El mensaje decía:
‘Lamentamos informarle que ninguno de nuestros funcionarios entró en contacto con la señorita Camila Ramírez, y mucho menos se coordinó un voluntariado en Polonia. Urgency tiene el programa de voluntariados suspendido desde hace tres meses, por tal motivo es imposible que un representante de nuestra organización se haya comunicado con ella. Lo sentimos profundamente, sin embargo, Urgency se desvincula oficialmente de cualquier tipo de nexo con la persona en cuestión, y, en consecuencia, no asume ningún tipo de responsabilidad en el caso de que la señorita Ramírez haya sido engañada y/o captada por una red de trata de personas o cualquier otro tipo de modalidad criminal utilizando nuestro nombre para tal fin. Si poseen las comunicaciones en donde se organizó el viaje y otros detalles, les pedimos el favor de enviarlos a este correo para corroborar que no fueron enviados desde nuestro servidor’.
Silvia con los ojos inundados de lágrimas y con la voz ahogada le preguntó al Decano qué quería decir eso. ‘¿Cómo así que una modalidad criminal? ¡Por favor díganme esto qué significa!’.
Todos se miraron y ninguno se atrevía a pronunciar una palabra hasta que la profesora se lanzó y le respondió a Silvia:
‘Señora, me voy a permitir hablar por todos acá, es imposible tener claridad de lo que está pasando con Camila, y no podemos asegurar nada en este momento. A título personal, y por cierto tipo de información a la que he tenido acceso a lo largo de mi experiencia como académica, y con mi participación en el sector de la movilidad estudiantil, se podría estar hablando de trata de personas, sin embargo, quiero que le quede claro que es muy importante que agote primero cualquier otra posibilidad, y para ello, tendría que remitirse a las autoridades con el fin de que la orienten. El Ministerio del Interior tiene un área encargada en el tema, existe también una aplicación que se llama LibertApp donde se pueden hacer las denuncias, o remitirse a la policía directamente. Hay una línea antitrata, puede buscar el número en internet o comunicarse con el 195. Estoy segura de que le van a prestar toda la orientación. Esta es una posibilidad. Lo que me llama la atención es que Urgency haga referencia a ello; esto quiere decir que, por su experiencia, es probable que sea una práctica recurrente y por eso lo mencionan; pero le repito, no es cierto que sea definitivo. Puede ser que Camila decidió hacer un viaje por su cuenta y ha estado incomunicada desde que llegó. De todos modos, no ha pasado mucho tiempo. Tal vez perdió el celular o la robaron y está tratando de resolver la situación, y esto no quiere decir que necesariamente se encuentre en peligro. Por eso le insisto en que se remita a las autoridades para que la orienten en los pasos a seguir’.
Silvia no podía reaccionar. Era demasiada información y todo le parecía absurdo. Se le pasaban mil imágenes en su cabeza, una detrás de la otra sin dar tregua y no encontraba un orden. Juan Carlos estaba pálido. Tomó de la mano a su mamá, ella se volteó a mirarlo con el rostro totalmente desencajado y le dijo: ‘Juan, ¿trata de personas? Esto no puede estar pasando. ¿Tú no sabes nada? ¿Tu hermana no te contó algo? Como dice la profesora, ¿no será que se fue por su cuenta y se inventó lo de la organización esa para que la dejáramos ir?’. Juan Carlos cerró los ojos, botó un suspiro y con un tono grave y la voz temblorosa le dijo: ‘No mami, ella estaba convencida que había sido aceptada por esa organización. Una vez que entré a su cuarto, tenía el computador abierto y alcancé a ver un correo. La engañaron, mami. Alguien la engañó’. Silvia volteó a mirarlos a todos como buscando respuestas, explicaciones, ayuda, soluciones y lo único que encontraba era rostros aterrorizados. No había una sola expresión de esperanza. En ese momento Silvia presintió que lo que le esperaba iba a ser muy difícil, pero nunca se imaginó la magnitud del calvario que apenas empezaba para esa familia.
