quería continuar con los planes de la denuncia formal porque ella también quería hacer justicia. Cuando llegó había más prensa que nunca. De repente, empezó a recibir notificaciones en su celular, la noticia de la recuperación del candidato Obregón estaba en todas partes. No entendía cómo se había filtrado la información, pero continuó su camino esquivando a toda la gente de su staff y algunas personalidades de la política que se encontraban agolpadas en la recepción.

María Clara siguió derecho sin saludar a nadie y cuando llegó al pasillo del área de cuidados intensivos vio que Carolina salía de la habitación de Nicolás en compañía del jefe de la campaña. Ella mantuvo el contacto visual, se saludaron. El le hizo una seña con la mano que indicaba ‘victoria’. En ese momento le entró una llamada, la recibió y cuando se cruzó con Carolina, se le cayeron varios documentos al piso. María Clara se agachó para ayudarla a recogerlos y Carolina mirando al piso mientras agrupaba los documentos que, evidentemente había dejado caer a propósito, susurrando le dijo:

‘Tenemos que hablar antes de que entres a ver a Nicolás. Es urgente’.