Silvia se puso de pie como pudo. Le agradeció al decano, le dio la mano a la profesora reconociéndole la información que le había suministrado. Nadie sabía qué hacer, ni qué decir. El decano le dijo que por favor lo mantuviera informado, y que ellos estaban disponibles para lo que necesitaran con respecto a la situación académica de Camila y a los temas vinculados con la universidad. A Silvia ya no le salieron las palabras y salió de allí con Juan Carlos. Apenas cruzaron la puerta del edificio, se sentaron en una banca y Silvia se soltó en llanto. Juan Carlos no sabía qué hacer para consolarla. En ese momento entró la llamada de Jairo. Silvia le contestó y entre sollozos y palabras cortadas por el dolor del alma de una mamá devastada, le contó lo que había pasado. Jairo entró en negación inmediatamente repitiendo tantas veces como pudo la palabra ‘no’ sin parar. ‘Eso debe tener otra explicación. Tenemos que irnos para la Policía, seguro que nos dicen lo que tenemos que hacer, pero eso no es nada de trata de personas. A mi niña no se la llevaron para eso, no. Espérenme ahí. Los recojo en veinte minutos y nos vamos de una vez para la Policía’. – le dijo Jairo a Silvia con la voz temblorosa -.
Colgaron la llamada. Juan Carlos le dijo a Silvia que él tenía un parcial, que la acompañaba hasta que llegara Jairo por ella, y apenas saliera de clase se iba para la casa para ver cómo seguían las cosas. Mientras esperaban, le mandó un mensaje a Felipe, le dijo que estaban al frente de la Facultad y que siguen sin noticias de Camila. Felipe llegó pocos minutos después. Los saludó. Silvia que no paraba de llorar, le preguntó a Felipe si él sabía algo que nadie sabía. ‘Felipe, en este momento cualquier información es muy importante. Yo le ruego a Dios que no sea nada grave, y como me dijo la profesora, de pronto fue que Camila decidió irse por su cuenta, o se le perdió o le robaron el celular, o cualquier otra cosa que no sea tan delicada, pero si tú sabes algo más, te ruego que nos lo digas ahora’.
Felipe se quedó mirándola y le dijo: ‘Silvia, cuando Cami estaba a punto de subirse al avión yo estaba en un seminario donde la profesora con la que ustedes acaban de hablar nos estaba dando la información de los voluntariados de Urgency. Camila me llamó del avión y se lo dije. Ella me dijo que seguro se trataba de algún problema de comunicación interna, pero colgamos porque la azafata le pidió que apagara el celular. Cuando llegó a Paris me llamó, volvimos a tocar el tema y me dijo que ella estaba segura de los correos eran de Urgency, que sin duda era un malentendido o la habían contactado de una oficina que no tenía esa restricción, en fin, ella estaba muy tranquila porque tenía la certeza de que todo provenía oficialmente de la organización. Pero ahora que me acuerdo me mencionó otra cosa; me dijo que había un tipo que no le quitaba el ojo de encima y sé que salió de Bogotá en el mismo vuelo con ella; hasta le hice un chiste porque pensé que era alguien que le estaba cayendo o algo así, pero viendo la situación, de pronto puede ser sospechoso. Le dije que me avisara cuando llegara a Varsovia y ya no supe más de ella. Le he mandado mensajes todo el tiempo y ni siquiera le entran. Es como si le hubieran quitado la SIM al celular. No hay forma de comunicarse’.
Todo se tornaba cada vez más oscuro y Silvia empezaba a presentir lo peor. Eran tantas las cosas que tenía en la mente, que no sabía por dónde comenzar. De pronto Felipe les dijo: ‘Creo que podríamos llamar a la línea aérea para confirmar que efectivamente Camila llegó a Varsovia, al menos eso es un punto de partida. ¡Qué tal que no haya salido de Paris! Pero se necesitan todos los datos de los vuelos y la reserva’.
Silvia le dijo que era buena idea. En ese momento recibió la llamada de Jairo avisándole que ya había llegado por ella. Le dijo a Felipe que esos datos los tenía un sobrino, y que iba a pedirle el favor a él que averiguara. Se despidió y le dijo a Juan Carlos que lo esperaba en la casa. Salió corriendo y apenas entró al carro y vio a Jairo rompió en llanto de nuevo. Le dijo que ella estaba segura de que Camila estaba en peligro, y que tenían que moverse rápido. Llamó a Alberto y le pidió el favor de la línea aérea y se fueron para una estación de policía. Después de discutir varias cosas en el carro y mientras trataban de unir las piezas, Jairo y Silvia llegaron por fin a la estación. Se bajaron frenéticamente del carro y en ese momento llegó un mensaje de Alberto.
‘Tía le tengo noticias no muy alentadoras’.
